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Vuelve a tomar el control de tus motivaciones

Vuelve a tomar el control de tus motivaciones

Si hay algo que llevaba arrastrando desde que era jovencita era mi predisposición a perder el hilo de mis motivaciones. Picoteaba en muchas cosas, las empezaba con ilusión pero, pasado un tiempo, mi interés acababa por desinflarse.

Reflexionando sobre esta particularidad de mi existencia he llegado a la conclusión de que, un posible culpable de esta flojera motivacional, pudiera ser mi ferviente deseo de la inmediatez, es decir, las ganas por lograr las cosas de un modo rápido, de que la solución o desenlace de las situaciones no acaparasen mucho espacio de tiempo.

¿Y qué sucede cuando esto me pasa? Que, sencillamente, pierdo el control de mis motivaciones arrastrando el deseo inicial hacia un camino de desmotivación por no lograr mi objetivo en un periodo breve de tiempo.

Aunque para serte sincera, en estos momentos, mi situación es bastante diferente en lo que respecta al modo en cómo manejo este desenfoque. ¿Cuál es la gran diferencia? Sin duda, el aprender a conocerme.

El autoconocimiento me llegó por un camino que se inició a modo de crecimiento personal, transformándose, tiempo después, en un proyecto de futuro y convirtiéndose, finalmente, en mi realidad presente: trabajar como Coach Profesional.

Mi profesión me ha proporcionado herramientas para saber gestionar mi estado emocional, lo que me facilita, enormemente, el ser consciente de esos momentos en los que empieza a asomar, en mí, un afán por la inmediatez.

He aprendido a profundizar y a no quedarme en la superficie. ¿Qué quiero decir con esto? Que soy capaz de interpretar los mensajes que mis emociones me van enviando. Cuando siento que mi atención disminuye sobre algo que me ilusionaba, observo que, tras el trasfondo a esas ganas por finalizar o alcanzar algo, lo que hay es un posible cambio en mi «para qué».

Y te confieso que eso es algo que parece me está comenzando a suceder. Quizás la situación actual que estamos viviendo hace replantearme algunos de los objetivos que me había marcado al inicio de este año.

Porque no nos engañemos, está muy bien la idea de emprender, de volver a creer en tu aportación al mundo, en que ser mujer rondando los cincuenta no es un impedimento para creer que tus sueños se pueden hacer realidad. Pero el mundo gira, sigue su curso de un modo cambiante, y lo que hoy es blanco mañana puede ser negro.

«Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar»

Frederick Dodson

¿Qué hago para cambiar mi enfoque? Cuando me encuentro en una situación en la que me entran ganas de tirar la toalla por no ver unos resultados que cuadren con mi plan de acción, opto por parar. Y parar en sentido literal. Freno, desconecto, reflexiono y analizo qué ha fallado, en qué he acertado, por qué me siento así y qué significado tiene para mí.

Es importante hacerse estas preguntas para valorar y reajustar tus metas. Es, entonces, cuando deberías plantearte: esto que quería lograr, ¿es realmente lo que quiero ahora?

No es tiempo de recrearse en la queja y echarlo todo por la borda. Todo lo contrario. Si te identificas con mis palabras y con esta experiencia, ahora más que nunca, te invito a que despiertes tus sueños dormidos, a que vuelvas a tomar el control de tus motivaciones, a que reajustes tus objetivos.

Sola o con la ayuda de un coach, cambiar la atención de tus pensamientos es fundamental. ¿Y para qué? Para que tu cerebro vaya, poco a poco, generando una respuesta más apropiada a un estado anímico positivo y a una actitud más proactiva.

Quizás algo haya cambiado en ti y lo que antes tenía un significado claro porque te aportaba ilusión por alcanzarlo, ahora ya no te crea expectación. Una buena manera de identificar, cómo de importante es para ti ese objetivo, sería reflexionar sobre tu “para qué” ¿Para qué quieres alcanzarlo? Con la respuesta que obtengas sabrás si tu motivación ha girado de rumbo.

¿Qué sucede cuando ya no está ese compromiso con aquello que hace nada te apasionaba? Que tu estado emocional cambia. Aparece la inseguridad porque sientes que has perdido el control de tus intereses, de un camino que iba por una línea recta y que ahora ves que se desvía.

Y no pasa nada, tranquila, yo también me he encontrado en tu misma situación y he vuelto a retomar el control de mis motivaciones. Piensa que es sano replantearse objetivos marcados, saber si vas por buen camino, analizar el plan de acción hacia tu meta de vez en cuando.

Pregúntate: ¿Qué es diferente ahora? ¿Qué crees que has hecho y/o no has hecho para lograr tu objetivo?

Son cambios normales provocados por las circunstancias de la vida, por nuevas experiencias, por nuevas personas que han entrado en tu vida. Algo desconocido se despertó en ti y ha hecho que surgieran nuevas inquietudes. ¿No es maravilloso observar lo imprevisible de la vida?

Nada permanece, ni la vida misma que se encuentra en continuo movimiento. Así que no te desanimes si tu plan no ha resultado, lo importante es tener muchos más planes por descubrir. Si te empeñas en continuar en línea recta por ser el único camino que te marca tu gps, ten por seguro que el resultado final será algo parecido a la frustración, la desgana y la infelicidad.

«Ni toda la motivación del mundo podrá ayudarte si sigues intentando salir por una ventana cerrada»

Anthony Robbins

¿Qué te parece si vuelves a tomar el control de tus motivaciones y empiezas a marcar un nuevo rumbo en tu vida? ¡Estoy convencida de que algo apasionante está ahí fuera esperando a que lo descubras!

Como Coach, estaré encantada de acompañarte en este apasionante viaje ¿Te animas?

¿Quieres vivir tu vida o la de los demás?

¿Quieres vivir tu vida o la de los demás?

No sé por qué pero, últimamente, me he encontrado inmersa en charlas con amigas en las que me contaban cómo la vida se había transformado en un vivir para otras personas, olvidándose de lo que más importa, vivir la suya.

Insistían en la sensación de haber perdido la motivación por su día a día y en lo poco ilusionante que se había convertido. Y todo porque se habían resignado, sin apenas percibirlo, a cumplir los deseos de los que les rodeaban.

En estas conversaciones acababa por hacerles la misma pregunta «¿quieres vivir tu vida o la de los demás?» Debe ser una pregunta mágica o como solemos decir en el mundo del coaching, una pregunta poderosa porque nada más lanzarla al aire algo cambió en sus miradas.

Y en estas me encuentro yo ahora, reflexionando sobre qué hacemos mal para que una llegue a sentirse así. Te confieso que como coach las respuestas las tengo claras pero quizás, quién se encuentre en esta situación, el lograr vivir su vida y no la de los demás, le parezca una quimera.

En las conversaciones que he tenido siempre había una constante, la sensación de dejarse llevar y de alejarse de quién una era. Cuántas veces hacemos algo (o no hacemos) pensando en el que dirán… demasiadas creo yo… ¿y qué precio se paga por ello? El de tener la sensación que se vive una vida impostada, fingida y que no te pertenece.

¿Cómo lograr vivir tu vida? ¡Pon límites, sé asertiva!

Una de las claves para que sientas que vuelves a tomar las riendas de tu vida es la de mantener unos límites que marquen la diferencia entre lo que tú quieres y lo que desean los demás para ti.

Es hora de poner en práctica la asertividad y atreverse a decir un NO cuándo así lo sientas. Este NO es la primera piedra para construir esos límites que tanto se te resisten. ¿Hacemos una prueba?

Imagina que estás en una situación en tu vida en la que esté presente esa sensación de incomodidad por estar realizando algo que no está acorde con lo que quieres. Ahora visualízate siendo la persona que quieres ser... no tengas prisa… quédate ahí…recréate en esa imagen, en esa persona asertiva, poniendo límites, alineada con tus deseos, diciendo en voz alta y con seguridad un NO… conecta con sentimientos y emociones… siéntelos en ti… ¿cómo te sientes?… ¿qué sensaciones, emociones te llegan viéndote, oyéndote, sintiendo que pones límites?…

Es momento para que reflexiones y te hagas estas preguntas:

  • ¿Para qué quiero vivir la vida que quiero?
  • ¿Qué gano / pierdo viviendo la vida que quiero?
  • ¿Qué gano / pierdo viviendo la vida de los demás?

¿Qué te dicen tus respuestas?

Otro buen ejercicio es el de recordar un momento en tu vida en el que lograste mantenerte y no ceder ante otra persona. Una vez que lo tengas, pregúntate:

¿Qué hice entonces para lograrlo?

Con esa respuesta, vuelve a conectar con las sensaciones que te llegan al recordar el momento y aprovéchalas para traerlas al presente. Es un ejercicio que suelo invitar a mis clientes a realizar y te puedo asegurar que esas sensaciones con las que conectan son tan poderosas que logran tomar conciencia de que el cambio en ellos es posible.

Si ya lo hiciste una vez ¿qué te impide volver a hacerlo ahora o las veces que te lo propongas?

Nuestra mente es tan poderosa que en ocasiones nos parece luchar contra ella sin saber por qué, pero la realidad es que somos nosotros mismos quienes creamos esa resistencia a través de nuestros pensamientos, creencias o juicios.

«Para que tu vida tenga sentido tienes que vivir de acuerdo a tus pasiones, tus valores y tus habilidades»

Elsa PUnset

¿Te atreves a dar el paso?

En ocasiones los padres diseñan un proyecto vital para sus hijos a medida de sus expectativas personales no satisfechas. Todo les parece poco si no cumplen con los parámetros por ellos marcados. Y cuando los hijos crecen y pretenden elegir un camino diferente al soñado por sus mayores nos encontramos o bien, con una crisis familiar por la rebeldía o bien, con un hijo desencantado porque se ve “obligado” a encaminar sus pasos hacia un camino no deseado.

Pues ya está bien de vivir la vida que quieren los demás ¿no te parece? Sé rebelde, plántate y sé tú, sé la persona que quieres ser y vive la vida que tú deseas. Porque no lo olvides, en este mundo estamos para ser felices y si la mayoría del tiempo que vivimos lo hacemos mirando hacia otro lugar, alejado de nuestro interior, de nuestra esencia y deseos ¿qué nos queda?, amargura e infelicidad.

Vivir la vida que tú quieres implica atreverse a dar un paso más allá a miedos y resistencias que las propias creencias y juicios heredados nos provocan. En tu mano está el lograr abrir las puertas a esos temores y enfrentarte a ellos. No huyas de tu miedo, ¿por qué no aprovechar su presencia?, aprende de él. ¿Qué te dice? ¿A qué te resistes? ¿Por qué está ahí?

¿Cómo hubiese sido mi vida esperando el juicio de otras personas? Pues hubiese tenido otro hijo «para buscar la parejita», hubiese tenido que vivir en la misma casa y en la misma ciudad porque «para qué vas a cambiar», hubiese tenido que conformarme con soñar como sería eso de ser expatriada y conocer nuevas culturas porque «si ya estáis bien aquí, para qué vivir fuera», no tendría un tatuaje, no hubiese vuelto a los estudios después de los cuarenta y muchos, no sería mujer emprendedora… no sería coach… no estaría escribiendo…

Atrévete a dar el paso mirando al futuro, a tu futuro, a ese estado de paz y tranquilidad al que quieres llegar porque sabes que es dónde realmente te sentirás feliz y plena. 

«Tu tiempo es limitado así que no lo malgastes viviendo la vida de otro»

Steve Jobs

Y tú ¿Qué vida vives, la que quieres o la que desean los demás? Cuéntamelo en los comentarios. ¡Estaré encantada de leerte!. ¡Te espero!

El olvido de la memoria

El olvido de la memoria

“Mami, ¿a ti te pasará lo mismo que a la yaya?”… una pregunta que me revolvió por dentro, no sé si por inesperada o por quién me la hizo. Creo que por las dos cosas. Qué le podía decir… con diez añitos ya era capaz de asimilar lo que representaba el olvido de la memoria

Dejar de recordar… de conocer, de reconocer. Dejar de ser la persona que eras… convertirte en una sombra sin palabras, no poder expresar, no saber hacer, no saber reaccionar…

“No lo sé, cariño, ¡yo espero que no! ¿Me cuidarías si pasara?”

“¡Claro, mami!”

Fue la primera vez que me lo preguntó pero no la última. Esa pregunta me ha hecho pensar tanto… y reflexionar sobre cómo vivimos nuestras experiencias, lo que recordamos de ellas, cómo las recordamos. Y pienso en qué pasaría si perdiera todo lo que he ido acumulando en ella a lo largo de mi vida. ¿Quién sería yo?…

Veo a mi madre sentada en la residencia, con su mirada ausente, viviendo en su mundo sin saber qué hay o quién hay delante de sus ojos. “Hola yaya”, le dice mi hijo. Le damos un beso, como todas las ocasiones que vamos a verla. Pero no hay respuesta… observando más allá, atravesando su mirada nuestros cuerpos como si éstos no estuvieran allí.

De vez en cuando una risa aparece de la nada, por sorpresa, sin control, dirigida a alguien que vive en su mundo imaginario. Cuántas veces me he preguntado cuál sería ese mundo…

Quiero vivir el presente y ser consciente de lo que me está dando. Crear recuerdos de experiencias y no olvidarlas, aunque las sienta con el paso del tiempo de un modo diferente, amoldándose a las circunstancias de la vida.

«Al final, ¿Qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?»

Clarice Lispector

Me da miedo el olvido de mi memoria, el olvido de la vida… los recuerdos, las personas, las palabras, las emociones, mi propio yo… ¿cuál sería mi mundo si pasara? Quizás uno dónde las imágenes fuesen la alegría de los momentos felices, con las personas que quiero.

Qué rápido vemos pasar la vida sin apenas darnos cuenta de cómo la estamos viviendo. ¡Bendita juventud!, qué decididos y valientes éramos para lanzarnos al vacío y qué lejos sentíamos las preocupaciones que nos pudieran llegar. ¿Pensar en el mañana? ¡Para qué! ¡Era un carpe diem continuo!

Aquello con lo que nos quedamos a través de nuestras experiencias en la vida está impregnado con las sensaciones y emociones del momento.

Guardo esas emociones, las archivo en mi memoria… y no las olvido… no quiero olvidarlas para siempre. Ahora siguen ahí, brotando al más mínimo olor, sonido, color, sabor, textura que me hicieran revivirlas.

«La vida es eso: vivir el instante, hacer un archivo urgente y así poder revivirlo, más tarde, convertido en producto imaginario»

Josep Piera

Y así es como me llegan momentos felices y otros no tantos. Experiencias del pasado que surgen al oler un incienso de perfume de sándalo, o al escuchar a alguien inesperadamente con ese acento chileno tan peculiar o al saborear algún alimento que me lleva a mi niñez.

¿Forzar el olvido? creo que en ocasiones es necesario para alejar sentimientos dolorosos que personas o circunstancias nos hicieron madurar pero, si te digo la verdad, es algo difícil en mí. Me cuesta en ocasiones desprenderme de esta conexión desagradable… aunque presiento que puede más mi necesidad de recordarme en qué fallé o en qué me fallaron.

A pesar de ello, ahora tengo mis propias herramientas para hacerlo posible. Lo bueno de aprender a conocerse es saber cuándo y cómo alejarse de esos sentimientos. Como si fuera una goma de borrar, vas haciendo desaparecer sensaciones que intentan alterar tu paz interior. Y con esa paz dentro de mí me quiero quedar porque ¿de qué sirve saber que se está viviendo si te pasas el día pensando en los demás y no en ti?

Me imagino a mí misma dentro de veinte años, una señora de setenta primaveras y sin el olvido de su memoria, espero, aunque no tan fresca como la actual. Recordando… agradeciendo todo lo vivido y lo que pudiera llegar ¡espíritu joven, siempre!.

«La ventaja de tener una mala memoria es que uno puede disfrutar varias veces de las mismas cosas como si fuera la primera vez»

Friedrich Nietzsche

Y sin duda, reuniéndome todavía con amigas para tomar café, vino o lo que se tercie ¡o lo que se pueda a esa edad!. Amistades que ojalá perduren en el tiempo. Las de hace años, las que llegaron hace poco, las que la distancia nos separa…

Si un día mi memoria se apaga, tendré la satisfacción de dejar en el recuerdo de otras personas mis propios recuerdos, sentimientos, emociones y sensaciones de lo que he vivido y cómo lo he vivido a través de mis escritos.

Porque plasmar en palabras el interior de una misma, escribir, eso… eso no hay quién lo borre ni quién lo olvide, permaneciendo en el tiempo… para todos… para mí, ahora y siempre.

Eres perfecta tal y como eres

Eres perfecta tal y como eres

Supongo que debe ser la edad, pero a medida que pasa el tiempo lo de ser perfecta, o mejor dicho, la perfección exterior, esa que mostramos al resto para poder encajar con lo que nos rodea, la siento como una pesadez.

Y es que, sin duda, a estas alturas de mi vida lo que sí está presente en ella es pensar en algo tan cierto como que: “eres perfecta tal y como eres”.

Cuando te acercas a la cincuentena y te miras al espejo lo que tienes delante tuyo es la imagen de alguien a quién el paso del tiempo comienza a garabatearle arrugas en su rostro y a pintar su cabello con unas desafiantes canas, pero también a alguien a quién ese mismo paso del tiempo no le ha hecho cambiar su esencia… la persona que es, que soy: introvertida, paciente, serena, honesta, sincera, comprometida…

Deberíamos ir viendo pasar las etapas de la vida como momentos necesarios que nos hacen crecer como persona

Esa es la perfección en todos nosotros, la autenticidad, el ser como somos y no como quieren los demás que seamos o como nuestro “ideal” nos hace pensar que queremos ser. Un ideal que lo único que nos trae es sufrimiento por ese constante deseo de comparar lo que veo de mí (mi imperfección), con lo que me gustaría ser (ideal de perfección).

La experiencia de la vida debería aportar una visión calmada y reflexiva con la que relativizar esos deseos de convertirnos en lo que no somos, en buscar la copia perfecta de alguien idealizado. Deberíamos ir viendo pasar las etapas de la vida como momentos necesarios que nos hacen crecer como persona. Aprender de ellas para huir de estereotipos, de imágenes que lo único que consiguen es alejarnos de nuestro verdadero ser, de no aceptarnos ni de querenos tal y como somos.

Una de esas etapas es la de la maternidad. El ser madre supone una transformación, en todos los sentidos. Seguro que has notado que tu cuerpo no es el de antes y que la ropa que antes te ponías cómodamente ahora luce en tu armario esperando a que algún día recuperes tu contorno.

Por supuesto que se puede recuperar, con paciencia, con esfuerzo e ilusión. Es algo muy positivo y motivante aunque también debes pensar que aceptar esa transformación es algo natural, que no te hace ser menos mujer de la que eras antes de tener a tu hijo porque la auténtica Tú sigue ahí.

No te compares con nadie

Y sobre todo, no te compares con nadie. Ni con la vecina, ni con tu mejor amiga, ni con la actriz de moda que luce palmito nada más dar a luz. Tú eres tú. Siéntete orgullosa de ti, porque eres perfecta tal y como eres.

No te hablo de una perfección bajo unos criterios sociales, sino de tu esencia. Naces como eres, con tu forma de ser, con tus virtudes y con tus defectos. Que pueden ser moldeados, por supuesto. Puedes cambiar comportamientos, formas de pensar, de gestionar tus sentimientos, de crecer personalmente, pero lo que hay dentro de ti, tu esencia, es la que permanece siempre.

Mientras escribo me doy cuenta de lo que me aporta saber gestionar mis emociones, tener herramientas para poder reflexionar y conocerme mejor. ¿Y qué es lo que me aporta? Pues la seguridad de que ahora no juzgo mis acciones, ni mi forma de ser, de que me siento bien con la persona perfecta que hay en mí porque lo que me ha hecho ser quién soy es, realmente, mi sello de identidad, mi huella personal que dejo a los demás.

¿La clave que hizo sentirme yo? la aceptación

En mi post Pon un Introvertido en tu vida describí lo que suponía para mí ser una persona introvertida y cómo esa etiqueta que la sociedad te pone por el simple hecho de no ser “el estereotipo ideal de persona, la extrovertida, esa que es “amigo de todos” o “alma de la fiesta” te acaba estigmatizando, haciéndote sentir un bicho raro. ¿La clave que hizo sentirme yo? la aceptación.

Sin duda, el no creer en una misma, el no tener la calma interior para aceptar cómo eres, crea una batalla difícil de ganar entre tu Yo esencia con tu Yo idealizado.

Es esa búsqueda del “ideal” que hemos creado en nuestra mente que hace que nos comparemos con los otros, generando un constante sufrimiento por sentir que no somos los suficientemente perfectas como creemos que “son los demás”.

“Eres fruto de un proceso de adaptación. No estás aquí en Negativo, como si te faltara algo. Estás aquí en Positivo comenzando a construir”

Valeria Aragón

Estas palabras tan acertadas me hicieron pensar en cómo nos machacamos inútilmente, en cómo en edades tan complicadas como la adolescencia solo vemos lo mejor en los demás y nos infravaloramos sin apreciar todo lo bueno que tenemos.

Y eso es lo que hay que cuidar. Intentar, como padres, estar ahí y hacerles ver que tal como son, son perfectos, únicos, auténticos e irrepetibles. Que lo que aportan a los que tienen a su alrededor es por lo que son y no por lo que aparentan ser.

Sin duda, lograr que interioricen que su esencia como personas es lo que perdura, lo que no hay que cambiar, ayudará a que las inseguridades sobre sí mismos disminuyan y aumente una autoestima que, por desgracia, suele quedar relegada a un segundo plano en estas edades.

Lograr que interioricen que su esencia como personas es lo que perdura

De nada ayudan las redes sociales y el continuo goteo de imágenes de gente que vive de eso mismo, de su imagen. Influencers o youtubers, modelos a seguir de una superficialidad que quiere ser imitada a costa de arrinconar la propia identidad.

Y es que vivir en una sociedad, dónde lo auténtico y genuino se suele ver como una anomalía, puede hacer que acabes sintiéndote el patito feo de esa misma sociedad al no compartir unos patrones estéticos o de conducta.

Cada uno ha de seguir su camino y, sobretodo, aceptarse tal y como es, teniendo la inquietud de mejorar para crecer como persona y no para satisfacer a los demás.

Así que huye del ideal de perfección porque es una carrera sin fondo, sin límite, a la que difícilmente se suele llegar a su final.

Sentirte en paz contigo misma te llevará a no tener la necesidad de cambiar a nadie, de tratar de amoldarlo a lo que tú deseas para ti. Y es que aprender a aceptarse es también aprender a aceptar a los demás como son.

Recuérdalo siempre:

“No debes cambiar para encajar en el mundo. Eres perfecta tal y como eres”

Anónimo

Personas únicas que nos hacen brillar

Personas únicas que nos hacen brillar

Me gusta en ocasiones echar la mirada atrás, quizás para ver lo mucho que ha cambiado mi vida durante estos últimos años. Me siento feliz al ir repasando mentalmente lo mucho que he crecido como persona, como mujer, aprendiendo de experiencias pasadas, incorporando errores como enseñanzas que me aportan, ahora sí, serenidad. Y en este ejercicio de reflexión de lo que es mi línea de la vida, me he dado cuenta de la suerte que he tenido con personas que llegaron a mi vida para hacerla mejor… son las que yo llamo personas únicas que nos hacen brillar.

¿Y por qué las llamo así? Sencillamente porque las sientes como un espejo dónde mirarte y te motivan a dar lo mejor de ti. Te van proporcionando gotitas de confianza con las cuales te nutres para ir rellenando esos huecos que dejaste vacíos al dejar de creer en ti. Son aquellas personas que sientes que suman en tu vida porque saben compartir, estar ahí, aportándote y haciéndote sentir que tú también puedes hacer lo que te propongas.

No siempre es fácil tener esta seguridad y saber hacia dónde ir en tu vida porque existen momentos en ella en los que no te encuentras cómo persona, cómo mujer, cómo madre… Y es entonces cuando necesitas un guía para empezar a caminar o para impulsarte o para demostrarte que estás equivocada y que puedes lograr lo que te habías propuesto. Alguien que te haga brillar, que saque a la luz lo mucho que vales.

«En el mundo no hay más que un camino que sólo tú puedes recorrer: ¿A donde conduce? No preguntes, síguelo»

Nietzsche

Y aquí radica la importancia de tener estas personas mágicas a nuestro lado. Te das cuenta que las excusas no valen, que lo que para ti es un agujero negro ellas lo convierten en oportunidades, en un mirar hacia delante. Tu pareja, una buena amiga, tu padre, tu madre, en el trabajo… solo tú puedes saber quién te aporta, quién te hace brillar.

Me viene a la cabeza la película “Ha nacido una estrella”, la reciente versión protagonizada por Lady Gaga y Bradley Cooper para ejemplificar lo grandioso que es el encontrarte en tu vida con una persona que te impulsa a creer en tu pasión, te reta a superarte, te hace brillar por lo que eres, por lo que puedes ofrecer.

Seguro que ahora mismo estarás pensando ¿y cómo voy a saber yo si tengo una a mi lado? La respuesta es fácil, lo sabes. Lo sabes porque cuando estás hablando con ella te das cuenta que lo más característico es su positividad. Y es que ¡son pura positividad y energía! Pero si con esta pista aún no sabes reconocerla, ahí van otras: son motivadoras, retadoras, creativas, creen en sí mismas y en su potencial, no tienen miedo a equivocarse porque lo ven como una oportunidad, son perseverantes y muy pero que muy decididas.

No me dirás que con todo esto no serías capaz de identificarlas. Lo importante es que no las dejes escapar porque te harán creer en tus posibilidades y se alegrarán por tus triunfos. Si quieres tener éxito por aquello que tanto deseas y has apostado, no lo dudes, fíjate en ellas, en cómo lograron hacer realidad lo que soñaban, en cómo consiguieron ser personas exitosas.

Y con exitosas no tienes por qué identificarlas sólo con un triunfo económico sino que también las debes relacionar con personas que han logrado alcanzar alguna de sus metas gracias a: la perseverancia y a la motivación, a no darse por vencidas aunque las cosas no salieran, a no tener miedo a empezar de nuevo, a aprender de los fracasos y a atreverse a salir de su propia zona de confort para adentrarse en nuevas oportunidades.

“El éxito está conectado a la acción. Las personas exitosas se mantienen en movimiento. Cometen errores, pero nunca abandonan”.

Conrad Hilton

En definitiva, ser una persona exitosa es ser una persona ambiciosa, segura de sí misma y sin miedo al fracaso que hará todo lo posible por hacer realidad lo que se ha propuesto.

La vida te guía por unos caminos desconocidos, llenos de incógnitas pero unos caminos que los eliges tú, con tus decisiones y con tus acciones. En ti está vivirlos con pasión o encerrada en tu burbuja de conformismo y seguridad.

Yo aprendí a vivir con pasión y no tener miedo a avanzar, a romper las barreras que impedían moverme, a conocerme para lograr ser quién quería ser o mejor dicho quién quiero ser ahora. Porque se trata de eso, de no conformarse, de seguir soñando, de marcarte más metas.

Me gusta quién soy, en quién me he reinventado como persona. Madre y mujer a partes iguales, con ganas de aprender y retarme con nuevos desafíos. Y sí, mis queridas personas que me hicieron brillar fueron mi referente para darme cuenta de que si ellas podían hacerlo ¿por qué yo no?

Te mentiría si te dijera que este cambio es fácil. Requiere esfuerzo, compromiso, desafío a lo que te limita, conocer tus fortalezas, voluntad para creer y desterrar pensamientos negativos. Hay que ponérselo complicado a nuestro lado saboteador aprendiendo a conocerse, a saber qué es lo que quieres, aquello que te motiva. Y sobre todo, tienes que empezar a quererte, y mucho.

Y cuando empiezas a dar ese pasito es cuando aparece, sin apreciarlo, tu persona o personas referente, brillando y esperando a hacerte brillar. Es lo mágico de nuestra mente que acaba por enfocar tu mirada y tu atención hacia lo que es más importante en tu vida en ese momento.

No siempre permanecerán a tu lado para siempre, incluso las habrá que sólo se cruzarán en tu camino para darte ese primer empujoncito y luego desaparecerán. Quizás sea el capricho de la vida, que lo mismo que te regala personas maravillosas también te las quita.

De todas aprendo, de las que ya no están porque decidieron no estar o porque nuestros caminos se separaron y de las que encontré y siguen a mi lado, inspirándome como el primer día.

Las vi brillar y me hicieron brillar y ahora mi deseo es ser también la luz para alguien más… para mi familia, para mis amistades, para mi hijo… para alguien que algún día se cruce en mi vida y necesite brillar…

“Si no estás haciendo la vida de alguien mejor, estás perdiendo el tiempo. Tu vida mejora al hacer mejorar la vida de alguien más.”

Will Smith