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No he hecho nada y me siento agotada

No he hecho nada y me siento agotada

«No he hecho nada y me siento agotada». Durante muchos años esta frase casi se convirtió en mi mantra.

No comprendía por qué tenía días en los que no podía seguir el ritmo de las otras personas, aún sin haber realizado nada especial que me pudiera agotar. Y no te hablo solo de algo físico sino, también, de un nivel de energía mental.

Una sensación que me llenaba de frustración porque, en ocasiones, me hacía sentir menos que los demás. Para un día bueno que tenía había muchos en los que no llegaba a todo lo que pretendía, quedándome un montón de tareas por hacer sin ser capaz de seguir aunque quisiera.

Y eso mina la moral de cualquiera, claro. Empiezas a darle vueltas y a maldecir el por qué eres así, creyendo que tu dificultad de concentración, de ser productiva o de predisposición a actuar está causada por un bajo nivel de compromiso y esfuerzo.

Si a esta creencia le unimos una tendencia al perfeccionismo, te puedes imaginar el galimatías interior que podía tener. No me gusta hacer las cosas de cualquier manera y el recrearme en llegar al punto ideal de cómo quiero que esté lo que hago, me lleva al agotamiento.

Es el pez que se muerde la cola. Quiero seguir hasta que esté como yo quiero, pero este perfeccionismo acaba por hacer que me sienta agotada, con lo que por mucho que desee continuar, mi energía dice «stop».

Con los años fui aprendiendo a lidiar con estos cambios de ritmo y cansancio, tanto mentales como físicos. Y fue gracias a apoyarme en el autoconocimiento que logré gestionar el modo en como me veía, dejando de compararme y aceptando que no había nada malo en mí sino que esos eran mis ritmos.

Y todo sin saber todavía que era una persona altamente sensible. Cuando supe de mi rasgo PAS, empecé a conectar todas esas situaciones con las que había convivido toda mi vida y que me hacían sentir diferente dentro de un mundo de «normalidad».

Esta consciencia de saber que era una persona altamente sensible me permitió profundizar en el modo en cómo podía disfrutar de mi modo de experimentar el mundo, ahora sí, de un modo más amable y sin rechazo.

Qué hago para salir de este agotamiento

Uno de los enemigos de las personas altamente sensibles es llegar a este agotamiento y la dificultad para salir de él, ya que no siempre se es consciente de qué es lo que se ha hecho o experimentado para acabar cansada.

Esta bajada de energía viene dada por el efecto que nos produce la sobreestimulación y que experimentamos con ciertas situaciones, personas, lugares, emociones o pensamientos.

Al poseer un sistema neurosensorial más desarrollado que las personas no PAS, captamos un gran volumen de estímulos externos e internos lo que hace que nos sobreactivemos. Y esta sobreactivación, si no sabemos identificarla ni gestionarla, será la que nos reste energía y haga que sintamos estresadas y agotadas.

Es por ello que siempre insisto en la importancia del autoconocimiento y, en especial, para las personas altamente sensibles. El ser consciente de todo lo que supone tener este rasgo ayuda a que una pueda vivir, de un modo más armónico y amable, su alta sensibilidad.

Así que, conociendo lo que mejor se adapta a mi ritmo PAS, procuro no forzar la “máquina”, es decir, no hacer más de lo que sé que mi energía puede dar y asumir e integrar, de un modo amable, los efectos tras exponerme a un lugar o situación que me sature.

Pero también, hay momentos en los que no te das cuenta de que estás inmersa en un proceso de sobreactivación Por ejemplo, cuando estás pasándotelo bien con tus amigas en una cena y no aprecias el volumen del ruido a tu alrededor. Solo te das cuenta cuando tu cuerpo hace un clic y te “avisa” de que te estás sobrecargando: dolor de cabeza, querer estar a solas, pérdida de concentración, etc.

En mi caso, lo que hago para salir de ese agotamiento, es prestar atención a las señales que me da mi cuerpo. En mi caso, cuando empiezo a sentir dolor de cabeza o tengo dificultad en concentrarme y prestar atención, sé que mi energía va a comenzar a agotarse.

Así que me doy lo que necesito en ese momento. Puede ser un pequeño descanso, estar a solas unos minutos, meditar, hacer ejercicio o, simplemente, tomarme una bebida fresquita en verano o caliente en invierno.

Herramientas y pautas que me ayudaron a dejar de sentirme siempre tan cansada

Sin duda, el autoconocimiento fue lo que más me ha ayudado a reconocer lo que realmente me cansa y, así, poder proteger mi energía.

Es importante que seas consciente de tu día a día, es decir, de qué haces, cómo lo haces y cómo te sientes haciéndolo. Se trata de que escuches a tu cuerpo de un modo más profundo y sepas bajar el ritmo en un momento dado, dejar de hacer una actividad o alejarte de ciertos lugares o personas.

Algo que me resultó útil para reconocer cuando me sentía agotada, fue realizar una especie de diario semanal anotando los momentos en los que experimentaba este cansancio.

Con este ejercicio que te propongo, deberás reflexionar sobre aquello que hiciste o dónde estuviste o con quién te relacionaste y pensar, después, si te sentiste saturada o agobiada en alguno de esos momentos.

El descanso es fundamental para lograr rebajar tu cansancio. Date permiso para “parar”, sin remordimientos. Piensa en que no es un capricho sino una necesidad que tu cuerpo y tu sistema neurosensorial como persona altamente sensible, te reclama.

Decir «no» a compromisos que no me apetecen ha sido una gran liberación. La verdad es que era algo que ya practicaba antes de saber que era PAS. Aprender a ser asertiva es una parte importante para tu autoestima e, indudablemente, para convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute y la libertad.

Cuidarse es fundamental para logar gestionar tu energía así que, sabiendo lo que te agota, podrás decidir qué hacer para gestionarlo.

Se trata de darte lo que necesitas para convivir de un modo saludable con tu alta sensibilidad, desde el respeto hacia ti misma y hacia tu forma de experimentar el mundo.

Si este artículo ha resonado contigo, es posible que seas una persona altamente sensible. Así que te animo a indagar más sobre el tema y tomar consciencia de todo lo que significa convivir con este rasgo.

Y si necesitas ayuda para gestionar tu rasgo PAS de un modo más amable, te invito a descubrir y reconocer tu alta sensibilidad, desde el autoconocimiento, con mi Sesión de Coaching 1 a 1: «DESCUBRE Y CONECTA CON TU ALTA SENSIBILIDAD«.

Cuéntame ¿Cómo gestionas tus momentos de agotamiento? ¡Te leo!

Cuando descubres que eres Altamente Sensible y no un bicho raro

Cuando descubres que eres Altamente Sensible y no un bicho raro

Si hay una emoción que describe a la perfección el momento en el que descubres que eres una persona Altamente Sensible es, sin duda alguna, la de alivio.

Alivio porque, por fin, te has quitado esa pesada mochila que llevabas arrastrando toda tu vida: la de no saber por qué tu forma de sentir, de emocionarte, de percibir todo lo que te rodea hasta el más mínimo detalle podía ser tan diferente al resto.

Cuando descubres tu alta sensibilidad te das cuenta de que ya no estás sola, de que tu particular manera de experimentar la realidad coincide con otras muchas personas.

No te voy a negar que siempre he tenido la sensación de que, mi forma de ser y estar en el mundo, no encajaba muy bien con el estándar de una sociedad que –por regla general– ve con mejores ojos a personas extrovertidas, muy comunicativas, con facilidad para hacer amigos allá donde van o que se muestran cómodas bajo la presión de la competitividad.

Y cuando ves que todas esas etiquetas no te representan, o no te identificas con ellas, acabas viviendo con la eterna sensación de que eres «un bicho raro» y que tienes un problema que debes solucionar para intentar ser como los demás.

Así que, puedes resolverlo de dos maneras. No haciendo caso a lo que piensen los demás, manteniéndote fiel a tu esencia, es decir, a tu particular manera de sentir el mundo o decides que lo mejor es tragarte tus «manías». Opción, que confieso, escogí yo.

Asumí que «lo correcto» –para no desentonar en mi entorno– era salir de fiesta aunque me saturara; hacerme la fuerte, bloqueando mis emociones para no sufrir y mostrarme vulnerable; o intentar disfrutar de conversaciones superficiales aunque me resultaran tremendamente aburridas.

Pero esta negación de esa parte de mi, no solo hizo que «no fuese como los demás», sino que se convirtió en un actuar por el mundo distinto al modo en cómo yo lo interpretaba, lo sentía y lo percibía.

Y el resultado final es que acabas comparándote con los otros, creyendo que nunca podrás estar “a la altura” y logrando, en algunos casos, que tu autoestima se desmorone. Te ves caminando por la vida sin comprender por qué eres así, sintiendo que tu forma de ser te hace valer menos que los demás.

Hasta que un día todo cobra sentido y descubres que no eres un bicho raro. Te das cuenta de que, todo lo que considerabas extraño y peculiar en ti, forma parte de tu personalidad: la de una Persona Altamente Sensible (PAS).

Qué significa ser una persona con alta sensibilidad

La Alta Sensibilidad, descubierta por la psicóloga Elaine Aron, es un rasgo hereditario que se da entre el 15%-20% de la población y en igual medida entre hombres y mujeres.

Por lo tanto, no se debe hablar de trastorno ni de enfermedad sino de una característica del procesamiento sensorial que ciertas personas poseen. Personas que, en un alto porcentaje, tienden a ser introvertidas aunque también encontramos PAS extrovertidas.

En sus estudios, Elaine Aron menciona que las Personas Altamente Sensibles –PAS– nacen con un sistema nervioso que les permite percibir y procesar los estímulos internos y externos de un modo más intenso que las demás.

Pero no por ser extremadamente sensible puedes ser considerada PAS. Para saber si posees este rasgo de personalidad tienes que cumplir, sin excepción, estas cuatro características:

  • Tener una alta capacidad de atención y consciencia de todo lo que te rodea, procesando la información de un modo más profundo (darle vueltas a las cosas, excesivo diálogo interior, etc.)
  • Tener una gran emocionalidad y empatía, experimentando las emociones –ya sean negativas como positivas– más intensamente. Asimismo, las PAS tienen una gran capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona hasta el punto que pueden asumir las emociones ajenas como suyas propias.
  • Tendencia a la sobreestimulación provocada por la capacidad de absorber un exceso de información y reflexionar profundamente sobre sus propias experiencias.
  • Gran sensibilidad para las sutilizas lo que las hace capaces de percibir hasta el mínimo detalle de los estímulos recibidos a través de sus sentidos.

“La única forma de llegar a tolerar e incluso a disfrutar del hecho de estar en el mundo es estando en el mundo”

Elaine Aron

Quizás ya te identificaras con este rasgo o puede que sea la primera vez que oyes hablar de él y te hayas sentido identificada y aliviada por saber que no estás sola y que toda una vida de incomprensión ahora tiene respuestas.

Lo que está claro, es que cuando descubres que eres PAS, logras poner luz a tu pasado y a tu presente, completar el puzle con esas piezas sueltas que tanto te descolocaban. Y, sobre todo, empiezas a disfrutar de tu verdadero sentir, de tu modo especial de experimentar el mundo.

Recuerdo que, en mi caso, fue como encender una chispa. De repente se fueron iluminando experiencias, sentimientos, acciones que había realizado a lo largo de mi trayectoria vital y que me costaban entender.

Como la conexión tan intensa que tengo con las emociones de los demás, en especial, con personas que son importantes para mí o con situaciones externas de alta carga emocional. Algo que me descolocaba hasta que supe de mi rasgo PAS.

O esa necesidad de desaparecer, de alejarme de todo, para aislarme en mi rinconcito de soledad, aunque solo sea por unos instantes, para calmar mis momentos de saturación ya sea emocional o por estímulos que me activan de un modo negativo (demasiado ruido, excesiva gente a mi alrededor, etc) .

Como ves, no estás sola. Hay muchas personas que tienen tu misma forma de experimentar el mundo, de sentir con toda la intensidad posible, de percibir hasta el mínimo detalle, de necesitar momentos de soledad para evadirse de la saturación en el ambiente, de reflexionar hasta la saciedad dando vueltas a ese pensamiento rumiante que no para de saltar de idea en idea.

Estoy convencida de que, descubrir tu alta sensibilidad, te ayudará a resolver tu rompecabezas particular y colocar con claridad todas esas piezas sueltas que, hasta ahora, no sabías encajar. Será como un despertar en el que todo cobrará sentido.

Palabra de PAS 😉

Es tu turno. ¿Conocías el rasgo de la alta sensibilidad? ¿Qué sentiste cuando descubriste que eras una persona Altamente Sensibilidad? ¡Te leo en los comentarios!

Mejora tu autoestima viviendo conscientemente

Mejora tu autoestima viviendo conscientemente

Transitar por la vida sin percibir el presente, sin estar viviendo conscientemente, es, por desgracia, algo común en estos tiempos en los que prima la inmediatez. Deambulamos bajo un abanico inmenso de estímulos que nos hace desviar y alejar nuestra atención de lo minúsculo, de lo imperceptible, de lo que vive en nuestro interior.

Y así pasamos la vida, sin apenas darnos cuenta de nuestros aciertos, de nuestros errores, de nuestras alegrías y nuestras penas, de lo que nos reconforta o de lo que nos debilita, de lo que nos produce temor o de lo que nos motiva a ir hacia delante, de lo que nos hace felices o nos consume la autoestima.

Qué significa estar viviendo conscientemente

Para Nathaniel Branden, sentir que estas viviendo conscientemente es el primer pilar que compone la autoestima y, por tanto, el mejor camino para mejorarla.

Y ¿por qué es tan importe? Porque significa ser responsable y ser consciente de los hechos de la realidad, es decir, tanto de los hechos de nuestro mundo interior –las emociones, deseos y necesidades– como los del mundo exterior.

Advertir que tu autoestima no está en su mejor momento no es tan obvio. Durante la época en la que me sentía sin ánimos para nada, en la que no creía en mí y en la que transitaba una tristeza permanente, no era capaz de saber porqué me encontraba así. Me daba cuenta de que algo no funcionaba bien dentro de mí, pero no era consciente de qué era lo que generaba ese malestar.

Gracias al autoconocimiento, pude aprender a reconocer qué estaba fallando, qué necesidades estaban insatisfechas, qué temía de esa realidad que no quería mirar y que me perjudicaba e impedía mejorar mi autoestima.

Durante un tiempo, una va tapando los agujeros de esa falta de seguridad y valoración por una misma, sin reconocer lo que sucede, simulando o escondiendo el verdadero conflicto interior. ¿Y cómo? pues no dejando salir a la luz las verdaderas emociones y sentimientos, simulando que esa inestabilidad interior no existe o es pasajera.

Estar viviendo como si esa realidad no existiera porque te incomoda provoca que te ancles a un pasado para revivir sentimientos y experiencias reconfortantes que te ayuden a sentirte mejor y, así, evadirte de esta realidad que no te gusta.

Tu solución, a este desánimo vital, acaba siendo la de permanecer en un pasado que te impide ser consciente de cómo estás viviendo tu presente.

“Conectar tanto con el pasado nos limita a conectar con el presente”

Alex Rovira

Alex Rovira define la felicidad como “la calidad del instante”. Y no puedo estar más de acuerdo con él. Alejarnos del aquí y ahora es, únicamente, la huida de tu propio presente, huir de emociones o sentimientos a los que no quieres enfrentarte, en definitiva, la negación de una realidad que te provoca dolor.

El no estar viviendo conscientemente el mundo que te rodea, el avanzar por la vida sin darte cuenta de cómo lo haces, de las decisiones que tomas, de los errores que cometes, de los aciertos y aprendizajes que incorporas, acaba provocando que no seas capaz de valorarte, de actuar alineada a tu propósito y deseos verdaderos.

En definitiva, colaboras a que tu autoestima permanezca en lo más bajo del escalón.

Algunas prácticas que debes incorporar en ti para vivir conscientemente

Para dejarse sorprender hay que ser consciente de dónde estás, reconocer lo que existe y lo que no existe dentro y fuera de ti, sin negaciones. Para Nathaniel Branden esto significa que, no solo tienes que ver y conocer, sino que debes actuar sobre lo que ves y conoces sin traicionar a tu consciencia desviando tu mirada.

“La alegría está cuando nos dejamos sorprender por el momento presente”

Alex Rovira

Se trata de no ir en «modo automático» por la vida sino tomarte las pausas necesarias para reflexionar sobre qué haces, para qué lo haces y cómo afecta a tus relaciones y a ti misma.

Es imprescindible que vayas construyendo, entorno al modo en cómo te mueves en el mundo, una serie de conductas concretas. Estas conductas serán las que te lleven a sentir todos los beneficios de vivir conscientemente y, por tanto, a mejorar tu autoestima y llevarla a lo más alto.

Te aseguro, que aprender a percibir con todos los sentidos la realidad interior y exterior, es algo absolutamente enriquecedor, aunque haya momentos en los que no te guste lo que asoma.

A continuación comparto contigo algunas prácticas –propuestas por Nathaniel Branden– que debes incorporar en ti, para que logres vivir conscientemente y poder mejorar tu autoestima:

1. Una mente que está activa en lugar de pasiva → Ser responsable de lo que piensas y decides, ser consciente de quién eres, de tus necesidades y de tu propia felicidad, sin ser impuesta por los demás.

2. Una inteligencia que disfruta aprendiendo a conocerse → Tener la curiosidad de descubrir quién eres, sin miedos y sin negaciones. Se trata de disfrutar del camino del autoconocimiento, de todos los detalles que van asomando a medida que miras en tu interior, lo que te aportará mayor seguridad en ti misma.

3. Estar en el momento presente → Estar con los cinco sentidos sin distracciones en lo que estás haciendo o, como dice Branden: «hacer lo que estoy haciendo mientras lo estoy haciendo».

4. Salir al encuentro de los hechos importantes en lugar de huir de ellos → Es decir, tener la curiosidad por conocer todo aquello que te aporta o te aportará, estar con los ojos abiertos a las nuevas oportunidades que la vida te pueda presentar e ir a por ellas.

5. Preocuparse de distinguir los hechos de las interpretaciones y de las emociones → Se trata de estar dispuesta a percibir la realidad desde otros puntos de vista y desde otros modos de sentir diferentes al propio. Es decir, preocuparse por lo que realmente piensa y siente la otra persona y no «imaginarlo», bajo tu propio esquema mental.

6. Percibir y enfrentarme a mis impulsos para evitar o negar las realidades dolorosas o amenazantes → Cuando algo nos da miedo o nos produce dolor, solemos dar la espalda y no reconocerlo. Es una manera de evitar estas emociones incómodas. Debes ser sincera y honesta contigo misma y reconocer aquello que quieres ocultar y porqué lo haces. Solo así, podrás afrontarlo y aceptar tus propias emociones.

7. Interesarse por conocer «dónde estoy» en relación a mis metas y proyectos y a si estoy fracasando o triunfando → Vivir conscientemente es saber qué te acerca o qué te aleja de aquello que quieres conseguir, reconocer qué es lo que estás haciendo o lo que te está limitando a lograr tus metas y deseos.

8. Interesarse por conocer si mis acciones están en sintonía con mis propósitos → Ser consciente de si las acciones que realizas te están llevando a tus objetivos o necesitas replantear los pasos que estás dando.

9. Preservar en el intento de comprender a pesar de las dificultades → Hay que comprender cuáles fueron las dificultades y no dejarse llevar por el desánimo cuando algo sale mal y abandonarlo sin más. Volver a intentarlo, pero con la seguridad de que tienes diferentes opciones para escoger.

10. Estar dispuesto a ver y a corregir los errores → Salir de tu mapa mental y reconocer que no siempre tienes razón.

11. Interesarse por comprender el mundo que nos rodea → Significa ser curiosa, tener inquietud por conocer más allá de lo que te rodea.

12. Interesarse por conocer no sólo la realidad exterior sino también la realidad interior: mis necesidades, sentimientos, aspiraciones → Se trata de mirar dentro de ti, de percibir todo aquello que te hace sentir, tus necesidades, lo que te mueve.

¿No te parece maravillo y lleno de beneficios vivir conscientemente? ¿Cuáles te estas prácticas estás incorporando en tu vida?

Respetarse a una misma como parte fundamental de una sana autoestima

Respetarse a una misma como parte fundamental de una sana autoestima

Si hay algo que he aprendido a lo largo de mi vida es que, respetarse a una misma, es parte fundamental para mantener una sana autoestima.

Porque sin este autorrespeto, sin esta dignidad que debemos otorgarnos siendo conscientes de lo que representa para nosotros, difícilmente podremos sentirnos felices.

Trabajar la autoestima no significa, únicamente, dedicarte frases bonitas y motivantes hacia ti, sino que necesitas mantener un equilibrio satisfactorio en todas las partes que la construye: autoconcepto, autorrespeto, autoimagen, autoaceptación, autoevaluación y autoconocimiento.

Qué sucede cuando no te respetas a ti misma

Como ves, una de esas partes que componen la autoestima es el respetarse a una misma. Fundamental para poder valorarte positivamente y sentir seguridad en ti misma.

Porque, en el momento en que no te sientes digna de lo que te mereces –crees que eres menos que los demás– cualquier acción que intentes para mejorar tu bienestar emocional lo sabotearás. Es decir, si no crees que eres merecedora de tu felicidad no harás nada para conseguirla.

¿Y a qué te lleva el no actuar? Pues a no ser dueña de tu vida, a sufrir, a vivir a remolque de la necesidad de conseguir y mantener el afecto de otra persona mostrándote, continuamente, valiosa e imprescindible para los demás.

El no respetarse a una misma provoca que una se sumerja en un laberinto del que no contempla salir, básicamente, porque no se es consciente de que está perdida en él. Toda gira en torno a la creencia de que la felicidad te la proporcionan los otros.

Una creencia que irá minando tu autoestima. No te crees capaz de ser feliz por ti misma, sino que sobrevaloras las necesidades de los otros en detrimento de las tuyas.

Así se llega a una adicción por querer recibir el mismo trato, “de generosidad sin condiciones”, que estás dando porque, tú, como persona extremadamente “buena, altruista, atenta”, estás dispuesta a no quererte por querer a los demás.

Te conviertes en un “mendigo emocional” a quién, el miedo por perder el aprecio y el cariño de la otra persona, le hace olvidar el respeto por si mismo, su amor propio.

Organizas tu vida en función de las expectativas de valoración que depositas en la otra persona. Actúas esperando una reacción desmedida de afecto o de reconocimiento por “tu buena obra” porque crees, en lo más profundo, que los demás te necesitan. Y cuando esas expectativas acaban por no cumplirse te hundes un poquito más en tu –ya débil– autoestima.

Yo también dejé de respetarme  

Te comentaba al inicio de este post que, si algo había aprendido en experiencias pasadas, había sido la importancia de respetarme. Comprendí que, sin este respeto, no podía sentirme ni valiosa, ni reconocer mis fortalezas, ni creer en mí. En definitiva, no podía reconstruir mi autoestima.

Fue durante el tiempo que viví fuera de mi país, dónde experimenté una verdadera montaña rusa emocional. Nada extraña para quién recién inicia una nueva vida en otro lugar: estar lejos de tus seres queridos, de todo lo que conoces, de tus amistades, hacerte a nuevas costumbres, al idioma, la adaptación al país tanto tuya como la de tu hijo…

Mil aspectos que, reconozco, influyeron en mi estado anímico y que me adentraron en una oscura cueva. No sabía lo que me pasaba, no comprendía por qué sentía las emociones de un modo tan intenso, algo de lo que ahora soy mucho más consciente gracias al autoconocimiento y, recientemente, al descubrir mi rasgo de persona altamente sensible.

Y la forma de escapar a mis miedos, a mi débil autoestima, fue anclarme a una amistad que surgió de un modo casual.

Exceso de atenciones, de querer ayudar y ser necesaria, de esperar la misma respuesta desinflándome al no cumplirse mis expectativa. Así que lo que comenzó como algo muy bonito y sincero acabó siendo un sufrimiento y un mendigar emocional por mi parte.

Por suerte, toda esta experiencia me sirvió de aprendizaje y supe valorar mucho más lo que tenía en mi vida, a quienes la conformaban y disfrutar, de un modo sano, amistades posteriores que llegaron a mi vida.

Cómo volver a respetarte y fortalecer tu autoestima

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no es verdad. Lo que cura es el autoconocimiento, el aprender a ser consciente del para qué de nuestras acciones, el comprender qué creencias tenemos que nos hace desviarnos de nuestros valores, de nuestra esencia, de todo aquello que conforma lo que somos realmente.

Un autoconocimiento que, en mi caso, logré gracias al coaching. Pude adquirir herramientas con las que poder observarme, reflexionar y descubrir qué era aquello que faltaba en mi autoestima para que un día dejara de respetarme.

Porque respetarse a una misma requiere de valentía para superar miedos y creencias. Afrontar la certeza de que tu visión de la realidad no tiene por qué ser la única válida para tu bienestar emocional.

También supone aceptar que la soledad forma parte de ti. Que la atención que tanto reclamas te la debes dar tú misma. Que nunca serás realmente feliz si no aprendes a vivir sola contigo misma. Debes conocerte en soledad, regalarte y dedicarte períodos a solas, desconectada del móvil, de tu entorno.

“Una persona que no sabe ser feliz por sí misma en soledad es un auténtico peligro social”

Gerardo Schemedling

Necesitas aprender a ser independiente emocionalmente, comprender que la felicidad no te la proporcionan los demás sino tú misma cuando actúas bajo tus propios valores y convicciones.

Una relación ha de ser saludable, es decir, sentir que estas en libertad a la hora de dar, pero también a la hora de recibir. ¿Cómo puedes sentirte libre si necesitas a alguien para alimentar tu felicidad?

Piensa en el presente, en lo que tienes, en lo que has conseguido por ti misma. Piensa lo que te aporta todo aquello que tienes a tu alrededor, en que el amor nace sin la necesidad de dar y sin esperar nada a cambio, de respetar y ser respetado.

El autocuidado es básico para que puedas sentirte bien con quién eres. Por que para respetarte tienes que sentir que te quieres, que tú eres la primera de la lista cuando necesites tiempo para ti. Cuidar de ti es regalarte momentos de desconexión, momentos de estar presente.

Y esta desconexión te será útil para ser consciente de que tu propia compañía es suficiente para desenvolverte en el mundo. Nadie mejor que tú para tomar las riendas de su vida.

Aprende a decir no.  Como expliqué en mi anterior post, aprender a ser asertiva te ayudará a marcar unos límites entre tus deseos y lo que quieren de ti los demás. Es tu responsabilidad ceder o no antes las peticiones de otras personas.

Acepta los cumplidos, los elogios. Créete las cosas buenas que dicen de ti. Puedes realizar un ejercicio que te servirá para ponerlo en práctica. Pide a algunos amigos que te escriban una lista de cinco cosas buenas de ti. ¡Te sorprenderás de como te ven los demás y de cómo te valoran!

Respetarse a una misma significa buscar tu propia libertad y dejar que los demás disfruten de la suya.

Tienes que ser capaz de crear tu mundo, tu vida, poniendo límites y sin depender de nada ni de nadie, solo y únicamente de ti. Aprender a vivir en soledad, conociéndote y disfrutando de ti, valorándote para, poco a poco, ir elevando tu autoestima.

El camino no es fácil y si sientes que necesitas a alguien que te guíe en este viaje de transformación, me encantará ayudarte con mi programa de coaching Despierta tu Autoestima.

Por mi propia experiencia y la de mis clientes, sé lo poderoso que es el coaching como herramienta de autoconocimiento y transformación personal así que no dudes en ponerte en contacto conmigo si te surge alguna duda.  

Ahora que ya sabes que, respetarse a una misma es parte fundamental para que tu autoestima esté en lo más alto, ¿de qué modo te sientes identificada con lo que he compartido contigo? ¡Te leo en los comentarios!

Aprende a ser una persona asertiva en tu día a día

Aprende a ser una persona asertiva en tu día a día

Cuántas veces nos empeñamos en desatender a nuestra voluntad por no atrevernos a decir un simple no, por no saber poner unos límites ante las peticiones de los demás, en definitiva, por no ser una persona asertiva.

Ya sea por miedo al qué dirán, o por temor a que la otra persona se enfade o, simplemente, por actuar en función de lo que se espera de nosotras, el resultado final es el de alejarnos de nuestros deseos e intereses.

Es decir, si no comunicas de una forma asertiva en tu día a día, si vas en contra de lo que realmente quieres y piensas, estarás creando un conflicto interior que, sostenido en el tiempo, acabará por generarte un sentimiento de infelicidad y frustración.

¿Qué es la asertividad?

Olga Castanyer define la asertividad como “la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”

Dicho de otro modo, es una de las habilidades sociales que más nos aportan en nuestra vida y carecer de ella en su totalidad, puede llevarnos a un nivel de baja autoestima al sentirnos indefensos ante la voluntad de los demás.

Si eres una persona que practica la asertividad significará que estarás comunicando y expresando tus deseos, opiniones y sentimientos a otra persona con respeto, empatía y convicción.  Es decir, que sabes:

  • Decir “no” y mantenerte firme en tu postura, dando una explicación lógica y mostrando comprensión hacia las demandas del otro.
  • Pedir favores y reaccionar adecuadamente ante un ataque cuando es necesario.
  • Expresar tus sentimientos ya sean de gratitud, afecto, insatisfacción, enfado, etc.

¿Por qué una persona no es asertiva?

El ser asertiva no viene en tu adn. Por lo tanto, puedes cambiar este patrón de conducta cuando tú quieras. Piensa que la asertividad es una habilidad y, como tal, la puedes aprender. Solo hay que tener predisposición, constancia y practicar en tu día a día.

La falta de asertividad suele deberse a una educación tradicional en la que no existe un referente con el que poder aprenderla en forma de imitación. Es decir, durante la crianza, se tiende al refuerzo positivo en conductas sumisas y al castigo –en forma de desprecio o recriminaciones– a las asertivas .

Esto hace que se instalen creencias irracionales tipo: “si antepones tus intereses y necesidades a la de los demás eres egoísta”, o lo que es lo mismo→ miedo a decir “no”. Así pues, una va creciendo con la idea, por ejemplo, de que ayudar a los demás es algo bueno pero, también, «obligatorio».

Ofrecer tu tiempo, tu disposición a las personas que te lo piden, resulta satisfactorio aunque puede suceder que, esta gratificación personal que sientes por ayudar al otro, acabe convirtiéndose en una obligación a causa de tus propias convicciones: “si digo que no, pensarán mal de mí”. Al final no haces lo que quieres sino lo que tú crees que debes hacer.

Si tienes dudas en si actúas de un modo asertivo o de forma sumisa frente a este tipo de situaciones, te invito a reflexionar con estas preguntas en referencia a peticiones pasadas que te hayan hecho:

  • ¿Para qué lo hago?
  • ¿Cómo me siento haciéndolo?
  • ¿Qué gano / pierdo haciéndolo?
  • ¿Qué es lo peor que podría pasar si no lo hago?

Tus propias respuestas te mostrarán el sentido en tu forma de actuar. Si es algo que “quieres hacer” o en realidad es algo que has acabado imponiéndote, algo que “debes hacer”.

Algunas prácticas que puedes realizar para ser más asertiva

  • Aprender a decir “no” te ayudará a marcar unos límites entre tus deseos y las exigencias de aquellos que te ven cómo una persona “que siempre dice SI. No te van a querer menos por negarte a satisfacer sus peticiones en algún momento.
  • No des por cierto lo que piensan los demás. Procura apartar de tu cabeza pensamientos como: “qué dirán”, “pensarán que soy mala persona”, “le voy a defraudar” o “es mi deber”. ¿A caso tienes una bola de cristal que lee el pensamiento de los demás? ¿Quién te dice que la otra persona va a reaccionar del modo que tú crees? Y como no lo sabes, relájate y haz lo que te gustaría hacer en ese momento.
  • Libérate de la culpabilidad por responsabilizarte de unas acciones que nadie te ha obligado a tener y que, si no cumples, acaba por hacerte creer que hieres los sentimientos del otro. Piensa primero en ti, priorizándote, colocándote en el primer lugar de esa lista de tareas pendientes y deseos.
  • Confía en ti y en tus opiniones. Expresa lo que piensas y lo que sientes de un modo respetuoso si no estás de acuerdo con una petición.
  • Expresa lo que sientes y deja claro lo que quieres. Los demás no son adivinos, no pueden leer tu mente. Así que, por mucho que te quejes si la otra persona no sabe cuales son tus deseos o preferencias, nunca serán conscientes de lo que te pasa. Comunicándote de un modo asertivo lograrás que los demás te comprendan y estén dispuestos a ayudarte en lo que necesites.
  • Reflexiona sobre los momentos en los que no eres asertiva. Te dejo unas cuantas preguntas* para que puedas responderlas después de observarte en ciertas situaciones en las que repites un mismo patrón de conducta ante tu falta de asertividad:
    • ¿Con quién ocurre?
    • ¿Cuándo ocurre?
    • ¿Qué es lo que me preocupa de la situación?
    • ¿Cómo lo suelo afrontar normalmente?
    • ¿Por qué no soy asertiva con esta conducta concreta? ¿qué temo que ocurra si me muestro asertiva?
    • ¿Cuál es el objetivo que persigo al querer cambiar mi conducta?

* preguntas obtenidas del libro “La Asertividad expresión de una sana autoestima” de Olga Castanyer

Aprender a ser asertiva te permitirá sentirte más vital, creará motivación en tu día a día y, sobre todo, vivirás decidiendo por y para ti, sin desgastes, bajo el criterio de tu propia felicidad.

Sentirás que las riendas de tu vida las manejas únicamente tú.

Buscar el bienestar de los demás es un valor maravilloso, pero no te olvides de ser tú misma, de defender tus pensamientos y deseos.

Cómo liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti

Cómo liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti

Si hay un sentimiento que te invade cuando eres madre es el de amor. Un amor incondicional, sin pensar en recibir nada a cambio, en el que das porque crece en ti una inmensa gratitud por la felicidad que te proporciona ver crecer a tu hijo.

Pero dar sin preocuparte de tu propio bienestar emocional y físico, acaba por sumergirte en una trampa a la que caes sin darte cuenta. Te sientes atrapada en una vida que gira en torno a tu familia y a las necesidades de los demás hasta que, un día, empiezas a necesitar liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti.

La maternidad te regala momentos maravillosos. Eres inmensamente feliz cuando sientes a tu bebé crecer dentro de ti, cuando meses después lo sostienes en tus brazos, cuando ves que se ha convertido en un joven que ya no necesita de tu protección.

Pero, en ocasiones, toda esta muestra de generosidad que desprende tu maternidad puede hacer que absorba parte de ti, relegarte a un segundo plano dentro de tu propia vida. Te vuelves tan dependiente de dar a los demás que te olvidas de darte a ti.

Vas acumulando en tu interior toda esa carga extra que supone ser “una madre perfecta”. Te vas llenando de frustración, de tristeza a ratos, de agobios, de rabia, de cansancio…

Quieres explotar, pero te vas conteniendo porque te da vergüenza reconocer que no puedes más. Temes que te juzguen, que te echen en cara que “eres una exagerada”, que te digan “así es la maternidad”, que “eres una madre y tu deber es dedicarte a los demás”, que te digan “no” si pides ayuda…

Y sigues aguantando, callándote, quitándole importancia a tus emociones y sensaciones de malestar, sigues justificándote, culpándote…

Necesitas liberarte de la culpabilidad por pensar primero en ti

En tu interior sabes lo que necesitas para no sentirte mal: liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti, por desear espacio donde solo estés tú, donde el tiempo sea únicamente tuyo.

Y es que la culpa sostenida, juzgarte por tu conducta o pensamientos de forma recurrente porque piensas que estás trasgrediendo ciertas normas o códigos éticos, acaba por relegar tu autoestima a niveles nada sanos.

En esto influye, de un modo importante, el creer más las historias que creamos en nuestra cabeza que a la propia realidad. Esa realidad paralela que, como si fuera el demonio de tu conciencia, te va convenciendo de “lo malo que es pensar en cuidarte y priorizarte para sentirte bien”.

Y ¿Cómo hacer desaparecer esa sensación de culpa por pensar primero en ti?

Algunas claves para liberarse de la culpabilidad por dedicarte tiempo

El autocuidado es una de las partes que conforman la autoestima. El dejarte de lado, el no cuidarte tanto física como mentalmente, por anteponer a los demás antes que a ti, provoca un efecto devastador en tu estado anímico.

Porque si bien, en los inicios de la maternidad no le das mucha importancia, a medida que pasan los meses, o incluso los años, te das cuenta de que esa persona que ves reflejada en el espejo no es la persona que te gustaría ver. Sin duda, el tener un hijo nos cambia externa e internamente, pero la dedicación a tu familia –de un modo extremo– puede hacerte perder de vista tus propias necesidades.

Si le das prioridad a tu espacio personal para desconectar de tu rutina diaria, empezarás a cuidarte y sentir que puedes ser una madre que se quiere y se gusta. No para satisfacer a los demás sino para que tú te sientas bien contigo misma.

– Procura no abusar de los “aprovecho que voy a…” cuando tienes que hacer recados: “ya que tengo que ir a comprar aprovecho para ir a la peluquería” o “ya que dejo a mi hijo en el fútbol aprovecho para tomarme algo mientras”. Aunque no lo parezca, te estás dando excusas para no sentirte culpable ya que estás justificando ese momento de placer.

Tienes que empezar a olvidarte de disponer de él en forma de limosna. Es decir, tienes que dedicarte un tiempo de calidad, pero de verdad, de esos que te agendas como si de una amiga se tratara.

Tampoco es conveniente considerar como tu tiempo, despertarte una hora antes o acostarte una hora después que los demás para realizar tareas, aunque te gusten. Vuelves a justificar tu modo de actuar para no sentirte culpable. Estás dejando de cuidarte –hipotecas horas de tu sueño– por los demás.

Para evitar esos momentos de remordimiento, míralo como si fuera una cita contigo misma. Irte a tomar un café porque sí o irte a comprar ropa – importante ¡solo tuya! – o leer un libro al parque, por ejemplo. Una buena opción sería agendarlo en el calendario.

¿A que si quedas con una amiga te sientes menos culpable? Pues ahí lo tienes. Piensa en ti como si fueras tu mejor amiga. Aquella a la que le regalas un capricho, a la que cuidas cuando se siente mal, a la que animas, a la que le deseas todo lo mejor porque la quieres.

El autorrespeto también forma parte de la construcción de la autoestima. Respetarte significa que te mantendrás firme ante los demás cuando juzguen tus acciones, tus pensamientos, tus deseos.

Para liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti, debes dejar de justificar tus actos y respetar tu propio juicio. Solo tú sabes lo que realmente necesitas para sentirte feliz y plena. Tienes que cambiar el chip y no creer que estás haciendo algo malo y de un modo egoísta.

Se trata de respetarte tú y de que los demás también te respeten. Aquí entra en juego el atreverte a ser asertiva. Decir no cuando toque, exponer tu opinión sin temor, hacerles saber cómo te sientes y lo que necesitas. Piensa que los demás no son adivinos y no pueden leer tu mente.

– Pide ayuda si la crees necesario. Ya sabes que las superwomen no existen y, sacrificarse, quizás no se la mejor opción y, mucho menos, ser exclusividad de la maternidad.

Pon límites. Procura que los que te rodean sepan que tu espacio es solo tuyo, un rinconcito valioso en el que solo estás tú contigo misma, que tus momentos no son cuestionables y que son exclusivos para ti.

Una pista: no existen las urgencias –a no ser que se queme algo o el niño se haya caído– por lo que mamá no estará disponible para nada ni para nadie durante su desconexión del mundo.

Querer tiempo para ti no es un capricho, es un derecho

Así que recuerda: disponer de tiempo para ti no es un capricho, es un derecho que toda persona, y en especial las madres, debemos tener.

Verás como, con este cambio en tu mentalidad, irás transformando esa sensación de malestar por creer que estás haciendo algo mal, en una sensación de serenidad y disfrutando del momento.

Solo así lograrás liberarte de la culpabilidad, vivirás en paz contigo misma y podrás compartir tu felicidad con los que te rodean.

“El asumir la responsabilidad de mi felicidad me vigoriza. Me devuelve la vida a mí mismo”

Nathaniel Branden

En definitiva, estás en tu derecho de disfrutar de tu tiempo, de sentirte relajada, tranquila, sin culpabilidades. Créetelo, cree que te lo mereces de verdad, que ese pedacito de silencio es ahora tuyo y de nadie más.

Y hazlo saber a todos. Di con firmeza que es tu derecho, que eres una madre que necesita ese tiempo de descanso para disfrutar. Porque para ser una madre plena, feliz y sin culpabilidades, lo primero es sentirte merecedora de tu tiempo, de ese espacio valioso, exclusivo que te llena y que te pertenece.

¿Y tú cómo llevas la maternidad? ¿Has logrado tiempo para ti o te cuesta priorizarte sin sentirte culpable? ¿Te animas dejarme un comentario con tu experiencia?