7 razones por las que tu hijo estará orgulloso de tener una mamá emprendedora

7 razones por las que tu hijo estará orgulloso de tener una mamá emprendedora

¿Has pensado alguna vez en cómo te ves reflejada en la mirada de tu hijo? Quizás, tus respuestas sean del tipo “soy una mamá cariñosa”, “soy una mamá que los cuida”, “soy una mamá que se preocupa siempre por ellos”.

¿No te gustaría que la imagen que tiene de ti sea, también, la de una madre feliz por hacer algo que le apasiona? Imagina a tu hijo lo orgulloso que se sentirá al tener una mamá emprendedora que ha dado el paso de perseguir sus sueños.

Durante la maternidad, las mujeres caemos en la trampa de dar sin medida, de ofrecer todo nuestro tiempo y dedicación hacia los demás. Y digo trampa porque, aunque sea con amor y pasión, con el tiempo acaba por convertirse en una rueda de hámster que gira por inercia, porque así debe ser.

Pero un día te das cuenta que quieres frenar, que deseas parar esa rueda y seguir caminando en línea recta en busca de tu camino, de tu propósito, darle un sentido más allá de lo que se considera –de un modo tradicional– “una madre ideal”.

«Si somos madres, tenemos asegurada la distracción ya que siempre habrá motivos para ocuparnos de los demás, cavando la fosa de nuestro río estancado.»

Laura Gutman

Y ahí es cuando llegan las culpabilidades por pensar en ti, por buscar un tiempo que te pertenece, por querer ser no solo una madre al cuidado de su familia, sino una mujer con motivaciones, creativa, con ganas de ser dueña de una parte de su vida.

Es hora de que te des cuenta del gran beneficio que supone para tu propia autoestima ser consciente de que eres algo más que una mamá. ¿Y sabes por qué? Porque a quien primero le vas a dar una lección de vida será a tu hijo.

Yo misma he vivido esta situación, la de encontrarme en un círculo cerrado y en el que no veía más allá de mi maternidad. Y fue el día en el que, echando la mirada atrás, comprendí que tenía que darle un nuevo sentido a mi vida.

Sentía que los años pasaban, no solo en mi hijo, sino también en mí. Sin duda, fue el momento en el que tomé consciencia de que la vida estaba avanzando y yo me estaba quedando atrás.  ¿Era realmente lo que quería?…

Desperté para darme cuenta de que quería ofrecer algo más al mundo, que tenía que encontrar mi propósito de vida, que debía añadir más ingredientes a lo que me rodeaba. Y empecé construyendo mi camino volviendo a estudiar un grado universitario para acabar – tiempo después– adentrándome en el mundo del desarrollo personal y del coaching.

Y todo, bajo la mirada cómplice de mi familia y, en especial, de mi hijo. Veía asombrado y, a la vez orgulloso, no solo a una madre que cuidaba de él, sino a una mamá que también era capaz de perseguir y lograr hacer realidad sus sueños.

Así que no te pienses más en dar ese paso que estás deseando hacía tu reinvención personal. ¡No dudes de lo orgulloso que se sentirá tu hijo por tener una mamá emprendedora!

Aquí te dejo 7 buenas razones para que lo esté:

1- Porque contigo descubrirá la importancia de tener un propósito en la vida

Conocer tu propósito de vida es darte un punto en el horizonte al cual dirigirte. No sé si ahora eres consciente de cuál es el tuyo o si estás en busca de él. Lo que sí te puedo asegurar es que, en el momento en que conoces tu “para qué” en la vida, aquello que te impulsa a la acción, es cuando activas tu radar hacia el cambio.

Mi hijo descubrió, que aquello que movía a su madre y la hacía sentir plena, era ayudar a otras personas en su desarrollo personal. Tomar consciencia de hacia dónde dirigir tus pasos en la vida te lleva, sin lugar a dudas, a la claridad de un futuro que hará sentirte feliz.

Ya lo dijo Paul Dolan “la felicidad es el conjunto de experiencias de placer y propósito a lo largo del tiempo”.

2-Porque le demostrarás que el esfuerzo tiene su recompensa

“El paso más importante es siempre el primero. Debes comenzar; debes zarpar” ¿No te parecen inspiradoras estas palabras de Ken Robinson?

Es duro dar el primer paso porque los miedos están ahí. Miedo al fracaso, al qué dirán, a no tener tiempo para tu familia… limitaciones que pueden frenarte.

Pero, ver que te esfuerzas por lograr hacer realidad algo que deseas, es una de las mayores lecciones que puedes darle a tu hijo. Se dará cuenta de que el éxito no viene solo y que hay mucho detrás de él: superar limitaciones, buscar de nuevo la motivación cuando las cosas van mal, saber superarse y creer en sus posibilidades…

¡Emprender no es fácil, pero con esfuerzo y motivación la recompensa llega!

3-Porque de ti aprenderá a ser persistente

Una gran lección que mi hijo aprendió de una madre nada perseverante: puedes ser persistente si te lo propones. ¿Y cuál es el secreto? Cambio de perspectiva, compromiso y centrarte en la recompensa que obtendrás cuando logres alcanzar tu objetivo.

Pregúntate en momentos de duda: ¿Qué ganaré? ¿Para qué quiero lograr mi objetivo, mi sueño, mi meta?  ¿Cómo me sentiré cuándo lo obtenga?

Tu hijo orgulloso, verá en ti a una mamá que, a pesar de los tropiezos ha sabido aceptarlos, recomponerse y continuar hacia delante.

4-Porque verte feliz, dedicándote a lo que te gusta, le motivará a encontrar su pasión y su talento

Verte feliz dedicándote a tu pasión, a lo que te gusta de verdad, le hará asomar las ganas por seguir tus pasos.

Hay que darle la oportunidad de expresarlo, de sacar a la luz aquello dónde muestra su talento de un modo fácil. ¡Nunca se sabe hasta dónde puede llegar con sus destrezas innatas!

5-Porque serás ejemplo de lo importante que es creer en una misma

La motivación y la ilusión solo llegan si crees en ti, sin compararte con nadie. Ver a una madre que no le importa lo que digan los demás, que persiste a pesar de los impedimentos porque tiene confianza, es una muestra de que quién decide sus acciones y su futuro solo puede ser de una misma.

6-Porque será consciente de que nunca es tarde para perseguir sus sueños

Recuerdo el día que mencioné la idea de querer volver a los estudios universitarios. Con cuarenta y muchos años, mi hijo me miraba desconcertado porque no le entraba en la cabeza que alguien pudiera estudiar “porque le gusta”.

Pero la curiosidad estaba ahí y se dio cuenta de que algo que ahora era “aburrido” para él podía convertirse en una pasión más adelante. Fue consciente de que, si algo te atrae, no importa la edad que tengas, lo disfrutarás.

7-Porque aprenderá que salir de la zona de confort es un desafío con recompensa

Recogiendo unas palabras de Laura Gutman, de su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”

“Hay que estar dispuestas a perder esos lugares conocidos y aburridos donde jugamos una y otra vez el mismo rol y nadie repara en nosotras, ni siquiera nosotras mismas.”

Si sientes la necesidad de cambio, el primer paso es salir del lugar dónde te haces invisible porque te da seguridad y es “lo conoces”. Atreverse a caminar en terreno desconocido es empezar a construir un futuro como una madre plena y feliz.

La valentía no radica en lanzarse al vacío sin más, sino en atreverse a dar un paso hacia delante, con seguridad y convicción, con la fuerza necesaria para ser capaz de decidir el camino a seguir.

“Los hijos necesitan madres creativas, plenas, encaminadas en su búsqueda personal, ya que el sentido que cada mujer encuentra a su propia vida le permite ofrecer sentido a la vida de los demás.”

Laura Gutman

Lecciones de vida que harán que tu hijo pueda contar orgulloso, todo lo que aprendió por tener una mamá emprendedora.

¿Cuál es esa imagen que tu hijo/s tienen de ti? ¡No dudes en comentar tu propia experiencia en los comentarios! 🤗

Que el miedo «al qué dirán» no frene tu sueño de cambio

Que el miedo «al qué dirán» no frene tu sueño de cambio

Una de las etapas en las que más dudas surgen, con respecto a la idea de futuro, es aquella en la que te das cuenta que tu rol de madre ha cambiado, que tu hijo ya no es aquel pequeñín que te buscaba a todas horas.

Empieza, entonces, a rondar por tu cabeza la idea de transformación, la necesidad de iniciar cambios en tu vida –profesional, personal o ambas– que te vuelvan a llenar de ilusión, motivación y optimismo.

Pero es, también, el momento en el surjen temores e inseguridades ante este nuevo desafío que te empuja a salir fuera de tu zona de confort. Miedo «al qué dirán», a «si seré capaz», a «no tener tiempo para mi familia», a «lo haré mal» …

¿Adivinas lo que sucede después? Pues que, toda esa bola giratoria de pensamientos acerca de tu decisión, alimentada por hipotéticos juicios de algunas personas sobre las mismas, acaba por paralizarte y dejar «para otro momento» tu sueño de cambio.

El miedo de las madres a ser juzgadas

Si hay un miedo estrella –entre las madres que quieren reinventarse– es el de ser juzgadas por las personas de su entorno. ¿Y por qué? Porque, por desgracia, hacemos más caso a los roles tradicionales impuestos culturalmente que a nuestros deseos verdaderos.

Una vez que eres madre, aunque hayas trabajo toda tu vida, la etiqueta de “dedicación exclusiva a los demás” te la graban a fuego. Y lo realizas convencida, sin ningún sentimiento de negación, lo haces porque quieres y porque lo sientes así.

Pero llega un día en el que algo hace clic en tu cabeza. En silencio y sin decirlo abiertamente por el miedo “al qué dirán”, vas sintiendo que algo se despierta dentro de ti. Una lucecita de advertencia que te avisa de que ya va siendo hora de crear tu espacio, de tener tiempo para ti, de mostrar al mundo que puedes ofrecer algo más que tu maternidad.

No es fácil dar un paso tan importante y más, si lo que llevas haciendo toda tu vida es contentar a los demás, dejándote llevar por sus opiniones sobre lo que es correcto o no hacer. Un ruido de fondo molesto que suele llenarte la cabeza de dudas con respecto a tus acciones y decisiones ¿Te suena?

Este miedo “al qué dirán” se produce, principalmente, por no tener una buena autoestima. Lo que se traduce en una angustia silenciosa por el temor al abandono o rechazo por no complacer las expectativas de tu entorno.

«La vida no consiste en buscarte a ti mismo. La vida consiste en crearte a ti mismo»

George Bernard Shaw

Piensa en cuántas cosas has dejado de hacer por esa dichosa voz de fondo que va resonando dentro de tu cabeza, esa que va minando tu imaginación con juicios hipotéticos de otras personas.

Y es que, una de las consecuencias de dejarse arrastrar por los pensamientos de los demás, es la sensación de decepción con una misma por no saber imponerse. No todas las personas se atreven a ponerse en acción a la primera ante su deseo de cambio.

¡Ponte en acción hacia el cambio!

Recuerda que la función del miedo es la de protegerte ante un peligro, real o ficticio. Y en el caso del miedo “al qué dirán”, como ya te he mencionado anteriormente, se trata de protegerte de las consecuencias proyectadas en tus juicios interpretativos.

¿Quieres ser una madre –una mujer– con la convicción de estar haciendo lo correcto? ¿Una madre que nada ni nadie le va a impedir realizar su deseo de cambio? En definitiva, ¿quieres vivir la vida que tú quieres?

Si tu respuesta es un SÍ rotundo, te invito a que te pongas en acción si quieres lograr tu sueño de reinvención sin preocuparte por las opiniones de los demás, ya sean hipotéticas o reales.

Deja a un lado los pensamientos recurrentes sobre algo que solo pasa en tu cabeza. Reflexiona y pregúntate:

  • ¿Realmente sé con total seguridad lo que está pensando la otra persona?
  • ¿Qué pasaría si ese juicio se hiciera realidad? ¿en qué cambiaría mi forma de actuar?
  • ¿En qué medida necesitas la aprobación de los demás?

Con tus respuestas, te darás cuenta de cómo influyen tus pensamientos en tus acciones y, por tanto, en tu modo de vivir la vida. ¿Cómo es la foto que ves ahora? ¿Es la que deseas?

Habla de tus planes, compártelos. Es un buen comienzo para aprender a gestionar tu reacción ante la opinión de los demás. Empezarás a darte cuenta que, ese ruido molesto en tu cabeza sobre lo que tú crees que están pensando o juzgando los otros, ya no te afectará como hasta ahora.

Aprende a mantener tu opinión, tus decisiones. Acepta la del resto, aunque sean críticos con tu decisión. Todos tenemos un punto de vista y no tiene porqué ser el mismo. Mantente firme en tus ideas, tus planes o deseos.

Quién mejor que tú para animarte a lograr tu sueño de reinvención como, por ejemplo, emprender ¿no crees? Pero si ahora mismo estás pensando “sí, claro, Helga, suena fácil, pero es que yo no sé cómo hacerlo sola” .

Te entiendo y por eso mismo te propongo el coaching como una buena opción para trabajar –desde el autoconocimiento –tu miedo a los juicios de los demás. Te proporcionará las herramientas adecuadas para poder superar aquello que te frena y lograr recuperar tu autoestima, confianza y motivación. Si deseas la ayuda de un coach, estaré encantada de acompañarte en tu viaje hacia el cambio.

Sin duda, ponerse en acción es decisión tuya. Un trabajo personal al que vas a tener que comprometerte si quieres empezar a asentar las bases de tu transformación hacia una persona más segura y a la que, el ruido de sus pensamientos, no le hagan frenar sus planes de cambio.

Para finalizar este post, te dejo esta inspiradora frase de Paul Dolan rescatada de su libro “Diseña tu felicidad” y con la que, creo, cobra más sentido el título de este post.

“La vida te va bien cuando te sientes feliz”

Paul Dolan

Así que no esperes más a sentirte feliz, ¡que no frene tu deseo de cambio el miedo al qué dirán!

Si te apetece, me encantará leer tus reflexiones en los comentarios. Cuéntame ¿hay algo que esté frenando tus ganas de reinvención?

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Descubre cómo ser una madre organizada gracias a GTD®

Descubre cómo ser una madre organizada gracias a GTD®

Desde que era pequeña me he considerado una persona desorganizada. Lo de tener todo, impecablemente colocado, en el sitio exacto o de planificar hasta la última coma de cualquier cosa que hiciera, la verdad, que no iba conmigo.

Aunque, si te soy sincera, siempre había algo que me hacía sentir extraña y era la sensación de las muchas cosas que dejaba por hacer por aferrarme a la obsoleta –y errónea– idea de querer gestionar mi tiempo.

Es posible que tú también te veas lejos de ser una madre organizada y que temas que llegue a ser un lastre en tu deseo de tener tu propio proyecto profesional. Y es que, lidiar de un modo desorganizado con todo lo que te rodea en el día a día, junto con la crianza de los hijos, puede hacer que frene tus ganas de emprender.

Porque, no hay que engañarse. Si ya tienes dificultades para organizarte diariamente, cuando te visualizas en tu futura faceta de emprendedora ¿a quién ves? Posiblemente a una madre pretendiendo hacer mil cosas y frustrándose por no ser capaz de dejar a cero el casillero de tareas pendientes.

Y te puedo asegurar que, de ahí a la desmotivación, hay un paso.

“La angustia y el sentimiento de culpa no proceden de tener demasiado que hacer: son el resultado automático de incumplir los acuerdos contigo mismo”

David Allen

Mi solución para ser una madre organizada

Pero no todo está perdido. Hay salvación para las futuras mamás emprendedoras y, por supuesto, para todo aquel que quiera organizarse.

No sé si te ha pasado alguna vez, pero hay momentos en la vida en los que alguien te ilumina y en mi caso fue gracias –como ya va siendo habitual desde hace un tiempo– a mi inspiradora amiga Laura. Su entrada en el mundo de la efectividad personal, más concretamente en la metodología GTD®, me abrió las puertas a la solución de todos mis males.

Así que, como también es mi deseo el de iluminarte, voy a compartir contigo una pequeña muestra de cómo GTD® me está ayudando a ser una madre organizada y, además, sin necesidad de planificar ni de gestionar algo que es imposible: el tiempo.  

Y es que, lograr encontrar un sistema que me funcionara y ayudara a la hora de poner orden y sentido en lo que hacía, era lo que estaba buscando. Un sistema que no dependiera exclusivamente de agendas ni de listas diarias interminables en las que acabara siendo imposible tachar todo lo planificado.

Porque hay que añadir que, para nosotras, las personas desorganizadas, el término agenda no existe. Básicamente porque tampoco nos acordamos de mirarla. ¡Debe ser una especie de anarquía mental que nos impide seguir lo planificado!

Si quieres lograr tu objetivo de ser una madre emprendedora, te adelanto que tu actual estado caótico de organización no te va ayudar. Así que es indispensable que te comprometas a dejar atrás creencias sobre ti, sobre hasta dónde puedes llegar –y lo que debes hacer– como madre.

Si quieres empezar a ser una madre organizada, cambia de hábitos

Debes ser consciente de que el cambio radica en tus hábitos, en hacer las cosas de un modo diferente a lo que estabas acostumbrada a hacer toda tu vida. Y para eso, tienes que saber para qué lo deseas, qué beneficios te aportará poner en práctica tu nueva forma de estar en el mundo.

En mi caso, logré realizar ese empujoncito cuando decidí que, lo que quería para mi vida, era tomar el control y sentir tranquilidad en todo lo que hacía. No andar dando tumbos sin sentido sin llegar apenas a nada, sino lograr hacer más cosas con el tiempo disponible. Sentir que mi memoria no me iba a jugar una mala pasada, simplemente, porque ya no era ella la que iba a gestionar mis recordatorios.

Así que empecé a aplicar lo que estaba aprendiendo a través de libros como “Organízate con eficacia” de David Allen, blogs de referencia y, más recientemente, en el curso oficial de GTD®.

El primer paso comenzó a ser una rutina para mí: capturar –anotar– absolutamente todo lo que me llama la atención en mi cabeza. Fue el inicio para los pasos posteriores: tomar el control de lo que tengo que hacer, en el momento que debo hacerlo y con la tranquilidad de saber que nada se me va a perder en el limbo del olvido.

Suena bien ¿verdad? Pues implementarlo en tu vida te sonará mucho mejor. Eso sí, como ya te comenté líneas atrás, todo cambio que tenga que ver con nuestros hábitos, requiere una amplia dosis de compromiso por tu parte y de perseverancia. Algo que, si estás decidida a iniciar tu propio proyecto profesional, vas a tener que grabártelo a fuego.

No es una cuestión de tiempo, sino una cuestión de atención

Pero no solo se trata de anotar (capturar), sino de estar atenta y saber qué hacer con todas esas ideas/pensamientos que llegan a tu mente: “tengo que elegir la peli para ver en el cine y comprar las entradas en la web”, “he de llamar a la pediatra el mes que viene”, “tengo que encontrar un diseñador para mi web”, “debo preparar la reunión del viernes con el jefe”…

Como puedes ver, existen infinidad de cosas en cualquier ámbito de nuestra vida que nos llegan de un modo espontáneo y que, con frecuencia, dejamos escapar por no ser capaces de retener en nuestra memoria a corto plazo. Como dice Laura Sastre en uno de sus post “no es una cuestión de tiempo, sino una cuestión de atención”.

Son esas cosas que sobrevuelan y mueven nuestro día a día y que pueden hacerlo –en ocasiones– caótico si no somos capaces de saber qué hacer –y cuándo– con ellas.

Ser constante en todo lo que haces ayuda a motivarte

Uno de los efectos colaterales que estoy notando al sentir que –por fin– soy una madre organizada, es el de la motivación. ¿Y por qué? Porque todo está en mi sistema GTD®, guardadito, revisado y nutriéndose cada día con nuevas ideas que ahora sé que no se me olvidarán lo que me permite ser constante en todo lo que hago, sin miedo a perder el foco de cada una de mis acciones.

Vas comprobando –y haciendo visible– que tu vida también se nutre de muchas otras cosas más allá de las de ser madre. Cuando empiezas a buscar dentro de tu cabeza todo aquello que tienes/quieres/deseas hacer y lo anotas (capturas y aclaras), sientes que hay mucho más dentro de ti esperando a salir. Solo tienes que organizarlo y saber qué hacer con todo esto o, simplemente, dejarlo guardado (archivado) por si más adelante te decides a retomarlo.

Quién sabe si una mala idea hoy puede ser una gran idea el día de mañana ¿no crees?

GTD® te hace reflexionar, dar sentido a lo que haces

GTD® te hace reflexionar sobre el significado que tiene para ti todo aquello que tienes anotado (capturado), organizado y listo para ejecutar. No es una simple lista de tareas para hacer por hacer, sin orden ni sentido. Hablo de tener estas tareas controladas, sabiendo para qué están ahí y disponibles para realizar en el momento que toca hacerlo.

Como ves, tu problema no es poder gestionar tu tiempo porque, en realidad, el tiempo es el que es, sino lograr liberarte de la sensación de “no llegar a todo”, de la frustración y del estrés que conlleva.

Se trata, por tanto, de lograr ser feliz con lo que haces, sabiendo para qué lo haces y siendo consciente de qué no haces.

Si uno de tus objetivos, como madre emprendedora, es disponer de tiempo de calidad con tu familia, aprender a organizarte marcará el punto de salida para alcanzarlo. Pero para ello deberás sentar las bases para un cambio de hábitos y eso solo dependerá de ti, de tu actitud y compromiso con tus ganas de transformación. 

¿Te animas a aprender a organizarte? ¡Te aseguro que vale la pena!

Cuando, además de ser madre, deseas emprender

Cuando, además de ser madre, deseas emprender

No te voy a engañar, esto de emprender no es llegar y besar el santo. Requiere sacrificio, constancia, trabajo, organización y, sobre todo, de mucha confianza y ganas por crear algo tuyo.

Así que cuando, además de ser madre deseas emprender, en tu interior empieza a removerse cierto gusanillo. Miedos, falta de confianza, creencias limitantes, dudas. Y, si fuera poco, la guinda del pastel te la ponen los juicios, por parte de los demás, a tu “locura”.

Si eres habitual lectora de mi blog ya sabrás –a estas alturas– que soy madre de un niño adolescente. Así que –por propia experiencia– puedo decirte que, uno de los momentos clave en la vida de una mamá, es aquel en el que sientes un abismo dentro de ti al percatarte de que tu pequeñín ya no lo es tanto.

Tu rol de madre protectora se va quedando atrás y ves cómo, poco a poco, todo ese tiempo de dedicación a tu hijo va volviendo a ti. Es, entonces, cuando te haces la pregunta ¿y ahora qué? Sientes que has dedicado parte de tu vida a una personita y ahora ha llegado el momento de comenzar algo para ti, de vivir tu vida.

Preguntando a mi buena amiga Flora, qué fue lo que la impulsó a querer emprender, no pude más que coincidir con ella en su respuesta: “querer seguir manteniendo mi cabeza amueblada. Necesito una razón para levantarme cada mañana”.  

Y la entiendo perfectamente, porque fue la misma sensación e inquietud que tuve hace unos pocos años. Fui consciente de que mi hijo se hacía mayor y de que había pasado de ser “mamá para todo” a una madre que no sabía muy bien qué hacer con más tiempo libre.

Así que comencé a darle vueltas a mi cabeza, a reflexionar para encontrar “mi elemento”, mi propósito en la vida. No fue nada fácil porque, esa introspección en busca de qué era aquello en lo que podía dar lo mejor de mí y que –además– me apasionara, me mostraba miedos y creencias a los que tenía que enfrentarme si quería avanzar hacia mi propósito.

“La búsqueda de tu Elemento es un viaje en dos direcciones: un viaje interior para explorar lo que hay dentro de ti, y un viaje exterior para descubrir las oportunidades que el mundo te ofrece”

Ken Robinson

¿Cómo lo logré? Pues te confieso que hubo tres elementos clave en mi vida para conseguir saber qué podía ofrecer al mundo y superar los obstáculos que me limitaban:

  • Saber rodearme de personas que me hicieron brillar, que realmente me apoyaron y me motivaron con su ejemplo. Si abres los ojos, seguro que lograrás encontrar a esa persona especial cerca de ti.
  • Decidirme a iniciar un proceso de coaching con el que conseguí mi objetivo de dejar atrás miedos para volver a confiar en mí misma y en todo lo que podía ofrecer.
  • Querer cambiar y ser consciente de que si quería algo debía ir a por ello, lo que me hizo volver a la senda de la motivación.

Empezar mi reinvención personal, como madre pasados los cuarenta y cinco, fue todo un reto que me permitió descubrir qué era lo que verdaderamente me hacía feliz: acompañar a otras personas a cumplir sus metas, creyendo en ellas, superando miedos y obstáculos.

Por lo que, emprender como Coach, me permitió trabajar en lo que hoy es mi pasión: ayudar a mamás que desean emprender con confianza y sin temores.

«La gente que hace lo que realmente le gusta no suele pensar que trabaja, sino que simplemente vive»

Ken Robinson

Pero este reto, también supuso enfrentarme a una segunda parte con la que alguien, con ganas de reinventarse, suele sufrir: los juicios de los demás. ¿Te ha pasado a ti también?

Si eres madre y con deseos de emprender, es posible que la primera reacción de tus amigos o familia ante tu gran noticia fuese la de incredulidad, la de mirarte con cara de “¿pero te has vuelto loca?”

La decepción es lo primero que suele aparecer tras esta muestra de incomprensión por parte de los demás. Decepción por no entender el sueño de una mujer que aspira a “vivir la vida que quiere”, que siente que puede ser algo más que una madre.

Y es aquí donde debes aprender a gestionar tu reacción.

Puedes hacerlo resignándote y aceptando que ellos tienen razón, autoconvenciéndote con pensamientos provenientes de creencias limitantes: “no seré capaz”, “esto no es lo mío”, “lo haré mal”, “y si hago el ridículo”, “y si fracaso”, “cómo voy a desatender a mis hijos”, “no tendré tiempo para mi familia”, etc.

O puedes llenarte de energía y motivación, agarrar tus miedos, aprender de ellos y superarlos. ¿Emprender es difícil? Naturalmente, pero tú eres la única que puede mantener el foco en lo que deseas. Saber a lo que te enfrentas, conocer tus limitaciones y mejorar. Aprender, aprender y aprender. Tienes que valorar si lo que está por venir compensa lo que dejas atrás.

“Un objetivo sin un plan es solo un deseo”

Antoine de Saint-Exupéry

Solo con el convencimiento de que tu plan de acción hacia el objetivo es posible, lograrás poner la primera piedra en tu nuevo futuro. Mira hacia delante y mantén viva tu visión de lo que te hace realmente feliz. ¿Ya sabes qué es?

Pero ¿y si lo que falla para dar el paso es que no sé lo que quiero? Te tranquilizará saber que no eres la única en esta situación. Es una de las grandes preocupaciones cuando la idea de reinvención está en el aire, no saber qué es lo que realmente te gustaría hacer, qué es aquello en lo que invertirías tiempo, esfuerzo e ilusión.

Tienes el deseo de avanzar en tu vida, de ser algo más que madre, pero te bloqueas a la hora de definir qué es lo que te apasiona. Si estás en este punto, te animo a que leas el libro de Ken Robinson, “Encuentra tu elemento”. En él, el autor nos propone tres procesos fundamentales para descubrirlo:

  • Eliminar el ruido → Tienes que conocerte mejor e invertir tiempo en ti sin que las opiniones de los demás te influyan.
  • Cambiar tus perspectivas → Desafía las opiniones de otros sobre lo que eres capaz de hacer. Mírate de otra manera.
  • Darte una oportunidad → Para saber que hay dentro de ti, también debes mirar hacia el exterior. Así crearás nuevas oportunidades ¡aprovéchalas!

Existen otros factores a los que te puedes enfrentar si deseas emprender, como la incertidumbre económica o el miedo a no ser capaz de conciliar tu tiempo de trabajo con el de la crianza.

Organización y un plan de negocio bien definido antes de emprender, te ayudarán a tener un claro mapa delante de ti de la inversión en tiempo y dinero que te ocupará, así como los recursos de qué dispones y las carencias que deberás superar con aprendizaje.

Como te dije al inicio de este post, emprender no es fácil, pero si construyes una buena base donde apoyarte y, además, lidiar con tus emociones, entonces, ¡no habrá quién te pare!

Cómo adaptarse al cambio en esta nueva normalidad

Cómo adaptarse al cambio en esta nueva normalidad

Te confieso que, cuando se trata de cambios, la gestión inicial la suelo llevar un poquito floja. Pero si hay algo que he ido aprendiendo durante estos últimos años es a aceptar los imprevistos que suelen aparecer a lo largo de mi vida.

Y, sin duda, este enorme, gigantesco y desconcertante revés –que a nivel global estamos viviendo– ha sido un golpe bajo, un k.o. en toda regla, diría yo.

Así que, adaptarse al cambio en esta nueva normalidad, se ha convertido en un trabajo personal a nivel emocional, tanto para mi familia como para mí y, posiblemente, para una gran mayoría de personas.

Trastocar la rutina diaria, el ritmo frenético de nuestras vidas, ha supuesto aprender a manejarse en un entorno en el que nunca nos habríamos imaginado. Nos ha tocado desenvolvernos dentro de una sociedad en la que ciertas reglas de vida, costumbres asimiladas desde la infancia, han quedado temporalmente anuladas.

Quizá me salga un post con cierto aire a estudio sociológico, pero es que no puedo evitar pensar cómo el ser humano se adapta a su entorno con una velocidad pasmosa. ¿Y por qué digo esto? porque no me negarás que, lo de salir de casa y coger la mascarilla no se ha convertido en un acto totalmente integrado en tu rutina diaria. Quién te lo iba a decir ¿verdad?

Y si te habías olvidado por unos instantes de esta nueva normalidad, solo hace falta repasar las tiendas online de moda para comprobar que puedes comprar ese vestido tan top para este verano junto con la mascarilla que mejor combina. Ya que nos la tenemos que poner, al menos que ¡no sea aburrida!

A veces pienso que es muy humano intentar normalizar la “anormalidad”, aunque solo sea para revestirla de cierto aire ilusionista, a lo David Copperfield. Sin embargo, el miedo sigue ahí, escondido bajo la gran tela negra desplegada para ocultar la realidad.

Miedo a perder a alguien o nuestro trabajo o nuestra salud, a acercarnos, a transmitir la enfermedad, a no poder vivir como hacíamos antes. Miedo al cambio, a romper las reglas, a aprender nuevas normas sociales de un modo antinatural. No beses, no abraces, no hables tan cerca…

Pero al final, acabamos por ir integrando –sin darnos cuenta– esta nueva realidad. Porque ahora besamos sin besar, abrazamos flojito – quizá con algo de recelo– dependiendo de la edad e intuimos sonrisas a través de las miradas.

Y los más pequeños ¿cómo adaptarse al cambio? Los niños son fuertes, los jóvenes pueden con todo, se adaptan fácilmente… eso dicen… Pero ¿sabes qué? Que no es verdad. Y lo sé porque me ocurrió en mi experiencia como expatriada. Todo el mundo me decía lo rápido y fácil que se iba a adaptar mi hijo de ocho años a un nuevo país. Sí que aprenden a velocidad de vértigo, pero sufren igual que un adulto y tienen sus preocupaciones, sus añoranzas, sus tristezas.

“Nuestros niños y jóvenes llevan meses sin poder salir de casa, meses sin poder disfrutar, aprender de sus iguales, desarrollar en plenitud los mecanismos de socialización que les son imprescindibles.”

Dolors Reig

Ahora no iba a ser menos. Mi hijo se ha convertido en un adolescente de trece años, con mil aventuras a sus espaldas a pesar de su juventud, pero vive la nueva realidad con resignación e intuyo que, en ciertos momentos, con algo de preocupación. Sensaciones que, estoy convencida, comparte con otros niños y adolescentes.

Pero han aprendido, han sabido estar, nos han dado una gran lección en control emocional, en responsabilidad y se convertirán –si no lo han hecho ya– en: la generación de la era postpandemia: la más emocionalmente inteligente y responsable de la historia, tal y como afirma en su artículo Dolors Reig,

Han sido noventa días sin poder salir y ahora que pueden, toca la pregunta del millón de los más pequeños ¿y tengo que ponerme la mascarilla? ¿y no podré abrazar a mi mejor amigo? ¿y no podré darles un beso a mis yayos? Preguntas, preguntas y más preguntas.

Así que, con la mayor naturalidad del mundo, debes responder con comprensión, haciéndoles ver que, como madre, como adulto, sientes exactamente lo mismo que ellos.

“Los niños de esta nueva generación son las grandes víctimas, pero también los grandes héroes del Covid19”

Dolors Reig

Dile, que también te da pena no poder achuchar hasta asfixiar a tus mejores amigos, a tus padres, a tus seres queridos. Que es un rollo ir con la mascarilla a todas partes pero que es como una tirita que nos protege, te cuida a ti y cuida a los demás. Que te puede dar un beso y dos y los que quiera pero a los demás, si los envía con un fuerte soplo, lo sentirán igual.

Para adaptarse al cambio de esta nueva normalidad necesitamos una llave que nos haga sentir que podemos desenvolvernos en ella. Te hablo de la aceptación. Es momento de aprender a gestionar este miedo a la incertidumbre, a la pérdida, a lo que te pueda traer el cambio y el modo de hacerlo es aceptando la nueva situación.

Aceptar no significa resignarse, ni ser insensible ni estar de acuerdo. Tomando las palabras de Borja Vilaseca si te resignas estás en el punto de llegada, con la aceptación en el punto de partida.

“Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento”

Gerardo Schmedling

Aprendiendo a aceptar las situaciones, lograrás una mejor tolerancia a la frustración ante lo que no puedes controlar, verás el pasado como una lección de vida, tendrás una mejor capacidad de gestionar los imprevistos y sobreponerte a ellos, te abrirás a nuevas oportunidades. En definitiva, estarás dando un paso de gigante –sin darte cuenta– a esta adaptación al cambio que la nueva normalidad ha traído.

Si nos ha tocado vivir este momento, acepta la nueva realidad. Busca el lado positivo, aunque te parezca que no lo tiene. Si reflexionas, seguro que surgirá. Por ejemplo, es posible que por fin te hayas puesto las pilas en cuestión de conectividad online o de tecnología digital, algo que te puede ayudar si has decidido iniciar un nuevo proyecto profesional como mujer emprendedora.

No es lo que habíamos planeado en nuestra vida, lo sé, pero el mundo nos pone a prueba. Y es ahora cuando debes afrontar este reto con la mejor actitud posible, piensa en que eres un espejo para tus hijos, para los que te rodean. Adaptarse al cambio es aprender a tolerarlo, ajustarse a él, ser consciente de que nada es eterno y que todo está en constante movimiento.

¿Cómo llevas el cambio a esta nueva normalidad? ¿la aceptas o luchas contra ella?

¡¡Te espero en los comentarios!!

Ser madre, mujer emprendedora y sentir que puedes con todo

Ser madre, mujer emprendedora y sentir que puedes con todo

Es muy posible que, durante todas estas semanas de confinamiento, en algún momento te hayas sentido abrumada, colapsada, agobiada, sin energías y mil sensaciones más por tener que conciliar, en un único espacio vital, tus tareas laborales con –y no menos importante– tu rol de madre.

Porque no nos engañemos, ser madre es complicado, pero serlo de un modo que te sientas eficaz y sin estrés, es decir, sentir que puedes con todo, es algo que en algunos momentos parece titánico, sobre todo cuando se compagina con la faceta de mujer emprendedora.

El hogar se ha convertido en tu espacio de trabajo –si no lo era ya– y para tu hijo en su escuela. Así que, si ya hacías malabarismos para sobrellevar ambas facetas, ahora también te toca lidiar con la de profesora. Es decir, te has llevado un tres por uno y sin salir de casa.

Ante esta situación, es algo natural que te sientas frustrada y sin saber qué hacer para lograr revertir la situación, preguntándote en ciertos momentos, cuándo llegará el día en el que puedas ser capaz de volver a tomar el control de tu vida, de sentir que puedes con todo.

Ya te conté en mi anterior post, “Bienvenida al mundo online de tu hijo”, lo que suponía convertirse, de la noche a la mañana, en “mamá-profesora”. A las dificultades de tu día a día, se añadía el tener que aprender a manejarse en un entorno digital para poder supervisar y apoyar el buen progreso de tu hijo en su nuevo entorno escolar.

Es normal, por tanto, que hayas –o estés– experimentado una sensación de no poder llegar a todo, de ver tu vida transformada, de un día para otro, en una gran mochila pesada con la que moverse te resulte todo un mundo.

Y es aquí donde entran las dudas, las culpabilidades, las frustraciones, los “no puedo” con los que, seguramente estés dando forma a pensamientos de negatividad que te llevan a la desmotivación o, incluso, a sentir que no eres capaz de ser una mujer eficaz en cualquier ámbito de tu vida.

¿Qué quiero decir con ser eficaz? Ser una persona que logra realizar con éxito aquello que se ha marcado. Algo que, posiblemente, te resulte complicado de alcanzar mientras estás en casa ayudando a tu hijo con sus estudios online, al mismo tiempo que intentas sacar adelante el trabajo y te encargas, junto a tu pareja, de las tareas domésticas. Aunque aquí añadiría un punto extra a tu nivel de estrés, en el caso de que seas la única que se encarga de ellas.

No te juzgues

Con este cóctel frenético resulta difícil empezar cada mañana con un nivel de energía óptimo para afrontar tu día y sentir que puedes llevarlo a cabo. ¿Por qué? Porque, por desgracia, tenemos una mente tan caprichosa y adicta a generarnos películas dramáticas dentro de nuestra cabeza que acabamos por creer, por ejemplo, que somos malas madres o pésimas trabajadoras por no saber lidiar con todo este caos.

Así que, si hay algo importante que debes grabarte a fuego para comenzar a sentirte una madre y mujer emprendedora sin estrés –además de eficaz en tu día a día– es soltar ese sentimiento de culpabilidad por no ser “la madre-mujer-esposa diez que los demás esperan de ti”.

Este auto-juicio que realizas, sobre algo que crees que has hecho, acaba por mortificarte con hipotéticas certezas alrededor de tu conducta, dictándote pensamientos negativos tales como “soy mala madre”, “no soy capaz de hacer mi trabajo”, “todo lo hago mal”, etc.

Y ahora, te pregunto: ¿qué de cierto hay en esos pensamientos? ¿qué es para ti ser “mala madre”? ¿siempre lo haces todo mal? Tómate tu tiempo e Intenta reflexionar sobre ello.

Cambia el modo en cómo ves las cosas

Cambia el modo en cómo ves las cosas y piensa en los momentos en los que sí has ayudado a tu hijo, has estado ahí para él, le has enseñado y cuidado. Piensa en las ocasiones que has sido capaz de hacer tu trabajo y en las que te han salido las cosas como tú querías. Seguro que te surgen muchos momentos, es más, incluso seguro que son la inmensa mayoría de veces.

Entonces, ¿porqué centrarse en lo malo en lugar de en lo bueno? Quédate con lo que ya has hecho y aprende de esa experiencia para adaptarla a tu nueva situación.

Ciertamente, las circunstancias actuales no facilitan esa armonía y tranquilidad que deseas en todos los ámbitos de tu vida, pero sí puedes propiciar que algunos factores influyan positivamente en tu entorno.

Uno de ellos sería enfocarte dentro de lo que Steven Covey denominó círculo de influencia, es decir, aquello que depende de nosotros, de nuestras acciones. Sin duda, las preocupaciones pueden ocupar una parte importante de tu día a día, pero realizando un buen ejercicio de reflexión con cada una de ellas, lograrás centrarte en todo aquello que está en tu mano y descartar lo que queda fuera de tu control. ¿Cómo hacerlo? pregúntate: ¿qué puedo hacer ante esta situación? ¿depende de mí?

Céntrate en lo que estás haciendo

Otro aspecto esencial es el centrarte en lo que estás haciendo. No puedes estar en todo al mismo tiempo. Así que necesitas pararte un instante a pensar antes de actuar sin sentido. Ya sé que nuestro hijo es lo primero, ¡por supuesto!, pero ¿no crees que serás más efectiva si en el momento que te dedicas a él estás, cien por cien, realmente con él?

Es decir, has de estar presente y a lo que estás, despejando tu mente de aquello en lo que no te estás ocupando ahora. Si has organizado un horario para ayudar a tu hijo todas las mañanas, no pienses en el trabajo hasta que te pongas a ello. Procura mantener separados tu tiempo como madre de tu tiempo como mujer trabajadora (como si tuvieras tu oficina fuera de casa).

De igual modo, una vez que estás trabajando, debes mantener el foco en lo que estás haciendo, evitando todo tipo de distracciones: móvil, navegar por páginas webs porque te aburre lo que haces, ir a poner la lavadora cuando te has acordado. De igual modo, en la familia deben comprender que cuando es la hora de trabajar no estás disponible, a no ser que surja una urgencia, tipo «se está quemando la casa». ¡Establece límites!

Aprende a organizate de un modo efectivo

Te aconsejo, también, que pongas en práctica algún tipo de método de productividad / efectividad personal como pueden ser: Pomodoro, Time Boxing, Time Blocking o GTD (Getting Things Done), entre otros. En mi caso, llevo aplicando la metodología GTD desde hace unos meses y te puedo asegurar que el cambio en mi vida ha sido importante. Poniendo en práctica la efectividad personal, lograrás incorporar nuevos hábitos en el modo de organizarte, lo que te llevará a esa sensación de control que necesitas.

Es un bueno modo de cambiar de hábitos, algo que te servirá tanto para tu vida laboral como personal. Así que te animo a probar alguno de ellos. Estoy convencida que puede ser un primer paso para ¡sentir que puedes con todo!.

¿Cómo ha sido tu experiencia como madre-profesora y, a la vez, tener que trabajar en casa durante todo este tiempo?

Podcast: Cómo superar el Apego

Podcast: Cómo superar el Apego

En este nuevo episodio de Mujer en Positivo te hablo sobre el apego, Un estado emocional que podría definirse como una adicción que nos crea dependencia hacia el otro, de tal modo que sentimos la necesidad irremediable de que nos quieran.

Uno de sus efectos es la perdida del control y, sobre todo, del autorrespeto por nosotras mismas. Y es que buscamos la felicidad en la necesidad de que nos quieran pero sin percatarnos que, en realidad, lo único que nos provoca es angustia y tristeza por el miedo permanente a la perdida.

¡Si quieres saber más sobre este apego insano, escucha el nuevo episodio de mi podcast Mujer en Positivo!

También puedes acceder directamente pinchando en las siguientes plataformas:


Bienvenida al mundo online de tu hijo

Bienvenida al mundo online de tu hijo

Quién te iba a decir a ti que, en un par de meses, te ibas a convertir en profesora de tus hijos y, además, en toda una experta en conexiones virtuales online. Realmente, la vida está en constante movimiento y es imprevisible pero no me negarás que lo de este año no está siendo una prueba de fuego para todos.

Así que, como estoy convencida de que este desafío lo has conseguido superar –o lo estás intentando– te doy la bienvenida al mundo online de tu hijo que, seamos sinceras, hasta ahora era algo desconocido para ti.

Tiempo atrás escribí sobre la importancia de involucrarnos como padres en las nuevas tecnologías. En aquel post hablaba sobre lo necesario que es entender el idioma digital de nuestros hijos, comprender qué les aporta esa vida online y atreverse a perder el miedo o a vencer el rechazo de ese mundo desconocido para algunos adultos:

«Tenemos que dejar atrás el rechazo a lo tecnológico, conectando con el beneficio que nos aportará comprender el mundo en el cual se mueven nuestros hijos»

¡Francamente, no pensé que aquella reflexión iba a ser tan necesaria en estos tiempos que vivimos!

Pero hoy me gustaría hablarte más de sensaciones, de cómo te puedes llegar a sentir dentro de una realidad que, hasta ahora, no era a la que estabas acostumbrada. Ya sabes que salir de la zona de confort posibilita la creación de oportunidades en tu visión de futuro, ya sean en el ámbito personal, familiar, profesional…

Así que, gracias a este distanciamiento social y al hecho de que, de la noche a la mañana, te hayas tenido que convertir en mamá-profesora, tu mundo conocido ha pasado a otra categoría.

Quizá, si eres una mujer expatriada, el comunicarte con familiares o amigos a través de videollamadas no te haya pillado por sorpresa y sea lo más normal del mundo. En mi caso, que viví dos experiencias vitales fuera de mi país, no ha sido muy diferente.

Aunque sí me sorprende el entusiasmo que desprende la gente en redes sociales inmortalizando el momento del reencuentro virtual. Algo así como cuando el hombre primitivo descubrió «el fuego» pero trasladado a nuestro tiempo.

Con esto quiero decir que, cuando las circunstancias lo requieren, acabamos por adentrarnos en lugares dónde no sospechábamos nunca que íbamos a encontrarnos.

Y estos cambios, sin duda, generan una serie de emociones desagradables. Puedes sentir estrés, agobio, desánimo… Todo ocasionado por esta nueva «normalidad» que, en tu caso, se agrava con la complicada tarea de apoyar, asistir, mentorizar a tu hijo o hijos con sus clases y tareas virtuales.

«Este acercamiento a un mundo que nos parece tan alejado de nosotros, nos llevará a superar diferentes retos: para unos, el ver las nuevas tecnologías como una ayuda en nuestras vidas, para otros el lograr conectar con una juventud dejando de lado la mirada de la incomprensión»

Entiendo tus momentos de impotencia al verte superada ante la desmotivación de tu hijo/s.  Este nuevo sistema, al que ha tenido que hacer frente con respecto a sus estudios, no ha sido fácil para ambos.

Hacer comprender a tu pequeñín que no podrá volver al cole, que ahora tiene que estudiar y hacer los deberes en casa, que verá a su profesora a través del ordenador, es una tarea que posiblemente haya minado tu moral.

Para mi hijo, de trece años, tampoco fue un inicio fácil pero, poco a poco, fue organizándose y comprendiendo que tenía que cambiar su modo de hacer las cosas. ¡Tampoco me salvé de tener momentos de desesperación viendo el descontrol que tenía!

¿Qué hice para que todo fluyera en casa? Lo primero fue hablar con él, sentarme con serenidad y preguntarle cómo se sentía, qué dificultades tenía y cómo creía que podía solucionarlo. Aun siendo ya un joven, independiente en sus estudios, todavía necesitaba ese cambio de chip en su cabeza para darse cuenta que no eran unas vacaciones de verano, sino que ahora, su nueva realidad como estudiante era el estar pegado a la pantalla del ordenador y no precisamente para jugar.

En el caso de niños más pequeños, la situación es algo diferente porque no son conscientes de la magnitud del cambio. Para ellos, el estar sentados delante del ordenador viendo a su profesor/a y no poder jugar o el tener que hacer una serie de tareas semanales sin estar acompañado de sus amiguitos, les produce un estado emocional que no llegan a comprender.

Como padres, es en este momento que debemos hacer ver al niño que tiene obligaciones que cumplir, como las tienen papá y mamá. Intentaremos que exteriorice su sentir, que nos diga qué le preocupa, qué dificultades tiene, y para ello es importante compartir nuestros sentimientos y emociones. Transmitirle que nosotros también nos podemos sentir mal o confusos pero que estaremos a su lado, acompañándole y apoyándole.

«Cuando se trata de tus hijos, aspiras a mucho más que a la simple supervivencia. Tu objetivo principal es educarlo del tal modo que le permita progresar»

Daniel J. Siegel

Por tanto, hay que intentar disminuir ese nivel de frustración tanto en los padres como en los hijos. En ti, cuando intentas ayudar a tu hijo a organizarse y a gestionar sus emociones. Y a tu pequeñín cuando siente que toda su rutina escolar y social, se ha vuelto patas arriba.

¿Cómo gestionar esta frustración? Te daba algunas pistas en uno de los episodios de mi podcast Mujer en Positivo: «Consejos para tolerar mejor la frustración». Entre los consejos te comentaba que había que aceptar la situación, el pensar que solo podemos intentar hacer lo que está en nuestra mano. Y, también, que era necesario asumir que todo requiere algo de esfuerzo y que si no sale a la primera, debemos volver a intentarlo.

Ya sea tu hijo adolescente o tu hijo más pequeño, involucrarte tecnológicamente en todo lo que le rodea le aportará mayor seguridad y confianza, además de asegurarte una buena comunicación y comprensión a nivel familiar.

Estoy convencida de que, todo este cambio y nuevos conocimientos, te están ayudando a comprender un mundo al que antes no prestabas atención, básicamente, porque no te interesaba pero al que ahora le ves un sentido.

Habrás tenido que esforzarte, superar reticencias, miedos, ideas preconcebidas sobre algo que desconocías. Pero ¿no crees que ha valido la pena superar el reto de entrar en el mundo online de tu hijo?


Vuelve a tomar el control de tus motivaciones

Vuelve a tomar el control de tus motivaciones

Si hay algo que llevaba arrastrando desde que era jovencita era mi predisposición a perder el hilo de mis motivaciones. Picoteaba en muchas cosas, las empezaba con ilusión pero, pasado un tiempo, mi interés acababa por desinflarse.

Reflexionando sobre esta particularidad de mi existencia he llegado a la conclusión de que, un posible culpable de esta flojera motivacional, pudiera ser mi ferviente deseo de la inmediatez, es decir, las ganas por lograr las cosas de un modo rápido, de que la solución o desenlace de las situaciones no acaparasen mucho espacio de tiempo.

¿Y qué sucede cuando esto me pasa? Que, sencillamente, pierdo el control de mis motivaciones arrastrando el deseo inicial hacia un camino de desmotivación por no lograr mi objetivo en un periodo breve de tiempo.

Aunque para serte sincera, en estos momentos, mi situación es bastante diferente en lo que respecta al modo en cómo manejo este desenfoque. ¿Cuál es la gran diferencia? Sin duda, el aprender a conocerme.

El autoconocimiento me llegó por un camino que se inició a modo de crecimiento personal, transformándose, tiempo después, en un proyecto de futuro y convirtiéndose, finalmente, en mi realidad presente: trabajar como Coach Profesional.

Mi profesión me ha proporcionado herramientas para saber gestionar mi estado emocional, lo que me facilita, enormemente, el ser consciente de esos momentos en los que empieza a asomar, en mí, un afán por la inmediatez.

He aprendido a profundizar y a no quedarme en la superficie. ¿Qué quiero decir con esto? Que soy capaz de interpretar los mensajes que mis emociones me van enviando. Cuando siento que mi atención disminuye sobre algo que me ilusionaba, observo que, tras el trasfondo a esas ganas por finalizar o alcanzar algo, lo que hay es un posible cambio en mi «para qué».

Y te confieso que eso es algo que parece me está comenzando a suceder. Quizás la situación actual que estamos viviendo hace replantearme algunos de los objetivos que me había marcado al inicio de este año.

Porque no nos engañemos, está muy bien la idea de emprender, de volver a creer en tu aportación al mundo, en que ser mujer rondando los cincuenta no es un impedimento para creer que tus sueños se pueden hacer realidad. Pero el mundo gira, sigue su curso de un modo cambiante, y lo que hoy es blanco mañana puede ser negro.

«Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar»

Frederick Dodson

¿Qué hago para cambiar mi enfoque? Cuando me encuentro en una situación en la que me entran ganas de tirar la toalla por no ver unos resultados que cuadren con mi plan de acción, opto por parar. Y parar en sentido literal. Freno, desconecto, reflexiono y analizo qué ha fallado, en qué he acertado, por qué me siento así y qué significado tiene para mí.

Es importante hacerse estas preguntas para valorar y reajustar tus metas. Es, entonces, cuando deberías plantearte: esto que quería lograr, ¿es realmente lo que quiero ahora?

No es tiempo de recrearse en la queja y echarlo todo por la borda. Todo lo contrario. Si te identificas con mis palabras y con esta experiencia, ahora más que nunca, te invito a que despiertes tus sueños dormidos, a que vuelvas a tomar el control de tus motivaciones, a que reajustes tus objetivos.

Sola o con la ayuda de un coach, cambiar la atención de tus pensamientos es fundamental. ¿Y para qué? Para que tu cerebro vaya, poco a poco, generando una respuesta más apropiada a un estado anímico positivo y a una actitud más proactiva.

Quizás algo haya cambiado en ti y lo que antes tenía un significado claro porque te aportaba ilusión por alcanzarlo, ahora ya no te crea expectación. Una buena manera de identificar, cómo de importante es para ti ese objetivo, sería reflexionar sobre tu “para qué” ¿Para qué quieres alcanzarlo? Con la respuesta que obtengas sabrás si tu motivación ha girado de rumbo.

¿Qué sucede cuando ya no está ese compromiso con aquello que hace nada te apasionaba? Que tu estado emocional cambia. Aparece la inseguridad porque sientes que has perdido el control de tus intereses, de un camino que iba por una línea recta y que ahora ves que se desvía.

Y no pasa nada, tranquila, yo también me he encontrado en tu misma situación y he vuelto a retomar el control de mis motivaciones. Piensa que es sano replantearse objetivos marcados, saber si vas por buen camino, analizar el plan de acción hacia tu meta de vez en cuando.

Pregúntate: ¿Qué es diferente ahora? ¿Qué crees que has hecho y/o no has hecho para lograr tu objetivo?

Son cambios normales provocados por las circunstancias de la vida, por nuevas experiencias, por nuevas personas que han entrado en tu vida. Algo desconocido se despertó en ti y ha hecho que surgieran nuevas inquietudes. ¿No es maravilloso observar lo imprevisible de la vida?

Nada permanece, ni la vida misma que se encuentra en continuo movimiento. Así que no te desanimes si tu plan no ha resultado, lo importante es tener muchos más planes por descubrir. Si te empeñas en continuar en línea recta por ser el único camino que te marca tu gps, ten por seguro que el resultado final será algo parecido a la frustración, la desgana y la infelicidad.

«Ni toda la motivación del mundo podrá ayudarte si sigues intentando salir por una ventana cerrada»

Anthony Robbins

¿Qué te parece si vuelves a tomar el control de tus motivaciones y empiezas a marcar un nuevo rumbo en tu vida? ¡Estoy convencida de que algo apasionante está ahí fuera esperando a que lo descubras!

Como Coach, estaré encantada de acompañarte en este apasionante viaje ¿Te animas?

Y todo cambió con esta maldita pandemia

Y todo cambió con esta maldita pandemia

Me siento extraña en un mundo extraño. Me gusta el silencio, la tranquilidad, huir de aglomeraciones, pero este silencio… no es el de siempre. No se oyen la risas de los niños jugando en el parque, ni las voces estridentes en las terrazas de los bares, ya no hay pitadas de claxon por las carreteras con los atascos mañaneros, ni el barullo de jóvenes saliendo del instituto… solo queda una ciudad vacía…

Ya nada es igual y es que todo cambió con esta maldita pandemia. Nuestras vidas, nuestros hábitos y costumbres, nuestras sonidos de siempre, nuestros abrazos, nuestros besos… Querer hacer tantas cosas y no poder hacer nada…

Miro por la pequeña ventana de mi despacho y añoro al jardinero que cada lunes, puntualmente, se dedicaba a podar el seto del vecino. ¡Hasta ese infernal ruido lo echo de menos!

Cuántas cosas me faltan… ver a la familia, dar abrazos y besos, pasear por la orilla del mar, perderme por la montaña, cruzarme con cualquier desconocido… lo que daría por estar rodeada de gente. Yo, que odio las aglomeraciones, que me sobrepasan e irritan… quizás en otros tiempos o quizás hasta eso cambió.

Y extraño sentir a mi alrededor a esa gente que iba y venía apresuradamente, con su mirada engullida en el móvil, inmersa en su propia individualidad… desconocidos… pero caray, ¡cómo los extraño!

Quiero ver vida, sentirme libre con la tranquilidad de que todo pasa sin más. Quiero bajarme de este tren, de esta montaña rusa emocional a la que me he subido sin darme cuenta y deshacerme de esta sensación de tristeza, incertidumbre y pesadez que sobrevuela el aire, el ambiente de las ciudades, la mirada de las personas que pacientemente guardan cola para entrar a comprar.

«La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos»

Oscar Wilde

Volveremos a pasear, a ver el mar, a cruzarnos con el chico del running cada mañana, a jugar en los parques, a ir de tapeo a nuestro bar favorito, a achuchar sin compasión a amistades y seres queridos… Queda menos, ya queda menos ¿lo sientes también?

Desde que todo cambió estamos aprendiendo a valorar lo cotidiano, a sentir que vale la pena el esfuerzo de todos y, como no, el que está en nuestra mano. Pero también, debemos aprender a mirar en nuestro interior y a mostrar nuestra vulnerabilidad, nuestras emociones.

¿No crees que es buen momento para conocernos mejor? ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Qué no deseamos? ¿Qué necesitamos cambiar? Hace poco, le comentaba a una buena amiga que ahora necesitaba tomarme un café conmigo misma y reflexionar sobre mis objetivos, sobre algunos “para qué”, los cuales siento que van a ir tomando otro camino.

Y ahora, más que nunca, necesito estar en mi rincón de silencio para pensar y poner en orden ideas. Pero no puedo… así que toca ir en busca de ese lugar perfecto en mi espacio de “confinamiento”, dónde pueda sentir que me aíslo del mundo, de lo que me rodea.

Poner en orden ideas y pensamientos, algo sano por cierto y que te recomiendo para lograr una buena salud emocional. Nunca me he alegrado tanto de aprender a gestionar mis emociones gracias a los recursos que el coaching me ha aportado.

Porque soy (o intento ser) consciente del porqué aparecen ahora sentimientos de un modo más intenso, de cuáles son esos pensamientos que están siendo recurrentes dentro de mi cabeza y que dan vueltas por mi mente de un modo constante y martilleante.

«Nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos!»

Viktor E. Frankl

Difícil intentar desconectar de ciertas situaciones que te rompen por dentro… pensar en no poder despedirte de un ser querido si llega su final, en la soledad de quienes están aislados en una fría habitación de hospital, en aquellos que no saben si sus vidas volverán a ser las que eran antes de todo esto…

Todo cambió con esta maldita pandemia y pretender ser la misma persona, sin que un ápice de todo este sentimiento flotando en el ambiente haya tocado algo dentro de nosotros, es prácticamente imposible.

Este es un post escrito desde la honestidad y la sinceridad, algo caótico, sin pensar, tal cual surge en el momento. Pero me apetecía escribirlo porque quizás no vuelva a querer acercarme a este tema más… y es que siento la necesidad de un cambio de perspectiva para afrontar el futuro con la mejor actitud posible, sin recaer en lamentaciones.

Vendrán tiempo mejores, sin duda, y con ellos volveremos a sentir la brisa del mar y el calor del sol mientras permanecemos tumbados sobre la arena de la playa en nuestra toalla de siempre y a caminar por senderos y a estirarnos de los pelos porque nuestro hijo quiere quedarse cinco minutos más en el parque.

Vendrán… seguro que vendrán…

Me gustaría aprovechar, ahora que me estás leyendo, para enviarte un abrazo sincero, y ánimos, muchos ánimos. Me encantaría saber de ti, leerte en los comentarios o, si lo prefieres, a través de un mensaje de email y saber cómo te sientes ¿Te animas a compartir?