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Cuidar de tu alta sensibilidad no trata solo de saber que eres PAS, conocer sus características y seguir tu vida tal cual, sin más, sino que hay que tomar consciencia de cómo convives con tu rasgo y de cómo lo gestionas en tu día a día.

Ser consciente de tus necesidades te ayudará a implantar unos hábitos que, como PAS, te serán de utilidad en el manejo de toda esa parte menos agradable del rasgo.

Y, es que, aprender a conocerse es vital para que logres mantener una vida de calma y disfrute sin renegar de tu alta sensibilidad. Yo misma he maldecido, en más de una ocasión, el sentirme cansada, sobrepasada, irritada, sin ánimos, desconcentrada o con ganas de estar a solas, cuando no era ese mi estado inicial.

Que estos cambios te ocurran por, el simple hecho de que la sobreactivación se haga presente, aunque disfrutes del momento o, que tu cabeza se sature de tanta información que captas sin darte cuenta, hace que pueda ser algo desmoralizante.

Es por ello que, te recomiendo que, como PAS, incluyas estos cinco hábitos necesarios para cuidar de tu alta sensibilidad.

Cuidar de tu energía: haz pausas y descansos

Como buena PAS que soy, es la pauta número uno en mi lista de hábitos obligatorios. No puede faltar hacer estas pausas y descansos cuando siento que estoy saturada, agotada, bloqueada o sin creatividad ni concentración.

Si bien es cierto que, cuando estoy en modo Flow, me vengo arriba e intento finalizar el máximo de tareas pendientes lo que hace que, al día siguiente o días posteriores, me note sin energía.

Como soy consciente de cómo va a responder mi cuerpo cuando excedo los límites, anticipo esa caída de energía y me preparo un espacio de tiempo en mi rutina diaria para descansar y recargar pilas.

Es importante, que estas pausas y descansos no los tomes como algo negativo y que limitan a la hora de ser más productiva en tu día a día, sino como un modo de ser más eficaz favoreciendo el mejor desempeño de tu mente y de tu cuerpo.

No tienen que ser pausas o descansos de horas (si puedes adelante) sino que puedes ir probando cuál podría ser el mínimo de tiempo que necesitas para recuperar tu ritmo más óptimo (quizás con cinco o diez minutos te basten).

Para mantener este hábito en tu día a día, tienes que ser consciente de qué momentos suelen provocarte una descarga más rápida de tu energía: cuando vas al centro comercial y está saturado de gente, cuando vas a comprar ropa y te pasas por mil tiendas sin acabar de decidirte, el exceso de trabajo y no saber por dónde empezar, etc

 Si sabes lo que te va a pasar, puedes organizarte para mantener esos ratitos de pausa y descanso

Poner límites: priorízate y no te dejes llevar, en extremo, por tu empatía

Algo importante para las PAS –y para todas las personas en general– es el priorizarse. Dejar a un lado la culpabilidad por no estar dedicando todo su tiempo y esfuerzo a los demás.

La gran empatía de las personas altamente sensible, hace que una no pueda resistirse a reconfortar, ayudar, solucionar, aquello que percibe de la otra persona y que le provoca sufrimiento.

Las PAS solemos absorber el dolor ajeno, llevárnoslo a casa y sufrir toda la emocionalidad de los demás. Esto repercute en la forma en cómo nos acabamos sintiendo y, si no existe la capacidad de gestionarlo de un modo sano, puede llevar a un estado de decaimiento constante (incluso de repercutir en nuestra autoestima).

Así que, si quieres cuidar de tu alta sensibilidad, es hora de poner unos límites a tu alrededor y frenar tu empatía desde el control y la consciencia.

Piensa en lo bonito que es poder disfrutar de tu alta sensibilidad sin centrarte únicamente en ese lado menos amable.

No te hablo de renunciar a tu empatía –básicamente porque es imposible, forma parte de ti– sino de saber cuándo te está afectando en extremo, arrastrándote a una continua necesidad de ayudar a los demás antes que a ti.

Es importante que te des cuenta de en qué momentos dejas de lado tu propio bienestar por satisfacer al otro y te hagas estas dos preguntas:

¿Lo hago porque quiero o porque lo siento una necesidad?

¿Cuántas veces respondo con un SI a una petición?

Para poner límites, en tu día a día, es necesario que estés dispuesta a decir “no” sin culpabilidad ni sentirte egoísta. La otra persona es, muy posible, que entienda que no es tu obligación e, incluso, se sienta agradecida por tu sinceridad.

¡No es fácil, pero con constancia y práctica lo conseguirás!

Espacios de soledad: tómate un café contigo misma y calma tu mente

Otro clásico de hábitos indispensable para las PAS es la soledad. Interioriza que es una necesidad, no un capricho. Nos permite desconectar de nuestro entorno y sentirnos en calma.

Yo le llamo mi “rincón de silencio” porque me aporta paz y tranquilidad, me recarga de energía y favorece mi creatividad.

Es un espacio que no puede faltar en tu vida diaria. Este estado de soledad, de encuentro contigo misma, te aportará una mayor claridad en aquellos momentos en los que necesites espacio mental y sin distracciones.

Ya sabes que, a las PAS, nos encanta la vida interior, adentrarnos en nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, buscar mil y una explicaciones a lo que nos sucede, a experiencias que hemos vivido, a problemas ajenos y propios.

Y qué mejor lugar para aposentar toda esa maraña mental que estar a solas. Desconectar de aquello que nos está saturando, alejándonos para retraernos en nuestro espacio de paz y calma.

Es normal que sientas, en ocasiones, deseos de no conectar con nadie, ya sean amistades o familiares. No te culpes, eres PAS y, esa necesidad de soledad, la verás reflejada, también, en tu deseo de solitud y silencio.

Aprovecha para dedicarte a aquello con lo que te sientes a gusto y disfrutas de verdad. Son momentos de sacar a relucir tu gran creatividad y, de paso, cuidar de tu alta sensibilidad.

Encuentros con la naturaleza: disfruta de tu capacidad de captar sutilezas

No hay nada que llene más a una PAS que estar rodeada de belleza y tranquilidad. Y, eso mismo, es lo que le aporta el estar en contacto con la naturaleza: pasear por la montaña, al lado de un río, disfrutar de la brisa del mar, perderse entre el perfume de las flores…

Disfrutar de las pequeñas cosas que nos rodean es algo indescriptible que nos llena de energía y nos aporta un plus de motivación y bienestar.

Además, de darnos la calma que necesitamos, rodearnos de entornos naturales, beneficia –y mucho– a la hora de rebajar ese malestar que nos genera la sobreactivación.

Un lugar inmejorable para practicar actividades como el yoga o la meditación. ¿No sientes la relajación solo con pensarlo?

La naturaleza te ofrece el disfrute del color del cielo, del perfume de las plantas, del olor a lluvia, del sonido de los pájaros, de la soledad. Una necesidad de paz vital que toda persona altamente sensible desea.

Regálate un espacio de tiempo en tu día a día, para pasear por un parque o, si vives al lado del mar, caminar por la arena. Te aseguro que vale la pena y un buen modo de cuidar de tu alta sensibilidad.

Desconectar tu mente: resetea esos pensamientos recurrentes

El tener la capacidad de procesamiento profundo que tenemos las PAS, hace que nos veamos envueltas en, ciertas circunstancias, en un bloqueo mental o en un bucle agotador de pensamientos recurrentes.

Esto provoca que nos sintamos agotadas y saturadas. Es importante saber identificar estos momentos en los que, tu mente, está siendo redundante para, así, lograr gestionarlo y rebajar esa actividad.

Puedes estar pensando en alguna experiencia desagradable que hayas tenido ese día y empezar a darle vueltas, una y otra vez, intentando encontrar una explicación a lo que te haya pasado. La mente PAS es muy exigente, por lo que no parará hasta que logre encontrar una respuesta que la satisfaga.

Las consecuencias de toda esta actividad mental serán: desconcentración, bloqueos y cansancio.

Una buena práctica, para desconectar tu mente, es “distraerla”, es decir, focalizar tu atención en algo diferente a lo que estés haciendo o pensando.

Una pauta, que te puede ayudar, es realizar una serie de respiraciones conscientes. Centra tu atención en el aire que entra en tus pulmones, el recorrido que hace dentro de ti y cómo luego lo exhalas.

También puedes dedicar un tiempo breve a realizar una actividad creativa que te guste y te distraiga, o beber pequeños sorbos de agua si estás en el trabajo, por ejemplo, y no puedes dejar de hacer tu tarea.

Cómo ves, son unos cuantos hábitos que te ayudarán a cuidar de tu alta sensibilidad, algo vital para que puedas convivir desde la calma y el disfrute de tu rasgo PAS. ¿Te animas a empezar con ellos ya?

Dime, amiga sensible ¿Añadirías algún otro hábito? ¡Te leo en comentarios!

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