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A veces pienso que, este mundo lleno de ruidos, de mil y un estímulos, de prisas, de inmediatez como acuñó Zygmunt Bauman, no está hecho para las personas altamente sensibles.

Necesitamos calma para convivir con nuestra sensibilidad pero, las obligaciones del día a día y las rutinas que nos imponemos para poderlas cumplir, hacen que, a menudo, afloren los fantasmas de la alta sensibilidad..

Aunque, no solo en las obligaciones diarias las PAS tendemos a saturarnos antes que las no PAS sino, también, en las experiencias que disfrutamos.

Qué agotador se nos hace saber que, al día siguiente de una buena cena con amigos donde te lo pasaste genial entre risas y charlas, vas a estar hecha un desastre. Y no por la bebida –que igual lo estás pensando– sino por la infinidad de estímulos que una PAS acaba absorbiendo e intentando procesar.

Imagínate que estás dentro de una burbuja en la que las conversaciones, el ruido del murmullo de las mesas de alrededor, el simple placer de saborear la comida, las emociones intensas que surgen al estar inmersa en el disfrute del momento, el sonido de la música de ambiente, se entremezclan y forman un todo rebotando en tu cabeza.

Toda esta información, captada por tus sentidos, y tanto esfuerzo por necesitar procesarla acaba por estallar en tu mente y en tu cuerpo: cansancio, dolor de cabeza, malhumor, desconcentración, querer estar a solas, tranquilidad.

El propio testimonio de Olga, PAS y mujer luchadora, lo dice todo. Recientemente, me comentaba su propia experiencia con la sobreactivación y como la hace sentir: “cuando tu cuerpo te pide retirarte y descansar es un poco amargura”.

Y es que, si hay una constante en la convivencia con el rasgo de la alta personalidad es, sin duda, la sensación de limitación y saturación durante los momentos de sobreactivación.

Así que, para que puedas relajarte y lidiar de un modo más amable con esta sobreactivación, te propongo cinco rutinas que te servirán para convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Suena bien ¿verdad?

1. Pasear por la naturaleza

Las PAS solemos sentirnos atraídas por la naturaleza y mucho tiene que ver la predisposición a captar todo tipo de sutilezas. Nos podemos quedar embobadas con el simple olor que desprende una flor o el sonido de un pájaro o con los colores del cielo o del mar.

A las personas altamente sensibles, el estar en contacto con este entorno, les aporta un plus de tranquilidad. Pero, para que una sienta de verdad esa calma, debe de hacerlo de un modo lento, consciente y estando presente. Siguiendo los consejos de Elaine Aron, es importante “controlarse y moverse del modo como quieres sentirte”.

Es posible que, si estás sobreactivada, tiendas a caminar con paso ligero y con movimientos rígidos, transmitiendo enfado o nerviosismo. Procura relajarte estando presente en lo que haces, en tus pasos, en tu respiración. Puedes moverte suavemente o parar si lo necesitas. De este modo reducirás la tensión y tu mente volverá a la calma.

Al incorporar el hábito de pasear de un modo consciente por la montaña, caminar por la arena de la playa escuchando el ruido del mar o el poder estar en contacto con la naturaleza de algún modo, estarás regalándote momentos de autocuidado.

Conseguirás relajar tu mente, desconectando del ruido de tantos estímulos y conectando con el simple placer de apreciar el momento en un entorno que te llena de energía y de paz.

2. Descansar

Qué importante es el descanso para las PAS y, añadiría, para cualquiera. Te diría que es parte fundamental para lograr convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Es una de las rutinas más importantes y que más te ayudará a rebajar esos momentos de saturación.

¿Y por qué? Porque el descanso permite a tu cerebro desconectar de toda esa intensidad de estímulos que te han llevado a estresarte y agotar tu energía. Es posible que una experiencia vivida durante la mañana te haya hecho anclarte en unos pensamientos y revivir la situación una y otra vez.

Así me lo contaba una amiga sensible: “la sobreactivación me hace sentir muy abrumada, me hace sentir muy dentro aquello importante que ha ocurrido ese día y no me permite parar, continuamente revivo, pienso o saco ideas de aquello que ha pasado”.

Descansar te ayudará a resetear tu cerebro PAS y, por tanto, a calmarlo de pensamientos agotadores. Además, lograrás recargar tu energía y sentirte enérgica de nuevo.

3. Estar a solas

Otra de las rutinas relajantes que te propongo es la de darte permiso para estar a solas. Alejarte de personas, lugares o situaciones durante un breve periodo de tiempo te permitirá conectar contigo misma y mantenerte en un estado de mayor tranquilidad. Algo que tu mente te lo agradecerá.

Estar a solas no es malo. Tampoco debe hacer que te sientas culpable por querer alejarte de amistades o personas de tu alrededor. Esta práctica, tan necesaria para las PAS, favorece el reencuentro con esa parte más íntima de la alta sensibilidad.

Permite centrarte en tus pensamientos y en tus emociones de un modo más consciente, sin distracciones ni estímulos que te saboteen, de disfrutar del momento… de tu momento.

Estar a solas es cumplir con esa necesidad de escape para recuperar la energía perdida y, al mismo tiempo, cuidar ese lado más sensible desde un rincón privado y amable.

Piensa que no es un capricho si no una necesidad, así que te invito a practicar este hábito en tu vida desde ya.

4. Hacer yoga, ejercicio amable o meditar

Yoga, meditación o ejercicio amable. Se trata de aprender a mantenerte en un estado de calma para evitar que tus episodios de saturación te agobien y te hagan la vida más complicada de lo que ya es para cualquier persona.

Con esta rutina aprenderás a centrar tu atención en tu respiración y en tu cuerpo lo que te permitirá desconectar tu mente de esos momentos en los que sientes que no puedes parar de darle vueltas a un asunto, pensamiento o experiencia.

Con este hábito lograrás desconexión de tu estado de saturación y relajación al focalizar tu punto de mira en ti misma.

5. Escribir tus pensamientos en un diario o páginas matutinas

Uno de mis preferidos y con los que consigo mantenerme en paz con mi mente. Exteriorizar lo que pensamos es una buena práctica para descargar toda esa marabunta de excesos reflexivos y pensamientos profundos.

Escribir es un modo de dar voz a lo que sucede en tu interior, de verlo plasmado delante de ti y que, de otra manera, revolotearía dentro de tu cabeza sin poder darle un sentido.

Puedes realizar páginas matutinas, tal y como propone Julia Cameron en su libro El camino del Artista. Se trata de escribir tres páginas nada más levantarte, sin pensarlo demasiado y salga lo que salga.

Otro ejercicio puede ser el escribir un diario donde volcar tu día a día, tus experiencias, sensaciones y emociones. Te servirá para reconocer y comprender mejor tu alta sensibilidad al quedar reflejado en papel tu modo de sentir y actuar dependiendo de lo que ha acontecido en tu vida.

Es tu turno

Ahora es el momento para incorporar en tu vida estas cinco rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Solo necesitarás la voluntad de querer cuidar de ti misma, siendo consciente de tu rasgo y de lo que supone en tu vida.

No dudes en solicitar ayuda si tienes dificultades para hacerlo tú sola. Estaré encantada de acompañarte, con mis sesiones de coaching para PAS, en tu deseo de convivir con tu alta sensibilidad de un modo más amable. Puedes enviarme WhatsApp clicando aquí y hablamos sobre tu situación.

¿Incluyes en tu día a día alguna otra rutina para cuidar de tu sensibilidad? Deseando leerte abajo en los comentarios 👇

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