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Cómo liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti

Cómo liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti

Si hay un sentimiento que te invade cuando eres madre es el de amor. Un amor incondicional, sin pensar en recibir nada a cambio, en el que das porque crece en ti una inmensa gratitud por la felicidad que te proporciona ver crecer a tu hijo.

Pero dar sin preocuparte de tu propio bienestar emocional y físico, acaba por sumergirte en una trampa a la que caes sin darte cuenta. Te sientes atrapada en una vida que gira en torno a tu familia y a las necesidades de los demás hasta que, un día, empiezas a necesitar liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti.

La maternidad te regala momentos maravillosos. Eres inmensamente feliz cuando sientes a tu bebé crecer dentro de ti, cuando meses después lo sostienes en tus brazos, cuando ves que se ha convertido en un joven que ya no necesita de tu protección.

Pero, en ocasiones, toda esta muestra de generosidad que desprende tu maternidad puede hacer que absorba parte de ti, relegarte a un segundo plano dentro de tu propia vida. Te vuelves tan dependiente de dar a los demás que te olvidas de darte a ti.

Vas acumulando en tu interior toda esa carga extra que supone ser “una madre perfecta”. Te vas llenando de frustración, de tristeza a ratos, de agobios, de rabia, de cansancio…

Quieres explotar, pero te vas conteniendo porque te da vergüenza reconocer que no puedes más. Temes que te juzguen, que te echen en cara que “eres una exagerada”, que te digan “así es la maternidad”, que “eres una madre y tu deber es dedicarte a los demás”, que te digan “no” si pides ayuda…

Y sigues aguantando, callándote, quitándole importancia a tus emociones y sensaciones de malestar, sigues justificándote, culpándote…

Necesitas liberarte de la culpabilidad por pensar primero en ti

En tu interior sabes lo que necesitas para no sentirte mal: liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti, por desear espacio donde solo estés tú, donde el tiempo sea únicamente tuyo.

Y es que la culpa sostenida, juzgarte por tu conducta o pensamientos de forma recurrente porque piensas que estás trasgrediendo ciertas normas o códigos éticos, acaba por relegar tu autoestima a niveles nada sanos.

En esto influye, de un modo importante, el creer más las historias que creamos en nuestra cabeza que a la propia realidad. Esa realidad paralela que, como si fuera el demonio de tu conciencia, te va convenciendo de “lo malo que es pensar en cuidarte y priorizarte para sentirte bien”.

Y ¿Cómo hacer desaparecer esa sensación de culpa por pensar primero en ti?

Algunas claves para liberarte de la culpabilidad por dedicarte tiempo

El autocuidado es una de las partes que conforman la autoestima. El dejarte de lado, el no cuidarte tanto física como mentalmente, por anteponer a los demás antes que a ti, provoca un efecto devastador en tu estado anímico.

Porque si bien, en los inicios de la maternidad no le das mucha importancia, a medida que pasan los meses, o incluso los años, te das cuenta de que esa persona que ves reflejada en el espejo no es la persona que te gustaría ver. Sin duda, el tener un hijo nos cambia externa e internamente, pero la dedicación a tu familia –de un modo extremo– puede hacerte perder de vista tus propias necesidades.

Si le das prioridad a tu espacio personal para desconectar de tu rutina diaria, empezarás a cuidarte y sentir que puedes ser una madre que se quiere y se gusta. No para satisfacer a los demás sino para que tú te sientas bien contigo misma.

– Procura no abusar de los “aprovecho que voy a…” cuando tienes que hacer recados: “ya que tengo que ir a comprar aprovecho para ir a la peluquería” o “ya que dejo a mi hijo en el fútbol aprovecho para tomarme algo mientras”. Aunque no lo parezca, te estás dando excusas para no sentirte culpable ya que estás justificando ese momento de placer.

Tienes que empezar a olvidarte de disponer de él en forma de limosna. Es decir, tienes que dedicarte un tiempo de calidad, pero de verdad, de esos que te agendas como si de una amiga se tratara.

Tampoco es conveniente considerar como tu tiempo, despertarte una hora antes o acostarte una hora después que los demás para realizar tareas, aunque te gusten. Vuelves a justificar tu modo de actuar para no sentirte culpable. Estás dejando de cuidarte –hipotecas horas de tu sueño– por los demás.

Para evitar esos momentos de remordimiento, míralo como si fuera una cita contigo misma. Irte a tomar un café porque sí o irte a comprar ropa – importante ¡solo tuya! – o leer un libro al parque, por ejemplo. Una buena opción sería agendarlo en el calendario.

¿A que si quedas con una amiga te sientes menos culpable? Pues ahí lo tienes. Piensa en ti como si fueras tu mejor amiga. Aquella a la que le regalas un capricho, a la que cuidas cuando se siente mal, a la que animas, a la que le deseas todo lo mejor porque la quieres.

El autorrespeto también forma parte de la construcción de la autoestima. Respetarte significa que te mantendrás firme ante los demás cuando juzguen tus acciones, tus pensamientos, tus deseos.

Para liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti, debes dejar de justificar tus actos y respetar tu propio juicio. Solo tú sabes lo que realmente necesitas para sentirte feliz y plena. Tienes que cambiar el chip y no creer que estás haciendo algo malo y de un modo egoísta.

Se trata de respetarte tú y de que los demás también te respeten. Aquí entra en juego el atreverte a ser asertiva. Decir no cuando toque, exponer tu opinión sin temor, hacerles saber cómo te sientes y lo que necesitas. Piensa que los demás no son adivinos y no pueden leer tu mente.

– Pide ayuda si la crees necesario. Ya sabes que las superwomen no existen y, sacrificarse, quizás no se la mejor opción y, mucho menos, ser exclusividad de la maternidad.

Pon límites. Procura que los que te rodean sepan que tu espacio es solo tuyo, un rinconcito valioso en el que solo estás tú contigo misma, que tus momentos no son cuestionables y que son exclusivos para ti.

Una pista: no existen las urgencias –a no ser que se queme algo o el niño se haya caído– por lo que mamá no estará disponible para nada ni para nadie durante su desconexión del mundo.

Querer tiempo para ti no es un capricho, es un derecho

Así que recuerda: disponer de tiempo para ti no es un capricho, es un derecho que toda persona, y en especial las madres, debemos tener.

Verás como, con este cambio en tu mentalidad, irás transformando esa sensación de malestar por creer que estás haciendo algo mal, en una sensación de serenidad y disfrutando del momento.

Solo así lograrás liberarte de la culpabilidad, vivirás en paz contigo misma y podrás compartir tu felicidad con los que te rodean.

“El asumir la responsabilidad de mi felicidad me vigoriza. Me devuelve la vida a mí mismo”

Nathaniel Branden

En definitiva, estás en tu derecho de disfrutar de tu tiempo, de sentirte relajada, tranquila, sin culpabilidades. Créetelo, cree que te lo mereces de verdad, que ese pedacito de silencio es ahora tuyo y de nadie más.

Y hazlo saber a todos. Di con firmeza que es tu derecho, que eres una madre que necesita ese tiempo de descanso para disfrutar. Porque para ser una madre plena, feliz y sin culpabilidades, lo primero es sentirte merecedora de tu tiempo, de ese espacio valioso, exclusivo que te llena y que te pertenece.

¿Y tú como llevas la maternidad? ¿Has logrado tiempo para ti o te cuesta priorizarte sin sentirte culpable? Te leo en los comentarios !!

Encuentra tu propósito de vida, descubre tu razón de ser

Encuentra tu propósito de vida, descubre tu razón de ser

Siempre he pensado que la vida te lleva por un camino de aventuras en el que se van abriendo oportunidades a cada paso que das.

Un camino por el que puedes transitar en círculos, con el piloto automático encendido, sin expectativas, ni retos ni pasiones. O, por otro lado, puedes escoger un viaje en el que eres capaz de apostar por esas oportunidades y aprovecharlas para dar forma a tu propósito de vida.

Aunque es posible, que te sientas frustrada porque eres consciente de que necesitas cambiar el rumbo y dirigirte hacia algo que te haga realmente feliz pero no tienes la claridad suficiente para lograrlo.

Y es que, cuando no tienes claro cuál es tu propósito, empiezas a sentir que vives una encrucijada entre, tu deseo de tener una vida plena y feliz, alineada con tus valores y tus verdaderas pasiones y motivaciones, y el no saber cómo hacerla realidad.

Encontrar tu propósito de vida requerirá de un proceso de descubrimiento de ti misma.

Para qué necesitas descubrir tu razón de ser

Saber cuál es tu propósito te permitirá descubrir tu razón de ser. Te proporcionará una guía de todo lo que eres, de tu Yo, de lo que te hace diferente y a la vez única. Te ayudará a definir el para qué estás aquí, qué te mueve hacia tu felicidad.  

Porque, tal y como expresa la filosofía japonesa con su concepto “Ikigai”: todos tenemos un ikigai en nuestro interior, todos tenemos “una razón de ser, una razón por la que levantarnos cada mañana

¿Y para qué darle un significado a tu vida? ¿Para qué quiero saber quién soy? La respuesta la tienes en tu interior. Dime, ¿qué te hace feliz? ¿qué es aquello que te apasiona? ¿Te gusta lo que haces? ¿Actúas honrando tus valores? ¿Cuáles son éstos? ¿Hacia dónde quieres dirigir tu vida y que, además, te ilusione? ¿Qué puedes ofrecer al mundo?

Preguntas a las que, quizás, todavía no tengas respuestas.

“El ser humano no necesita una existencia tranquila, sino un desafío por el que desplegar sus capacidades y luchar»

Víctor Frankl

Encontrar tu propósito de vida te ayudará a tener mayor claridad a la hora de elegir opciones en la vida porque serás consciente de qué es lo que realmente te importa, de qué te mueve y de qué te motiva.

Seguirás con firmeza y seguridad el camino que tu guía interior – ahora sí– te estará marcando con claridad.

Cómo encontrar tu propósito de vida

Una de las claves, para llegar a descubrir tu propósito, es el autoconocimiento. Mirar dentro de ti y observar todo aquello que conforma tu esencia, tus valores, tus deseos, tus pasiones. Y para ello, necesitas realizar un trabajo de honestidad y sinceridad contigo misma.

Este viaje hacia tu interior, te permitirá ir explorando la línea de tu vida como un espejo de experiencias en el que poder mirarte y reconocer cuáles fueron las más satisfactorias, aquellas que te hicieron sentir más viva, más motivada, más feliz.

Ahora, retrocede en el tiempo y visualízate en momentos de tu infancia y juventud en los que te encontrabas realizando actividades que te gustaban. Tómate tu tiempo. Puedes ir anotando en un papel estas actividades a medida que vas recordando.

Con este ejercicio podrás darte cuenta de aquello que hacías y con lo que te sentías bien. Quizás dibujabas o escribías o ibas con tus amigas a la montaña o construías maquetas.

Mil cosas que quedaron ocultas por el trascurso de los años y por la propia experiencia vital pero que siguen ahí y que te darán pistas sobre qué te puede motivar en el presente.

Es importante buscar un patrón, qué es lo que hay en común en cada una de esas experiencias o actividades que realizabas en el pasado y con las que te sentías motivada. Es posible que sea la creatividad o experiencias vinculadas a la naturaleza o la necesidad de construir algo por ti misma. ¡Descúbrelo!

¿Cuáles son tus habilidades? Igual te resulte complicado dar una respuesta, pero con ayuda externa, podrás lograr reconocerlas. Si no sabes distinguirlas pregunta a tus amistades y familiares. Seguro que ellos te aportarán pistas sobre qué sabes hacer a la perfección.

Es importante que te observes, que seas capaz de averiguar esas habilidades que son innatas en ti, esas actividades que realizas con facilidad.

¿En qué te fijas cuando buscas información? ¿qué te atrae? Es posible que no seas consciente de estar consumiendo un mismo tipo de temática cuando accedes a las redes sociales, ves videos en youtube o lees algún artículo por internet.

Nos fijamos en algo porque, instintivamente, nos llama la atención, ya sea por interés o curiosidad. ¿Qué es lo hay en común? Esta información te puede dar pistas sobre tus preferencias actuales a la hora de aprender o cultivar más conocimiento.

Es un indicador fiable de hasta dónde podría llevarte tu propósito de vida.

Tu experiencia profesional o académica también es una brújula que te puede dar pistas. Es posible que detectes que tu trabajo actual no te satisface o sí, pero hay algo que no acaba de encajar. Quizás, eres profesional de la salud y es tu vocación, pero no te sientes a gusto en un hospital, sino que lo que te atrae es algo más altruista como una ONG.

Piensa que si lo que haces está alineado a tu propósito de vida sentirás el poder de fluir con esa experiencia enriquecedora. En definitiva, te sentirás feliz y realizada.

Pierde el miedo a probar cosas nuevas. Si entre todo lo que conoces tienes la certeza de que no está tu guía, sal de tu zona de confort y siente curiosidad por experimentar otras cosas. Atrévete a ver el mundo desde otra perspectiva y no te mantengas en la comodidad de tu rutina.

No pierdas la oportunidad de encontrar tu propósito de vida. Está en ti, solo tienes que mirar en tu interior, descubrir quién eres e ir aprendiendo de las experiencias que la vida te ha ido regalando para actuar bajo la guía de tus pasiones y motivaciones.

Recuerda que encontrar tu propósito de vida es encontrar tu camino en el mundo.

Yo encontré el mío, ayudar a otras mamás a sentirse seguras de sí mismas y realizadas. Me encantará saber cuál es el tuyo. ¿Te animas a compartirlo en los comentarios?

Cómo aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor

Cómo aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor

¿Te has sentido alguna vez atrapada en un bucle dónde, una y otra vez, te repites que no te gustas tal y como eres, en el que te es difícil aceptarte a ti misma?.

Hace unos años pasé una de esas etapas en la vida en las que dudaba de mí y en la que no me creía capaz de nada . Me veía anclada a una realidad muy alejada a la de una mujer decidida, segura de sí misma y con ganas de comerse el mundo.

Durante aquella época –coincidió con mi periodo de expatriada– le daba vueltas a la idea de cómo pude llegar a esa situación, de en qué momento dejé de ser yo. Aunque creo que, lo que verdaderamente rondaba en mi cabeza, era saber quién era y lo más importante ¿quién quería ser?

Y es que, sin autoconocimiento, sin las bases que te ayuden a conocerte a través de esa mirada profunda en tu interior, resulta complicado llegar a saber quién eres y qué te mueve en la vida.

“Un sentido bien desarrollado del yo es una condición necesaria para nuestro bienestar, pero no es una condición suficiente. Su presencia no garantiza una realización, pero su ausencia garantiza la ansiedad, la frustración o la desesperación”

Nathaniel Branden

Es aquí donde entra en juego la importancia de la autoestima y la necesidad de aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor, para sentirte orgullosa de quién eres.

En ese punto me encontraba yo. Un momento en el que no tenía la confianza suficiente para creer en mí ni en mis capacidades, lo que me llevaba a no saber hacia dónde dirigir mi vida y, mucho menos, cómo hacerlo.

Y ese era el pez que se mordía la cola. Desconocía hacia dónde caminar porque me sentía incapaz de afrontar nada y no era capaz de afrontar nada porque no tenía claridad sobre cómo debía actuar para avanzar.

Cuando alcanzas esa situación en tu vida acabas comparándote con los demás. Con sus capacidades, con sus logros, teniendo la sensación de que tú te quedas atrás, volviéndote más y más pequeña… Te quedas ahí, anclada en una negatividad hacia ti, juzgándote y creyendo tus pensamientos de inferioridad como si fueran una verdad inamovible.

Y en toda esa maraña de confusión, juicios y desánimo no aciertas a ver que, en realidad, lo que está fallando es que no estás siendo consciente de qué es lo que estás haciendo para salir de ese pozo. ¿Qué acciones tomas para remontar, para dejar de lado esos juicios hacia ti, ese no querer aceptarte como eres?

Así puedes empezar a aceptarte a ti misma

La autoestima significa, etimológicamente, reconocer el valor que uno tiene. Por tanto, uno de los primeros pasos que tienes que dar, es ser consciente de cuánto vales.

Tal y como sugiere Jorge Bucay, en  su libro “De la autoestima al egoísmo”, ese valor, esa autovaloración, te la proporcionará –ni más ni menos– “el ser quién eres” . Ese es el valor principal que tienes que tener en cuenta.

“La autoestima consiste en saber que soy lo que verdaderamente soy”

Jorge Bucay

Aunque aquí viene la pregunta clave: ¿Cómo saber mi valor si no sé quién soy? Y mi respuesta es fácil: para valorarte tienes que, simplemente, aceptarte tal y como eres.

Porque la persona que está detrás de esa mujer desanimada y sin ilusiones o esa madre que no le gusta su cuerpo tras la maternidad, es perfecta como es, sin necesidad de compararse para ser otra.

Tienes que pensar en cuál es el significado que hay detrás de querer cambiar lo que eres, pregúntate: ¿para qué quiero este cambio?

Y ahondando más, te diría que seas consciente de “para quién quieres hacer este cambio”: ¿para ti misma? ¿para satisfacer los deseos de otras personas?

Tienes que aceptar quién eres sin negar ninguna parte de ti. Solo así podrás lograr sentir tu propio valor. No lo dudes, eres completa con tus defectos, debilidades, carencias, fortalezas, capacidades. ¡Todo ese universo eres tú! y no lo que “deberías” ser en función de lo que piensen los demás, de sus creencias o preferencias hacia ti.

Porque no se trata de mejorar tus carencias para elevar tu autoestima siendo lo que “deberías ser para parecerte a tu ideal”, sino que se trata de mejorar aquello que tú sientas que necesitas.

“Aceptarse significa: no pelearme conmigo mismo por ser como soy, no estar enojado por no ser como los otros quieren que yo sea, no castigarme por no ser como a los demás les gustaría”

Jorge Bucay

Aprender a aceptarte a ti misma también supone reconocer e integrar todas aquellas partes que no te gustan de ti: sentimientos, emociones, pensamientos, partes de tu cuerpo, acciones.

De nada sirve ponerse una venda en los ojos para ocultarlas, para evitar sensaciones desagradables y, en algunos casos, dolorosas.

Tienes que ser consciente de que son expresiones de ti y, por tanto, deberás experimentarlas, sentir que están ahí. Solo así podrás aceptarlas para luego dejarlas que fluyan contigo.

Es posible que estés pensando: “pero si no me gustan ¿cómo voy a poder aceptarlas sin condiciones?” Te respondo con otra pregunta ¿qué sientes cuando no las aceptas? ¿qué emociones, sensaciones, pensamientos te llegan?

Ahí está el poder del autoconocimiento: saber reconocer y tomar consciencia de lo que pasa en nuestro interior y cómo nos afecta.

Seguramente, sientas rechazo hacia lo que no te gusta, hacia esas partes de ti que desearías no existieran. Piensa que, lo que verdaderamente te está provocando, es no respetarte y cuánto más quieras ocultarlo menos dignamente te tratarás.

Así que, si quieres respetarte, te propongo trabajar la experimentación y la aceptación de todo aquello que no te gusta de ti a través de estos tres pasos básicos:

  • Ser consciente de tu sentimiento o emoción cuando te enfrentas a esta parte de ti que no te gusta. Párate a pensar y reflexiona.
  • Respira lentamente y cuando estés relajada, observa y experimenta este sentimiento que te está invadiendo ¿cómo es? ¿qué te dice?
  • Intégralo en ti, sé consciente –ahora sí– de que es tuyo

Para Nathaniel Branden, “la autoaceptación es la condición previa del cambio” Y no puedo estar más de acuerdo con él. Aceptar lo que sientes y lo que eres te permitirá ser consciente de qué quieres cambiar y para qué quieres hacerlo. Negarlo, en cambio, solo hará que te bloquees y permanezcas en un oscuro estado de insatisfacción y menosprecio hacia ti.

En definitiva, aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor es un camino necesario para lograr mejorar tu nivel de autoestima. Un viaje esencial para que empieces, por fin, a eliminar el sufrimiento que te produce el rechazo de esas partes de ti que te disgustan y poder llegar a valorarte sin esos machacantes juicios negativos.

No sabes la tranquilidad y serenidad que siento ahora, sin esa mochila llena de piedras que eran las comparaciones con los demás y los propios juicios que me hacían retroceder en mi empeño de valorarme positivamente.

¿Te sientes así ahora? ¿Qué es lo que menos te gusta de ti?

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Ha sido un año difícil, incierto, de pocas alegrías… aunque de mucho aprendizaje. Y en eso estoy, en ir repasando cada uno de estos doce últimos meses y anotando todo lo que me ha enseñado este extraño año 2020.

Pero no quiero que este sea un post únicamente de lo que he sentido, sino que me gustaría que sirviese como reflexión para ti también. Que te inspire a darle valor a todo aquello que te ha sucedido, que has experimentado.

Yo le estoy dando vueltas a la idea de cuánto hemos tenido que adaptarnos en una sociedad acostumbrada a su rutina de siempre, a las prisas, a vivir en piloto automático, a planificar meses vista.

¡Y vaya si nos hemos adaptado! De nada sirve resistirse a algo que no está en nuestra mano cambiar. Aceptar la situación y seguir adelante ¿no te parece?

Sin duda ha sido un año para olvidar, sumergiéndonos en una llamada «nueva normalidad». Una normalidad a la que ya –sin darnos cuenta– le hemos eliminado la etiqueta de «nueva». Porque como siempre ha sucedido, las sociedades se amoldan y acaban por fluir con el cambio para seguir adelante y sobrevivir.

Creo que este año, más que nunca, he aplicado lo que un día me tatué en mi muñeca… “Carpe Diem” o lo que es lo mismo “Aprovecha el momento”.

Dicen que todo tatuaje tiene su significado, que cuando decides grabártelo en tu piel es porque deseas tener esa imagen de inspiración bien presente. Así lo hice yo hace unos años. Justo en un momento de mi vida en el que empezaba a sentir que algo estaba cambiando dentro de mi, que necesitaba vivir el presente con fuerza para empezar a ver mi futuro.

La verdad es que, este extraño año 2020, me ha enseñado que nuestra realidad puede cambiar en un suspiro, sin apenas darte cuenta.

Te quedas sin trabajo, pierdes a un ser querido, contraes una enfermedad que ni sabes como te va afectar… Tu mundo para… de golpe… sin previo aviso.

Y ahora miro ese tatuaje para no olvidarme de disfrutar cada uno de los días que me regala la vida.

He aprendido a no mantenerme en la tristeza, a pesar de que ha sido un año en el que la montaña rusa emocional ha hecho estragos. Quizás, por mi excesiva empatía, que en ocasiones me hace conectar y recoger el dolor de los demás como si tuviera un imán.

Siempre he disfrutado con el silencio, aunque este año hubo demasiado de un silencio que apenas tenía que ver con mis momentos de desconexión en mi rinconcito de soledad. Era una ausencia de rutina, de realidad a la que estábamos acostumbrados. Nada de coches en marcha, nada de jardineros cortando setos, nada de niños jugando en la calle…

Pero todo volvió a lo que era, o al menos a la vida en movimiento. Así que buscar un nuevo tipo de desconexión fue otra de las enseñanzas que me ofreció este año. Ya no encontraba inspiración en un silencio impuesto, sino que mi rincón de reflexión lo disfrutaba con todo lo contrario: los pequeños ruidos que llegaban del exterior. Curioso, ¿verdad?  

Con esto quiero decirte que debes encontrar la forma de adaptarte a cada situación de cambio, de amoldarte a las nuevas experiencias, si es necesario, con unos nuevos hábitos o con acciones que te proporcionen la tranquilidad que buscas.

Como madre, aprendí a ver las fortalezas de mi hijo ante la nueva situación que estaba viviendo. Su admirable adaptación al cambio –como siempre ha hecho– y con la mejor actitud posible ¡Cuánto debemos aprender los mayores de los más pequeños!

Estamos a pocas horas de despedir este 2020. Espero que te haya hecho ser más fuerte, que te haya hecho ver la vida de otra manera, que te hayas dado cuenta de lo importante que es disfrutar con lo que tienes y con quienes te rodean.

Y para el 2021 te deseo que sigas aprendiendo más, mucho más. De ti, de quién eres, de lo que sientes, de tus emociones. Que tengas inspiración para crear, para motivarte con lo que te gusta o con lo que te mueve. Que encuentres tu para qué, tu propósito y avances en tu camino hacia la persona que quieres ser.

Mil gracias por estar ahí, leyéndome y dejándome formar parte de un ratito de tu tiempo, despidiendo juntas este extraño año 2020.

Si te apetece compartir conmigo lo que te ha enseñado este año, ¡no dudes en escribir en los comentarios!

¡Feliz Año 2021! Un año que espero te regale todo lo mejor.

Aprender a conocerte para volver a creer en ti

Aprender a conocerte para volver a creer en ti

¿Sabrías decirme quién eres? A simple vista parece una pregunta sencilla de responder. Párate un momento y reflexiona sobre ella…

¿Tienes la respuesta? Es posible que no te haya sido fácil encontrarla o que incluso no hayas podido dar con ella.

Saber quién eres es la clave para un crecimiento personal guiado por tus valores, por lo que representa vivir una vida llena de propósito y de significado.

Y es que, si hay algo que te ayudará a guiarte en tu camino hasta encontrar esa vida plena y con sentido, es aprender a conocerte para volver a creer en ti.

«La esencia de la autoestima es confiar en la propia mente y saber que somos merecedores de la felicidad.»

Nathaniel Branden

Perder la confianza en ti, perder tu autoestima

Cuando pierdes la confianza en ti misma, cuando ya no eres capaces de creer en ti, la forma en cómo te miras y te piensas, adquiere un cariz tan negativo que lo único que asoma es la figura de una persona sin autoestima, sin ilusiones, sin motivaciones en la vida.

Ves el reflejo de alguien que no encuentra nada positivo en ella. Buscas y no encuentras. Te comparas con los demás y te hundes más.

Quieres avanzar para borrar esa imagen que no te gusta de ti, pero te enfadas contigo misma porque te sientes inútil por no poder cambiar, por “no ser perfecta” como ese ideal de mujer al que quieres llegar pero que ves tremendamente lejos…

Es, ese momento, en el que te abandonas. Te dejas llevar por tu historia, tu diálogo interior, tu creencia de que eres menos que los demás, de que nunca lograrás ser quién quieres ser.

Y acabas sintiendo un vacío interior en el que, lo único que aciertas a ver, es un oscuro túnel dónde nada tiene sentido, en el que no sabes hacia dónde ni cómo dirigir tu vida, en el que creer en ti resulta una odisea. ¿Dónde fue a parar tu mayor tesoro, tu autoestima?

¿Quién quieres ser? Aprender a conocerte

Quizás logre adivinar que tu mayor deseo es llegar a ser una persona feliz. Pero, para serlo, necesitas descubrir quién eres, qué te mueve en la vida, qué valores te impulsan.

Aprender a conocerte, ser consciente de quién eres, significa verte en un espejo. Sacar a la luz tus fortalezas, tus virtudes, todo lo bueno que tienes dentro de ti. Aunque, también, supone reconocer y enfrentarte a tus creencias, a tus miedos y a esos pensamientos negativos que te ahogan en ciertos momentos.

Gracias al autoconocimiento, lograrás acceder a esos rincones –más profundos– que mantienes cerrados por miedo a lo que pueda surgir. Te permitirá mirar en tu interior, reflexionar, cuestionarte el modo en que interaccionas en el mundo, en cómo lo observas, en cómo lo traduces para ajustarlo a tu marco mental.

«Nuestra mente es nuestro instrumento básico de supervivencia. Si se traiciona ésta, se resiente la autoestima»

Nathaniel Branden

Nathaniel Branden, en su magnífico libro Los seis pilares de la autoestima destaca que: vivir la vida de un modo consciente, es vivir la vida siendo responsable de la realidad que te rodea, aceptarla tal y como viene, sin excusas.

De este modo, lograrás estar presente, viviendo el momento, sin evadirte y permitiéndote poner la semilla de la curiosidad hacia tu mundo interior: tus sentimientos, necesidades y motivaciones.

Aprender a conocerte es –en palabras de Branden– considerar “tu miedo y tu dolor como señales para no cerrar los ojos sino para abrirlos más, no para desviar la mirada sino para mirar más atentamente”.

Compromiso y constancia para cambiar

Volver a creer en ti, conectar de nuevo con tu autoestima, no es tarea fácil. Deberás tener paciencia, constancia, compromiso contigo misma.

Empieza por modificar tus pensamientos negativos hablándote en positivo. Busca lo bueno que tienes, aquello que te hace diferente y única. Seguro que lo tienes, ¡todos lo tenemos!. Puedes pedir ayuda a alguien cercano tuyo y que te diga que ve de especial en ti. Te sorprenderá el modo en cómo nos vemos y como nos ven los demás.

Escribe, cada mañana, uno o varios agradecimientos a aquello que esté contribuyendo en tu vida. Reflexiona… puedes agradecer el poder estar respirando cada día, el poder ver amanecer, el poder sentir el aire fresco, el tener unos hijos maravilloso o un marido que te apoya en todo momento. Busca cosas cotidianas que envuelvan tu vida y te aporten, por muy pequeño que sea.

Si lo necesitas, no dudes en contactar con un especialista como puede ser un coach para ayudarte y guiarte en este proceso. Piensa que no está sola en este camino.

Y llegará un día en el que te darás cuenta de que eres perfecta tal y como eres, de que no necesitarás compararte con nadie más. De que volverás a tener ilusiones, seguridad en ti misma, aceptándote y valorándote, siendo capaz de retarte si te lo propones.

Tus pensamientos ya no te consumirán porque sabrás centrarte en lo que verdaderamente importa, en lo que tienes control, en lo que está en tu mano. Pasarás de dejarte llevar a tomar las riendas. Te convertirás en alguien que, ahora sí, vive conscientemente, sabiendo quién es, a dónde quiere llegar.

Habrás aprendido a conocerte, habrás vuelto a creer en ti…

«La raíz de nuestra autoestima no está en nuestros logros sino en aquellas prácticas generadas desde el interior, que entre otras cosas, nos permiten alcanzar aquellos logros»

Nathaniel Branden

Convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida

Convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida

Estaba haciendo balance de todo lo que me ha supuesto este año y te confieso que, la primera idea que me ha venido a la cabeza, ha sido ¡menuda mierda de año!

No solo por todo lo que nos envuelve, con la pandemia y el odiado Covid-19, sino por sentir que –cada vez más– los días malos se estaban imponiendo a los buenos. Este 2020 se estaba convirtiendo en una cuesta algo difícil de remontar, impidiéndome ver las pequeñas cosas que sí había conseguido realizar y que, sin duda, se convertirían en grandes logros para mi vida.

La verdad es que me entraban ganas de tirar la toalla al sentirme desanimada por ver que mis objetivos –a nivel profesional– no estaban saliendo como me había marcado aunque, por suerte, he sabido resistir a la tentación de quedarme atascada en esos pensamientos.

Creo que se lo tengo que agradecer a mi orgullo y no darle el gusto a mi antiguo, aquel con el que desistía al mínimo contratiempo. Esto me ha hecho ver que, aquella versión de mí, pasó página y mi yo actual –la Helga perseverante– estaba ganando la batalla a fantasmas pasados.

Es mi primera experiencia como madre emprendedora y pensar en lo que he logrado desde que inicié mi formación como Coach Profesional –hace justo dos años– me produce muchísima satisfacción.

El camino del emprendimiento es complicado –no te voy a engañar– y con algún que otro obstáculo. Claro está que, hasta que no te encuentras en medio del viaje, no sabes muy bien cómo te afectará. Y en mi caso, hay ciertos momentos en los que siento que bajo la guardia y pierdo ese impulso motivante por no ver los frutos tan rápido como a mí me gustaría.

Pero como me recuerda una buena amiga: “esto es un trabajo de hormiguita”. Y con eso me quedo, con el esfuerzo y la recompensa final, disfrutando de ese recorrido, de las pequeñas cosas que me voy encontrando y que me aportan, de convertirlas en grandes logros para mi vida.

Y así deberíamos verla, como un camino de hormiguitas, en el que vamos recopilando –pacientemente– todo lo necesario para construir lo que deseamos.

Sé que mi yo del pasado se hubiera recreado en las limitaciones, en las piedrecitas del camino, dándole vueltas a la “mala suerte” o validando –injustificadamente– creencias sobre sus capacidades. “Si ya sabía yo que esto no era para mi” … me estaría advirtiendo mi vocecita interior.

Ahora no. Ahora tengo confianza. Sé que está ahí. Y cuando me viene ese pensamiento ¡qué año de mierda! me doy cuenta de que algo está pasando, de que esa frustración me está hablando… la reflexiono… hasta que tomo consciencia de su significado y la dejo que acabe desinflándose con mi visión de todos los pasos que he dado en el camino.

Pongo en la balanza lo que he hecho mal, lo que no he hecho o lo que podría haber cambiado. Pero también valoro lo que sí he realizado bien, todo mi aprendizaje, el atreverme a superar creencias que me estaban frenando. Y ahí sigo, intentando crecer…

Valora las pequeñas cosas para convertirlas en grandes logros para tu vida

Tantas cosas que no vemos por esa manía tan humana de dar vueltas en círculos sobre el mismo problema, con la misma mirada. Sin ver más allá, sin percibir lo que nos rodea, sin poner foco en lo que está en nuestra mano

Qué poquito valoramos esas pequeñas cosas que, al final, nos aportan grandeza a nuestra vida. Acciones que construyen nuestro día a día, sencillas, pero que, si te paras a pensar, verás como son un paso importante para ti porque se convertirán en un gran logro para tu vida.

Pensar en ellas motiva, créeme, motiva y mucho. Porque te van a demostrar que SÍ avanzas, aunque no te lo parezca, que SÍ tienes la fuerza y el coraje cuando te lo propones, que SÍ sabes disfrutar de tus momentos cotidianos.

Pero es posible que te digas que tú no haces nada de esas pequeñas cosas y, mucho menos, que se conviertan en grandes logros para tu vida. Pues te diré unas cuantas.

Conseguir leer un par de páginas de tu libro pendiente, aunque estés derrotada al final del día, es una gratificante recompensa para ti después de un duro día. Y, puede que, ese ratito de lectura, te inspire para resolver un problema o para darte cuenta de que esa temática te apasiona y quieras aprender más.

Darte ese capricho ¡por fin!, sin pensar en otra cosa más que en disfrutarlo, te permite poner la primera piedra para aprender a soltar la pesadez de la responsabilidad, de lo correcto, de lo que deberías hacer porque así te han enseñado.

Quedarte un ratito más en la cama el fin de semana y no preocuparte por tenerlo todo listo antes de que la familia se levante. Un gran paso para deshacerte de la culpabilidad por dedicarte un poquito a ti ¿no crees?

Subir las escaleras porque ese día no funcionaba el ascensor. En lugar de maldecirlo ¿porqué no lo ves desde otro punto de vista? Quizás sea el inicio de un nuevo hábito, más saludable y que te aportará ese bienestar físico que tanta pereza te daba introducir en tu vida.

Sé consciente de lo que tienes, de lo que haces, de quién eresVivir el presente y disfrutarlo, como una buena taza de café, sorbo a sorbo, percibiendo los detalles que te hacen vibrar, que te impulsan a crecer.

Así que convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida… te querrás más, te valorarás más, creerás más en ti.

Quizás ya lo hagas sin darte cuenta. Te propongo que pienses en algo pequeño que hayas hecho estos días y que sientas que es un gran logro para ti. ¡Te espero en los comentarios!

Por qué debes dejar de ser una mamá multitarea

Por qué debes dejar de ser una mamá multitarea

Si quieres llevar una vida sin estrés, sentirte más eficaz con tu tiempo y, además, tener la capacidad de disponer y disfrutar de momentos para ti, deberías empezar a pensar en dejar de ser una mamá multitarea.

¿Cuántas veces te has sentido como un robot tratando de hacer mil y unas cosas al mismo tiempo? Parece como si ser madre viniera acompañada de la obligación de cumplir todas y cada una de las tareas que nos van surgiendo –y nos ponemos nosotras– a lo largo del día.

Yo misma reconozco que la maternidad me da muchísimas cosas buenas, pero también supone cargar con un extra de responsabilidad que, en ciertos momentos, nos hace querer controlarlo todo para no fallar.

El término multitarea hacía referencia a la capacidad que tenían ciertos ordenadores IBM –en la década de los sesenta– para ejecutar múltiples tareas con un solo procesador, algo que se desvirtuó con el tiempo identificando el concepto con la capacidad, de una sola persona, de hacer múltiples actividades simultáneamente.

Ciertamente, las personas sí tenemos esa habilidad, pero no la de ser capaces de centrar nuestra atención en diferentes cosas al mismo tiempo. Lo que se traduce en olvidos y errores por dispersarnos en mil cosas.

Hablar de mamás multitarea no es hablar de una superwoman capaz de dividirse para llegar a todo –corriendo como pollo sin cabeza en la mayoría de las veces– sino de una persona que acabará el día más estresada de lo que lo empezó.

Cómo te afecta querer abarcarlo todo

Pues siendo una persona estresada, menos exigente, desmotivada en ciertos momentos y, lo peor de todo, sin tener tiempo para ti.

Ya lo dice Gary Keller en su libro “Lo Único”: «No es que nos falte tiempo para hacer todas las cosas que tenemos que hacer, es que sentimos la necesidad de hacer demasiadas cosas en el tiempo que tenemos»

Así que, si pensabas que hacer infinidad de cosas a la vez era la salvación para sobrellevar tu vida, siento decirte que estás equivocada. La multitarea no te va a ahorrar tiempo, lo único que vas a conseguir es malgastarlo.

Nuestro cerebro no está diseñado para centrar la atención plena en dos tareas simultáneamente. Lo que consigues, cuando te pones en modo multitask, es dividir tu atención y reducir tu eficacia en el resultado de todo lo que estés haciendo al mismo tiempo.

“La multitarea no es más que la oportunidad de fastidiar más de una cosa a la vez”

Steve Uzzell

Una madre multitatarea es, por lo general, aquella que se cree capaz de controlar y realizar todo lo que se ha propuesto. Vamos, lo que viene a ser una superwoman. Es madre, esposa, mujer trabajadora y está siempre dispuesta para todo y para todos… aunque para ella nunca hay tiempo.

Si te has sentido identificada, seguro que sabrás de lo que te estoy hablando.

Tienes en mente todos los detalles de tu día a día, intentando planificarte para encajarlos como un Tetris pero es que, además, cargas a tus espaldas la agenda de actividades de tu familia.

Con todo este coctel ¿cómo crees que puede afectarte en tu vida? Pues anteponiendo el bienestar de los demás al tuyo. En definitiva, que acabas siendo exigente contigo misma para lograr satisfacer a todos pero no lo eres para tus propias necesidades.

Es por eso que, esa capacidad para absorber todo lo que te echen encima, termina por volverse en tu contra y por afectarte emocionalmente. Ni te sientes plena con tu vida –vives más para los demás que para ti–, ni motivada, ni disfrutas del tiempo con los que te rodean porque tu mente va dando tumbos recordando “todo lo que tiene que hacer”.

Pero ni siquiera eres feliz con tu tiempo ¿sabes por qué? Porque apenas dispones de él y el poco que tienes lo necesitas para descansar.

Las consecuencias, por pretender llevar una vida con el cien por cien de tareas tachadas al finalizar el día, no son nada beneficiosas para tu salud física ni mental, ni siquiera para los que te rodean.

Porque, viviendo en esta sociedad frenética en la que palabras como “ahora” o “para ya” han pasado a ser parte de nuestro vocabulario diario, presagiar que podemos deshacernos de ellas en nuestro contexto familiar resulta prácticamente imposible.

Así que plantéate esta pregunta:

¿Cómo puedo dejar de ser mamá multitarea para pasar a ser más efectiva con mi tiempo?

Empieza por la organización. Es primordial para lograr llevar a cabo las tareas marcadas en tu día a día, hacerlas de una en una y con plena atención. Saber qué hacer y cómo, escogiendo la que mejor se adapte a tu energía mental y a tu contexto en ese momento, te permitirá ser más efectiva con tu tiempo.

Si mientras estás en la oficina, escribiendo el informe para tu jefe, te acuerdas de pedir cita al médico para tu hijo ¿qué crees que pasará si paras lo que estabas haciendo para llamar? Que la concentración en la tarea se perderá porque tu cerebro se centrará en otra acción, provocando olvido y errores cuando reanudes tu actividad inicial.

Como ves, no te hablo de gestionar el tiempo –algo imposible– sino de ser eficaz con el que tienes, de estar por lo que estás sin que nada más ronde tu mente, de tener atención plena y sin distracciones. De empezar y finalizar sin dejar nada a medias.

Para y reflexiona. Antes de ponerte a hacer cosas como si no hubiese un mañana piensa en lo que tienes por delante y qué significado tiene para ti. Pregúntate ¿Qué pasaría si no lo hiciera? ¿Es absolutamente necesario realizarlo hoy? Mira más allá y ponlo en perspectiva.

Pon límites. A ti y a los demás. Evitarás los momentos de angustia por querer satisfacer a todos sin que nada falle por el camino.  

Ten presente tu círculo de influencia o lo que es lo mismo, ocúpate de lo que está en tu mano y no te centres en preocupaciones. Lo único que hacen es emborronar tu mente sin darte soluciones.

Si algo no lo puedes controlar ¿para qué darle vueltas? Aparentar ser una madre con el total control de su vida lo único que te llevará es al desánimo y a la quemazón. No luches contra lo que no puedes y dedica, ese tiempo valioso que te pertenece, a encontrar opciones en lugar de obstáculos.

Sé menos protectora con tu familia. Eres madre y te desvives por tus hijos, eso es normal, pero debes comenzar a darles más libertad, a permitirles aprender de sus errores y de sus frustraciones.

No quieras estar en todo momento supervisando todo lo que hace. Deja que se equivoque con los deberes, que tropiece, que experimente, que exprese quién quiere ser. Pero no controles, no sobreprotejas porque lo que conseguirás será sentirte estresada por querer su bienestar a toda costa, sumergiéndote en un miedo constante por lo que le pueda pasar.

Un miedo que, sin quererlo, le acabarás transmitiendo y que se traducirá en un niño asustadizo, con una baja autoestima y con pocos recursos para sobrellevar cualquier contratiempo.

Dar espacio te liberará de ese tiempo extra que dedicabas a tus hijos por querer protegerlos en todo momento, además de ganar en salud emocional y vivir en un ambiente familiar más relajado.

En definitiva, dejar de ser una mamá multitarea te proporcionará una mayor concentración en lo que estás haciendo, serás más eficiente con tu tiempo y ganarás en bienestar emocional.

Y, sobre todo, obtendrás tiempo de calidad con tu familia, pero también para ti, para disfrutarlo como te mereces.

5 consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid

5 consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid

Últimamente le estaba dando vueltas a cómo estaba resultando este año 2020. Y creo que no seré la única en pensar que está siendo verdaderamente extraño, caótico, incierto, hasta surrealista.

Un año en el que todas nuestras planificaciones y objetivos se han venido abajo, en el que todo lo que dábamos por hecho se ha vuelto del revés y en el que, emocionalmente, se ha subido a toda una sociedad –no importa de qué país sea– a una montaña rusa sin fin.

Lo resume, perfectamente, José Ramón Ubieto en su artículo “Tristeza Covid, la nueva pesadumbre”. En él nos habla de cómo hemos pasado, durante todos estos meses, por diferentes etapas emocionales: la extrañeza, el miedo y la angustia, la rabia, el amor, la solidaridad y los duelos.

Y por desgracia, esto no ha acabado aún, todo lo contrario. Iniciamos otra nueva etapa de confusión, de más incertidumbre, de más emociones descontroladas. La vuelta a una inevitable inquietud, en toda la sociedad, por este tiempo que no se quiere ir.

Volvemos a un estado emocional cargado de pesadumbre, de pesadez, de tristeza en tiempos de Covid. Una tristeza que no llega sola sino mezclada con el hartazgo, el agotamiento por la situación, por la sensación de estar viviendo sin poder fijar un rumbo fijo a nuestras vidas.

Porqué surge esta tristeza en tiempos de Covid

Es una tristeza que surge por la mirada nostálgica de un pasado que nos parece lejano y –en ocasiones– extraño al ver situaciones de nuestra “antigua” cotidianidad.

Recuerdos que aparecen cuando ves la foto de la cena que hace un año tuviste con tu mejor amiga, sin pensar en distancias de “seguridad”. Ni que decir del viaje a ese país remoto, lleno de turista, y que tanta ilusión te hizo en aquel momento. Y los ves en tus fotos sin las dichosas mascarillas ¡qué raro te parece ahora!

¿Acaso no es surrealista tener cierto remordimiento por haber “infringido las normas”? Situaciones que antes eran de lo más normal, rutinarias, integradas en nuestra vida social pero que ahora se han convertido en un acto “peligroso” para los demás.

¡Cómo no vas a sentir tristeza durante la pandemia! Este desánimo, por tener que reprimir impulsos inevitables, nos conecta con una realidad alejada de la que nos gustaría.

Es como ir en tren y ver cómo pasa tu vida, pero tú estás fuera. Palabras que reflejan el sentimiento de exilio. Exilio de su propia vida”

José Ramón Ubieto

Pero es también una tristeza por lo que va a llegar. Porque de un modo u otro, la experiencia de este pasado reciente que asoma de nuevo, nos ha hecho despertar del “sueño de verano”. Nada es lo que parecía, ni nada es –lamentablemente– como queríamos que fuera.

Y es que, este virus, nos ha vuelto a dar un nuevo y jodido baño de realidad, obligándonos a conectar con este presente que, aunque nos empecinemos, ha venido para quedarse un tiempo más.

¿Qué hacer, entonces, para afrontar la tristeza en tiempos de Covid? ¿Para sobrellevar todas estas emociones desagradables y molestas que están surgiendo?

1- Aceptar la situación y acoger el sentir

Emociones como el miedo o la rabia son provocadas por la resistencia a huir de lo que hay, por querer ocultar algo que ya forma parte de nuestras vidas, de nuestros actos y de nuestras relaciones.

Miedo a un futuro incierto o a perder lo que se tenía. Rabia por no poder cambiar lo que no nos gusta o por no hacer todo lo que deseamos. ¿Es la solución negar este presente? Sin duda, no.

La negación no es la solución para deshacerte de esta situación que no quieres en tu vida. Lo único que conseguirás es crear una falsa sensación de control lo que te permitirá ocultarla, pero no alejarte ni hacer desaparecer esa emoción que subyace en el fondo: el miedo, la rabia o la tristeza.  

Como ya comenté en este post “Cómo adaptarse al cambio en esta nueva normalidad”, la mejor estrategia es la aceptación.

No debes huir de la tristeza poniendo tu mejor sonrisa y haciendo ver que no está ahí. Porque tus pensamientos siguen en ti, dando vueltas en tu mente, mientras externamente intentas proyectar una imagen de felicidad que no corresponde con tu tristeza interior.

Procura moverte en el optimismo, pero siendo consciente de los sentimientos que te invaden, de cuándo lo hacen y de cómo te proteges ante ellos. Acógelos, acéptalos y date permiso para transitarlos de la mejor manera posible. Aunque no te lo creas, ¡están para ayudarte!

2- Aprender del pasado para lidiar con el presente

El valor de la tristeza es el de ayudarnos a gestionar las pérdidas. Y de pérdidas, durante esta pandemia sabemos bastante, por desgracia. Ya sea en el ámbito laboral, familiar, en el de la salud o en lo social.

Pérdidas, también, sufridas en nuestra libertad de movimientos durante el confinamiento, en no poder salir sin mascarilla, ni relacionarnos sin pensar en la proximidad con la otra persona. 

Y todo esto vuelve otra vez, repitiéndose un duelo que parecía acabado. Pero no lo veas con negatividad. Ahora puedes utilizar esta experiencia para lograr gestionar la nueva situación.

Un duelo consta de cinco etapas: negación, enfado, reflexión, tristeza y aceptación

Es importante que sepas ser consciente de cada una de estas etapas para lograr sobrellevar la situación de la mejor manera posible. Aprender de tu pasado reciente para lidiar con este presente que ya conoces.

De nada sirve recrearse en la pena y lamentarse. Sin duda, el dolor no desaparece por arte de magia, así que date tiempo para transitar esta tristeza y reconocer que es pasajera. Como ya he escrito, en más de una ocasión, la vida es cambio e incluso la tristeza acaba por pasar.

3- Conectar con la motivación en tiempos de Covid

Es fundamental que te marques objetivos y que diseñes un plan de acción para llevarlos a cabo. No se trata de pensar el plan perfecto ni de lograr alcanzarlos sea como sea. Hablo de empezar a dar un paso hacia la acción, de poner las bases para motivarte y salir de un estado de desánimo.

Afrontar la tristeza, además de aceptar que está en tu vida en estos momentos, supone avanzar hacia cosas que te ilusionen, por muy pequeñas que sean. Ver una puesta de sol, pasear por la playa, leer un libro… pequeños placeres de la vida que deben llenarte de positividad.

Comenzar a sentir la motivación te hará lidiar con ciertas situaciones sin quedarte paralizada. Marcarte objetivos te servirá para encontrar soluciones y ponerlas en práctica ante imprevistos, incluso si este presente te hace variar tus planes.

La incertidumbre está ahí, pero debes centrarte en lo que está en tu mano. Poner tu mente en movimiento, empezar a ser creativa te ayudará a sobrellevar esta tristeza en tiempos de Covid.

4- Exteriorizar los sentimientos para transitar la tristeza

No temas a exteriorizar tus sentimientos. Deja que surjan, sin reprimirlos ni negarlos. Reconocer que estas triste te ayudará a una mejor relación con tu entorno. Tu familia, amigos, hijos deben saber cómo te encuentras, qué sientes, qué te preocupa, qué te produce dolor.

Te convertirás, además, en un espejo para tus hijos. Verán que no hay nada malo por decir lo que uno siente. ¿Estás triste? Suéltalo, dilo, llora, desahógate. Seguro que te sorprenderá la gente, a tu alrededor, que siente lo mismo que tú.

No tengas miedo a mostrar tus vulnerabilidades, ni te sientas débil sino valiente por mostrarte, tal y como eres.

5- Escribir un diario emocional

Mi último consejo sería este. Escribir un diario emocional. Algo fácil, sencillo y efectivo. Ver tus pensamientos y sentimientos reflejado en papel te hará ser más consciente de cómo te sientes y porqué.

Al iniciar el día o al finalizarlo, tú eliges. Plasmar en papel lo que hay en tu interior es una buena terapia emocional que evitará que reprimas esa tristeza o cualquier emoción que te invada.

Puedes escribir sobré qué emoción has experimentado más intensamente ese día, cuándo ha surgido, qué la ha provocado y cuáles han sido tus pasos para solucionar el problema.

¡Es un ejercicio altamente recomendable para empezar a conocerte mejor!

Espero que te sirvan estos breves consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid de la mejor manera posible.

¿Te animas a poner en práctica alguno ahora mismo? Quizás, el diario emocional sea una buena opción para empezar ¿Qué me dices? 😉

Haz realidad tu deseo de reinvención tras la maternidad

Haz realidad tu deseo de reinvención tras la maternidad

Hace unos días me di cuenta de que se habían cumplido tres años de mi primera publicación en el blog. ¡Cómo pasa el tiempo! “Recuerdos de una expat” era el nombre del blog y nació a raíz de mi necesidad de expresar lo que significó para mí la vida de una madre expatriada.

¿Y por qué te cuento esto? porque fue el pistoletazo de salida para dar forma a lo que, tiempo después, sería mi reinvención como mujer tras la maternidad. Creo que escribir me permitió darme cuenta de que podía atreverme a mucho más y de que estar escondida detrás de mis inseguridades no hacía más que sumergirme en una especie de ola de desmotivación.

Así que eché mano de todo lo bueno que tenía a mi alrededor y, con el empujoncito de una de mis personas favoritas, de uno de mis pilares, logré lanzarme al vacío con pirueta incluida. ¡Me atreví a escribir y encima a publicarlo en un blog!.

En más de una ocasión te he contado de la importancia de tener a personas a tu alrededor que te aporten, te hagan brillar y signifiquen un punto de apoyo en tu vida. Son esas personas que te empujan a dar lo mejor de ti.

La verdad es que, alguna que otra vez, hago el ejercicio de imaginar la ausencia de alguna de ellas en mi vida y de recrear esos momentos en los que me sentía perdida y no sabía encontrar mi rumbo. Y te tengo que confesar que me resulta tremendamente incierto pensar cómo sería mi vida ahora.

Aunque si algo he aprendido es a no recrearme en pensamientos hipotéticos de lo que sí o de lo que no hubiera pasado. Ni siquiera de si hubiese sido mejor o peor. Un buen consejo que te puedo dar en tu inicio de reinvención o emprendimiento: aceptar tu camino.

Tal y como lo has vivido y has experimentado es el mejor aprendizaje que puedes hacer. Te aportará una mayor amplitud de miras cuando te encuentres en situaciones parecidas. Sabrás adoptar la mejor solución en función de lo que sí hiciste bien durante el pasado y de lo que no deberías repetir o, al menos, hacer de forma diferente.

No te voy a engañar, esa reinvención personal tras la maternidad, vino precedida de dudas e incertidumbre, tras ser consciente de que mi rol como madre estaba cambiando. Mi hijo estaba creciendo y, toda esa dedicación durante años, iba cada vez haciéndose menos intensa, al mismo tiempo que iba aumentando –proporcionalmente– los momentos en los que no sabía qué hacer con mi tiempo.

Y el estar atenta a lo que me aportaban de un modo positivo –e inspiraban– esas personas que tenía cerca de mí, mis pilares, me hizo reflexionar y buscar nuevas opciones en mi vida que me llenaran y ocuparan los huecos que la maternidad me estaba dejando.

“Quiero hacer algo útil en el mundo”

Amelia Earhart

Quería cambiar, darle una vuelta a mi vida y no malgastarla con lamentaciones. Poco a poco fui tomando consciencia de qué era aquello que me gustaba, en lo que me atraía a la hora de leer o al informarme, en lo que veía y disfrutaba sin darme cuenta.

El desarrollo personal y, más concretamente el Coaching, fue una de esas pasiones que empezaron a crecer dentro de mí. Me permitió conocerme, gestionar mis emociones, aflorar mis miedos y aprender a manejarlos.  Y, también, me permitió descubrir cuál era mi propósito en la vida: ayudar a otras personas a ser felices con su vida.

Aunque te puedo asegurar que, si quieres empezar tu reinvención tras la maternidad, el primer paso que debes dar es tener la voluntad y el compromiso por cambiar.

De nada te sirve imaginarte cómo sería tu vida si no estás dispuesta a dar el paso, de ponerte en acción, de convertir tu sueño en realidad… tú realidad.

Es, en este momento, cuando surgen las dudas y los miedos, tus inseguridades. Años dedicados a la maternidad no ayudan a tener claro por dónde encaminar tu futuro. Y es que, entregarse en cuerpo y alma a la familia, sin tener en cuenta tu bienestar ni tus necesidades, acaba por alejarte de quién eres.

Toda esa experiencia de amor y de dedicación por la familia, por los hijos, es una etapa que siempre perdura – y perdurará– dentro de nosotras. Es inevitable. Nace en ti cuando te conviertes en madre y va creciendo hasta mimetizarse en quién eres ahora. Una madre comprometida y feliz con la crianza de sus hijos.

Pero esa madre comprometida –en ocasiones– va dejando paso a una mujer que no piensa en ella, ni en su bienestar, ni en su tiempo. Dedicación y compromiso por los demás ¿y para ti? Nada o, más bien, poco y, además, con pensamientos de culpabilidad.

Cambiar esa tendencia requiere modificar tu forma de pensar, de ver la realidad desde otra perspectiva que te haga sentir valiosa como mujer, además de una maravillosa mamá.

“Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos»

Marguerite Yourcenar

Se trata, en definitiva, de lograr encontrar el equilibrio entre ser madre y mujer, de sentir que tu vida se balancea de un modo equitativo entre todo lo bueno que te aporta tu maternidad y el tiempo que dispones para disfrutar de tus pasiones, inquietudes, ocio, relaciones y todo aquello que conforma tu universo como mujer.

Hacer realidad tu deseo reinvención tras la maternidad no es un modo de huir sino de volver a encontrar esa motivación que, poco a poco y sin darte cuenta, vas perdiendo a lo largo del tiempo. Por dar demasiado, por olvidarte de ti, o quizás, por la generosidad de restar de tu tiempo el que dedicas a los demás.

Es hora de comprometerte contigo misma, con tus ganas de cambiar hacia una vida que complete esos huecos que sientes, se están quedando vacíos.

Es hora de dar claridad a tus pasiones, a lo que despierta en ti momentos de satisfacción sin darte cuenta.

Es hora de despejar dudas y encontrar la verdadera motivación que te va a mover hacia el cambio, hacia tu reinvención.

Es hora de darte tiempo, de convertir ratitos en pequeños placeres y regalártelos porque te los mereces.

Es hora de dejar atrás miedos y limitaciones y aprender a superarlos.

Es hora de hacer realidad tu deseo de reinvención como mujer tras la maternidad.

Logré reinventarme, ser una madre con una vida plena y en equilibrio, encontrar mi pasión y mi propósito. Y eso es lo que deseo para ti. Que disfrutes de todo, de todos y de ti misma, sin temores, con confianza y con la seguridad de que puedes conseguirlo.

¿Cómo sientes tu maternidad en estos momentos? ¿Deseas reinventarte? Cuéntame, si te apetece, tu experiencia. ¡Me encantará leerte en los comentarios!

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Me resulta extraño seguir hablando –a estas alturas– de pandemia, de cómo seguimos inmersos en ella y de cómo nos sigue afectando. Nos toca convivir con la incertidumbre en un mundo que se asemeja, cada vez más, a una nueva realidad que ha llegado para quedarse por más tiempo del esperado.

No me voy a recrear en la pesadez de todo esto, en las incomodidades, en las limitaciones. Ni siquiera en lo sufrimientos por no dar un abrazo o un beso despreocupadamente, sin pensar a quién, ni cómo, ni cuándo.

Aunque confieso, que existe el deseo de querer que todo fuera diferente, como era antes –antes de este virus de locos, claro–. Hace unos meses escribía el post Y todo cambió con esta maldita pandemia”. Como podría imaginarme entonces que, esas mismas sensaciones, volverían a estar presentes ahora –o al menos– de un modo algo más subterráneo.

Son estas circunstancias las que me llevaron, en ciertos momentos, a una especie de desaparecer de sí, tal y como diría mi admirado sociólogo David Le Breton.

“Situarse fuera de sí para recobrar el aliento, dejar de estar allí, pero reservándose la posibilidad de volver”

David Le Breton

Pero como sé que la aceptación es el recurso más efectivo para mantener un equilibrio entre la realidad y el deseo, fue necesario que –desde mi propia exploración interior– detectase cuales eran esos pensamientos recurrentes que me estaban llevando a una cierta negatividad.

Y en todo este proceso de autoconocimiento, acabó por asomarse algo que seguro te debe sonar e, incluso, te puedes haber encontrado durante todo este tiempo de pandemia: la incertidumbre.

Por qué surge la incertidumbre

La incertidumbre se caracteriza por un sentimiento de desasosiego, de preocupación y de temor por el desconocimiento sobre algo que va a pasar, por un futuro incierto, pero también, por la imposibilidad de tomar el control de la situación que nos lleve a un resultado final en el menor tiempo posible.

Acostumbrados a estos tiempos, dónde se nos ha hecho partícipes de la inmediatez de las cosas, no nos han dejado espacio para adaptarnos a una vida más pausada, una vida como la que actualmente estamos experimentando.

Vivíamos sin ser conscientes de que, nuestra realidad, giraba en un entorno imprevisible, cambiante y lleno de giros inesperados en nuestro día a día. Quizás fuera nuestra forma de ver el mundo desde una perspectiva cómoda y segura, filtrada por la rutina diaria.

Y ese cambio en nuestro ritmo, en lo que dábamos por hecho, agrandó la sensación de incertidumbre ante un futuro que –lamentablemente– no sabemos hasta dónde nos llevará.

Esta pandemia nos obliga a convivir con el miedo a un posible cambio, sin saber en qué ámbito de nuestra vida nos puede afectar. ¿Qué pasará con mi futuro laboral? ¿Mi hijo se educará en casa o en la escuela? ¿Cómo afectará a mi salud si me infecto con el virus? ¿Cuándo llegará el día en el que pueda pasear, dar un beso, acercarme o abrazar sin la dichosa mascarilla?…

Preguntas que se instalan en nuestra mente y que somos incapaces de dar una respuesta certera ni controlar el resultado final, provocando inseguridad, angustia, miedo…  

¿Cómo podemos manejar la frustración en tiempo de pandemia?

Sin duda, aceptar la situación, aceptar que el cambio es parte de la vida, es el primer paso que debemos dar.

Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, el peligro o la simple incertidumbre. La primera de las estrategias que podríamos emplear, sería la de no enfocarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar.”

Mario Alonso Puig

De nada sirve mantenerse en la queja, recrearse en un sentimiento de negatividad, por la falta de control ante una situación que no podemos manejar. Porque, cuando entramos en esta rueda de inseguridad e incerteza por lo que pueda venir en un futuro próximo, tendemos a tomar el control imaginando desenlaces múltiples.

Y, por supuesto, por orden de nuestro cerebro saboteador, estos hipotéticos finales que proyectamos en nuestra mente, suelen situarnos en realidades alternativas alejadas de nuestro ideal (pesimismo y negatividad) o, por el contrario, más cercanas con expectativas desmesuradas.

Creamos una falsa sensación de control, con desenlaces a nuestra medida y adaptados al modo de pensar y estado emocional de ese momento. Con ello pretendemos lograr lidiar con el sufrimiento que nos provoca esta incertidumbre. En definitiva, para hacernos sentir en un engañoso estado de seguridad.

“La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos, pero, precisamente por ello, son los breves e indoloros finales, los que suelen constituir sus momentos de mayor desafío y ocasionan nuestros más irritantes dolores de cabeza”

Zygmunt Bauman

La vida está en constante movimiento y es un fluir de nuevas experiencias creadas por diferentes comienzos. Si siempre permaneciéramos inalterables ¿Qué motivación tendríamos para construir nuevos caminos? No habría nada que esperar, nada con lo que ilusionarse.

Se trata de aceptar que este cambio constante es parte de nosotros y que, nuestro camino en la vida, se va construyendo a base de experiencias que nos llegan inesperadamente, pero fruto de aquello que sí podemos controlar.

Hay que ser consciente del momento que estás viviendo, de tu presente y no anclarse en un futuro pensando en mil y un resultados posibles. Hipótesis que son solo certezas en tu mente. ¿Alguien sabe, en realidad, qué sucederá?

No puedes controlar un futuro incierto, pero sí el modo en cómo lo vives.

“Una persona proactiva puede llevar dentro de sí su propio clima psíquico o social. Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.”

Stephen Covey

Ponte en acción, sé una persona proactiva y dedícate a poner énfasis en tu círculo de confianza, en lo que sí puedes controlar, tal y como sugiere Stephen Covey en su bestseller “Los 7 hábitos de la gente altamente efectivas

Crea objetivos en tu vida ajustados a tu nueva realidad, objetivos que puedas medir, específicos, relevantes y alineados con tu visión de la vida, que puedas alcanzar y con un tiempo definido.

¿Y por qué? Porque de esta manera podrás ir planificando, paso a paso, tu camino hacia un futuro que tú estás diseñando. Un futuro con incertidumbre, sin duda, pero en el que sabrás encontrar alternativas a los obstáculos que vengan con mayor confianza y sin esperar a “verlas venir”.

Esta pandemia nos ha removido a todos, nos ha trastocado un presente que avanzaba seguro y de un modo vertiginoso, convirtiéndonos en piezas frágiles a merced de un futuro incierto. Pero la vida se compone de cambios, de riesgos, de dudas, de éxitos y de fracasos, de caídas y nuevos comienzos.

Me quedo con las palabras de Genís Roca en su artículo «El siglo XX ya duraba demasiado«: «El futuro siempre es un reto, pero a diferencia del pasado es nuestro destino»