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5 hábitos que necesitas para cuidar de tu alta sensibilidad y cómo mantenerlos

5 hábitos que necesitas para cuidar de tu alta sensibilidad y cómo mantenerlos

Cuidar de tu alta sensibilidad no trata solo de saber que eres PAS, conocer sus características y seguir tu vida tal cual, sin más, sino que hay que tomar consciencia de cómo convives con tu rasgo y de cómo lo gestionas en tu día a día.

Ser consciente de tus necesidades te ayudará a implantar unos hábitos que, como PAS, te serán de utilidad en el manejo de toda esa parte menos agradable del rasgo.

Y, es que, aprender a conocerse es vital para que logres mantener una vida de calma y disfrute sin renegar de tu alta sensibilidad. Yo misma he maldecido, en más de una ocasión, el sentirme cansada, sobrepasada, irritada, sin ánimos, desconcentrada o con ganas de estar a solas, cuando no era ese mi estado inicial.

Que estos cambios te ocurran por, el simple hecho de que la sobreactivación se haga presente, aunque disfrutes del momento o, que tu cabeza se sature de tanta información que captas sin darte cuenta, hace que pueda ser algo desmoralizante.

Es por ello que, te recomiendo que, como PAS, incluyas estos cinco hábitos necesarios para cuidar de tu alta sensibilidad.

Cuidar de tu energía: haz pausas y descansos

Como buena PAS que soy, es la pauta número uno en mi lista de hábitos obligatorios. No puede faltar hacer estas pausas y descansos cuando siento que estoy saturada, agotada, bloqueada o sin creatividad ni concentración.

Si bien es cierto que, cuando estoy en modo Flow, me vengo arriba e intento finalizar el máximo de tareas pendientes lo que hace que, al día siguiente o días posteriores, me note sin energía.

Como soy consciente de cómo va a responder mi cuerpo cuando excedo los límites, anticipo esa caída de energía y me preparo un espacio de tiempo en mi rutina diaria para descansar y recargar pilas.

Es importante, que estas pausas y descansos no los tomes como algo negativo y que limitan a la hora de ser más productiva en tu día a día, sino como un modo de ser más eficaz favoreciendo el mejor desempeño de tu mente y de tu cuerpo.

No tienen que ser pausas o descansos de horas (si puedes adelante) sino que puedes ir probando cuál podría ser el mínimo de tiempo que necesitas para recuperar tu ritmo más óptimo (quizás con cinco o diez minutos te basten).

Para mantener este hábito en tu día a día, tienes que ser consciente de qué momentos suelen provocarte una descarga más rápida de tu energía: cuando vas al centro comercial y está saturado de gente, cuando vas a comprar ropa y te pasas por mil tiendas sin acabar de decidirte, el exceso de trabajo y no saber por dónde empezar, etc

 Si sabes lo que te va a pasar, puedes organizarte para mantener esos ratitos de pausa y descanso

Poner límites: priorízate y no te dejes llevar, en extremo, por tu empatía

Algo importante para las PAS –y para todas las personas en general– es el priorizarse. Dejar a un lado la culpabilidad por no estar dedicando todo su tiempo y esfuerzo a los demás.

La gran empatía de las personas altamente sensible, hace que una no pueda resistirse a reconfortar, ayudar, solucionar, aquello que percibe de la otra persona y que le provoca sufrimiento.

Las PAS solemos absorber el dolor ajeno, llevárnoslo a casa y sufrir toda la emocionalidad de los demás. Esto repercute en la forma en cómo nos acabamos sintiendo y, si no existe la capacidad de gestionarlo de un modo sano, puede llevar a un estado de decaimiento constante (incluso de repercutir en nuestra autoestima).

Así que, si quieres cuidar de tu alta sensibilidad, es hora de poner unos límites a tu alrededor y frenar tu empatía desde el control y la consciencia.

Piensa en lo bonito que es poder disfrutar de tu alta sensibilidad sin centrarte únicamente en ese lado menos amable.

No te hablo de renunciar a tu empatía –básicamente porque es imposible, forma parte de ti– sino de saber cuándo te está afectando en extremo, arrastrándote a una continua necesidad de ayudar a los demás antes que a ti.

Es importante que te des cuenta de en qué momentos dejas de lado tu propio bienestar por satisfacer al otro y te hagas estas dos preguntas:

¿Lo hago porque quiero o porque lo siento una necesidad?

¿Cuántas veces respondo con un SI a una petición?

Para poner límites, en tu día a día, es necesario que estés dispuesta a decir “no” sin culpabilidad ni sentirte egoísta. La otra persona es, muy posible, que entienda que no es tu obligación e, incluso, se sienta agradecida por tu sinceridad.

¡No es fácil, pero con constancia y práctica lo conseguirás!

Espacios de soledad: tómate un café contigo misma y calma tu mente

Otro clásico de hábitos indispensable para las PAS es la soledad. Interioriza que es una necesidad, no un capricho. Nos permite desconectar de nuestro entorno y sentirnos en calma.

Yo le llamo mi “rincón de silencio” porque me aporta paz y tranquilidad, me recarga de energía y favorece mi creatividad.

Es un espacio que no puede faltar en tu vida diaria. Este estado de soledad, de encuentro contigo misma, te aportará una mayor claridad en aquellos momentos en los que necesites espacio mental y sin distracciones.

Ya sabes que, a las PAS, nos encanta la vida interior, adentrarnos en nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, buscar mil y una explicaciones a lo que nos sucede, a experiencias que hemos vivido, a problemas ajenos y propios.

Y qué mejor lugar para aposentar toda esa maraña mental que estar a solas. Desconectar de aquello que nos está saturando, alejándonos para retraernos en nuestro espacio de paz y calma.

Es normal que sientas, en ocasiones, deseos de no conectar con nadie, ya sean amistades o familiares. No te culpes, eres PAS y, esa necesidad de soledad, la verás reflejada, también, en tu deseo de solitud y silencio.

Aprovecha para dedicarte a aquello con lo que te sientes a gusto y disfrutas de verdad. Son momentos de sacar a relucir tu gran creatividad y, de paso, cuidar de tu alta sensibilidad.

Encuentros con la naturaleza: disfruta de tu capacidad de captar sutilezas

No hay nada que llene más a una PAS que estar rodeada de belleza y tranquilidad. Y, eso mismo, es lo que le aporta el estar en contacto con la naturaleza: pasear por la montaña, al lado de un río, disfrutar de la brisa del mar, perderse entre el perfume de las flores…

Disfrutar de las pequeñas cosas que nos rodean es algo indescriptible que nos llena de energía y nos aporta un plus de motivación y bienestar.

Además, de darnos la calma que necesitamos, rodearnos de entornos naturales, beneficia –y mucho– a la hora de rebajar ese malestar que nos genera la sobreactivación.

Un lugar inmejorable para practicar actividades como el yoga o la meditación. ¿No sientes la relajación solo con pensarlo?

La naturaleza te ofrece el disfrute del color del cielo, del perfume de las plantas, del olor a lluvia, del sonido de los pájaros, de la soledad. Una necesidad de paz vital que toda persona altamente sensible desea.

Regálate un espacio de tiempo en tu día a día, para pasear por un parque o, si vives al lado del mar, caminar por la arena. Te aseguro que vale la pena y un buen modo de cuidar de tu alta sensibilidad.

Desconectar tu mente: resetea esos pensamientos recurrentes

El tener la capacidad de procesamiento profundo que tenemos las PAS, hace que nos veamos envueltas en, ciertas circunstancias, en un bloqueo mental o en un bucle agotador de pensamientos recurrentes.

Esto provoca que nos sintamos agotadas y saturadas. Es importante saber identificar estos momentos en los que, tu mente, está siendo redundante para, así, lograr gestionarlo y rebajar esa actividad.

Puedes estar pensando en alguna experiencia desagradable que hayas tenido ese día y empezar a darle vueltas, una y otra vez, intentando encontrar una explicación a lo que te haya pasado. La mente PAS es muy exigente, por lo que no parará hasta que logre encontrar una respuesta que la satisfaga.

Las consecuencias de toda esta actividad mental serán: desconcentración, bloqueos y cansancio.

Una buena práctica, para desconectar tu mente, es “distraerla”, es decir, focalizar tu atención en algo diferente a lo que estés haciendo o pensando.

Una pauta, que te puede ayudar, es realizar una serie de respiraciones conscientes. Centra tu atención en el aire que entra en tus pulmones, el recorrido que hace dentro de ti y cómo luego lo exhalas.

También puedes dedicar un tiempo breve a realizar una actividad creativa que te guste y te distraiga, o beber pequeños sorbos de agua si estás en el trabajo, por ejemplo, y no puedes dejar de hacer tu tarea.

Cómo ves, son unos cuantos hábitos que te ayudarán a cuidar de tu alta sensibilidad, algo vital para que puedas convivir desde la calma y el disfrute de tu rasgo PAS. ¿Te animas a empezar con ellos ya?

Dime, amiga sensible ¿Añadirías algún otro hábito? ¡Te leo en comentarios!

Cuando construyes una coraza para protegerte de tu gran emocionalidad

Cuando construyes una coraza para protegerte de tu gran emocionalidad

Algo, con lo que tenemos que aprender a lidiar las personas altamente sensibles, es con mantener bajo control una de las partes más bonitas de la alta sensibilidad y, a la vez, más problemática: la gran emocionalidad.

Una emocionalidad que, como PAS, la sientes tan apabullante que acabas creando, inconscientemente y por intuición, tu propia herramienta para poder convivir con ella: una coraza para protegerte de esa parte de tu alta sensibilidad que nos has sabido gestionar de un modo sano.

Porque, está bien cuando te emocionas enormemente por algo que te ha hecho sentir feliz, por cosas que, para otros, apenas le llamaría la atención: un cielo azul con mil tonalidades, una flor asomando entre la hierba húmeda de la mañana, una frase recién leída en un libro y que te pinza el alma… Toda esta emoción solo puede significar ¡¡que estás viva!! No me digas que no es maravilloso.

Y, también, está bien cuando has sentido pena y tristeza por alguna cosa que has visto o por alguna experiencia que has vivido. Es normal que estos días nos emocionemos y nos conmovamos en extremo por cada una de las terribles imágenes que nos llegan desde Ucrania.

Pero se vuelve problemática cuando no la sabes gestionar adecuadamente, en especial, las emociones más desagradables como la tristeza o la rabia.

Acabas anclada en un círculo vicioso en el que, tu pensamiento profundo, camina en círculos en busca de explicaciones a lo que estás viviendo y sintiendo. Es ahí cuando te sobreactivas, te saturas y, finalmente, te agotas.

Y esta tendencia, que tenemos las PAS a absorber el dolor ajeno debido a nuestra excesiva empatía, se hace incomprensible cuando no tienes consciencia de tu alta sensibilidad. Imagínate ahora, unir alta emocionalidad con tu alta empatía ¿resultado? Un estado de ánimo por los suelos si no lo sabes manejar bien.

¿Qué haces, entonces, para aliviar esa emocionalidad desmedida causante de tu bajón anímico? Pues desarrollar un mecanismo defensivo, como el de tu coraza, para protegerte.

Así me sucedió años atrás, cuando desconocía que era una persona altamente sensible y pulsaba, sin ser consciente, un botoncito dentro de mí con el que alejarme de posibles emociones que no me gustaba sentir.

Lo de construir corazas era la mío. Escudarme tras una barrera invisible con la que protegerme de emociones dolorosas y así poder huir del miedo en lugar de enfrentarme a él… alejarme de tanta emocionalidad.

Antes de reconocerme como PAS, sentía que vivía en una eterna contradicción. Por un lado, aparentaba ser una persona con el control de mis emociones, siguiendo el rol que desde mi infancia me habían transmitido: “tienes que ser una niña buena”, “no tienes que dar la nota”, “tienes que ser educada”, “no llores tanto”, etc.

Pero, por otro lado, lidiaba con toda esa emocionalidad tratando de ocultarla dentro de mí. Así que, inconscientemente y con intuición, fui construyendo mi propia herramienta con la que adaptarme, del mejor modo posible, a esa parte menos amable del rasgo (y que en aquel entonces todavía desconocía).

El ser introvertida tampoco ayudaba a expresar lo que sentía de un modo espontáneo y abierto. Así que, toda mi vida, la he pasado aparentando ser “la niña perfecta y fuerte” a la que pocas cosas le afectaban.

Y más lejos de la realidad. Porque por mucho que quieras ocultar lo que no quieres ver, sigue dentro de ti… escondido en un rinconcito preparado para salir cuando menos te lo esperas… y vaya si salió.

Fue un verano de hace unos treinta muchos años. Recuerdo, como si fuese ayer, esa llamada telefónica de mis padres. Estaban en Sevilla, acompañando mi tía, enferma de cáncer desde hacía apenas tres meses, en sus últimos momentos. Mi querida tía, mi segunda madre… me dieron la fatal noticia… y me dolió tanto que exploté en un llanto que no podía controlar…

Tanta emocionalidad contenida en mi caparazón protector que me fue imposible retenerla. Esa frialdad que transmitía se vino abajo. ¿Cómo podía ser que me partiera así? Y, en lugar de intentar comprender, volví tras mi coraza para esconderme de mi gran emocionalidad.

Ahí estaba yo, a buen recaudo tras mi zona de confort, sin traspasar límites, sin aprender a gestionar una parte de mi desconocida alta sensibilidad. Poniendo tiritas sin saber ni querer curar la herida…

Una coraza que construyes para alejarte de lo que no te gusta, de tu gran emocionalidad, que, si no la sabes gestionar, acaba por dominar tu vida y cómo te mueves por ella. Te escondes tras un escudo porque te da miedo mostrarte tal y como eres: sensible, emocional, absorbiendo el dolor de los demás, empatizando con lo que te rodea, saturándote donde otros disfrutan…

Aprendí a aceptar, a reconocerme, a mostrarme tal y como soy, sin miedo al qué dirán ni a salirme de ese rol que desde la infancia asumí. Y aprendí a conocerme y a respetar esa parte más sensible de mí que está ahí y, de la que ahora que la comprendo, me siento tan orgullosa y feliz.

Eres valiente, mi querida PAS. Solo tienes que dar el paso y dejarte llevar por tu sentir. Escucha a tu lado más sensible, sin miedo. Porque esa eres tú, una persona que vive la vida bajo el filtro de su alta sensibilidad.

Reconocer cuando tus emociones te están superando es clave para lograr convivir con tu alta sensibilidad. Trabaja en aceptarlas cuando te lleguen, procurando identificar si son tuyas o son atraídas por tu empatía.

Si son tuyas, date permiso para transitarlas y, si son ajenas, pon unos límites que las frenen, aceptándolas y soltándolas con un agradecimiento por haber estado ahí.

No puedes hacer desaparecer tu gran emocionalidad. Forma parte de tu alta sensibilidad, pero sí puedes trabajar en cómo gestionarla para lograr convivir con ella de un modo más sano.

Si necesitas la ayuda de un profesional para manejar esta parte de tu rasgo, yo estaré encantada de acompañarte como coach especializada en PAS. Solo tienes que contactar conmigo a través de mi email: coach@helgagarcia.es o enviarme un mensaje a mi WhatsApp clicando aquí

Dime, amiga sensible ¿Te has sentido identificada? Puedes compartir tu experiencia en los comentarios que encontrarás más abajo 😊

Qué puedes hacer para manejar tu sobreactivación en entornos sociales

Qué puedes hacer para manejar tu sobreactivación en entornos sociales

Me gustan las personas que te hacen pensar, con las que te sientes a gusto, con las que te sientes tú misma. Esas con las que charlar de la vida o de cómo «arreglar el mundo», con copa de vino en mano o con una buena taza de café, en persona o a través de una pantalla.

No importa. Lo que sé, es que disfruto enormemente.

Como PAS introvertida que soy, estos encuentros me producen calma. Será porque es lo que me pide mi lado más sensible, con este pensamiento profundo que no para de pedirme más y más.

Eso sí, prefiero estar en petit comité. Con poquita gente mejor. Una, dos, tres… cuatro y sin pasarnos, que ya me conozco y, por muy amigos que seamos, si el número de personas es elevado, acabo en la mayoría de las ocasiones, saturándome.

No es porque sea rara, ahora ya sé que no es así. Sino porque, ser PAS, supone recibir un extra de información al mismo tiempo. Ya sea, por el barullo constante que se forma si hablan varios a la vez –no es agobio por el ruido en sí, sino por la tendencia a percibir toda esa información al unísono, sin filtro– o por el tipo de conversaciones –en ocasiones superficiales– que hacen que mi cerebro desconecte.

Como te puedes imaginar, y si te sientes identificada me entenderás bien, el enfrentarme a ciertas situaciones sociales suele producirme incomodidad y agobio. Aunque, gracias al autoconocimiento, he aprendiendo a gestionarlo y ahora puedo reducir este nivel de saturación.

Hoy me gustaría compartir contigo, algunas pautas para que logres manejar esta sobreactivación en entornos sociales y puedas sobrellevar, de un modo más positivo e incluso –por qué no– de disfrutar, de estos encuentros o situaciones.

Aquí las tienes:

Entender por qué te sobreestimulas en entornos sociales

Al ser una persona altamente sensible, tu cerebro tiene la capacidad de absorber mucha más información que el resto de las no PAS, además de procesarla de un modo más profundo.

Hay que decir que, toda esta información, te llega a través de estímulos externos e internos.

Como estímulos externos te hablo de: sonidos, olores, lugares, interacción con otras personas, temperatura, experiencias, conexión emocional debido a la empatía…

Como estímulos internos tendríamos: emociones, pensamientos, sensaciones…

Así, pues, no es de extrañar, que todo este cúmulo de información que recibes de un modo continuado, tanto por tus sentidos como a través de tu pensamiento profundo (reflexionar y darle vueltas a las cosas) acaba por sobreactivarte generándote, estrés, agobio y saturación.

Por tanto, es normal que, siendo una persona altamente sensible, te produzca sobreactivación ciertos entornos sociales como: fiestas con personas desconocidas, aglomeración de gente en centros comerciales, eventos musicales, etc.

Ser consciente de cuándo te estás sobreactivando

En primer lugar, para ser consciente de tu sobreactivación, debes aprender a reconocer en ti las características de la alta sensibilidad. Este es un paso importante porque te ayudará a saber distinguir qué estímulos externos o internos te afectan más y cómo se manifiestan en tu cuerpo.

Puede ser que nunca te hayas planteado el por qué ir a una fiesta con gente desconocida es estresante para ti. Quizás lo identifiques como “algo normal por ser introvertida”. Así que te obligas a ir porque, primero, quieres pasártelo bien y, segundo, porque no deseas ser la “rarita” del grupo.

Lo que ocurre en realidad es que experimentas un rechazo a cómo te sientes en este tipo de encuentros debido a tu sobreactivación. Sabes que, algo pasa, a medida que permaneces más tiempo en la fiesta: te empiezas a agobiar, te sientes inquieta, no te apetece interactuar, el ruido se hace cada vez más presente en tu cabeza, sientes unas ganas tremendas de alejarte de allí para estar a solas…

Piensas “pero si yo solo quiero pasármelo bien ¿por qué no puedo como los demás?”. Así que, automáticamente identificas “fiestas=agobio”.

Por tanto, es importante saber que, solo empiezas a reaccionar de este modo, cuando comienzas a sobreactivarte ante los estímulos que tienes a tu alrededor.

Antes de ese momento, es posible que estuvieras disfrutando sin darte cuenta, interactuando con alguien o pasando un buen rato con amigos hasta que, de repente, tu estado cambia.

Como ves, no es la situación en sí lo que te agobia, sino toda la información que estás absorbiendo hasta llegar un punto en el que tu sistema neuro-sensorial se satura. Es ahí cuando tu cuerpo te avisa de que estás sobrepasando tus niveles de saturación: quieres alejarte, te molesta y agobia todos los inputs que te llegan (diálogos, ruido ambiental, etc), tu cabeza saturada…

Si eres consciente de cuándo tu cuerpo te está advirtiendo de que empiezas a sobreestimularte, podrás gestionar de un modo más rápido tu transición hacia la calma.

Rebajar el malestar inicial que te produce pensar en el encuentro, lugar o evento

No te centres en cómo te afectará. Si piensas constantemente en lo “mal que lo vas a pasar” tu actitud será de negatividad y rechazo, sobreactivándote mucho antes.

Si tienes que ir a ese encuentro social, sí o sí, debes estar preparada. Para ello, visualiza la situación: cómo será el lugar, qué personas encontrarás, cuánto durará, qué ambiente habrá. Puede que, pensar en todo esto, ya te esté agobiando, es normal, porque tu predisposición, dada tu experiencia, es a no sentirte cómoda.

Es recomendable que, en este punto, tengas preparada pautas para calmarte cuando llegue el momento de estar allí. Recuerda que “ya vas preparada mentalmente”. Aquí te dejo algunas:

  • Puedes realizar respiraciones y centrarte en ellas para desconectarte del estímulo que te está afectando
  • No fuerces la situación intentando interactuar («es lo que debo hacer»). Si te sientes cómoda en un rincón observando, hazlo sin culpa.
  • Procura buscar con la mirada personas que “detectes” que también son PAS. ¡Créeme que las descubrirás gracias a tu capacidad para captar sutilezas! Charla con ella. Recuerda que las PAS nos sentimos a gusto entre nosotras.
  • Retírate a un lugar donde puedas desconectar de todos esos estímulos y estar a solas unos instantes (lavabo, habitación, un rincón en el exterior, etc)

Practicar la asertividad y respetar tus deseos

Si no deseas ir a un lugar o, tener un encuentro con alguien porque sabes que vas a sobreactivarte, aprende a decir “no”.

Siendo PAS, debemos luchar con esa parte “salvadora” y en la que tendemos, sin esfuerzo, a ofrecer nuestra ayuda a costa de nuestro bienestar. Es decir, no contradecimos la voluntad de la otra persona porque sentimos que “vamos a ofenderla” y, como buena PAS, «nuestro deber es hacerla sentir bien».

Y aquí es donde entra en juego la empatía en las PAS. Es tanta la conexión con el otro que prevalece el sentir ajeno y la necesidad de reconfortarle: “se sentirá mal si le digo que no”, “qué pensará de mí si le digo que no”, “cómo va a ir solo/a a la fiesta, tengo que hacerle compañía” …

Practicar la asertividad es mostrar respeto hacia ti misma. No se trata de decir “no” de un modo irrespetuoso sino de hacer entender a la otra persona que no te apetece ir o hacer algo. Te estás priorizando, no por ser egoísta –que no lo eres– sino por mostrar tus necesidades.

Espero que este post te inspire a mirar con otros ojos todas aquellas nuevas experiencias que surjan en tu vida y en las que, hasta ahora, te has sentido incómoda. No es fácil gestionar la sobreactivación en entornos sociales pero con práctica y actitud positivas, disfrutar de estos momentos, no es un imposible ¡palabra de PAS!

Sola o con ayuda, tú eliges. Lo importante es que si lo deseas, des el paso. Ya sabes que puedes contar conmigo para acompañarte a descubrir y gestionar tu alta sensibilidad.

Y ahora, cuéntame amiga sensible, ¿cómo es tu experiencia en estas situaciones?

5 razones por las que deberías sentirte orgullosa de ser PAS

5 razones por las que deberías sentirte orgullosa de ser PAS

Cuando se escribe sobre alta sensibilidad se suele mencionar a toda esa parte más desconcertante y problemática que caracteriza al rasgo, esa que hace que la sientas como un lastre si no la sabes gestionar.

Aunque hoy me gustaría darle la vuelta y mostrarte ese lado maravilloso de ser una persona altamente sensible y que, también, forma parte del rasgo PAS.

Porque lo tenemos, sí. Aunque haya momentos en los que te gustaría no tener esas antenitas con las que captar tanto detalle a tu alrededor, tanta información, tanta emocionalidad, tanta saturación a punto de estallar en tu cabeza…

Aprender a reconocer las características de la alta sensibilidad, no solo te llevará a saber gestionar ese lado más amargo, sino que te aportará una visión más amable de todo lo que conforma tu rasgo PAS.

Y para llegar a ese disfrute total de quién eres, debes empezar a verte como una persona que aporta muchas cosas buenas al mundo gracias a su alta sensibilidad.

Es por ello que, en este post, voy a compartir contigo cinco buenas razones –podrían ser muchas más– por las que deberías sentirte orgullosa de ser PAS y enamorarte de tu lado más sensible.

¡Empecemos!

1. Tu gran empatía

Para mí, es un privilegio tener la capacidad de estar presente y poder sentir la emoción de aquella persona que está confiando en ti para contarte su problema, sus ilusiones o sus tristezas.

Tu empatía te hace conectar de tal manera con el sentir del otro que acabas reconfortándole, desprendiendo comprensión, confianza y calma. Todo con tan solo tu presencia.

Y como no podía ser de otro modo, esta empatía a su vez genera unas ganas locas de complacer y hacer sentir bien a la otra persona. De ahí que, las personas altamente sensibles, tengamos amistades profundas, sinceras, de gran conexión y a las que nos gusta cuidar.

Eso sí, hay que saber poner límites a tanta empatía si quieres sentirte agradecida por tenerla. No se trata solo de conectar con los sentimientos de los demás, sino que hay que saber detectar cuándo estás empezando a absorber el dolor ajeno y apropiándote de emociones que no son tuyas.

Tienes que ser consciente de que, toda esa información extra que atraes hacia ti, es la que acabará por sobreactivarte y saturarte.

Así que ya sabes, es imprescindible que sepas cuando estás atrayendo en exceso el sentir de la otra persona para disfrutar de tu alta empatía.

2. Tu compromiso con los demás

Si hay algo que destaca de una persona altamente sensible y, sobre todo, agradecen las personas que la rodean, es su nivel de compromiso surgido, directamente, desde el corazón. ¿No crees que es una buena razón para sentirte orgullosa de ser PAS?

El poder ayudar a los demás nos llena tanto que nos sentimos fatal cuando «detectamos» que la otra persona necesita ayuda y no podemos ofrecérsela como nos gustaría.

Y está bien este compromiso, es maravilloso, aunque para gestionarlo de un modo sano, y no sentirte culpable cuando no puedes comprometerte, solo tienes que ser consciente y aceptar que no siempre está en tu mano la solución. Ya sea porque realmente no tienes la capacidad o porque, no siempre, es aceptada por la otra persona.

Sin esa culpa, disfrutarás de una de las cosas más bonitas de tu alta sensibilidad.

3. Tu gran riqueza interior

A las PAS nos encanta permanecer en nuestro mundo interior, reflexionar sobre la vida, sobre nuestras experiencias, sobre el porqué de emociones, situaciones, pensamientos.

Dentro de las PAS todo fluye de un modo profundo y, esa riqueza interior, la convierte en una persona que disfruta conociéndose, observándose, a ella y a los demás.

Cultivar tu interior te permite poder conectar con otras personas a un nivel más trascendental. De ahí que, cuando encuentras a otra PAS sin saber que lo es, conectéis al instante.

¿Tienes un reducido número de amistades? Para una persona altamente sensible, la importancia de la amistad, no solo radica en pasar un buen rato sino, principalmente, en la especial conexión que se produce cuando encuentra a alguien –aún sin ser PAS– con la que puede expresarse con confianza, compresión y de un modo profundo.

4. El modo tan intenso de disfrutar las pequeñas cosas que te rodean

Tu capacidad para detectar los pequeños detalles te permite apreciar y disfrutar de todo aquello que no se ve a simple vista. Como si tuvieras una varita mágica, logras ver lo que es invisible ante los ojos de los demás.

Y esa habilidad innata para observar sutilezas en lo que te rodea hace que en tu mente destaquen, por ejemplo, la belleza de una simple flor escondida tras la maleza o las mil tonalidades que el sol de atardecer refleja en el tronco de un árbol.

Una PAS, en el momento que aprende a gestionar su alta sensibilidad, es mucho más consciente de su nivel de emocionalidad y, por tanto, de todo aquello que en un momento dado le llena de felicidad.

5. Tu maravillosa forma de transmitir calma y escucha a los que te rodean

Otra de las razones por las que deberías sentirte orgullosa de ser PAS es la capacidad de transmitir calma y escucha a los demás. Algo muy valioso en los tiempos que corren ¿no te parece?

Tu tranquilidad es reflejo de tu parte más sensible y, como un imán, proyectas del tal modo confianza que, aunque estés con una persona con la que tienes poca relación, eres capaz de que se abra contigo y te explique su problema.

Generar calma y escucha no está al alcance de todos y a ti, como PAS, te sale fenomenal. Además, ¿no me digas que no te sientes reconfortada al haber sido un punto de apoyo emocional para la otra persona?

Porque lo haces sin pensar, sin esfuerzo y con deseo de ayudar. Y eso, amiga sensible, lo transmites a quienes tienes a tu alrededor.

Como habrás podido comprobar, son cinco buenas razones por las que deberías sentirte orgullosa de ser PAS. No esperes más y empieza a transformar la manera en cómo ves y sientes tu alta sensibilidad.

¿Cómo hacerlo? Pues, como indico en uno de mis anteriores posts, entendiéndola y aprendiendo a gestionarla desde el autoconocimiento. Te proporcionará los recursos necesarios para que puedas convivir con ella de un modo amable.

No hay más que leer el testimonio de una de mis amigas sensibles, Angelina. PAS enamorada y bien orgullosa de su rasgo:

“El mundo nunca ha sido ni es un lugar fácil para la humanidad, mucho menos para los PAS…por eso es sumamente importante aprender a gestionarlo. Personalmente me ha servido para comprender más el mundo en el que vivo y también para comprenderme un poco más, amarme y adquirir la firme certeza de que tenemos mucho para aportar y construir un lugar mejor en el que vivir, para nosotras y quienes nos rodean.”

Sé que no es fácil llegar a disfrutar en plenitud de tu lado más sensible y, por eso mismo, la ayuda de un profesional del autoconocimiento o terapeuta de PAS, es más que recomendable para acompañarte en este camino. Como Coach especializada en Alta Sensibilidad, estaré encantada de poder ayudarte si lo necesitas.

Espero que te sirva este post para reflexionar y darte cuenta de que, no hay nada malo en el modo en el que experimentas el mundo, sino que tu sensibilidad es otra parte de ti, con sus luces y sus sombras.

Yo me siento muy orgullosa de ser PAS ¿y tú? ¿Cómo es la relación con tu alta sensibilidad? ¡Te leo en los comentarios!

¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje de este 2021?

¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje de este 2021?

Me gusta aterrizar mis pensamientos, observarlos y meditarlos, en especial en días como los de hoy, en los que la neblina, las gotas sostenidas en el aire y el frío, me hacen querer estar sumergida bajo el calor de mi manta preferida.

Pero lo dejo para luego. Ahora, con una taza de té bien calentita acompañándome al lado del teclado, voy a intentar inspirarme para escribir lo que será la última publicación de mi blog de este año.

Y empiezo este post, lanzando una pregunta al aire, esperando que la cojas al vuelo y te la hagas tuya durante unos instantes de reflexión: ¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje de este 2021?

Sin duda, estas fechas son un momento ideal para hacer balance de lo vivido en los últimos doce meses, para echar la vista atrás y enfrentarte a todo lo bueno y todo aquello que no lo ha sido tanto.

Por mi parte, intento sacar cosas positivas aunque te confieso que, tiempo atrás, tendía a recrearme más en lo negativo y no en lo que me había aportado.

Y es que de todo se aprende: de lo bueno y de lo malo, de nuestra actitud positiva o negativa, de nuestros triunfos y, también, de nuestros traspiés.

En lo profesional me siento agradecida y motivada. Un año que me ha vuelto a ilusionar con todo lo que puedo aportar, teniendo más claro que nunca, que quién me inspira y, a quién deseo enormemente ayudar es, a otras mujeres altamente sensibles.

Aunque, mi mayor aprendizaje de este año, ha sido a nivel personal. Darme cuenta de que la vida te trae mazazos dolorosos cuando menos te los esperas y que hay que integrarlos con naturalidad.

Algo que, desde mi alta sensibilidad, solía evitar construyendo una coraza para bloquear emociones y alejarme del dolor.

Hace tiempo que aprendí a respetar mi parte más sensible, siendo consciente de que los momentos de gran emocionalidad forman parte del rasgo y que, si aparecen, no tengo que ocultarlas sino reconocerlas y comprenderlas.

Y este año me gradué en emociones, en dejarlas fluir y sentirlas sin miedo, abrazándolas…

No hay nada que pueda compensar una pérdida… nada que pueda deshacer la tristeza y el dolor por alguien que lo fue todo, incluso sin ser ella en estos últimos años, y que ahora se fue… Una despedida como a ella le hubiese gustado… en la inmensidad del mar bajo la luz de un maravilloso amanecer… un adiós a mi mami…

Este ha sido mi año. Como si hubiese comprado una vuelta infinita a una montaña rusa emocional que no quería parar y en la que, estos últimos meses, me ha hecho querer estar, más que nunca, dentro de mi cuevita en soledadalgo tan PAS

He sido consciente, ahora más que nunca, de cómo toda esa emocionalidad me ha permitido sentir mis emociones sin límites, abrazando mi alta sensibilidad sin culpa y desde la calma. Aceptando que la vida es como es y que estamos aquí para vivir cada minuto de ella, disfrutando de quienes somos, de quién tenemos a nuestro lado, de lo que tenemos.

Ahora te invito a que reflexiones, de que te preguntes cuál ha sido tu mayor aprendizaje de este año 2021, de que tomes consciencia de cómo lo has vivido, de qué te ha aportado, de qué te ha quitado, de qué has aprendido de tu alta sensibilidad, de qué has hecho diferente.

Para un momento y descansa… haz esa pausa tan reconfortante para tu energía PAS y regálate tu espacio de soledad que tanto necesitas. Se trata de que estés contigo, con tus pensamientos y reflexiones, con tu mirada hacia dentro de ti para observarte…

Es momento de pensar, retroceder en el tiempo y caminar sobre tus propios pasos para reconocer cómo has convivido con tu alta sensibilidad y qué aprendizaje has obtenido.

Quizás tengas la sensación de que todo ha sido igual y de que no ha surgido ningún cambio en tu vida que valga la pena destacar. Te puedo asegurar que, si buscas bien lo encontrarás, por muy pequeño que sea. ¿Qué sientes diferente en ti?

Puede ser que por fin hayas logrado gestionar algunos de los momentos incómodos de tu alta sensibilidad o que hayas empezado a darte cuenta de la importancia de poner límites a tu gran empatía.

Un aprendizaje que te llevará a seguir adelante con más fuerza y positividad ¡palabra de PAS!

Amiga sensible, espero de corazón que este 2021 te haya aportado cosas buenas en tu vida y que hayas disfrutado, aunque sea solo un poquito, de tu alta sensibilidad.

Te deseo unas felices y maravillosas fiestas (aunque tengas algo de espíritu Grinch como yo) y una entrada de año llena de ilusión

¡Deseando leer en los comentarios cuál ha sido tu aprendizaje de este 2021!

Cómo el autoconocimiento te ayuda a entender y a gestionar tu alta sensibilidad

Cómo el autoconocimiento te ayuda a entender y a gestionar tu alta sensibilidad

El autoconocimiento ayuda a conocerte y eso implica cuestionarte cómo estás viviendo tu vida, qué haces para sentirte feliz, qué obstáculos encuentras en el camino o con qué recursos cuentas para avanzar. No solo se trata de responder preguntas sino de observar dentro de ti y ser honesta contigo misma.

¿Por qué siento que necesito huir en ciertos momentos? ¿Por qué quiero aislarme y estar sola? ¿Por qué sufro cuando alguien sufre? ¿Por qué vivo con tanta emoción la vida?

Posiblemente te hayas sentido identificada con todos estos interrogante y te hayan hecho encender una lucecita de curiosidad en tu interior. Este es el punto en el que, dentro de ti, comienza a crecer la curiosidad y, claramente, la necesidad de comprender.

Y es que, en la vida de las PAS, hay un antes y un después.

Un “antes”. Cuando, a esas preguntas, no le encuentras ninguna respuesta y te sientes sola ante tantas dudas y ante una sociedad que no comprende el modo en como experimentas el mundo que te rodea y tu propio mundo interior.

Un “después”. Cuando la palabra “alivio” se hace inmensa en el mismo momento en que descubres la respuesta a todas tus interrogantes: la Alta Sensibilidad.

Descubrir que eres una persona altamente sensible te lleva a querer saber más, a alimentar esa parte tremendamente curiosa y enriquecedora que caracteriza a las PAS. Pero de nada te sirve aprender sobre el rasgo si no te planteas cómo lo estás viviendo realmente.

¿Lo vives sin control, arrastrada por todas las “sombras” de un rasgo desconocido hasta ahora y que dificultan tu día a día? O, por el contrario, ¿eres consciente de cuándo se activan tus momentos de saturación? ¿de cuándo tu empatía te está jugando una mala pasada y estás inmersa en las emociones de otro? ¿de cuándo tienes que tomarte una pausa y descansar para recargar tu baja energía?

El autoconocimiento me ayudó a reconocer mi alta sensibilidad

Yo desconocía por completo que significaba ser una persona altamente sensible. Me veía reflejada, pero sentía que me faltaba dar un paso más allá: cómo convivir de un modo sano con todas aquellas partes menos agradables de la alta sensibilidad.

Como profesional del autoconocimiento empecé a ser mi propia coach. Reflexioné sobre como actuaba y reaccionaba en ciertas situaciones, cuándo necesitaba sentirme en soledad, qué patrones se repetían cuando me quedaba sin energía o cómo gestionaba el exceso de empatía o emocionalidad.

Me di cuenta, por ejemplo, de que a lo largo de mi vida activaba, inconscientemente, un mecanismo de bloqueo para evitar el dolor que me provocaban los momentos en los que sentía las emociones de un modo tremendamente intensos. Un escudo que me permitía aislarme de esa gran emocionalidad en determinadas experiencias.

Y no lo supe descifrar hasta que no fui consciente de que era un recurso que no me hacía vivir de un modo sano mis emociones, sino que lo que quería era esconder el dolor, hacerlo desaparecer sin aceptar lo que había en el trasfondo.

La clave para que puedas convivir con tu alta sensibilidad

El autoconocimiento es la clave para que puedas convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute. Aprender a reconocerla y a gestionarla para ser tú en esencia, sin querer amoldarte al ritmo de los demás, a lo que es “normal”.

Saber por qué te sientes cansada sin motivo, por qué quieres huir cuando estás agobiada, por qué se agota tu energía cada dos por tres, el porqué de esos bloqueos mentales cuando te observan. De eso trata el aprender a conocerse. Para dar respuesta a todas tus preguntas y crear una guía con la que marcar un camino saludable en el que puedas convivir con tu alta sensibilidad desde la comprensión.

Reconocer cómo te afecta el modo en como procesas tu pensamiento profundo o aprender a detectar tus momentos de saturación y sobreactivación. En definitiva, integrar cada una de las características de tu rasgo PAS de la mejor manera posible para convivir con la tranquilidad y la libertad de ser quién eres.

No se trata de renunciar a tu forma de experimentar el mundo sino de comprenderte, de conocerte y de aceptarte tal y como eres.

Sentirte libre cuando aprendes a conocerte

A partir de ahí, vivirás con el poder suficiente para no dejarte arrastrar por los inconvenientes de tu rasgo, sino que sabrás acompasar cada momento con los recursos que, ahora sí, habrás obtenido gracias al autoconocimiento.

Conocerte a ti misma te hará comprender la alta sensibilidad, te permitirá sentirte libre en un mundo lleno de mil sensaciones, te ayudará a vivir una vida de disfrute abrazando tu sensibilidad.

¿Por qué hacerlo sola? Te invito a que inicies este camino acompañada de la mano de un profesional que entienda lo que representa ser PAS. Te aseguro que será mucho más sencillo, agradable y enriquecedor.

Siempre, es buen momento para empezar a reconocer y disfrutar de tu alta sensibilidad ¿no te parece? Y si te animas, estaré encantada de iniciar este camino juntas.

Cambia el modo en cómo te hablas y empieza a abrazar tu alta sensibilidad

Cambia el modo en cómo te hablas y empieza a abrazar tu alta sensibilidad

Una de las claves, para empezar a abrazar tu alta sensibilidad y sentirte bien con quién eres, es ser consciente de tus pensamientos y del modo en cómo te hablas.

Si hay algo que nos caracteriza a las personas altamente sensibles es, sin duda, nuestra forma tan profunda de pensamiento. Somos capaces de reflexionar y analizar intensamente nuestras propias experiencias, sentimientos, emociones, incluso ideas o cualquier aspecto a nuestro alrededor que nos haya llamado la atención.

Toda esta profundidad de procesamiento en nuestro pensamiento provoca que, las PAS, tengamos una rica vida interior. Algo bueno para facilitarnos el autoconocimiento y responder a preguntas existenciales que nos hacen estar conectadas a la vida.

Aunque, por otro lado, esta capacidad para analizar también puede llevarnos a un intenso diálogo interior en el que surjan dudas sobre nuestra forma de ser y experimentar el mundo, provocando –en ocasiones– el rechazo de ser como una es. En definitiva, a no aceptar el rasgo PAS.

Me gustaría invitarte a reflexionar en el modo en cómo te hablas para poder ser consciente de que, si tienes una mirada positiva y comprensiva hacia ti, podrás empezar a abrazar tu alta sensibilidad.

Cómo te sientes cuando te hablas de un modo negativo

La mente PAS es muy viva, activa y tremendamente reflexiva. Esta combinación de actividad mental llega a causar tal saturación que acaba por transformarse en cansancio, bajada de energía, malestar físico o dificultad para concentrarse. Una serie de efectos negativos que dificultan el día a día de cualquier PAS.

Así que, cuando no eres consciente de tu rasgo, de lo que implica en tu vida, de cómo te afecta, transformas tu incomprensión en negación. No deseas ser así y concentras tu atención únicamente en la parte que más te incomoda de tu alta sensibilidad.

La rechazas y, con este rechazo, entras en un bucle de pensamientos en los que el modo en cómo te hablas acaba por crear una realidad acorde a tu negatividad.

Te sientes frustrada porque no entiendes que puedas experimentar el mundo de un modo tan diferente a los demás. Te preguntas continuamente porqué te emocionas tanto con cualquier cosa, porqué te irritas tanto ante una injusticia, porqué te cansas antes que los demás sin apenas haber hecho nada, porqué te sienta mal el estar rodeada de tanta gente…

Cuestionas cada una de las sombras de tu rasgo. Y toda esa maraña mental intentas compensarla con recuerdos de momentos que hicieron sentirte feliz y a gusto. Rescatas experiencias que permanecen tan vivas dentro de ti como si fueran agua cristalina.

Y eso también es parte de tu rasgo. Tener la capacidad de revivir instantes con una claridad que parece como si estuvieras viviéndolos en este momento: ese paseo adornado con un paisaje lleno de color, ese reencuentro con una amistad que conociste hace tiempo, esa sensación de plenitud cuando hiciste esa escapada tan esperada…

Aunque llevado a un extremo, lo que intentas hacer es esconder tu presente para evitar enfrentarte a esa parte de ti que no aceptas. Te hablas de un modo negativo, convenciéndote de que tu forma de ser es «equivocada» y que nunca podrás ser como los demás.

Rehúyes de la acción para permanecer en la queja, en la comodidad de una realidad que te es cómoda como la de esos recuerdos de momentos positivos.

Cómo cambiar el modo en cómo te hablas para abrazar tu alta sensibilidad

¿Sabías que la forma en cómo te hablas hace que crees tu realidad? Sí, amiga sensible. Es hora de que empieces a quererte, a aceptar que tu forma de experimentar el mundo es increíblemente maravillosa. A pesar de sus sombras, de todo aquello que hace que, tu día a día, sea algo más complicado que a los demás.

Porque la alta sensibilidad, también tiene un lado de luz. Vivir lo que te rodea intensamente, saber como se siente la persona que tienes delante solo con mirarla, transmitir amabilidad y comprensión, percibir mil y una sensaciones, disfrutar enormemente de tu soledad, de tu creatividad…

Y para lograr este cambio debes conocerte, aprender a reconocer tu alta sensibilidad en ti, sus características y saber gestionar esos momentos más molestos y que perjudican tu rutina diaria. Solo así empezarás a verte con otros ojos y a darte cuenta de que, para quererte, tienes que aceptarte tal y como eres.

Conocerte te llevará a ser consciente del momento presente y de cuándo estás anclándote a ciertos pensamientos o sensaciones. De este modo sabrás cuándo tienes que parar para sentirte más calmada.

Es momento de ponerse en acción y cambiar el modo en cómo te hablas. Te permitirá sentirte bien contigo misma y a disfrutar de una mejor autoestima.

¿No te parece buen motivo para empezar a abrazar tu alta sensibilidad y vivir disfrutando de quién eres?

Si necesitas aprender a conocerte y a gestionar las sombras de tu rasgo para vivir una vida de disfrute y calma, no dudes en ponerte en contacto conmigo. Solicita un encuentro virtual gratuito con mi «Café entre amigas« o envíame un WhatsApp para explicarme tu situación.

Juntas trabajaremos en construir una vida en equilibrio donde puedas conectar con tu alta sensibilidad y sentir la calma de ser quién eres.

3 señales que indican que necesitas relajar tu mente PAS para no sentirte tan cansada

3 señales que indican que necesitas relajar tu mente PAS para no sentirte tan cansada

Solemos asociar el cansancio con el haber realizado alguna actividad física previamente pero, pocas veces, nos damos cuenta de que «pensar» también es un acto de nuestro cuerpo y, como tal, hacerlo de un modo excesivo acaba por agotarnos.

Te tranquilizará saber –si no lo sabes ya– que, para una PAS, perderse en pensamientos que parecen dar vueltas sin fin es lo normal. Por tanto, intentar apagar todo este ruido mental, acaba siendo una necesidad.

Y es que sentirte en calma no tiene precio ¡palabra de PAS!

Con este post, me gustaría mostrarte la importancia de saber distinguir esos momentos en los que necesitas relajar tu mente para no sentirte tan cansada.

Si eres una persona altamente sensible, rumiar o tener un intenso diálogo interior, forma parte de tu rasgo. De hecho, es uno de los pilares fundamentales de las persona altamente sensible: poseer un procesamiento profundo de la información.

No sé tú, pero yo tengo momentos en los que las películas que me monto en mi cabeza son de Oscar. Venga a darle vueltas y vueltas sobre ideas o situaciones que me han pasado. Aunque la verdad es que, el autoconocimiento, me ha ayudado a frenar y relajar mi mente.

Es lo bueno de aprender a conocerse y, en especial, de saber cómo afecta tu rasgo en tu vida y en el modo de actuar. No es lo mismo enfrentarte a tu día a día sabiendo cuándo y cómo puedes sobreactivarte y disponer de herramientas y pautas para rebajar esa saturación, que acumular toda esa frustración por sentirte mal y no poder hacer nada.

En lo que respecta al pensamiento profundo de las personas altamente sensibles, en ocasiones se hace complicado ser consciente de cuando entras en este bucle de reflexión y búsqueda de respuestas.

Porque, para nosotras las PAS, encontrar la solución a un problema, decidir sobre algo o darle sentido a una situación vivida, supone exprimir nuestro cerebro para que intente acceder a todos los hipotéticos resultados posibles.

Y, claro está, toda esta profundidad de reflexión acaba por cansarte y agotarte, aunque no haya sido un día especialmente activo, físicamente, para ti.

¿Qué señales son las que te indicarán que debes relajar tu mente PAS? Estas son algunas que te resultarán familiares:

Le das vueltas sin parar y te preocupas por alguna situación vivida

Como PAS, puede que empieces a reflexionar sobre alguna experiencia que haya perturbado tu día y acabes dándole vueltas, sin parar. Lo que haces es ir buscando respuestas al por qué alguien –o tú misma– actuó de una determinada manera o qué pudiste hacer –o dejar de hacer– durante esa situación que te removió.

Es ahí cuando, sin descanso, tu mente empieza a ponerse en marcha y a hilvanar pensamientos, justificaciones, culpabilidades, ideas, visiones, etc. siempre referidos al episodio pasado.

Aunque, estas experiencias no tienen por qué ser siempre sobre algo negativo. Incluso, si alguna de ellas ha supuesto un impacto realmente positivo en tu vida, la mente PAS la recrea en bucle para diseccionarla, buscando el instante más agradable, las sensaciones más poderosas o recrear el momento más emotivo.

Con todo este exceso de información rodando por tu cabeza como si fuera una jaula de hámster, no es de extrañar que acabe sobreactivándote y, finalmente, agotándote sin que te des cuenta de ello.

Piensa que, si te sientes constantemente preocupada tras darle vueltas a un mismo pensamiento, es por que sientes que hay algo que no puedes controlar dentro de la situación, lo que te llevará a generar un estado de estrés y malestar.

Es importante que intentes ser consciente de cuándo tus pensamientos están siendo excesivos y con tendencia a centrarse en la misma situación o experiencia.

Creas un diálogo interior en el que dudas constantemente

La intensa reflexión que solemos tener las PAS, en lo que respecta a temas profundos o relacionados con aspectos trascendentales de nuestra vida, es algo que que hay que poner en valor. Sabemos escuchar y estar presentes, al mismo tiempo que transmitimos confianza a los demás.

Se atreven a contarnos sus inquietudes y sus problemas aunque no nos conozcan mucho porque, con nuestra gran empatía y serenidad, sabemos darles consejos y reconfortarlos desde la calma.

Aunque, todo ese poder de escucha, también nos permite atender nuestro interior de un modo profundo. Te preguntas mil veces por qué te pasa esto o aquello, o intentas decidir algo que puede afectar a tu vida. Y aparecen los miedos a fallar, a no elegir la mejor opción.

Te escuchas y te respondes dentro de tu cabeza como si estuvieras delante de una buena amiga. Y cuanto más analizas y reflexionas, más dudas te entran. Y así hasta que te sientes agotada.

Piensas, reflexionas demasiado y acabas por saturarte. ¿Qué hacer, entonces, para relajar tu mente PAS y ese continúo diálogo interior?

De nuevo se hace presente el autoconocimiento. Te ayudará a ser consciente de ese momento rumiante en el que, tu propio deseo de querer entenderte y dar con la mejor solución a un problema o situación, acabará por introducirte en una espiral de dudas para evitar equivocarte.

Así que procura dejar descansar tu mente y háblate solo para decirte: «date permiso para fallar y descansa«.

Te recreas en el pasado y en el futuro sin pararte en el presente

¿Te suenan los «Y si…»? Relacionado con las dos señales anteriores, para las personas altamente sensibles, pensar demasiado sobre algo del pasado, o sobre algo que podría suceder en el futuro, es fruto de todo ese pensamiento y reflexión sobre la vida que tanto les llena.

Pero, el exceso, acaba por provocar sufrimiento, saturación y cansancio. Te recreas en hechos del pasado, en acciones, en todo aquello que pudiste haber hecho diferente. Y también piensas en el futuro, en como sería si tomaras una decisión u otra o en cómo te afectaría.

¿Qué sucede cuando te recreas en el pasado y en el futuro de un modo intenso? pues que no te paras en el presente. Lo dejas pasar de largo sin ser consciente de que lo que importa es lo que estás viviendo, en el aquí y en el ahora.

Amiga sensible, céntrate en lo que está en tu mano, en lo que puedes controlar y deja que lo que tenga que pasar, pase.

Te darás cuenta de que, estando más en el presente, tus ganas de ponerte en acción aumentan y, por tanto, todo esa neblina de pensamientos también acabará por mantenerse por menos tiempo en tu mente.

Así que solo puedo decirte que intentes ser consciente de cómo vives, de en qué piensas y cómo lo haces, de cuánto tiempo pasas anclada o caminando en círculos con los mismos pensamientos. Que descubras qué emociones te generan, qué sentimientos, qué juicios o creencias.

En definitiva, vive desde el autoconocimiento y aprende a relajar tu mente PAS para lograr una vida de calma, tranquilidad y disfrute abrazando tu sensibilidad.

¿Cómo te afecta el exceso de pensamiento? ¿Sueles acabar agotada?

5 rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma

5 rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma

A veces pienso que, este mundo lleno de ruidos, de mil y un estímulos, de prisas, de inmediatez como acuñó Zygmunt Bauman, no está hecho para las personas altamente sensibles.

Necesitamos calma para convivir con nuestra sensibilidad pero, las obligaciones del día a día y las rutinas que nos imponemos para poderlas cumplir, hacen que, a menudo, afloren los fantasmas de la alta sensibilidad..

Aunque, no solo en las obligaciones diarias las PAS tendemos a saturarnos antes que las no PAS sino, también, en las experiencias que disfrutamos.

Qué agotador se nos hace saber que, al día siguiente de una buena cena con amigos donde te lo pasaste genial entre risas y charlas, vas a estar hecha un desastre. Y no por la bebida –que igual lo estás pensando– sino por la infinidad de estímulos que una PAS acaba absorbiendo e intentando procesar.

Imagínate que estás dentro de una burbuja en la que las conversaciones, el ruido del murmullo de las mesas de alrededor, el simple placer de saborear la comida, las emociones intensas que surgen al estar inmersa en el disfrute del momento, el sonido de la música de ambiente, se entremezclan y forman un todo rebotando en tu cabeza.

Toda esta información, captada por tus sentidos, y tanto esfuerzo por necesitar procesarla acaba por estallar en tu mente y en tu cuerpo: cansancio, dolor de cabeza, malhumor, desconcentración, querer estar a solas, tranquilidad.

El propio testimonio de Olga, PAS y mujer luchadora, lo dice todo. Recientemente, me comentaba su propia experiencia con la sobreactivación y como la hace sentir: “cuando tu cuerpo te pide retirarte y descansar es un poco amargura”.

Y es que, si hay una constante en la convivencia con el rasgo de la alta personalidad es, sin duda, la sensación de limitación y saturación durante los momentos de sobreactivación.

Así que, para que puedas relajarte y lidiar de un modo más amable con esta sobreactivación, te propongo cinco rutinas que te servirán para convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Suena bien ¿verdad?

1. Pasear por la naturaleza

Las PAS solemos sentirnos atraídas por la naturaleza y mucho tiene que ver la predisposición a captar todo tipo de sutilezas. Nos podemos quedar embobadas con el simple olor que desprende una flor o el sonido de un pájaro o con los colores del cielo o del mar.

A las personas altamente sensibles, el estar en contacto con este entorno, les aporta un plus de tranquilidad. Pero, para que una sienta de verdad esa calma, debe de hacerlo de un modo lento, consciente y estando presente. Siguiendo los consejos de Elaine Aron, es importante “controlarse y moverse del modo como quieres sentirte”.

Es posible que, si estás sobreactivada, tiendas a caminar con paso ligero y con movimientos rígidos, transmitiendo enfado o nerviosismo. Procura relajarte estando presente en lo que haces, en tus pasos, en tu respiración. Puedes moverte suavemente o parar si lo necesitas. De este modo reducirás la tensión y tu mente volverá a la calma.

Al incorporar el hábito de pasear de un modo consciente por la montaña, caminar por la arena de la playa escuchando el ruido del mar o el poder estar en contacto con la naturaleza de algún modo, estarás regalándote momentos de autocuidado.

Conseguirás relajar tu mente, desconectando del ruido de tantos estímulos y conectando con el simple placer de apreciar el momento en un entorno que te llena de energía y de paz.

2. Descansar

Qué importante es el descanso para las PAS y, añadiría, para cualquiera. Te diría que es parte fundamental para lograr convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Es una de las rutinas más importantes y que más te ayudará a rebajar esos momentos de saturación.

¿Y por qué? Porque el descanso permite a tu cerebro desconectar de toda esa intensidad de estímulos que te han llevado a estresarte y agotar tu energía. Es posible que una experiencia vivida durante la mañana te haya hecho anclarte en unos pensamientos y revivir la situación una y otra vez.

Así me lo contaba una amiga sensible: “la sobreactivación me hace sentir muy abrumada, me hace sentir muy dentro aquello importante que ha ocurrido ese día y no me permite parar, continuamente revivo, pienso o saco ideas de aquello que ha pasado”.

Descansar te ayudará a resetear tu cerebro PAS y, por tanto, a calmarlo de pensamientos agotadores. Además, lograrás recargar tu energía y sentirte enérgica de nuevo.

3. Estar a solas

Otra de las rutinas relajantes que te propongo es la de darte permiso para estar a solas. Alejarte de personas, lugares o situaciones durante un breve periodo de tiempo te permitirá conectar contigo misma y mantenerte en un estado de mayor tranquilidad. Algo que tu mente te lo agradecerá.

Estar a solas no es malo. Tampoco debe hacer que te sientas culpable por querer alejarte de amistades o personas de tu alrededor. Esta práctica, tan necesaria para las PAS, favorece el reencuentro con esa parte más íntima de la alta sensibilidad.

Permite centrarte en tus pensamientos y en tus emociones de un modo más consciente, sin distracciones ni estímulos que te saboteen, de disfrutar del momento… de tu momento.

Estar a solas es cumplir con esa necesidad de escape para recuperar la energía perdida y, al mismo tiempo, cuidar ese lado más sensible desde un rincón privado y amable.

Piensa que no es un capricho si no una necesidad, así que te invito a practicar este hábito en tu vida desde ya.

4. Hacer yoga, ejercicio amable o meditar

Yoga, meditación o ejercicio amable. Se trata de aprender a mantenerte en un estado de calma para evitar que tus episodios de saturación te agobien y te hagan la vida más complicada de lo que ya es para cualquier persona.

Con esta rutina aprenderás a centrar tu atención en tu respiración y en tu cuerpo lo que te permitirá desconectar tu mente de esos momentos en los que sientes que no puedes parar de darle vueltas a un asunto, pensamiento o experiencia.

Con este hábito lograrás desconexión de tu estado de saturación y relajación al focalizar tu punto de mira en ti misma.

5. Escribir tus pensamientos en un diario o páginas matutinas

Uno de mis preferidos y con los que consigo mantenerme en paz con mi mente. Exteriorizar lo que pensamos es una buena práctica para descargar toda esa marabunta de excesos reflexivos y pensamientos profundos.

Escribir es un modo de dar voz a lo que sucede en tu interior, de verlo plasmado delante de ti y que, de otra manera, revolotearía dentro de tu cabeza sin poder darle un sentido.

Puedes realizar páginas matutinas, tal y como propone Julia Cameron en su libro El camino del Artista. Se trata de escribir tres páginas nada más levantarte, sin pensarlo demasiado y salga lo que salga.

Otro ejercicio puede ser el escribir un diario donde volcar tu día a día, tus experiencias, sensaciones y emociones. Te servirá para reconocer y comprender mejor tu alta sensibilidad al quedar reflejado en papel tu modo de sentir y actuar dependiendo de lo que ha acontecido en tu vida.

Es tu turno

Ahora es el momento para incorporar en tu vida estas cinco rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Solo necesitarás la voluntad de querer cuidar de ti misma, siendo consciente de tu rasgo y de lo que supone en tu vida.

No dudes en solicitar ayuda si tienes dificultades para hacerlo tú sola. Estaré encantada de acompañarte, con mis sesiones de coaching para PAS, en tu deseo de convivir con tu alta sensibilidad de un modo más amable. Puedes enviarme WhatsApp clicando aquí y hablamos sobre tu situación.

¿Incluyes en tu día a día alguna otra rutina para cuidar de tu sensibilidad? Deseando leerte abajo en los comentarios 👇

No he hecho nada y me siento agotada

No he hecho nada y me siento agotada

«No he hecho nada y me siento agotada». Durante muchos años esta frase casi se convirtió en mi mantra.

No comprendía por qué tenía días en los que no podía seguir el ritmo de las otras personas, aún sin haber realizado nada especial que me pudiera agotar. Y no te hablo solo de algo físico sino, también, de un nivel de energía mental.

Una sensación que me llenaba de frustración porque, en ocasiones, me hacía sentir menos que los demás. Para un día bueno que tenía había muchos en los que no llegaba a todo lo que pretendía, quedándome un montón de tareas por hacer sin ser capaz de seguir aunque quisiera.

Y eso mina la moral de cualquiera, claro. Empiezas a darle vueltas y a maldecir el por qué eres así, creyendo que tu dificultad de concentración, de ser productiva o de predisposición a actuar está causada por un bajo nivel de compromiso y esfuerzo.

Si a esta creencia le unimos una tendencia al perfeccionismo, te puedes imaginar el galimatías interior que podía tener. No me gusta hacer las cosas de cualquier manera y el recrearme en llegar al punto ideal de cómo quiero que esté lo que hago, me lleva al agotamiento.

Es el pez que se muerde la cola. Quiero seguir hasta que esté como yo quiero, pero este perfeccionismo acaba por hacer que me sienta agotada, con lo que por mucho que desee continuar, mi energía dice «stop».

Con los años fui aprendiendo a lidiar con estos cambios de ritmo y cansancio, tanto mentales como físicos. Y fue gracias a apoyarme en el autoconocimiento que logré gestionar el modo en como me veía, dejando de compararme y aceptando que no había nada malo en mí sino que esos eran mis ritmos.

Y todo sin saber todavía que era una persona altamente sensible. Cuando supe de mi rasgo PAS, empecé a conectar todas esas situaciones con las que había convivido toda mi vida y que me hacían sentir diferente dentro de un mundo de «normalidad».

Esta consciencia de saber que era una persona altamente sensible me permitió profundizar en el modo en cómo podía disfrutar de mi modo de experimentar el mundo, ahora sí, de un modo más amable y sin rechazo.

Qué hago para salir de este agotamiento

Uno de los enemigos de las personas altamente sensibles es llegar a este agotamiento y la dificultad para salir de él, ya que no siempre se es consciente de qué es lo que se ha hecho o experimentado para acabar cansada.

Esta bajada de energía viene dada por el efecto que nos produce la sobreestimulación y que experimentamos con ciertas situaciones, personas, lugares, emociones o pensamientos.

Al poseer un sistema neurosensorial más desarrollado que las personas no PAS, captamos un gran volumen de estímulos externos e internos lo que hace que nos sobreactivemos. Y esta sobreactivación, si no sabemos identificarla ni gestionarla, será la que nos reste energía y haga que sintamos estresadas y agotadas.

Es por ello que siempre insisto en la importancia del autoconocimiento y, en especial, para las personas altamente sensibles. El ser consciente de todo lo que supone tener este rasgo ayuda a que una pueda vivir, de un modo más armónico y amable, su alta sensibilidad.

Así que, conociendo lo que mejor se adapta a mi ritmo PAS, procuro no forzar la “máquina”, es decir, no hacer más de lo que sé que mi energía puede dar y asumir e integrar, de un modo amable, los efectos tras exponerme a un lugar o situación que me sature.

Pero también, hay momentos en los que no te das cuenta de que estás inmersa en un proceso de sobreactivación Por ejemplo, cuando estás pasándotelo bien con tus amigas en una cena y no aprecias el volumen del ruido a tu alrededor. Solo te das cuenta cuando tu cuerpo hace un clic y te “avisa” de que te estás sobrecargando: dolor de cabeza, querer estar a solas, pérdida de concentración, etc.

En mi caso, lo que hago para salir de ese agotamiento, es prestar atención a las señales que me da mi cuerpo. En mi caso, cuando empiezo a sentir dolor de cabeza o tengo dificultad en concentrarme y prestar atención, sé que mi energía va a comenzar a agotarse.

Así que me doy lo que necesito en ese momento. Puede ser un pequeño descanso, estar a solas unos minutos, meditar, hacer ejercicio o, simplemente, tomarme una bebida fresquita en verano o caliente en invierno.

Herramientas y pautas que me ayudaron a dejar de sentirme siempre tan cansada

Sin duda, el autoconocimiento fue lo que más me ha ayudado a reconocer lo que realmente me cansa y, así, poder proteger mi energía.

Es importante que seas consciente de tu día a día, es decir, de qué haces, cómo lo haces y cómo te sientes haciéndolo. Se trata de que escuches a tu cuerpo de un modo más profundo y sepas bajar el ritmo en un momento dado, dejar de hacer una actividad o alejarte de ciertos lugares o personas.

Algo que me resultó útil para reconocer cuando me sentía agotada, fue realizar una especie de diario semanal anotando los momentos en los que experimentaba este cansancio.

Con este ejercicio que te propongo, deberás reflexionar sobre aquello que hiciste o dónde estuviste o con quién te relacionaste y pensar, después, si te sentiste saturada o agobiada en alguno de esos momentos.

El descanso es fundamental para lograr rebajar tu cansancio. Date permiso para “parar”, sin remordimientos. Piensa en que no es un capricho sino una necesidad que tu cuerpo y tu sistema neurosensorial como persona altamente sensible, te reclama.

Decir «no» a compromisos que no me apetecen ha sido una gran liberación. La verdad es que era algo que ya practicaba antes de saber que era PAS. Aprender a ser asertiva es una parte importante para tu autoestima e, indudablemente, para convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute y la libertad.

Cuidarse es fundamental para logar gestionar tu energía así que, sabiendo lo que te agota, podrás decidir qué hacer para gestionarlo.

Se trata de darte lo que necesitas para convivir de un modo saludable con tu alta sensibilidad, desde el respeto hacia ti misma y hacia tu forma de experimentar el mundo.

Si este artículo ha resonado contigo, es posible que seas una persona altamente sensible. Así que te animo a indagar más sobre el tema y tomar consciencia de todo lo que significa convivir con este rasgo.

Y si necesitas ayuda para gestionar tu rasgo PAS de un modo más amable, te invito a descubrir y reconocer tu alta sensibilidad, desde el autoconocimiento, con mi Sesión de Coaching 1 a 1: «DESCUBRE TU ALTA SENSIBILIDAD«.

Cuéntame ¿Cómo gestionas tus momentos de agotamiento? ¡Te leo!