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Cómo liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti

Cómo liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti

Si hay un sentimiento que te invade cuando eres madre es el de amor. Un amor incondicional, sin pensar en recibir nada a cambio, en el que das porque crece en ti una inmensa gratitud por la felicidad que te proporciona ver crecer a tu hijo.

Pero dar sin preocuparte de tu propio bienestar emocional y físico, acaba por sumergirte en una trampa a la que caes sin darte cuenta. Te sientes atrapada en una vida que gira en torno a tu familia y a las necesidades de los demás hasta que, un día, empiezas a necesitar liberarte de la culpabilidad por querer tiempo para ti.

La maternidad te regala momentos maravillosos. Eres inmensamente feliz cuando sientes a tu bebé crecer dentro de ti, cuando meses después lo sostienes en tus brazos, cuando ves que se ha convertido en un joven que ya no necesita de tu protección.

Pero, en ocasiones, toda esta muestra de generosidad que desprende tu maternidad puede hacer que absorba parte de ti, relegarte a un segundo plano dentro de tu propia vida. Te vuelves tan dependiente de dar a los demás que te olvidas de darte a ti.

Vas acumulando en tu interior toda esa carga extra que supone ser “una madre perfecta”. Te vas llenando de frustración, de tristeza a ratos, de agobios, de rabia, de cansancio…

Quieres explotar, pero te vas conteniendo porque te da vergüenza reconocer que no puedes más. Temes que te juzguen, que te echen en cara que “eres una exagerada”, que te digan “así es la maternidad”, que “eres una madre y tu deber es dedicarte a los demás”, que te digan “no” si pides ayuda…

Y sigues aguantando, callándote, quitándole importancia a tus emociones y sensaciones de malestar, sigues justificándote, culpándote…

Necesitas liberarte de la culpabilidad por pensar primero en ti

En tu interior sabes lo que necesitas para no sentirte mal: liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti, por desear espacio donde solo estés tú, donde el tiempo sea únicamente tuyo.

Y es que la culpa sostenida, juzgarte por tu conducta o pensamientos de forma recurrente porque piensas que estás trasgrediendo ciertas normas o códigos éticos, acaba por relegar tu autoestima a niveles nada sanos.

En esto influye, de un modo importante, el creer más las historias que creamos en nuestra cabeza que a la propia realidad. Esa realidad paralela que, como si fuera el demonio de tu conciencia, te va convenciendo de “lo malo que es pensar en cuidarte y priorizarte para sentirte bien”.

Y ¿Cómo hacer desaparecer esa sensación de culpa por pensar primero en ti?

Algunas claves para liberarse de la culpabilidad por dedicarte tiempo

El autocuidado es una de las partes que conforman la autoestima. El dejarte de lado, el no cuidarte tanto física como mentalmente, por anteponer a los demás antes que a ti, provoca un efecto devastador en tu estado anímico.

Porque si bien, en los inicios de la maternidad no le das mucha importancia, a medida que pasan los meses, o incluso los años, te das cuenta de que esa persona que ves reflejada en el espejo no es la persona que te gustaría ver. Sin duda, el tener un hijo nos cambia externa e internamente, pero la dedicación a tu familia –de un modo extremo– puede hacerte perder de vista tus propias necesidades.

Si le das prioridad a tu espacio personal para desconectar de tu rutina diaria, empezarás a cuidarte y sentir que puedes ser una madre que se quiere y se gusta. No para satisfacer a los demás sino para que tú te sientas bien contigo misma.

– Procura no abusar de los “aprovecho que voy a…” cuando tienes que hacer recados: “ya que tengo que ir a comprar aprovecho para ir a la peluquería” o “ya que dejo a mi hijo en el fútbol aprovecho para tomarme algo mientras”. Aunque no lo parezca, te estás dando excusas para no sentirte culpable ya que estás justificando ese momento de placer.

Tienes que empezar a olvidarte de disponer de él en forma de limosna. Es decir, tienes que dedicarte un tiempo de calidad, pero de verdad, de esos que te agendas como si de una amiga se tratara.

Tampoco es conveniente considerar como tu tiempo, despertarte una hora antes o acostarte una hora después que los demás para realizar tareas, aunque te gusten. Vuelves a justificar tu modo de actuar para no sentirte culpable. Estás dejando de cuidarte –hipotecas horas de tu sueño– por los demás.

Para evitar esos momentos de remordimiento, míralo como si fuera una cita contigo misma. Irte a tomar un café porque sí o irte a comprar ropa – importante ¡solo tuya! – o leer un libro al parque, por ejemplo. Una buena opción sería agendarlo en el calendario.

¿A que si quedas con una amiga te sientes menos culpable? Pues ahí lo tienes. Piensa en ti como si fueras tu mejor amiga. Aquella a la que le regalas un capricho, a la que cuidas cuando se siente mal, a la que animas, a la que le deseas todo lo mejor porque la quieres.

El autorrespeto también forma parte de la construcción de la autoestima. Respetarte significa que te mantendrás firme ante los demás cuando juzguen tus acciones, tus pensamientos, tus deseos.

Para liberarse de la culpabilidad por querer tiempo para ti, debes dejar de justificar tus actos y respetar tu propio juicio. Solo tú sabes lo que realmente necesitas para sentirte feliz y plena. Tienes que cambiar el chip y no creer que estás haciendo algo malo y de un modo egoísta.

Se trata de respetarte tú y de que los demás también te respeten. Aquí entra en juego el atreverte a ser asertiva. Decir no cuando toque, exponer tu opinión sin temor, hacerles saber cómo te sientes y lo que necesitas. Piensa que los demás no son adivinos y no pueden leer tu mente.

– Pide ayuda si la crees necesario. Ya sabes que las superwomen no existen y, sacrificarse, quizás no se la mejor opción y, mucho menos, ser exclusividad de la maternidad.

Pon límites. Procura que los que te rodean sepan que tu espacio es solo tuyo, un rinconcito valioso en el que solo estás tú contigo misma, que tus momentos no son cuestionables y que son exclusivos para ti.

Una pista: no existen las urgencias –a no ser que se queme algo o el niño se haya caído– por lo que mamá no estará disponible para nada ni para nadie durante su desconexión del mundo.

Querer tiempo para ti no es un capricho, es un derecho

Así que recuerda: disponer de tiempo para ti no es un capricho, es un derecho que toda persona, y en especial las madres, debemos tener.

Verás como, con este cambio en tu mentalidad, irás transformando esa sensación de malestar por creer que estás haciendo algo mal, en una sensación de serenidad y disfrutando del momento.

Solo así lograrás liberarte de la culpabilidad, vivirás en paz contigo misma y podrás compartir tu felicidad con los que te rodean.

“El asumir la responsabilidad de mi felicidad me vigoriza. Me devuelve la vida a mí mismo”

Nathaniel Branden

En definitiva, estás en tu derecho de disfrutar de tu tiempo, de sentirte relajada, tranquila, sin culpabilidades. Créetelo, cree que te lo mereces de verdad, que ese pedacito de silencio es ahora tuyo y de nadie más.

Y hazlo saber a todos. Di con firmeza que es tu derecho, que eres una madre que necesita ese tiempo de descanso para disfrutar. Porque para ser una madre plena, feliz y sin culpabilidades, lo primero es sentirte merecedora de tu tiempo, de ese espacio valioso, exclusivo que te llena y que te pertenece.

¿Y tú cómo llevas la maternidad? ¿Has logrado tiempo para ti o te cuesta priorizarte sin sentirte culpable? ¿Te animas dejarme un comentario con tu experiencia?

Encuentra tu propósito de vida, descubre tu razón de ser

Encuentra tu propósito de vida, descubre tu razón de ser

Siempre he pensado que la vida te lleva por un camino de aventuras en el que se van abriendo oportunidades a cada paso que das.

Un camino por el que puedes transitar en círculos, con el piloto automático encendido, sin expectativas, ni retos ni pasiones. O, por otro lado, puedes escoger un viaje en el que eres capaz de apostar por esas oportunidades y aprovecharlas para dar forma a tu propósito de vida.

Aunque es posible, que te sientas frustrada porque eres consciente de que necesitas cambiar el rumbo y dirigirte hacia algo que te haga realmente feliz pero no tienes la claridad suficiente para lograrlo.

Y es que, cuando no tienes claro cuál es tu propósito, empiezas a sentir que vives una encrucijada entre, tu deseo de tener una vida plena y feliz, alineada con tus valores y tus verdaderas pasiones y motivaciones, y el no saber cómo hacerla realidad.

Encontrar tu propósito de vida requerirá de un proceso de descubrimiento de ti misma.

Para qué necesitas descubrir tu razón de ser

Saber cuál es tu propósito te permitirá descubrir tu razón de ser. Te proporcionará una guía de todo lo que eres, de tu Yo, de lo que te hace diferente y a la vez única. Te ayudará a definir el para qué estás aquí, qué te mueve hacia tu felicidad.  

Porque, tal y como expresa la filosofía japonesa con su concepto “Ikigai”: todos tenemos un ikigai en nuestro interior, todos tenemos “una razón de ser, una razón por la que levantarnos cada mañana

¿Y para qué darle un significado a tu vida? ¿Para qué quiero saber quién soy? La respuesta la tienes en tu interior. Dime, ¿qué te hace feliz? ¿qué es aquello que te apasiona? ¿Te gusta lo que haces? ¿Actúas honrando tus valores? ¿Cuáles son éstos? ¿Hacia dónde quieres dirigir tu vida y que, además, te ilusione? ¿Qué puedes ofrecer al mundo?

Preguntas a las que, quizás, todavía no tengas respuestas.

“El ser humano no necesita una existencia tranquila, sino un desafío por el que desplegar sus capacidades y luchar»

Víctor Frankl

Encontrar tu propósito de vida te ayudará a tener mayor claridad a la hora de elegir opciones en la vida porque serás consciente de qué es lo que realmente te importa, de qué te mueve y de qué te motiva.

Seguirás con firmeza y seguridad el camino que tu guía interior – ahora sí– te estará marcando con claridad.

Cómo encontrar tu propósito de vida

Una de las claves, para llegar a descubrir tu propósito, es el autoconocimiento. Mirar dentro de ti y observar todo aquello que conforma tu esencia, tus valores, tus deseos, tus pasiones. Y para ello, necesitas realizar un trabajo de honestidad y sinceridad contigo misma.

Este viaje hacia tu interior, te permitirá ir explorando la línea de tu vida como un espejo de experiencias en el que poder mirarte y reconocer cuáles fueron las más satisfactorias, aquellas que te hicieron sentir más viva, más motivada, más feliz.

Ahora, retrocede en el tiempo y visualízate en momentos de tu infancia y juventud en los que te encontrabas realizando actividades que te gustaban. Tómate tu tiempo. Puedes ir anotando en un papel estas actividades a medida que vas recordando.

Con este ejercicio podrás darte cuenta de aquello que hacías y con lo que te sentías bien. Quizás dibujabas o escribías o ibas con tus amigas a la montaña o construías maquetas.

Mil cosas que quedaron ocultas por el trascurso de los años y por la propia experiencia vital pero que siguen ahí y que te darán pistas sobre qué te puede motivar en el presente.

Es importante buscar un patrón, qué es lo que hay en común en cada una de esas experiencias o actividades que realizabas en el pasado y con las que te sentías motivada. Es posible que sea la creatividad o experiencias vinculadas a la naturaleza o la necesidad de construir algo por ti misma. ¡Descúbrelo!

¿Cuáles son tus habilidades? Igual te resulte complicado dar una respuesta, pero con ayuda externa, podrás lograr reconocerlas. Si no sabes distinguirlas pregunta a tus amistades y familiares. Seguro que ellos te aportarán pistas sobre qué sabes hacer a la perfección.

Es importante que te observes, que seas capaz de averiguar esas habilidades que son innatas en ti, esas actividades que realizas con facilidad.

¿En qué te fijas cuando buscas información? ¿qué te atrae? Es posible que no seas consciente de estar consumiendo un mismo tipo de temática cuando accedes a las redes sociales, ves videos en youtube o lees algún artículo por internet.

Nos fijamos en algo porque, instintivamente, nos llama la atención, ya sea por interés o curiosidad. ¿Qué es lo hay en común? Esta información te puede dar pistas sobre tus preferencias actuales a la hora de aprender o cultivar más conocimiento.

Es un indicador fiable de hasta dónde podría llevarte tu propósito de vida.

Tu experiencia profesional o académica también es una brújula que te puede dar pistas. Es posible que detectes que tu trabajo actual no te satisface o sí, pero hay algo que no acaba de encajar. Quizás, eres profesional de la salud y es tu vocación, pero no te sientes a gusto en un hospital, sino que lo que te atrae es algo más altruista como una ONG.

Piensa que si lo que haces está alineado a tu propósito de vida sentirás el poder de fluir con esa experiencia enriquecedora. En definitiva, te sentirás feliz y realizada.

Pierde el miedo a probar cosas nuevas. Si entre todo lo que conoces tienes la certeza de que no está tu guía, sal de tu zona de confort y siente curiosidad por experimentar otras cosas. Atrévete a ver el mundo desde otra perspectiva y no te mantengas en la comodidad de tu rutina.

No pierdas la oportunidad de encontrar tu propósito de vida. Está en ti, solo tienes que mirar en tu interior, descubrir quién eres e ir aprendiendo de las experiencias que la vida te ha ido regalando para actuar bajo la guía de tus pasiones y motivaciones.

Recuerda que encontrar tu propósito de vida es encontrar tu camino en el mundo.

Yo encontré el mío, ayudar a otras mamás a sentirse seguras de sí mismas y realizadas. Me encantará saber cuál es el tuyo. ¿Te animas a compartirlo en los comentarios?

Cómo aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor

Cómo aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor

¿Te has sentido alguna vez atrapada en un bucle dónde, una y otra vez, te repites que no te gustas tal y como eres, en el que te es difícil aceptarte a ti misma?.

Hace unos años pasé una de esas etapas en la vida en las que dudaba de mí y en la que no me creía capaz de nada . Me veía anclada a una realidad muy alejada a la de una mujer decidida, segura de sí misma y con ganas de comerse el mundo.

Durante aquella época –coincidió con mi periodo de expatriada– le daba vueltas a la idea de cómo pude llegar a esa situación, de en qué momento dejé de ser yo. Aunque creo que, lo que verdaderamente rondaba en mi cabeza, era saber quién era y lo más importante ¿quién quería ser?

Y es que, sin autoconocimiento, sin las bases que te ayuden a conocerte a través de esa mirada profunda en tu interior, resulta complicado llegar a saber quién eres y qué te mueve en la vida.

“Un sentido bien desarrollado del yo es una condición necesaria para nuestro bienestar, pero no es una condición suficiente. Su presencia no garantiza una realización, pero su ausencia garantiza la ansiedad, la frustración o la desesperación”

Nathaniel Branden

Es aquí donde entra en juego la importancia de la autoestima y la necesidad de aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor, para sentirte orgullosa de quién eres.

En ese punto me encontraba yo. Un momento en el que no tenía la confianza suficiente para creer en mí ni en mis capacidades, lo que me llevaba a no saber hacia dónde dirigir mi vida y, mucho menos, cómo hacerlo.

Y ese era el pez que se mordía la cola. Desconocía hacia dónde caminar porque me sentía incapaz de afrontar nada y no era capaz de afrontar nada porque no tenía claridad sobre cómo debía actuar para avanzar.

Cuando alcanzas esa situación en tu vida acabas comparándote con los demás. Con sus capacidades, con sus logros, teniendo la sensación de que tú te quedas atrás, volviéndote más y más pequeña… Te quedas ahí, anclada en una negatividad hacia ti, juzgándote y creyendo tus pensamientos de inferioridad como si fueran una verdad inamovible.

Y en toda esa maraña de confusión, juicios y desánimo no aciertas a ver que, en realidad, lo que está fallando es que no estás siendo consciente de qué es lo que estás haciendo para salir de ese pozo. ¿Qué acciones tomas para remontar, para dejar de lado esos juicios hacia ti, ese no querer aceptarte como eres?

Así puedes empezar a aceptarte a ti misma

La autoestima significa, etimológicamente, reconocer el valor que uno tiene. Por tanto, uno de los primeros pasos que tienes que dar, es ser consciente de cuánto vales.

Tal y como sugiere Jorge Bucay, en  su libro “De la autoestima al egoísmo”, ese valor, esa autovaloración, te la proporcionará –ni más ni menos– “el ser quién eres” . Ese es el valor principal que tienes que tener en cuenta.

“La autoestima consiste en saber que soy lo que verdaderamente soy”

Jorge Bucay

Aunque aquí viene la pregunta clave: ¿Cómo saber mi valor si no sé quién soy? Y mi respuesta es fácil: para valorarte tienes que, simplemente, aceptarte tal y como eres.

Porque la persona que está detrás de esa mujer desanimada y sin ilusiones o esa madre que no le gusta su cuerpo tras la maternidad, es perfecta como es, sin necesidad de compararse para ser otra.

Tienes que pensar en cuál es el significado que hay detrás de querer cambiar lo que eres, pregúntate: ¿para qué quiero este cambio?

Y ahondando más, te diría que seas consciente de “para quién quieres hacer este cambio”: ¿para ti misma? ¿para satisfacer los deseos de otras personas?

Tienes que aceptar quién eres sin negar ninguna parte de ti. Solo así podrás lograr sentir tu propio valor. No lo dudes, eres completa con tus defectos, debilidades, carencias, fortalezas, capacidades. ¡Todo ese universo eres tú! y no lo que “deberías” ser en función de lo que piensen los demás, de sus creencias o preferencias hacia ti.

Porque no se trata de mejorar tus carencias para elevar tu autoestima siendo lo que “deberías ser para parecerte a tu ideal”, sino que se trata de mejorar aquello que tú sientas que necesitas.

“Aceptarse significa: no pelearme conmigo mismo por ser como soy, no estar enojado por no ser como los otros quieren que yo sea, no castigarme por no ser como a los demás les gustaría”

Jorge Bucay

Aprender a aceptarte a ti misma también supone reconocer e integrar todas aquellas partes que no te gustan de ti: sentimientos, emociones, pensamientos, partes de tu cuerpo, acciones.

De nada sirve ponerse una venda en los ojos para ocultarlas, para evitar sensaciones desagradables y, en algunos casos, dolorosas.

Tienes que ser consciente de que son expresiones de ti y, por tanto, deberás experimentarlas, sentir que están ahí. Solo así podrás aceptarlas para luego dejarlas que fluyan contigo.

Es posible que estés pensando: “pero si no me gustan ¿cómo voy a poder aceptarlas sin condiciones?” Te respondo con otra pregunta ¿qué sientes cuando no las aceptas? ¿qué emociones, sensaciones, pensamientos te llegan?

Ahí está el poder del autoconocimiento: saber reconocer y tomar consciencia de lo que pasa en nuestro interior y cómo nos afecta.

Seguramente, sientas rechazo hacia lo que no te gusta, hacia esas partes de ti que desearías no existieran. Piensa que, lo que verdaderamente te está provocando, es no respetarte y cuánto más quieras ocultarlo menos dignamente te tratarás.

Así que, si quieres respetarte, te propongo trabajar la experimentación y la aceptación de todo aquello que no te gusta de ti a través de estos tres pasos básicos:

  • Ser consciente de tu sentimiento o emoción cuando te enfrentas a esta parte de ti que no te gusta. Párate a pensar y reflexiona.
  • Respira lentamente y cuando estés relajada, observa y experimenta este sentimiento que te está invadiendo ¿cómo es? ¿qué te dice?
  • Intégralo en ti, sé consciente –ahora sí– de que es tuyo

Para Nathaniel Branden, “la autoaceptación es la condición previa del cambio” Y no puedo estar más de acuerdo con él. Aceptar lo que sientes y lo que eres te permitirá ser consciente de qué quieres cambiar y para qué quieres hacerlo. Negarlo, en cambio, solo hará que te bloquees y permanezcas en un oscuro estado de insatisfacción y menosprecio hacia ti.

En definitiva, aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor es un camino necesario para lograr mejorar tu nivel de autoestima. Un viaje esencial para que empieces, por fin, a eliminar el sufrimiento que te produce el rechazo de esas partes de ti que te disgustan y poder llegar a valorarte sin esos machacantes juicios negativos.

No sabes la tranquilidad y serenidad que siento ahora, sin esa mochila llena de piedras que eran las comparaciones con los demás y los propios juicios que me hacían retroceder en mi empeño de valorarme positivamente.

¿Te sientes así ahora? ¿Qué es lo que menos te gusta de ti?

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Ha sido un año difícil, incierto, de pocas alegrías… aunque de mucho aprendizaje. Y en eso estoy, en ir repasando cada uno de estos doce últimos meses y anotando todo lo que me ha enseñado este extraño año 2020.

Pero no quiero que este sea un post únicamente de lo que he sentido, sino que me gustaría que sirviese como reflexión para ti también. Que te inspire a darle valor a todo aquello que te ha sucedido, que has experimentado.

Yo le estoy dando vueltas a la idea de cuánto hemos tenido que adaptarnos en una sociedad acostumbrada a su rutina de siempre, a las prisas, a vivir en piloto automático, a planificar meses vista.

¡Y vaya si nos hemos adaptado! De nada sirve resistirse a algo que no está en nuestra mano cambiar. Aceptar la situación y seguir adelante ¿no te parece?

Sin duda ha sido un año para olvidar, sumergiéndonos en una llamada «nueva normalidad». Una normalidad a la que ya –sin darnos cuenta– le hemos eliminado la etiqueta de «nueva». Porque como siempre ha sucedido, las sociedades se amoldan y acaban por fluir con el cambio para seguir adelante y sobrevivir.

Creo que este año, más que nunca, he aplicado lo que un día me tatué en mi muñeca… “Carpe Diem” o lo que es lo mismo “Aprovecha el momento”.

Dicen que todo tatuaje tiene su significado, que cuando decides grabártelo en tu piel es porque deseas tener esa imagen de inspiración bien presente. Así lo hice yo hace unos años. Justo en un momento de mi vida en el que empezaba a sentir que algo estaba cambiando dentro de mi, que necesitaba vivir el presente con fuerza para empezar a ver mi futuro.

La verdad es que, este extraño año 2020, me ha enseñado que nuestra realidad puede cambiar en un suspiro, sin apenas darte cuenta.

Te quedas sin trabajo, pierdes a un ser querido, contraes una enfermedad que ni sabes como te va afectar… Tu mundo para… de golpe… sin previo aviso.

Y ahora miro ese tatuaje para no olvidarme de disfrutar cada uno de los días que me regala la vida.

He aprendido a no mantenerme en la tristeza, a pesar de que ha sido un año en el que la montaña rusa emocional ha hecho estragos. Quizás, por mi excesiva empatía, que en ocasiones me hace conectar y recoger el dolor de los demás como si tuviera un imán.

Siempre he disfrutado con el silencio, aunque este año hubo demasiado de un silencio que apenas tenía que ver con mis momentos de desconexión en mi rinconcito de soledad. Era una ausencia de rutina, de realidad a la que estábamos acostumbrados. Nada de coches en marcha, nada de jardineros cortando setos, nada de niños jugando en la calle…

Pero todo volvió a lo que era, o al menos a la vida en movimiento. Así que buscar un nuevo tipo de desconexión fue otra de las enseñanzas que me ofreció este año. Ya no encontraba inspiración en un silencio impuesto, sino que mi rincón de reflexión lo disfrutaba con todo lo contrario: los pequeños ruidos que llegaban del exterior. Curioso, ¿verdad?  

Con esto quiero decirte que debes encontrar la forma de adaptarte a cada situación de cambio, de amoldarte a las nuevas experiencias, si es necesario, con unos nuevos hábitos o con acciones que te proporcionen la tranquilidad que buscas.

Como madre, aprendí a ver las fortalezas de mi hijo ante la nueva situación que estaba viviendo. Su admirable adaptación al cambio –como siempre ha hecho– y con la mejor actitud posible ¡Cuánto debemos aprender los mayores de los más pequeños!

Estamos a pocas horas de despedir este 2020. Espero que te haya hecho ser más fuerte, que te haya hecho ver la vida de otra manera, que te hayas dado cuenta de lo importante que es disfrutar con lo que tienes y con quienes te rodean.

Y para el 2021 te deseo que sigas aprendiendo más, mucho más. De ti, de quién eres, de lo que sientes, de tus emociones. Que tengas inspiración para crear, para motivarte con lo que te gusta o con lo que te mueve. Que encuentres tu para qué, tu propósito y avances en tu camino hacia la persona que quieres ser.

Mil gracias por estar ahí, leyéndome y dejándome formar parte de un ratito de tu tiempo, despidiendo juntas este extraño año 2020.

Si te apetece compartir conmigo lo que te ha enseñado este año, ¡no dudes en escribir en los comentarios!

¡Feliz Año 2021! Un año que espero te regale todo lo mejor.

Aprender a conocerte para volver a creer en ti

Aprender a conocerte para volver a creer en ti

¿Sabrías decirme quién eres? A simple vista parece una pregunta sencilla de responder. Párate un momento y reflexiona sobre ella…

¿Tienes la respuesta? Es posible que no te haya sido fácil encontrarla o que incluso no hayas podido dar con ella.

Saber quién eres es la clave para un crecimiento personal guiado por tus valores, por lo que representa vivir una vida llena de propósito y de significado.

Y es que, si hay algo que te ayudará a guiarte en tu camino hasta encontrar esa vida plena y con sentido, es aprender a conocerte para volver a creer en ti.

«La esencia de la autoestima es confiar en la propia mente y saber que somos merecedores de la felicidad.»

Nathaniel Branden

Perder la confianza en ti, perder tu autoestima

Cuando pierdes la confianza en ti misma, cuando ya no eres capaces de creer en ti, la forma en cómo te miras y te piensas, adquiere un cariz tan negativo que lo único que asoma es la figura de una persona sin autoestima, sin ilusiones, sin motivaciones en la vida.

Ves el reflejo de alguien que no encuentra nada positivo en ella. Buscas y no encuentras. Te comparas con los demás y te hundes más.

Quieres avanzar para borrar esa imagen que no te gusta de ti, pero te enfadas contigo misma porque te sientes inútil por no poder cambiar, por “no ser perfecta” como ese ideal de mujer al que quieres llegar pero que ves tremendamente lejos…

Es, ese momento, en el que te abandonas. Te dejas llevar por tu historia, tu diálogo interior, tu creencia de que eres menos que los demás, de que nunca lograrás ser quién quieres ser.

Y acabas sintiendo un vacío interior en el que, lo único que aciertas a ver, es un oscuro túnel dónde nada tiene sentido, en el que no sabes hacia dónde ni cómo dirigir tu vida, en el que creer en ti resulta una odisea. ¿Dónde fue a parar tu mayor tesoro, tu autoestima?

¿Quién quieres ser? Aprender a conocerte

Quizás logre adivinar que tu mayor deseo es llegar a ser una persona feliz. Pero, para serlo, necesitas descubrir quién eres, qué te mueve en la vida, qué valores te impulsan.

Aprender a conocerte, ser consciente de quién eres, significa verte en un espejo. Sacar a la luz tus fortalezas, tus virtudes, todo lo bueno que tienes dentro de ti. Aunque, también, supone reconocer y enfrentarte a tus creencias, a tus miedos y a esos pensamientos negativos que te ahogan en ciertos momentos.

Gracias al autoconocimiento, lograrás acceder a esos rincones –más profundos– que mantienes cerrados por miedo a lo que pueda surgir. Te permitirá mirar en tu interior, reflexionar, cuestionarte el modo en que interaccionas en el mundo, en cómo lo observas, en cómo lo traduces para ajustarlo a tu marco mental.

«Nuestra mente es nuestro instrumento básico de supervivencia. Si se traiciona ésta, se resiente la autoestima»

Nathaniel Branden

Nathaniel Branden, en su magnífico libro Los seis pilares de la autoestima destaca que: vivir la vida de un modo consciente, es vivir la vida siendo responsable de la realidad que te rodea, aceptarla tal y como viene, sin excusas.

De este modo, lograrás estar presente, viviendo el momento, sin evadirte y permitiéndote poner la semilla de la curiosidad hacia tu mundo interior: tus sentimientos, necesidades y motivaciones.

Aprender a conocerte es –en palabras de Branden– considerar “tu miedo y tu dolor como señales para no cerrar los ojos sino para abrirlos más, no para desviar la mirada sino para mirar más atentamente”.

Compromiso y constancia para cambiar

Volver a creer en ti, conectar de nuevo con tu autoestima, no es tarea fácil. Deberás tener paciencia, constancia, compromiso contigo misma.

Empieza por modificar tus pensamientos negativos hablándote en positivo. Busca lo bueno que tienes, aquello que te hace diferente y única. Seguro que lo tienes, ¡todos lo tenemos!. Puedes pedir ayuda a alguien cercano tuyo y que te diga que ve de especial en ti. Te sorprenderá el modo en cómo nos vemos y como nos ven los demás.

Escribe, cada mañana, uno o varios agradecimientos a aquello que esté contribuyendo en tu vida. Reflexiona… puedes agradecer el poder estar respirando cada día, el poder ver amanecer, el poder sentir el aire fresco, el tener unos hijos maravilloso o un marido que te apoya en todo momento. Busca cosas cotidianas que envuelvan tu vida y te aporten, por muy pequeño que sea.

Si lo necesitas, no dudes en contactar con un especialista como puede ser un coach para ayudarte y guiarte en este proceso. Piensa que no está sola en este camino.

Y llegará un día en el que te darás cuenta de que eres perfecta tal y como eres, de que no necesitarás compararte con nadie más. De que volverás a tener ilusiones, seguridad en ti misma, aceptándote y valorándote, siendo capaz de retarte si te lo propones.

Tus pensamientos ya no te consumirán porque sabrás centrarte en lo que verdaderamente importa, en lo que tienes control, en lo que está en tu mano. Pasarás de dejarte llevar a tomar las riendas. Te convertirás en alguien que, ahora sí, vive conscientemente, sabiendo quién es, a dónde quiere llegar.

Habrás aprendido a conocerte, habrás vuelto a creer en ti…

«La raíz de nuestra autoestima no está en nuestros logros sino en aquellas prácticas generadas desde el interior, que entre otras cosas, nos permiten alcanzar aquellos logros»

Nathaniel Branden