Confieso que me gusta ir en busca del silencio… un silencio que me aleja de todo y a la vez me acerca a momentos… mis momentos de soledad. Un rinconcito privado, apartado de sonidos ajenos, dónde me abstraigo del mundo exterior y en el que la necesidad de sentirme yo se mezcla con la única compañía de mis pensamientos.

Quizás sea porque soy una persona introvertida pero este deseo por encontrar una desconexión con lo que me rodea, de aislarme del ruido, se me hace indispensable y necesario.

Pongo orden en mi cabeza cuando siento que empieza a crecer una maraña de dudas y también me reseteo de relaciones sociales cuando me invade una sensación de colapso “social”. Un reseteo que no significa romper con nada ni con nadie sino únicamente alejarme por un tiempo de todos y recargarme de energía.  

Busco un silencio que es también refugio de reflexión, de inspiración y, en ocasiones, de huida de una pesada realidad que las circunstancias de la vida te hace pasar.

Recuerdo mañanas en las que me iba a una de las playas cercanas a dónde vivíamos, durante nuestro periodo de expatriación en Dubái. Me encantaba. Todo un privilegio poder disfrutar del mar todo el año y poder ir cuando me apeteciera. Pero paradójicamente, y cuando la mente está en modo “negatividad on”, no veía lo que tenía delante de mí. Precisamente ese rincón a dónde iba a desconectar de mis momentos “de bajón” por estar en aquel país era algo que solo allí podía disfrutar y de lo que debía estar agradecida.

“La búsqueda del silencio es la exploración sutil de un universo sonoro, apacible, que apela por contraste al recogimiento personal, a la disolución del yo en un clima propicio.”

David Le Breton

Sentarme en la orilla del mar, pasear por la arena, oír el sonido de las olas. Caminar en un paseo sereno por la montaña o, por qué no, a ritmo algo más ligero sintiendo el aire refrescar mis pulmones a medida que avanzo con esfuerzo. Leer un libro tomando un café en una cafetería solitaria, o en casa acomodada en la silla del jardín. Escuchar música a través de mis auriculares mientras hago mi rutina de running o mientras conduzco aislada de todo.

Rincones de silencio que pueden estar dónde tú quieras. Refugios aislados que te permitan pausar la realidad por unos instantes y salir de esa rutina atronadora. Imagínate poder cerrar los ojos por unos instantes y trasladarte a un lugar especial dónde lo único que oigas sean sonidos… sin nada ni nadie…

“El silencio es para el hombre como una poda que lo pone de nuevo en forma y limpia de maleza el terreno en el que se debate.”

David Le Breton

Pienso en las mamás como yo y en lo que supone la crianza. Si eres madre es posible que tu pequeño te demande a todas horas. Lo haces sin pensar, sin dudarlo. Estás con él, le proteges, le cuidas, disfrutas de sus momentos infantiles e inocentes jugando. Aunque también sufres de sus malos ratos, de sus lloros que no comprendes cuando es un bebé o de sus rabietas por la pelea con alguno de sus hermanitos o de sus negativas a comer porque no es lo que más le gusta.

La mayoría de veces lo llevas bien, lo compaginas con tu faceta de mujer trabajadora o de mujer con otra vida además de la maternidad. En otras ocasiones aguantas en un equilibrio frágil, porque eres fuerte aunque la debilidad te la guardas dentro de ti… para que no se vea… para no mostrarte. Pero cuando ya no puedes más explotas,…

Ser madre es maravilloso, gratificante pero de igual modo te lleva en ocasiones a un estado de agotamiento e impotencia. Es posible que compartas estas tareas con las de tu pareja e igualmente es posible que los dos os encontréis en la misma situación. Es la ocasión perfecta para buscar vuestro momento de desconexión, vuestro refugio, bien juntos o cada uno en solitario.

Pero hazlo sin culpa, sin sentirte egoísta. Son tus ratitos de silencio, de esa paz en un rincón de soledad en dónde lo único que deseas es tranquilidad, estar contigo misma, disfrutar de ese instante en recogimiento.

Y, por supuesto, desconectar en pareja, pensando que vuestro pequeñín estará con personas que le quieren y que no le abandonáis. Vuestro refugio de silencio se convertirá en un espacio generador de conversaciones relajadas. ¿Cuándo fue la última vez que pudisteis hablar tranquilos, sin interrupciones… como antes?

Pasar un tiempo a solas te ayudará a reencontrarte, a escucharte sin influencias externas, a reflexionar, a inspirarte…

«La privacidad es esencial para obtener un refugio emocional donde pensar, donde envolvernos en nuestra introspección y reflexionar sobre nuestra realidad y sobre nosotros mismos»

Virginia Woolf

Y ahora tengo la sensación de que necesito ese tiempo, ese silencio para despejar la neblina que presiento está comenzando a asentarse… y poder reflexionar. No sé si es reseteo social o desconexión con lo que me rodea pero hace demasiado que tengo olvidado mi rincón de aislamiento.

Es necesidad, placer, deseo… no lo sé… para mí es una pequeña recompensa que me llena de energía, de vitalidad y, sobre todo, me hace sentir más viva, más yo…

Piénsalo ¿a que merece la pena ese pequeño regalo? ¿Te animas a buscar tu rincón de silencio?


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