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Si hay algo que he aprendido a lo largo de mi vida es que, respetarse a una misma, es parte fundamental para mantener una sana autoestima.

Porque sin este autorrespeto, sin esta dignidad que debemos otorgarnos siendo conscientes de lo que representa para nosotros, difícilmente podremos sentirnos felices.

Trabajar la autoestima no significa, únicamente, dedicarte frases bonitas y motivantes hacia ti, sino que necesitas mantener un equilibrio satisfactorio en todas las partes que la construye: autoconcepto, autorrespeto, autoimagen, autoaceptación, autoevaluación y autoconocimiento.

Qué sucede cuando no te respetas a ti misma

Como ves, una de esas partes que componen la autoestima es el respetarse a una misma. Fundamental para poder valorarte positivamente y sentir seguridad en ti misma.

Porque, en el momento en que no te sientes digna de lo que te mereces –crees que eres menos que los demás– cualquier acción que intentes para mejorar tu bienestar emocional lo sabotearás. Es decir, si no crees que eres merecedora de tu felicidad no harás nada para conseguirla.

¿Y a qué te lleva el no actuar? Pues a no ser dueña de tu vida, a sufrir, a vivir a remolque de la necesidad de conseguir y mantener el afecto de otra persona mostrándote, continuamente, valiosa e imprescindible para los demás.

El no respetarse a una misma provoca que una se sumerja en un laberinto del que no contempla salir, básicamente, porque no se es consciente de que está perdida en él. Toda gira en torno a la creencia de que la felicidad te la proporcionan los otros.

Una creencia que irá minando tu autoestima. No te crees capaz de ser feliz por ti misma, sino que sobrevaloras las necesidades de los otros en detrimento de las tuyas.

Así se llega a una adicción por querer recibir el mismo trato, “de generosidad sin condiciones”, que estás dando porque, tú, como persona extremadamente “buena, altruista, atenta”, estás dispuesta a no quererte por querer a los demás.

Te conviertes en un “mendigo emocional” a quién, el miedo por perder el aprecio y el cariño de la otra persona, le hace olvidar el respeto por si mismo, su amor propio.

Organizas tu vida en función de las expectativas de valoración que depositas en la otra persona. Actúas esperando una reacción desmedida de afecto o de reconocimiento por “tu buena obra” porque crees, en lo más profundo, que los demás te necesitan. Y cuando esas expectativas acaban por no cumplirse te hundes un poquito más en tu –ya débil– autoestima.

Yo también dejé de respetarme  

Te comentaba al inicio de este post que, si algo había aprendido en experiencias pasadas, había sido la importancia de respetarme. Comprendí que, sin este respeto, no podía sentirme ni valiosa, ni reconocer mis fortalezas, ni creer en mí. En definitiva, no podía reconstruir mi autoestima.

Fue durante el tiempo que viví fuera de mi país, dónde experimenté una verdadera montaña rusa emocional. Nada extraña para quién recién inicia una nueva vida en otro lugar: estar lejos de tus seres queridos, de todo lo que conoces, de tus amistades, hacerte a nuevas costumbres, al idioma, la adaptación al país tanto tuya como la de tu hijo…

Mil aspectos que, reconozco, influyeron en mi estado anímico y que me adentraron en una oscura cueva. No sabía lo que me pasaba, no comprendía por qué sentía las emociones de un modo tan intenso, algo de lo que ahora soy mucho más consciente gracias al autoconocimiento y, recientemente, al descubrir mi rasgo de persona altamente sensible.

Y la forma de escapar a mis miedos, a mi débil autoestima, fue anclarme a una amistad que surgió de un modo casual.

Exceso de atenciones, de querer ayudar y ser necesaria, de esperar la misma respuesta desinflándome al no cumplirse mis expectativa. Así que lo que comenzó como algo muy bonito y sincero acabó siendo un sufrimiento y un mendigar emocional por mi parte.

Por suerte, toda esta experiencia me sirvió de aprendizaje y supe valorar mucho más lo que tenía en mi vida, a quienes la conformaban y disfrutar, de un modo sano, amistades posteriores que llegaron a mi vida.

Cómo volver a respetarte y fortalecer tu autoestima

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no es verdad. Lo que cura es el autoconocimiento, el aprender a ser consciente del para qué de nuestras acciones, el comprender qué creencias tenemos que nos hace desviarnos de nuestros valores, de nuestra esencia, de todo aquello que conforma lo que somos realmente.

Un autoconocimiento que, en mi caso, logré gracias al coaching. Pude adquirir herramientas con las que poder observarme, reflexionar y descubrir qué era aquello que faltaba en mi autoestima para que un día dejara de respetarme.

Porque respetarse a una misma requiere de valentía para superar miedos y creencias. Afrontar la certeza de que tu visión de la realidad no tiene por qué ser la única válida para tu bienestar emocional.

También supone aceptar que la soledad forma parte de ti. Que la atención que tanto reclamas te la debes dar tú misma. Que nunca serás realmente feliz si no aprendes a vivir sola contigo misma. Debes conocerte en soledad, regalarte y dedicarte períodos a solas, desconectada del móvil, de tu entorno.

“Una persona que no sabe ser feliz por sí misma en soledad es un auténtico peligro social”

Gerardo Schemedling

Necesitas aprender a ser independiente emocionalmente, comprender que la felicidad no te la proporcionan los demás sino tú misma cuando actúas bajo tus propios valores y convicciones.

Una relación ha de ser saludable, es decir, sentir que estas en libertad a la hora de dar, pero también a la hora de recibir. ¿Cómo puedes sentirte libre si necesitas a alguien para alimentar tu felicidad?

Piensa en el presente, en lo que tienes, en lo que has conseguido por ti misma. Piensa lo que te aporta todo aquello que tienes a tu alrededor, en que el amor nace sin la necesidad de dar y sin esperar nada a cambio, de respetar y ser respetado.

El autocuidado es básico para que puedas sentirte bien con quién eres. Por que para respetarte tienes que sentir que te quieres, que tú eres la primera de la lista cuando necesites tiempo para ti. Cuidar de ti es regalarte momentos de desconexión, momentos de estar presente.

Y esta desconexión te será útil para ser consciente de que tu propia compañía es suficiente para desenvolverte en el mundo. Nadie mejor que tú para tomar las riendas de su vida.

Aprende a decir no.  Como expliqué en mi anterior post, aprender a ser asertiva te ayudará a marcar unos límites entre tus deseos y lo que quieren de ti los demás. Es tu responsabilidad ceder o no antes las peticiones de otras personas.

Acepta los cumplidos, los elogios. Créete las cosas buenas que dicen de ti. Puedes realizar un ejercicio que te servirá para ponerlo en práctica. Pide a algunos amigos que te escriban una lista de cinco cosas buenas de ti. ¡Te sorprenderás de como te ven los demás y de cómo te valoran!

Respetarse a una misma significa buscar tu propia libertad y dejar que los demás disfruten de la suya.

Tienes que ser capaz de crear tu mundo, tu vida, poniendo límites y sin depender de nada ni de nadie, solo y únicamente de ti. Aprender a vivir en soledad, conociéndote y disfrutando de ti, valorándote para, poco a poco, ir elevando tu autoestima.

El camino no es fácil y si sientes que necesitas a alguien que te guíe en este viaje de transformación, me encantará ayudarte con mi programa de coaching Despierta tu Autoestima.

Por mi propia experiencia y la de mis clientes, sé lo poderoso que es el coaching como herramienta de autoconocimiento y transformación personal así que no dudes en ponerte en contacto conmigo si te surge alguna duda.  

Ahora que ya sabes que, respetarse a una misma es parte fundamental para que tu autoestima esté en lo más alto, ¿de qué modo te sientes identificada con lo que he compartido contigo? ¡Te leo en los comentarios!

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