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3 señales que indican que necesitas relajar tu mente PAS para no sentirte tan cansada

3 señales que indican que necesitas relajar tu mente PAS para no sentirte tan cansada

Solemos asociar el cansancio con el haber realizado alguna actividad física previamente pero, pocas veces, nos damos cuenta de que «pensar» también es un acto de nuestro cuerpo y, como tal, hacerlo de un modo excesivo acaba por agotarnos.

Te tranquilizará saber –si no lo sabes ya– que, para una PAS, perderse en pensamientos que parecen dar vueltas sin fin es lo normal. Por tanto, intentar apagar todo este ruido mental, acaba siendo una necesidad.

Y es que sentirte en calma no tiene precio ¡palabra de PAS!

Con este post, me gustaría mostrarte la importancia de saber distinguir esos momentos en los que necesitas relajar tu mente para no sentirte tan cansada.

Si eres una persona altamente sensible, rumiar o tener un intenso diálogo interior, forma parte de tu rasgo. De hecho, es uno de los pilares fundamentales de las persona altamente sensible: poseer un procesamiento profundo de la información.

No sé tú, pero yo tengo momentos en los que las películas que me monto en mi cabeza son de Oscar. Venga a darle vueltas y vueltas sobre ideas o situaciones que me han pasado. Aunque la verdad es que, el autoconocimiento, me ha ayudado a frenar y relajar mi mente.

Es lo bueno de aprender a conocerse y, en especial, de saber cómo afecta tu rasgo en tu vida y en el modo de actuar. No es lo mismo enfrentarte a tu día a día sabiendo cuándo y cómo puedes sobreactivarte y disponer de herramientas y pautas para rebajar esa saturación, que acumular toda esa frustración por sentirte mal y no poder hacer nada.

En lo que respecta al pensamiento profundo de las personas altamente sensibles, en ocasiones se hace complicado ser consciente de cuando entras en este bucle de reflexión y búsqueda de respuestas.

Porque, para nosotras las PAS, encontrar la solución a un problema, decidir sobre algo o darle sentido a una situación vivida, supone exprimir nuestro cerebro para que intente acceder a todos los hipotéticos resultados posibles.

Y, claro está, toda esta profundidad de reflexión acaba por cansarte y agotarte, aunque no haya sido un día especialmente activo, físicamente, para ti.

¿Qué señales son las que te indicarán que debes relajar tu mente PAS? Estas son algunas que te resultarán familiares:

Le das vueltas sin parar y te preocupas por alguna situación vivida

Como PAS, puede que empieces a reflexionar sobre alguna experiencia que haya perturbado tu día y acabes dándole vueltas, sin parar. Lo que haces es ir buscando respuestas al por qué alguien –o tú misma– actuó de una determinada manera o qué pudiste hacer –o dejar de hacer– durante esa situación que te removió.

Es ahí cuando, sin descanso, tu mente empieza a ponerse en marcha y a hilvanar pensamientos, justificaciones, culpabilidades, ideas, visiones, etc. siempre referidos al episodio pasado.

Aunque, estas experiencias no tienen por qué ser siempre sobre algo negativo. Incluso, si alguna de ellas ha supuesto un impacto realmente positivo en tu vida, la mente PAS la recrea en bucle para diseccionarla, buscando el instante más agradable, las sensaciones más poderosas o recrear el momento más emotivo.

Con todo este exceso de información rodando por tu cabeza como si fuera una jaula de hámster, no es de extrañar que acabe sobreactivándote y, finalmente, agotándote sin que te des cuenta de ello.

Piensa que, si te sientes constantemente preocupada tras darle vueltas a un mismo pensamiento, es por que sientes que hay algo que no puedes controlar dentro de la situación, lo que te llevará a generar un estado de estrés y malestar.

Es importante que intentes ser consciente de cuándo tus pensamientos están siendo excesivos y con tendencia a centrarse en la misma situación o experiencia.

Creas un diálogo interior en el que dudas constantemente

La intensa reflexión que solemos tener las PAS, en lo que respecta a temas profundos o relacionados con aspectos trascendentales de nuestra vida, es algo que que hay que poner en valor. Sabemos escuchar y estar presentes, al mismo tiempo que transmitimos confianza a los demás.

Se atreven a contarnos sus inquietudes y sus problemas aunque no nos conozcan mucho porque, con nuestra gran empatía y serenidad, sabemos darles consejos y reconfortarlos desde la calma.

Aunque, todo ese poder de escucha, también nos permite atender nuestro interior de un modo profundo. Te preguntas mil veces por qué te pasa esto o aquello, o intentas decidir algo que puede afectar a tu vida. Y aparecen los miedos a fallar, a no elegir la mejor opción.

Te escuchas y te respondes dentro de tu cabeza como si estuvieras delante de una buena amiga. Y cuanto más analizas y reflexionas, más dudas te entran. Y así hasta que te sientes agotada.

Piensas, reflexionas demasiado y acabas por saturarte. ¿Qué hacer, entonces, para relajar tu mente PAS y ese continúo diálogo interior?

De nuevo se hace presente el autoconocimiento. Te ayudará a ser consciente de ese momento rumiante en el que, tu propio deseo de querer entenderte y dar con la mejor solución a un problema o situación, acabará por introducirte en una espiral de dudas para evitar equivocarte.

Así que procura dejar descansar tu mente y háblate solo para decirte: «date permiso para fallar y descansa«.

Te recreas en el pasado y en el futuro sin pararte en el presente

¿Te suenan los «Y si…»? Relacionado con las dos señales anteriores, para las personas altamente sensibles, pensar demasiado sobre algo del pasado, o sobre algo que podría suceder en el futuro, es fruto de todo ese pensamiento y reflexión sobre la vida que tanto les llena.

Pero, el exceso, acaba por provocar sufrimiento, saturación y cansancio. Te recreas en hechos del pasado, en acciones, en todo aquello que pudiste haber hecho diferente. Y también piensas en el futuro, en como sería si tomaras una decisión u otra o en cómo te afectaría.

¿Qué sucede cuando te recreas en el pasado y en el futuro de un modo intenso? pues que no te paras en el presente. Lo dejas pasar de largo sin ser consciente de que lo que importa es lo que estás viviendo, en el aquí y en el ahora.

Amiga sensible, céntrate en lo que está en tu mano, en lo que puedes controlar y deja que lo que tenga que pasar, pase.

Te darás cuenta de que, estando más en el presente, tus ganas de ponerte en acción aumentan y, por tanto, todo esa neblina de pensamientos también acabará por mantenerse por menos tiempo en tu mente.

Así que solo puedo decirte que intentes ser consciente de cómo vives, de en qué piensas y cómo lo haces, de cuánto tiempo pasas anclada o caminando en círculos con los mismos pensamientos. Qué descubras que emociones te generan, qué sentimientos, qué juicios o creencias.

En definitiva, vive desde el autoconocimiento y aprende a relajar tu mente PAS para lograr una vida de calma, tranquilidad y disfrute abrazando tu sensibilidad.

¿Cómo te afecta el exceso de pensamiento? ¿Sueles acabar agotada?

5 rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma

5 rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma

A veces pienso que, este mundo lleno de ruidos, de mil y un estímulos, de prisas, de inmediatez como acuñó Zygmunt Bauman, no está hecho para las personas altamente sensibles.

Necesitamos calma para convivir con nuestra sensibilidad pero, las obligaciones del día a día y las rutinas que nos imponemos para poderlas cumplir, hacen que, a menudo, afloren los fantasmas de la alta sensibilidad..

Aunque, no solo en las obligaciones diarias las PAS tendemos a saturarnos antes que las no PAS sino, también, en las experiencias que disfrutamos.

Qué agotador se nos hace saber que, al día siguiente de una buena cena con amigos donde te lo pasaste genial entre risas y charlas, vas a estar hecha un desastre. Y no por la bebida –que igual lo estás pensando– sino por la infinidad de estímulos que una PAS acaba absorbiendo e intentando procesar.

Imagínate que estás dentro de una burbuja en la que las conversaciones, el ruido del murmullo de las mesas de alrededor, el simple placer de saborear la comida, las emociones intensas que surgen al estar inmersa en el disfrute del momento, el sonido de la música de ambiente, se entremezclan y forman un todo rebotando en tu cabeza.

Toda esta información, captada por tus sentidos, y tanto esfuerzo por necesitar procesarla acaba por estallar en tu mente y en tu cuerpo: cansancio, dolor de cabeza, malhumor, desconcentración, querer estar a solas, tranquilidad.

El propio testimonio de Olga, PAS y mujer luchadora, lo dice todo. Recientemente, me comentaba su propia experiencia con la sobreactivación y como la hace sentir: “cuando tu cuerpo te pide retirarte y descansar es un poco amargura”.

Y es que, si hay una constante en la convivencia con el rasgo de la alta personalidad es, sin duda, la sensación de limitación y saturación durante los momentos de sobreactivación.

Así que, para que puedas relajarte y lidiar de un modo más amable con esta sobreactivación, te propongo cinco rutinas que te servirán para convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Suena bien ¿verdad?

1. Pasear por la naturaleza

Las PAS solemos sentirnos atraídas por la naturaleza y mucho tiene que ver la predisposición a captar todo tipo de sutilezas. Nos podemos quedar embobadas con el simple olor que desprende una flor o el sonido de un pájaro o con los colores del cielo o del mar.

A las personas altamente sensibles, el estar en contacto con este entorno, les aporta un plus de tranquilidad. Pero, para que una sienta de verdad esa calma, debe de hacerlo de un modo lento, consciente y estando presente. Siguiendo los consejos de Elaine Aron, es importante “controlarse y moverse del modo como quieres sentirte”.

Es posible que, si estás sobreactivada, tiendas a caminar con paso ligero y con movimientos rígidos, transmitiendo enfado o nerviosismo. Procura relajarte estando presente en lo que haces, en tus pasos, en tu respiración. Puedes moverte suavemente o parar si lo necesitas. De este modo reducirás la tensión y tu mente volverá a la calma.

Al incorporar el hábito de pasear de un modo consciente por la montaña, caminar por la arena de la playa escuchando el ruido del mar o el poder estar en contacto con la naturaleza de algún modo, estarás regalándote momentos de autocuidado.

Conseguirás relajar tu mente, desconectando del ruido de tantos estímulos y conectando con el simple placer de apreciar el momento en un entorno que te llena de energía y de paz.

2. Descansar

Qué importante es el descanso para las PAS y, añadiría, para cualquiera. Te diría que es parte fundamental para lograr convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Es una de las rutinas más importantes y que más te ayudará a rebajar esos momentos de saturación.

¿Y por qué? Porque el descanso permite a tu cerebro desconectar de toda esa intensidad de estímulos que te han llevado a estresarte y agotar tu energía. Es posible que una experiencia vivida durante la mañana te haya hecho anclarte en unos pensamientos y revivir la situación una y otra vez.

Así me lo contaba una amiga sensible: “la sobreactivación me hace sentir muy abrumada, me hace sentir muy dentro aquello importante que ha ocurrido ese día y no me permite parar, continuamente revivo, pienso o saco ideas de aquello que ha pasado”.

Descansar te ayudará a resetear tu cerebro PAS y, por tanto, a calmarlo de pensamientos agotadores. Además, lograrás recargar tu energía y sentirte enérgica de nuevo.

3. Estar a solas

Otra de las rutinas relajantes que te propongo es la de darte permiso para estar a solas. Alejarte de personas, lugares o situaciones durante un breve periodo de tiempo te permitirá conectar contigo misma y mantenerte en un estado de mayor tranquilidad. Algo que tu mente te lo agradecerá.

Estar a solas no es malo. Tampoco debe hacer que te sientas culpable por querer alejarte de amistades o personas de tu alrededor. Esta práctica, tan necesaria para las PAS, favorece el reencuentro con esa parte más íntima de la alta sensibilidad.

Permite centrarte en tus pensamientos y en tus emociones de un modo más consciente, sin distracciones ni estímulos que te saboteen, de disfrutar del momento… de tu momento.

Estar a solas es cumplir con esa necesidad de escape para recuperar la energía perdida y, al mismo tiempo, cuidar ese lado más sensible desde un rincón privado y amable.

Piensa que no es un capricho si no una necesidad, así que te invito a practicar este hábito en tu vida desde ya.

4. Hacer yoga, ejercicio amable o meditar

Yoga, meditación o ejercicio amable. Se trata de aprender a mantenerte en un estado de calma para evitar que tus episodios de saturación te agobien y te hagan la vida más complicada de lo que ya es para cualquier persona.

Con esta rutina aprenderás a centrar tu atención en tu respiración y en tu cuerpo lo que te permitirá desconectar tu mente de esos momentos en los que sientes que no puedes parar de darle vueltas a un asunto, pensamiento o experiencia.

Con este hábito lograrás desconexión de tu estado de saturación y relajación al focalizar tu punto de mira en ti misma.

5. Escribir tus pensamientos en un diario o páginas matutinas

Uno de mis preferidos y con los que consigo mantenerme en paz con mi mente. Exteriorizar lo que pensamos es una buena práctica para descargar toda esa marabunta de excesos reflexivos y pensamientos profundos.

Escribir es un modo de dar voz a lo que sucede en tu interior, de verlo plasmado delante de ti y que, de otra manera, revolotearía dentro de tu cabeza sin poder darle un sentido.

Puedes realizar páginas matutinas, tal y como propone Julia Cameron en su libro El camino del Artista. Se trata de escribir tres páginas nada más levantarte, sin pensarlo demasiado y salga lo que salga.

Otro ejercicio puede ser el escribir un diario donde volcar tu día a día, tus experiencias, sensaciones y emociones. Te servirá para reconocer y comprender mejor tu alta sensibilidad al quedar reflejado en papel tu modo de sentir y actuar dependiendo de lo que ha acontecido en tu vida.

Es tu turno

Ahora es el momento para incorporar en tu vida estas cinco rutinas que te ayudarán a convivir con tu alta sensibilidad desde la calma. Solo necesitarás la voluntad de querer cuidar de ti misma, siendo consciente de tu rasgo y de lo que supone en tu vida.

No dudes en solicitar ayuda si tienes dificultades para hacerlo tú sola. Estaré encantada de acompañarte, con mis sesiones de coaching para PAS, en tu deseo de convivir con tu alta sensibilidad de un modo más amable. Puedes enviarme WhatsApp clicando aquí y hablamos sobre tu situación.

¿Incluyes en tu día a día alguna otra rutina para cuidar de tu sensibilidad? Deseando leerte abajo en los comentarios 👇

No he hecho nada y me siento agotada

No he hecho nada y me siento agotada

«No he hecho nada y me siento agotada». Durante muchos años esta frase casi se convirtió en mi mantra.

No comprendía por qué tenía días en los que no podía seguir el ritmo de las otras personas, aún sin haber realizado nada especial que me pudiera agotar. Y no te hablo solo de algo físico sino, también, de un nivel de energía mental.

Una sensación que me llenaba de frustración porque, en ocasiones, me hacía sentir menos que los demás. Para un día bueno que tenía había muchos en los que no llegaba a todo lo que pretendía, quedándome un montón de tareas por hacer sin ser capaz de seguir aunque quisiera.

Y eso mina la moral de cualquiera, claro. Empiezas a darle vueltas y a maldecir el por qué eres así, creyendo que tu dificultad de concentración, de ser productiva o de predisposición a actuar está causada por un bajo nivel de compromiso y esfuerzo.

Si a esta creencia le unimos una tendencia al perfeccionismo, te puedes imaginar el galimatías interior que podía tener. No me gusta hacer las cosas de cualquier manera y el recrearme en llegar al punto ideal de cómo quiero que esté lo que hago, me lleva al agotamiento.

Es el pez que se muerde la cola. Quiero seguir hasta que esté como yo quiero, pero este perfeccionismo acaba por hacer que me sienta agotada, con lo que por mucho que desee continuar, mi energía dice «stop».

Con los años fui aprendiendo a lidiar con estos cambios de ritmo y cansancio, tanto mentales como físicos. Y fue gracias a apoyarme en el autoconocimiento que logré gestionar el modo en como me veía, dejando de compararme y aceptando que no había nada malo en mí sino que esos eran mis ritmos.

Y todo sin saber todavía que era una persona altamente sensible. Cuando supe de mi rasgo PAS, empecé a conectar todas esas situaciones con las que había convivido toda mi vida y que me hacían sentir diferente dentro de un mundo de «normalidad».

Esta consciencia de saber que era una persona altamente sensible me permitió profundizar en el modo en cómo podía disfrutar de mi modo de experimentar el mundo, ahora sí, de un modo más amable y sin rechazo.

Qué hago para salir de este agotamiento

Uno de los enemigos de las personas altamente sensibles es llegar a este agotamiento y la dificultad para salir de él, ya que no siempre se es consciente de qué es lo que se ha hecho o experimentado para acabar cansada.

Esta bajada de energía viene dada por el efecto que nos produce la sobreestimulación y que experimentamos con ciertas situaciones, personas, lugares, emociones o pensamientos.

Al poseer un sistema neurosensorial más desarrollado que las personas no PAS, captamos un gran volumen de estímulos externos e internos lo que hace que nos sobreactivemos. Y esta sobreactivación, si no sabemos identificarla ni gestionarla, será la que nos reste energía y haga que sintamos estresadas y agotadas.

Es por ello que siempre insisto en la importancia del autoconocimiento y, en especial, para las personas altamente sensibles. El ser consciente de todo lo que supone tener este rasgo ayuda a que una pueda vivir, de un modo más armónico y amable, su alta sensibilidad.

Así que, conociendo lo que mejor se adapta a mi ritmo PAS, procuro no forzar la “máquina”, es decir, no hacer más de lo que sé que mi energía puede dar y asumir e integrar, de un modo amable, los efectos tras exponerme a un lugar o situación que me sature.

Pero también, hay momentos en los que no te das cuenta de que estás inmersa en un proceso de sobreactivación Por ejemplo, cuando estás pasándotelo bien con tus amigas en una cena y no aprecias el volumen del ruido a tu alrededor. Solo te das cuenta cuando tu cuerpo hace un clic y te “avisa” de que te estás sobrecargando: dolor de cabeza, querer estar a solas, pérdida de concentración, etc.

En mi caso, lo que hago para salir de ese agotamiento, es prestar atención a las señales que me da mi cuerpo. En mi caso, cuando empiezo a sentir dolor de cabeza o tengo dificultad en concentrarme y prestar atención, sé que mi energía va a comenzar a agotarse.

Así que me doy lo que necesito en ese momento. Puede ser un pequeño descanso, estar a solas unos minutos, meditar, hacer ejercicio o, simplemente, tomarme una bebida fresquita en verano o caliente en invierno.

Herramientas y pautas que me ayudaron a dejar de sentirme siempre tan cansada

Sin duda, el autoconocimiento fue lo que más me ha ayudado a reconocer lo que realmente me cansa y, así, poder proteger mi energía.

Es importante que seas consciente de tu día a día, es decir, de qué haces, cómo lo haces y cómo te sientes haciéndolo. Se trata de que escuches a tu cuerpo de un modo más profundo y sepas bajar el ritmo en un momento dado, dejar de hacer una actividad o alejarte de ciertos lugares o personas.

Algo que me resultó útil para reconocer cuando me sentía agotada, fue realizar una especie de diario semanal anotando los momentos en los que experimentaba este cansancio.

Con este ejercicio que te propongo, deberás reflexionar sobre aquello que hiciste o dónde estuviste o con quién te relacionaste y pensar, después, si te sentiste saturada o agobiada en alguno de esos momentos.

El descanso es fundamental para lograr rebajar tu cansancio. Date permiso para “parar”, sin remordimientos. Piensa en que no es un capricho sino una necesidad que tu cuerpo y tu sistema neurosensorial como persona altamente sensible, te reclama.

Decir «no» a compromisos que no me apetecen ha sido una gran liberación. La verdad es que era algo que ya practicaba antes de saber que era PAS. Aprender a ser asertiva es una parte importante para tu autoestima e, indudablemente, para convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute y la libertad.

Cuidarse es fundamental para logar gestionar tu energía así que, sabiendo lo que te agota, podrás decidir qué hacer para gestionarlo.

Se trata de darte lo que necesitas para convivir de un modo saludable con tu alta sensibilidad, desde el respeto hacia ti misma y hacia tu forma de experimentar el mundo.

Si este artículo ha resonado contigo, es posible que seas una persona altamente sensible. Así que te animo a indagar más sobre el tema y tomar consciencia de todo lo que significa convivir con este rasgo.

Y si necesitas ayuda para gestionar tu rasgo PAS de un modo más amable, te invito a descubrir y reconocer tu alta sensibilidad, desde el autoconocimiento, con mi Sesión de Coaching 1 a 1: «DESCUBRE Y CONECTA CON TU ALTA SENSIBILIDAD«.

Cuéntame ¿Cómo gestionas tus momentos de agotamiento? ¡Te leo!

Cuando descubres que eres Altamente Sensible y no un bicho raro

Cuando descubres que eres Altamente Sensible y no un bicho raro

Si hay una emoción que describe a la perfección el momento en el que descubres que eres una persona Altamente Sensible es, sin duda alguna, la de alivio.

Alivio porque, por fin, te has quitado esa pesada mochila que llevabas arrastrando toda tu vida: la de no saber por qué tu forma de sentir, de emocionarte, de percibir todo lo que te rodea hasta el más mínimo detalle podía ser tan diferente al resto.

Cuando descubres tu alta sensibilidad te das cuenta de que ya no estás sola, de que tu particular manera de experimentar la realidad coincide con otras muchas personas.

No te voy a negar que siempre he tenido la sensación de que, mi forma de ser y estar en el mundo, no encajaba muy bien con el estándar de una sociedad que –por regla general– ve con mejores ojos a personas extrovertidas, muy comunicativas, con facilidad para hacer amigos allá donde van o que se muestran cómodas bajo la presión de la competitividad.

Y cuando ves que todas esas etiquetas no te representan, o no te identificas con ellas, acabas viviendo con la eterna sensación de que eres «un bicho raro» y que tienes un problema que debes solucionar para intentar ser como los demás.

Así que, puedes resolverlo de dos maneras. No haciendo caso a lo que piensen los demás, manteniéndote fiel a tu esencia, es decir, a tu particular manera de sentir el mundo o decides que lo mejor es tragarte tus «manías». Opción, que confieso, escogí yo.

Asumí que «lo correcto» –para no desentonar en mi entorno– era salir de fiesta aunque me saturara; hacerme la fuerte, bloqueando mis emociones para no sufrir y mostrarme vulnerable; o intentar disfrutar de conversaciones superficiales aunque me resultaran tremendamente aburridas.

Pero esta negación de esa parte de mi, no solo hizo que «no fuese como los demás», sino que se convirtió en un actuar por el mundo distinto al modo en cómo yo lo interpretaba, lo sentía y lo percibía.

Y el resultado final es que acabas comparándote con los otros, creyendo que nunca podrás estar “a la altura” y logrando, en algunos casos, que tu autoestima se desmorone. Te ves caminando por la vida sin comprender por qué eres así, sintiendo que tu forma de ser te hace valer menos que los demás.

Hasta que un día todo cobra sentido y descubres que no eres un bicho raro. Te das cuenta de que, todo lo que considerabas extraño y peculiar en ti, forma parte de tu personalidad: la de una Persona Altamente Sensible (PAS).

Qué significa ser una persona con alta sensibilidad

La Alta Sensibilidad, descubierta por la psicóloga Elaine Aron, es un rasgo hereditario que se da entre el 15%-20% de la población y en igual medida entre hombres y mujeres.

Por lo tanto, no se debe hablar de trastorno ni de enfermedad sino de una característica del procesamiento sensorial que ciertas personas poseen. Personas que, en un alto porcentaje, tienden a ser introvertidas aunque también encontramos PAS extrovertidas.

En sus estudios, Elaine Aron menciona que las Personas Altamente Sensibles –PAS– nacen con un sistema nervioso que les permite percibir y procesar los estímulos internos y externos de un modo más intenso que las demás.

Pero no por ser extremadamente sensible puedes ser considerada PAS. Para saber si posees este rasgo de personalidad tienes que cumplir, sin excepción, estas cuatro características:

  • Tener una alta capacidad de atención y consciencia de todo lo que te rodea, procesando la información de un modo más profundo (darle vueltas a las cosas, excesivo diálogo interior, etc.)
  • Tener una gran emocionalidad y empatía, experimentando las emociones –ya sean negativas como positivas– más intensamente. Asimismo, las PAS tienen una gran capacidad para ponerse en el lugar de la otra persona hasta el punto que pueden asumir las emociones ajenas como suyas propias.
  • Tendencia a la sobreestimulación provocada por la capacidad de absorber un exceso de información y reflexionar profundamente sobre sus propias experiencias.
  • Gran sensibilidad para las sutilizas lo que las hace capaces de percibir hasta el mínimo detalle de los estímulos recibidos a través de sus sentidos.

“La única forma de llegar a tolerar e incluso a disfrutar del hecho de estar en el mundo es estando en el mundo”

Elaine Aron

Quizás ya te identificaras con este rasgo o puede que sea la primera vez que oyes hablar de él y te hayas sentido identificada y aliviada por saber que no estás sola y que toda una vida de incomprensión ahora tiene respuestas.

Lo que está claro, es que cuando descubres que eres PAS, logras poner luz a tu pasado y a tu presente, completar el puzle con esas piezas sueltas que tanto te descolocaban. Y, sobre todo, empiezas a disfrutar de tu verdadero sentir, de tu modo especial de experimentar el mundo.

Recuerdo que, en mi caso, fue como encender una chispa. De repente se fueron iluminando experiencias, sentimientos, acciones que había realizado a lo largo de mi trayectoria vital y que me costaban entender.

Como la conexión tan intensa que tengo con las emociones de los demás, en especial, con personas que son importantes para mí o con situaciones externas de alta carga emocional. Algo que me descolocaba hasta que supe de mi rasgo PAS.

O esa necesidad de desaparecer, de alejarme de todo, para aislarme en mi rinconcito de soledad, aunque solo sea por unos instantes, para calmar mis momentos de saturación ya sea emocional o por estímulos que me activan de un modo negativo (demasiado ruido, excesiva gente a mi alrededor, etc) .

Como ves, no estás sola. Hay muchas personas que tienen tu misma forma de experimentar el mundo, de sentir con toda la intensidad posible, de percibir hasta el mínimo detalle, de necesitar momentos de soledad para evadirse de la saturación en el ambiente, de reflexionar hasta la saciedad dando vueltas a ese pensamiento rumiante que no para de saltar de idea en idea.

Estoy convencida de que, descubrir tu alta sensibilidad, te ayudará a resolver tu rompecabezas particular y colocar con claridad todas esas piezas sueltas que, hasta ahora, no sabías encajar. Será como un despertar en el que todo cobrará sentido.

Palabra de PAS 😉

Es tu turno. ¿Conocías el rasgo de la alta sensibilidad? ¿Qué sentiste cuando descubriste que eras una persona Altamente Sensibilidad? ¡Te leo en los comentarios!