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Cuando descubres que eres Altamente Sensible y no un bicho raro

Cuando descubres que eres Altamente Sensible y no un bicho raro

Si hay una emoción que describe a la perfección el momento en el que descubres que eres una persona Altamente Sensible es, sin duda alguna, la de alivio.

Alivio porque, por fin, te has quitado esa pesada mochila que llevabas arrastrando toda tu vida: la de no saber por qué tu forma de sentir, de emocionarte, de percibir todo lo que te rodea hasta el más mínimo detalle podía ser tan diferente al resto.

Cuando descubres tu alta sensibilidad te das cuenta de que ya no estás sola, de que tu particular manera de experimentar la realidad coincide con otras muchas personas.

No te voy a negar que siempre he tenido la sensación de que, mi forma de ser y estar en el mundo, no encajaba muy bien con el estándar de una sociedad que –por regla general– ve con mejores ojos a personas extrovertidas, muy comunicativas, con facilidad para hacer amigos allá donde van o que se muestran cómodas bajo la presión de la competitividad.

Y cuando ves que todas esas etiquetas no te representan, o no te identificas con ellas, acabas viviendo con la eterna sensación de que eres «un bicho raro» y que tienes un problema que debes solucionar para intentar ser como los demás.

Así que, puedes resolverlo de dos maneras. No haciendo caso a lo que piensen los demás, manteniéndote fiel a tu esencia, es decir, a tu particular manera de sentir el mundo o decides que lo mejor es tragarte tus «manías». Opción, que confieso, escogí yo.

Asumí que «lo correcto» –para no desentonar en mi entorno– era salir de fiesta aunque me saturara; hacerme la fuerte, bloqueando mis emociones para no sufrir y mostrarme vulnerable; o intentar disfrutar de conversaciones superficiales aunque me resultaran tremendamente aburridas.

Pero esta negación de esa parte de mi, no solo hizo que «no fuese como los demás», sino que se convirtió en un actuar por el mundo distinto al modo en cómo yo lo interpretaba, lo sentía y lo percibía.

Y el resultado final es que acabas comparándote con los otros, creyendo que nunca podrás estar “a la altura” y logrando, en algunos casos, que tu autoestima se desmorone. Te ves caminando por la vida sin comprender por qué eres así, sintiendo que tu forma de ser te hace valer menos que los demás.

Hasta que un día todo cobra sentido y descubres que no eres un bicho raro. Te das cuenta de que, todo lo que considerabas extraño y peculiar en ti, forma parte de tu personalidad: la de una Persona Altamente Sensible (PAS).

Qué significa ser una persona con alta sensibilidad

La Alta Sensibilidad, descubierta por la psicóloga Elaine Aron, es un rasgo hereditario que se da entre el 15%-20% de la población y en igual medida entre hombres y mujeres.

Por lo tanto, no se debe hablar de trastorno ni de enfermedad sino de una característica del procesamiento sensorial que ciertas personas poseen. Personas que, en un alto porcentaje, tienden a ser introvertidas aunque también encontramos PAS extrovertidas.

En sus estudios, Elaine Aron menciona que las Personas Altamente Sensibles –PAS– nacen con un sistema nervioso que les permite percibir y procesar los estímulos internos y externos de un modo más intenso que las demás.

Pero no por ser extremadamente sensible puedes ser considerada PAS. Para saber si posees este rasgo de personalidad tienes que cumplir, sin excepción, estas cuatro características:

  • Tener una alta capacidad de atención y consciencia de todo lo que te rodea, procesando la información de un modo más profundo (darle vueltas a las cosas, excesivo diálogo interior, etc.)
  • Tener una gran emocionalidad y empatía, experimentando las emociones –ya sean negativas como positivas– más intensamente. Asimismo, las PAS tienen una gran capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona hasta el punto que pueden asumir las emociones ajenas como suyas propias.
  • Tendencia a la sobreestimulación provocada por la capacidad de absorber un exceso de información y reflexionar profundamente sobre sus propias experiencias.
  • Gran sensibilidad para las sutilizas lo que las hace capaces de percibir hasta el mínimo detalle de los estímulos recibidos a través de sus sentidos.

“La única forma de llegar a tolerar e incluso a disfrutar del hecho de estar en el mundo es estando en el mundo”

Elaine Aron

Quizás ya te identificaras con este rasgo o puede que sea la primera vez que oyes hablar de él y te hayas sentido identificada y aliviada por saber que no estás sola y que toda una vida de incomprensión ahora tiene respuestas.

Lo que está claro, es que cuando descubres que eres PAS, logras poner luz a tu pasado y a tu presente, completar el puzle con esas piezas sueltas que tanto te descolocaban. Y, sobre todo, empiezas a disfrutar de tu verdadero sentir, de tu modo especial de experimentar el mundo.

Recuerdo que, en mi caso, fue como encender una chispa. De repente se fueron iluminando experiencias, sentimientos, acciones que había realizado a lo largo de mi trayectoria vital y que me costaban entender.

Como la conexión tan intensa que tengo con las emociones de los demás, en especial, con personas que son importantes para mí o con situaciones externas de alta carga emocional. Algo que me descolocaba hasta que supe de mi rasgo PAS.

O esa necesidad de desaparecer, de alejarme de todo, para aislarme en mi rinconcito de soledad, aunque solo sea por unos instantes, para calmar mis momentos de saturación ya sea emocional o por estímulos que me activan de un modo negativo (demasiado ruido, excesiva gente a mi alrededor, etc) .

Como ves, no estás sola. Hay muchas personas que tienen tu misma forma de experimentar el mundo, de sentir con toda la intensidad posible, de percibir hasta el mínimo detalle, de necesitar momentos de soledad para evadirse de la saturación en el ambiente, de reflexionar hasta la saciedad dando vueltas a ese pensamiento rumiante que no para de saltar de idea en idea.

Estoy convencida de que, descubrir tu alta sensibilidad, te ayudará a resolver tu rompecabezas particular y colocar con claridad todas esas piezas sueltas que, hasta ahora, no sabías encajar. Será como un despertar en el que todo cobrará sentido.

Palabra de PAS 😉

Es tu turno. ¿Conocías el rasgo de la alta sensibilidad? ¿Qué sentiste cuando descubriste que eras una persona Altamente Sensibilidad? ¡Te leo en los comentarios!

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Ha sido un año difícil, incierto, de pocas alegrías… aunque de mucho aprendizaje. Y en eso estoy, en ir repasando cada uno de estos doce últimos meses y anotando todo lo que me ha enseñado este extraño año 2020.

Pero no quiero que este sea un post únicamente de lo que he sentido, sino que me gustaría que sirviese como reflexión para ti también. Que te inspire a darle valor a todo aquello que te ha sucedido, que has experimentado.

Yo le estoy dando vueltas a la idea de cuánto hemos tenido que adaptarnos en una sociedad acostumbrada a su rutina de siempre, a las prisas, a vivir en piloto automático, a planificar meses vista.

¡Y vaya si nos hemos adaptado! De nada sirve resistirse a algo que no está en nuestra mano cambiar. Aceptar la situación y seguir adelante ¿no te parece?

Sin duda ha sido un año para olvidar, sumergiéndonos en una llamada «nueva normalidad». Una normalidad a la que ya –sin darnos cuenta– le hemos eliminado la etiqueta de «nueva». Porque como siempre ha sucedido, las sociedades se amoldan y acaban por fluir con el cambio para seguir adelante y sobrevivir.

Creo que este año, más que nunca, he aplicado lo que un día me tatué en mi muñeca… “Carpe Diem” o lo que es lo mismo “Aprovecha el momento”.

Dicen que todo tatuaje tiene su significado, que cuando decides grabártelo en tu piel es porque deseas tener esa imagen de inspiración bien presente. Así lo hice yo hace unos años. Justo en un momento de mi vida en el que empezaba a sentir que algo estaba cambiando dentro de mi, que necesitaba vivir el presente con fuerza para empezar a ver mi futuro.

La verdad es que, este extraño año 2020, me ha enseñado que nuestra realidad puede cambiar en un suspiro, sin apenas darte cuenta.

Te quedas sin trabajo, pierdes a un ser querido, contraes una enfermedad que ni sabes como te va afectar… Tu mundo para… de golpe… sin previo aviso.

Y ahora miro ese tatuaje para no olvidarme de disfrutar cada uno de los días que me regala la vida.

He aprendido a no mantenerme en la tristeza, a pesar de que ha sido un año en el que la montaña rusa emocional ha hecho estragos. Quizás, por mi excesiva empatía, que en ocasiones me hace conectar y recoger el dolor de los demás como si tuviera un imán.

Siempre he disfrutado con el silencio, aunque este año hubo demasiado de un silencio que apenas tenía que ver con mis momentos de desconexión en mi rinconcito de soledad. Era una ausencia de rutina, de realidad a la que estábamos acostumbrados. Nada de coches en marcha, nada de jardineros cortando setos, nada de niños jugando en la calle…

Pero todo volvió a lo que era, o al menos a la vida en movimiento. Así que buscar un nuevo tipo de desconexión fue otra de las enseñanzas que me ofreció este año. Ya no encontraba inspiración en un silencio impuesto, sino que mi rincón de reflexión lo disfrutaba con todo lo contrario: los pequeños ruidos que llegaban del exterior. Curioso, ¿verdad?  

Con esto quiero decirte que debes encontrar la forma de adaptarte a cada situación de cambio, de amoldarte a las nuevas experiencias, si es necesario, con unos nuevos hábitos o con acciones que te proporcionen la tranquilidad que buscas.

Como madre, aprendí a ver las fortalezas de mi hijo ante la nueva situación que estaba viviendo. Su admirable adaptación al cambio –como siempre ha hecho– y con la mejor actitud posible ¡Cuánto debemos aprender los mayores de los más pequeños!

Estamos a pocas horas de despedir este 2020. Espero que te haya hecho ser más fuerte, que te haya hecho ver la vida de otra manera, que te hayas dado cuenta de lo importante que es disfrutar con lo que tienes y con quienes te rodean.

Y para el 2021 te deseo que sigas aprendiendo más, mucho más. De ti, de quién eres, de lo que sientes, de tus emociones. Que tengas inspiración para crear, para motivarte con lo que te gusta o con lo que te mueve. Que encuentres tu para qué, tu propósito y avances en tu camino hacia la persona que quieres ser.

Mil gracias por estar ahí, leyéndome y dejándome formar parte de un ratito de tu tiempo, despidiendo juntas este extraño año 2020.

Si te apetece compartir conmigo lo que te ha enseñado este año, ¡no dudes en escribir en los comentarios!

¡Feliz Año 2021! Un año que espero te regale todo lo mejor.

Convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida

Convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida

Estaba haciendo balance de todo lo que me ha supuesto este año y te confieso que, la primera idea que me ha venido a la cabeza, ha sido ¡menuda mierda de año!

No solo por todo lo que nos envuelve, con la pandemia y el odiado Covid-19, sino por sentir que –cada vez más– los días malos se estaban imponiendo a los buenos. Este 2020 se estaba convirtiendo en una cuesta algo difícil de remontar, impidiéndome ver las pequeñas cosas que sí había conseguido realizar y que, sin duda, se convertirían en grandes logros para mi vida.

La verdad es que me entraban ganas de tirar la toalla al sentirme desanimada por ver que mis objetivos –a nivel profesional– no estaban saliendo como me había marcado aunque, por suerte, he sabido resistir a la tentación de quedarme atascada en esos pensamientos.

Creo que se lo tengo que agradecer a mi orgullo y no darle el gusto a mi antiguo, aquel con el que desistía al mínimo contratiempo. Esto me ha hecho ver que, aquella versión de mí, pasó página y mi yo actual –la Helga perseverante– estaba ganando la batalla a fantasmas pasados.

Es mi primera experiencia como madre emprendedora y pensar en lo que he logrado desde que inicié mi formación como Coach Profesional –hace justo dos años– me produce muchísima satisfacción.

El camino del emprendimiento es complicado –no te voy a engañar– y con algún que otro obstáculo. Claro está que, hasta que no te encuentras en medio del viaje, no sabes muy bien cómo te afectará. Y en mi caso, hay ciertos momentos en los que siento que bajo la guardia y pierdo ese impulso motivante por no ver los frutos tan rápido como a mí me gustaría.

Pero como me recuerda una buena amiga: “esto es un trabajo de hormiguita”. Y con eso me quedo, con el esfuerzo y la recompensa final, disfrutando de ese recorrido, de las pequeñas cosas que me voy encontrando y que me aportan, de convertirlas en grandes logros para mi vida.

Y así deberíamos verla, como un camino de hormiguitas, en el que vamos recopilando –pacientemente– todo lo necesario para construir lo que deseamos.

Sé que mi yo del pasado se hubiera recreado en las limitaciones, en las piedrecitas del camino, dándole vueltas a la “mala suerte” o validando –injustificadamente– creencias sobre sus capacidades. “Si ya sabía yo que esto no era para mi” … me estaría advirtiendo mi vocecita interior.

Ahora no. Ahora tengo confianza. Sé que está ahí. Y cuando me viene ese pensamiento ¡qué año de mierda! me doy cuenta de que algo está pasando, de que esa frustración me está hablando… la reflexiono… hasta que tomo consciencia de su significado y la dejo que acabe desinflándose con mi visión de todos los pasos que he dado en el camino.

Pongo en la balanza lo que he hecho mal, lo que no he hecho o lo que podría haber cambiado. Pero también valoro lo que sí he realizado bien, todo mi aprendizaje, el atreverme a superar creencias que me estaban frenando. Y ahí sigo, intentando crecer…

Valora las pequeñas cosas para convertirlas en grandes logros para tu vida

Tantas cosas que no vemos por esa manía tan humana de dar vueltas en círculos sobre el mismo problema, con la misma mirada. Sin ver más allá, sin percibir lo que nos rodea, sin poner foco en lo que está en nuestra mano

Qué poquito valoramos esas pequeñas cosas que, al final, nos aportan grandeza a nuestra vida. Acciones que construyen nuestro día a día, sencillas, pero que, si te paras a pensar, verás como son un paso importante para ti porque se convertirán en un gran logro para tu vida.

Pensar en ellas motiva, créeme, motiva y mucho. Porque te van a demostrar que SÍ avanzas, aunque no te lo parezca, que SÍ tienes la fuerza y el coraje cuando te lo propones, que SÍ sabes disfrutar de tus momentos cotidianos.

Pero es posible que te digas que tú no haces nada de esas pequeñas cosas y, mucho menos, que se conviertan en grandes logros para tu vida. Pues te diré unas cuantas.

Conseguir leer un par de páginas de tu libro pendiente, aunque estés derrotada al final del día, es una gratificante recompensa para ti después de un duro día. Y, puede que, ese ratito de lectura, te inspire para resolver un problema o para darte cuenta de que esa temática te apasiona y quieras aprender más.

Darte ese capricho ¡por fin!, sin pensar en otra cosa más que en disfrutarlo, te permite poner la primera piedra para aprender a soltar la pesadez de la responsabilidad, de lo correcto, de lo que deberías hacer porque así te han enseñado.

Quedarte un ratito más en la cama el fin de semana y no preocuparte por tenerlo todo listo antes de que la familia se levante. Un gran paso para deshacerte de la culpabilidad por dedicarte un poquito a ti ¿no crees?

Subir las escaleras porque ese día no funcionaba el ascensor. En lugar de maldecirlo ¿por qué no lo ves desde otro punto de vista? Quizás sea el inicio de un nuevo hábito, más saludable y que te aportará ese bienestar físico que tanta pereza te daba introducir en tu vida.

Sé consciente de lo que tienes, de lo que haces, de quién eresVivir el presente y disfrutarlo, como una buena taza de café, sorbo a sorbo, percibiendo los detalles que te hacen vibrar, que te impulsan a crecer.

Así que convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida… te querrás más, te valorarás más, creerás más en ti.

Quizás ya lo hagas sin darte cuenta. Te propongo que pienses en algo pequeño que hayas hecho estos días y que sientas que es un gran logro para ti. ¡Te espero en los comentarios!

Por qué debes dejar de ser una mamá multitarea

Por qué debes dejar de ser una mamá multitarea

Si quieres llevar una vida sin estrés, sentirte más eficaz con tu tiempo y, además, tener la capacidad de disponer y disfrutar de momentos para ti, deberías empezar a pensar en dejar de ser una mamá multitarea.

¿Cuántas veces te has sentido como un robot tratando de hacer mil y unas cosas al mismo tiempo? Parece como si ser madre viniera acompañada de la obligación de cumplir todas y cada una de las tareas que nos van surgiendo –y nos ponemos nosotras– a lo largo del día.

Yo misma reconozco que la maternidad me da muchísimas cosas buenas, pero también supone cargar con un extra de responsabilidad que, en ciertos momentos, nos hace querer controlarlo todo para no fallar.

El término multitarea hacía referencia a la capacidad que tenían ciertos ordenadores IBM –en la década de los sesenta– para ejecutar múltiples tareas con un solo procesador, algo que se desvirtuó con el tiempo identificando el concepto con la capacidad, de una sola persona, de hacer múltiples actividades simultáneamente.

Ciertamente, las personas sí tenemos esa habilidad, pero no la de ser capaces de centrar nuestra atención en diferentes cosas al mismo tiempo. Lo que se traduce en olvidos y errores por dispersarnos en mil cosas.

Hablar de mamás multitarea no es hablar de una superwoman capaz de dividirse para llegar a todo –corriendo como pollo sin cabeza en la mayoría de las veces– sino de una persona que acabará el día más estresada de lo que lo empezó.

Cómo te afecta querer abarcarlo todo

Pues siendo una persona estresada, menos exigente, desmotivada en ciertos momentos y, lo peor de todo, sin tener tiempo para ti.

Ya lo dice Gary Keller en su libro “Lo Único”: «No es que nos falte tiempo para hacer todas las cosas que tenemos que hacer, es que sentimos la necesidad de hacer demasiadas cosas en el tiempo que tenemos»

Así que, si pensabas que hacer infinidad de cosas a la vez era la salvación para sobrellevar tu vida, siento decirte que estás equivocada. La multitarea no te va a ahorrar tiempo, lo único que vas a conseguir es malgastarlo.

Nuestro cerebro no está diseñado para centrar la atención plena en dos tareas simultáneamente. Lo que consigues, cuando te pones en modo multitask, es dividir tu atención y reducir tu eficacia en el resultado de todo lo que estés haciendo al mismo tiempo.

“La multitarea no es más que la oportunidad de fastidiar más de una cosa a la vez”

Steve Uzzell

Una madre multitatarea es, por lo general, aquella que se cree capaz de controlar y realizar todo lo que se ha propuesto. Vamos, lo que viene a ser una superwoman. Es madre, esposa, mujer trabajadora y está siempre dispuesta para todo y para todos… aunque para ella nunca hay tiempo.

Si te has sentido identificada, seguro que sabrás de lo que te estoy hablando.

Tienes en mente todos los detalles de tu día a día, intentando planificarte para encajarlos como un Tetris pero es que, además, cargas a tus espaldas la agenda de actividades de tu familia.

Con todo este coctel ¿cómo crees que puede afectarte en tu vida? Pues anteponiendo el bienestar de los demás al tuyo. En definitiva, que acabas siendo exigente contigo misma para lograr satisfacer a todos pero no lo eres para tus propias necesidades.

Es por eso que, esa capacidad para absorber todo lo que te echen encima, termina por volverse en tu contra y por afectarte emocionalmente. Ni te sientes plena con tu vida –vives más para los demás que para ti–, ni motivada, ni disfrutas del tiempo con los que te rodean porque tu mente va dando tumbos recordando “todo lo que tiene que hacer”.

Pero ni siquiera eres feliz con tu tiempo ¿sabes por qué? Porque apenas dispones de él y el poco que tienes lo necesitas para descansar.

Las consecuencias, por pretender llevar una vida con el cien por cien de tareas tachadas al finalizar el día, no son nada beneficiosas para tu salud física ni mental, ni siquiera para los que te rodean.

Porque, viviendo en esta sociedad frenética en la que palabras como “ahora” o “para ya” han pasado a ser parte de nuestro vocabulario diario, presagiar que podemos deshacernos de ellas en nuestro contexto familiar resulta prácticamente imposible.

Así que plantéate esta pregunta:

¿Cómo puedo dejar de ser mamá multitarea para pasar a ser más efectiva con mi tiempo?

Empieza por la organización. Es primordial para lograr llevar a cabo las tareas marcadas en tu día a día, hacerlas de una en una y con plena atención. Saber qué hacer y cómo, escogiendo la que mejor se adapte a tu energía mental y a tu contexto en ese momento, te permitirá ser más efectiva con tu tiempo.

Si mientras estás en la oficina, escribiendo el informe para tu jefe, te acuerdas de pedir cita al médico para tu hijo ¿qué crees que pasará si paras lo que estabas haciendo para llamar? Que la concentración en la tarea se perderá porque tu cerebro se centrará en otra acción, provocando olvido y errores cuando reanudes tu actividad inicial.

Como ves, no te hablo de gestionar el tiempo –algo imposible– sino de ser eficaz con el que tienes, de estar por lo que estás sin que nada más ronde tu mente, de tener atención plena y sin distracciones. De empezar y finalizar sin dejar nada a medias.

Para y reflexiona. Antes de ponerte a hacer cosas como si no hubiese un mañana piensa en lo que tienes por delante y qué significado tiene para ti. Pregúntate ¿Qué pasaría si no lo hiciera? ¿Es absolutamente necesario realizarlo hoy? Mira más allá y ponlo en perspectiva.

Pon límites. A ti y a los demás. Evitarás los momentos de angustia por querer satisfacer a todos sin que nada falle por el camino.  

Ten presente tu círculo de influencia o lo que es lo mismo, ocúpate de lo que está en tu mano y no te centres en preocupaciones. Lo único que hacen es emborronar tu mente sin darte soluciones.

Si algo no lo puedes controlar ¿para qué darle vueltas? Aparentar ser una madre con el total control de su vida lo único que te llevará es al desánimo y a la quemazón. No luches contra lo que no puedes y dedica, ese tiempo valioso que te pertenece, a encontrar opciones en lugar de obstáculos.

Sé menos protectora con tu familia. Eres madre y te desvives por tus hijos, eso es normal, pero debes comenzar a darles más libertad, a permitirles aprender de sus errores y de sus frustraciones.

No quieras estar en todo momento supervisando todo lo que hace. Deja que se equivoque con los deberes, que tropiece, que experimente, que exprese quién quiere ser. Pero no controles, no sobreprotejas porque lo que conseguirás será sentirte estresada por querer su bienestar a toda costa, sumergiéndote en un miedo constante por lo que le pueda pasar.

Un miedo que, sin quererlo, le acabarás transmitiendo y que se traducirá en un niño asustadizo, con una baja autoestima y con pocos recursos para sobrellevar cualquier contratiempo.

Dar espacio te liberará de ese tiempo extra que dedicabas a tus hijos por querer protegerlos en todo momento, además de ganar en salud emocional y vivir en un ambiente familiar más relajado.

En definitiva, dejar de ser una mamá multitarea te proporcionará una mayor concentración en lo que estás haciendo, serás más eficiente con tu tiempo y ganarás en bienestar emocional.

Y, sobre todo, obtendrás tiempo de calidad con tu familia, pero también para ti, para disfrutarlo como te mereces.

5 consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid

5 consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid

Últimamente le estaba dando vueltas a cómo estaba resultando este año 2020. Y creo que no seré la única en pensar que está siendo verdaderamente extraño, caótico, incierto, hasta surrealista.

Un año en el que todas nuestras planificaciones y objetivos se han venido abajo, en el que todo lo que dábamos por hecho se ha vuelto del revés y en el que, emocionalmente, se ha subido a toda una sociedad –no importa de qué país sea– a una montaña rusa sin fin.

Lo resume, perfectamente, José Ramón Ubieto en su artículo “Tristeza Covid, la nueva pesadumbre”. En él nos habla de cómo hemos pasado, durante todos estos meses, por diferentes etapas emocionales: la extrañeza, el miedo y la angustia, la rabia, el amor, la solidaridad y los duelos.

Y por desgracia, esto no ha acabado aún, todo lo contrario. Iniciamos otra nueva etapa de confusión, de más incertidumbre, de más emociones descontroladas. La vuelta a una inevitable inquietud, en toda la sociedad, por este tiempo que no se quiere ir.

Volvemos a un estado emocional cargado de pesadumbre, de pesadez, de tristeza en tiempos de Covid. Una tristeza que no llega sola sino mezclada con el hartazgo, el agotamiento por la situación, por la sensación de estar viviendo sin poder fijar un rumbo fijo a nuestras vidas.

Porqué surge esta tristeza en tiempos de Covid

Es una tristeza que surge por la mirada nostálgica de un pasado que nos parece lejano y –en ocasiones– extraño al ver situaciones de nuestra “antigua” cotidianidad.

Recuerdos que aparecen cuando ves la foto de la cena que hace un año tuviste con tu mejor amiga, sin pensar en distancias de “seguridad”. Ni que decir del viaje a ese país remoto, lleno de turista, y que tanta ilusión te hizo en aquel momento. Y los ves en tus fotos sin las dichosas mascarillas ¡qué raro te parece ahora!

¿Acaso no es surrealista tener cierto remordimiento por haber “infringido las normas”? Situaciones que antes eran de lo más normal, rutinarias, integradas en nuestra vida social pero que ahora se han convertido en un acto “peligroso” para los demás.

¡Cómo no vas a sentir tristeza durante la pandemia! Este desánimo, por tener que reprimir impulsos inevitables, nos conecta con una realidad alejada de la que nos gustaría.

Es como ir en tren y ver cómo pasa tu vida, pero tú estás fuera. Palabras que reflejan el sentimiento de exilio. Exilio de su propia vida”

José Ramón Ubieto

Pero es también una tristeza por lo que va a llegar. Porque de un modo u otro, la experiencia de este pasado reciente que asoma de nuevo, nos ha hecho despertar del “sueño de verano”. Nada es lo que parecía, ni nada es –lamentablemente– como queríamos que fuera.

Y es que, este virus, nos ha vuelto a dar un nuevo y jodido baño de realidad, obligándonos a conectar con este presente que, aunque nos empecinemos, ha venido para quedarse un tiempo más.

¿Qué hacer, entonces, para afrontar la tristeza en tiempos de Covid? ¿Para sobrellevar todas estas emociones desagradables y molestas que están surgiendo?

1- Aceptar la situación y acoger el sentir

Emociones como el miedo o la rabia son provocadas por la resistencia a huir de lo que hay, por querer ocultar algo que ya forma parte de nuestras vidas, de nuestros actos y de nuestras relaciones.

Miedo a un futuro incierto o a perder lo que se tenía. Rabia por no poder cambiar lo que no nos gusta o por no hacer todo lo que deseamos. ¿Es la solución negar este presente? Sin duda, no.

La negación no es la solución para deshacerte de esta situación que no quieres en tu vida. Lo único que conseguirás es crear una falsa sensación de control lo que te permitirá ocultarla, pero no alejarte ni hacer desaparecer esa emoción que subyace en el fondo: el miedo, la rabia o la tristeza.  

Como ya comenté en este post “Cómo adaptarse al cambio en esta nueva normalidad”, la mejor estrategia es la aceptación.

No debes huir de la tristeza poniendo tu mejor sonrisa y haciendo ver que no está ahí. Porque tus pensamientos siguen en ti, dando vueltas en tu mente, mientras externamente intentas proyectar una imagen de felicidad que no corresponde con tu tristeza interior.

Procura moverte en el optimismo, pero siendo consciente de los sentimientos que te invaden, de cuándo lo hacen y de cómo te proteges ante ellos. Acógelos, acéptalos y date permiso para transitarlos de la mejor manera posible. Aunque no te lo creas, ¡están para ayudarte!

2- Aprender del pasado para lidiar con el presente

El valor de la tristeza es el de ayudarnos a gestionar las pérdidas. Y de pérdidas, durante esta pandemia sabemos bastante, por desgracia. Ya sea en el ámbito laboral, familiar, en el de la salud o en lo social.

Pérdidas, también, sufridas en nuestra libertad de movimientos durante el confinamiento, en no poder salir sin mascarilla, ni relacionarnos sin pensar en la proximidad con la otra persona. 

Y todo esto vuelve otra vez, repitiéndose un duelo que parecía acabado. Pero no lo veas con negatividad. Ahora puedes utilizar esta experiencia para lograr gestionar la nueva situación.

Un duelo consta de cinco etapas: negación, enfado, reflexión, tristeza y aceptación

Es importante que sepas ser consciente de cada una de estas etapas para lograr sobrellevar la situación de la mejor manera posible. Aprender de tu pasado reciente para lidiar con este presente que ya conoces.

De nada sirve recrearse en la pena y lamentarse. Sin duda, el dolor no desaparece por arte de magia, así que date tiempo para transitar esta tristeza y reconocer que es pasajera. Como ya he escrito, en más de una ocasión, la vida es cambio e incluso la tristeza acaba por pasar.

3- Conectar con la motivación en tiempos de Covid

Es fundamental que te marques objetivos y que diseñes un plan de acción para llevarlos a cabo. No se trata de pensar el plan perfecto ni de lograr alcanzarlos sea como sea. Hablo de empezar a dar un paso hacia la acción, de poner las bases para motivarte y salir de un estado de desánimo.

Afrontar la tristeza, además de aceptar que está en tu vida en estos momentos, supone avanzar hacia cosas que te ilusionen, por muy pequeñas que sean. Ver una puesta de sol, pasear por la playa, leer un libro… pequeños placeres de la vida que deben llenarte de positividad.

Comenzar a sentir la motivación te hará lidiar con ciertas situaciones sin quedarte paralizada. Marcarte objetivos te servirá para encontrar soluciones y ponerlas en práctica ante imprevistos, incluso si este presente te hace variar tus planes.

La incertidumbre está ahí, pero debes centrarte en lo que está en tu mano. Poner tu mente en movimiento, empezar a ser creativa te ayudará a sobrellevar esta tristeza en tiempos de Covid.

4- Exteriorizar los sentimientos para transitar la tristeza

No temas a exteriorizar tus sentimientos. Deja que surjan, sin reprimirlos ni negarlos. Reconocer que estas triste te ayudará a una mejor relación con tu entorno. Tu familia, amigos, hijos deben saber cómo te encuentras, qué sientes, qué te preocupa, qué te produce dolor.

Te convertirás, además, en un espejo para tus hijos. Verán que no hay nada malo por decir lo que uno siente. ¿Estás triste? Suéltalo, dilo, llora, desahógate. Seguro que te sorprenderá la gente, a tu alrededor, que siente lo mismo que tú.

No tengas miedo a mostrar tus vulnerabilidades, ni te sientas débil sino valiente por mostrarte, tal y como eres.

5- Escribir un diario emocional

Mi último consejo sería este. Escribir un diario emocional. Algo fácil, sencillo y efectivo. Ver tus pensamientos y sentimientos reflejado en papel te hará ser más consciente de cómo te sientes y porqué.

Al iniciar el día o al finalizarlo, tú eliges. Plasmar en papel lo que hay en tu interior es una buena terapia emocional que evitará que reprimas esa tristeza o cualquier emoción que te invada.

Puedes escribir sobré qué emoción has experimentado más intensamente ese día, cuándo ha surgido, qué la ha provocado y cuáles han sido tus pasos para solucionar el problema.

¡Es un ejercicio altamente recomendable para empezar a conocerte mejor!

Espero que te sirvan estos breves consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid de la mejor manera posible.

¿Te animas a poner en práctica alguno ahora mismo? Quizás, el diario emocional sea una buena opción para empezar ¿Qué me dices? 😉

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Me resulta extraño seguir hablando –a estas alturas– de pandemia, de cómo seguimos inmersos en ella y de cómo nos sigue afectando. Nos toca convivir con la incertidumbre en un mundo que se asemeja, cada vez más, a una nueva realidad que ha llegado para quedarse por más tiempo del esperado.

No me voy a recrear en la pesadez de todo esto, en las incomodidades, en las limitaciones. Ni siquiera en lo sufrimientos por no dar un abrazo o un beso despreocupadamente, sin pensar a quién, ni cómo, ni cuándo.

Aunque confieso, que existe el deseo de querer que todo fuera diferente, como era antes –antes de este virus de locos, claro–. Hace unos meses escribía el post Y todo cambió con esta maldita pandemia”. Como podría imaginarme entonces que, esas mismas sensaciones, volverían a estar presentes ahora –o al menos– de un modo algo más subterráneo.

Son estas circunstancias las que me llevaron, en ciertos momentos, a una especie de desaparecer de sí, tal y como diría mi admirado sociólogo David Le Breton.

“Situarse fuera de sí para recobrar el aliento, dejar de estar allí, pero reservándose la posibilidad de volver”

David Le Breton

Pero como sé que la aceptación es el recurso más efectivo para mantener un equilibrio entre la realidad y el deseo, fue necesario que –desde mi propia exploración interior– detectase cuales eran esos pensamientos recurrentes que me estaban llevando a una cierta negatividad.

Y en todo este proceso de autoconocimiento, acabó por asomarse algo que seguro te debe sonar e, incluso, te puedes haber encontrado durante todo este tiempo de pandemia: la incertidumbre.

Por qué surge la incertidumbre

La incertidumbre se caracteriza por un sentimiento de desasosiego, de preocupación y de temor por el desconocimiento sobre algo que va a pasar, por un futuro incierto, pero también, por la imposibilidad de tomar el control de la situación que nos lleve a un resultado final en el menor tiempo posible.

Acostumbrados a estos tiempos, dónde se nos ha hecho partícipes de la inmediatez de las cosas, no nos han dejado espacio para adaptarnos a una vida más pausada, una vida como la que actualmente estamos experimentando.

Vivíamos sin ser conscientes de que, nuestra realidad, giraba en un entorno imprevisible, cambiante y lleno de giros inesperados en nuestro día a día. Quizás fuera nuestra forma de ver el mundo desde una perspectiva cómoda y segura, filtrada por la rutina diaria.

Y ese cambio en nuestro ritmo, en lo que dábamos por hecho, agrandó la sensación de incertidumbre ante un futuro que –lamentablemente– no sabemos hasta dónde nos llevará.

Esta pandemia nos obliga a convivir con el miedo a un posible cambio, sin saber en qué ámbito de nuestra vida nos puede afectar. ¿Qué pasará con mi futuro laboral? ¿Mi hijo se educará en casa o en la escuela? ¿Cómo afectará a mi salud si me infecto con el virus? ¿Cuándo llegará el día en el que pueda pasear, dar un beso, acercarme o abrazar sin la dichosa mascarilla?…

Preguntas que se instalan en nuestra mente y que somos incapaces de dar una respuesta certera ni controlar el resultado final, provocando inseguridad, angustia, miedo…  

¿Cómo podemos manejar la frustración en tiempo de pandemia?

Sin duda, aceptar la situación, aceptar que el cambio es parte de la vida, es el primer paso que debemos dar.

Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, el peligro o la simple incertidumbre. La primera de las estrategias que podríamos emplear, sería la de no enfocarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar.”

Mario Alonso Puig

De nada sirve mantenerse en la queja, recrearse en un sentimiento de negatividad, por la falta de control ante una situación que no podemos manejar. Porque, cuando entramos en esta rueda de inseguridad e incerteza por lo que pueda venir en un futuro próximo, tendemos a tomar el control imaginando desenlaces múltiples.

Y, por supuesto, por orden de nuestro cerebro saboteador, estos hipotéticos finales que proyectamos en nuestra mente, suelen situarnos en realidades alternativas alejadas de nuestro ideal (pesimismo y negatividad) o, por el contrario, más cercanas con expectativas desmesuradas.

Creamos una falsa sensación de control, con desenlaces a nuestra medida y adaptados al modo de pensar y estado emocional de ese momento. Con ello pretendemos lograr lidiar con el sufrimiento que nos provoca esta incertidumbre. En definitiva, para hacernos sentir en un engañoso estado de seguridad.

“La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos, pero, precisamente por ello, son los breves e indoloros finales, los que suelen constituir sus momentos de mayor desafío y ocasionan nuestros más irritantes dolores de cabeza”

Zygmunt Bauman

La vida está en constante movimiento y es un fluir de nuevas experiencias creadas por diferentes comienzos. Si siempre permaneciéramos inalterables ¿Qué motivación tendríamos para construir nuevos caminos? No habría nada que esperar, nada con lo que ilusionarse.

Se trata de aceptar que este cambio constante es parte de nosotros y que, nuestro camino en la vida, se va construyendo a base de experiencias que nos llegan inesperadamente, pero fruto de aquello que sí podemos controlar.

Hay que ser consciente del momento que estás viviendo, de tu presente y no anclarse en un futuro pensando en mil y un resultados posibles. Hipótesis que son solo certezas en tu mente. ¿Alguien sabe, en realidad, qué sucederá?

No puedes controlar un futuro incierto, pero sí el modo en cómo lo vives.

“Una persona proactiva puede llevar dentro de sí su propio clima psíquico o social. Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.”

Stephen Covey

Ponte en acción, sé una persona proactiva y dedícate a poner énfasis en tu círculo de confianza, en lo que sí puedes controlar, tal y como sugiere Stephen Covey en su bestseller “Los 7 hábitos de la gente altamente efectivas

Crea objetivos en tu vida ajustados a tu nueva realidad, objetivos que puedas medir, específicos, relevantes y alineados con tu visión de la vida, que puedas alcanzar y con un tiempo definido.

¿Y por qué? Porque de esta manera podrás ir planificando, paso a paso, tu camino hacia un futuro que tú estás diseñando. Un futuro con incertidumbre, sin duda, pero en el que sabrás encontrar alternativas a los obstáculos que vengan con mayor confianza y sin esperar a “verlas venir”.

Esta pandemia nos ha removido a todos, nos ha trastocado un presente que avanzaba seguro y de un modo vertiginoso, convirtiéndonos en piezas frágiles a merced de un futuro incierto. Pero la vida se compone de cambios, de riesgos, de dudas, de éxitos y de fracasos, de caídas y nuevos comienzos.

Me quedo con las palabras de Genís Roca en su artículo «El siglo XX ya duraba demasiado«: «El futuro siempre es un reto, pero a diferencia del pasado es nuestro destino»