fbpx

«No he hecho nada y me siento agotada». Durante muchos años esta frase casi se convirtió en mi mantra.

No comprendía por qué tenía días en los que no podía seguir el ritmo de las otras personas, aún sin haber realizado nada especial que me pudiera agotar. Y no te hablo solo de algo físico sino, también, de un nivel de energía mental.

Una sensación que me llenaba de frustración porque, en ocasiones, me hacía sentir menos que los demás. Para un día bueno que tenía había muchos en los que no llegaba a todo lo que pretendía, quedándome un montón de tareas por hacer sin ser capaz de seguir aunque quisiera.

Y eso mina la moral de cualquiera, claro. Empiezas a darle vueltas y a maldecir el por qué eres así, creyendo que tu dificultad de concentración, de ser productiva o de predisposición a actuar está causada por un bajo nivel de compromiso y esfuerzo.

Si a esta creencia le unimos una tendencia al perfeccionismo, te puedes imaginar el galimatías interior que podía tener. No me gusta hacer las cosas de cualquier manera y el recrearme en llegar al punto ideal de cómo quiero que esté lo que hago, me lleva al agotamiento.

Es el pez que se muerde la cola. Quiero seguir hasta que esté como yo quiero, pero este perfeccionismo acaba por hacer que me sienta agotada, con lo que por mucho que desee continuar, mi energía dice «stop».

Con los años fui aprendiendo a lidiar con estos cambios de ritmo y cansancio, tanto mentales como físicos. Y fue gracias a apoyarme en el autoconocimiento que logré gestionar el modo en como me veía, dejando de compararme y aceptando que no había nada malo en mí sino que esos eran mis ritmos.

Y todo sin saber todavía que era una persona altamente sensible. Cuando supe de mi rasgo PAS, empecé a conectar todas esas situaciones con las que había convivido toda mi vida y que me hacían sentir diferente dentro de un mundo de «normalidad».

Esta consciencia de saber que era una persona altamente sensible me permitió profundizar en el modo en cómo podía disfrutar de mi modo de experimentar el mundo, ahora sí, de un modo más amable y sin rechazo.

Qué hago para salir de este agotamiento

Uno de los enemigos de las personas altamente sensibles es llegar a este agotamiento y la dificultad para salir de él, ya que no siempre se es consciente de qué es lo que se ha hecho o experimentado para acabar cansada.

Esta bajada de energía viene dada por el efecto que nos produce la sobreestimulación y que experimentamos con ciertas situaciones, personas, lugares, emociones o pensamientos.

Al poseer un sistema neurosensorial más desarrollado que las personas no PAS, captamos un gran volumen de estímulos externos e internos lo que hace que nos sobreactivemos. Y esta sobreactivación, si no sabemos identificarla ni gestionarla, será la que nos reste energía y haga que sintamos estresadas y agotadas.

Es por ello que siempre insisto en la importancia del autoconocimiento y, en especial, para las personas altamente sensibles. El ser consciente de todo lo que supone tener este rasgo ayuda a que una pueda vivir, de un modo más armónico y amable, su alta sensibilidad.

Así que, conociendo lo que mejor se adapta a mi ritmo PAS, procuro no forzar la “máquina”, es decir, no hacer más de lo que sé que mi energía puede dar y asumir e integrar, de un modo amable, los efectos tras exponerme a un lugar o situación que me sature.

Pero también, hay momentos en los que no te das cuenta de que estás inmersa en un proceso de sobreactivación Por ejemplo, cuando estás pasándotelo bien con tus amigas en una cena y no aprecias el volumen del ruido a tu alrededor. Solo te das cuenta cuando tu cuerpo hace un clic y te “avisa” de que te estás sobrecargando: dolor de cabeza, querer estar a solas, pérdida de concentración, etc.

En mi caso, lo que hago para salir de ese agotamiento, es prestar atención a las señales que me da mi cuerpo. En mi caso, cuando empiezo a sentir dolor de cabeza o tengo dificultad en concentrarme y prestar atención, sé que mi energía va a comenzar a agotarse.

Así que me doy lo que necesito en ese momento. Puede ser un pequeño descanso, estar a solas unos minutos, meditar, hacer ejercicio o, simplemente, tomarme una bebida fresquita en verano o caliente en invierno.

Herramientas y pautas que me ayudaron a dejar de sentirme siempre tan cansada

Sin duda, el autoconocimiento fue lo que más me ha ayudado a reconocer lo que realmente me cansa y, así, poder proteger mi energía.

Es importante que seas consciente de tu día a día, es decir, de qué haces, cómo lo haces y cómo te sientes haciéndolo. Se trata de que escuches a tu cuerpo de un modo más profundo y sepas bajar el ritmo en un momento dado, dejar de hacer una actividad o alejarte de ciertos lugares o personas.

Algo que me resultó útil para reconocer cuando me sentía agotada, fue realizar una especie de diario semanal anotando los momentos en los que experimentaba este cansancio.

Con este ejercicio que te propongo, deberás reflexionar sobre aquello que hiciste o dónde estuviste o con quién te relacionaste y pensar, después, si te sentiste saturada o agobiada en alguno de esos momentos.

El descanso es fundamental para lograr rebajar tu cansancio. Date permiso para “parar”, sin remordimientos. Piensa en que no es un capricho sino una necesidad que tu cuerpo y tu sistema neurosensorial como persona altamente sensible, te reclama.

Decir «no» a compromisos que no me apetecen ha sido una gran liberación. La verdad es que era algo que ya practicaba antes de saber que era PAS. Aprender a ser asertiva es una parte importante para tu autoestima e, indudablemente, para convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute y la libertad.

Cuidarse es fundamental para logar gestionar tu energía así que, sabiendo lo que te agota, podrás decidir qué hacer para gestionarlo.

Se trata de darte lo que necesitas para convivir de un modo saludable con tu alta sensibilidad, desde el respeto hacia ti misma y hacia tu forma de experimentar el mundo.

Si este artículo ha resonado contigo, es posible que seas una persona altamente sensible. Así que te animo a indagar más sobre el tema y tomar consciencia de todo lo que significa convivir con este rasgo.

Y si necesitas ayuda para gestionar tu rasgo PAS de un modo más amable, te invito a descubrir y reconocer tu alta sensibilidad, desde el autoconocimiento, con mi Sesión de Coaching 1 a 1: «DESCUBRE Y CONECTA CON TU ALTA SENSIBILIDAD«.

Cuéntame ¿Cómo gestionas tus momentos de agotamiento? ¡Te leo!

Anterior