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Cómo el autoconocimiento te ayuda a entender y a gestionar tu alta sensibilidad

Cómo el autoconocimiento te ayuda a entender y a gestionar tu alta sensibilidad

El autoconocimiento ayuda a conocerte y eso implica cuestionarte cómo estás viviendo tu vida, qué haces para sentirte feliz, qué obstáculos encuentras en el camino o con qué recursos cuentas para avanzar. No solo se trata de responder preguntas sino de observar dentro de ti y ser honesta contigo misma.

¿Por qué siento que necesito huir en ciertos momentos? ¿Por qué quiero aislarme y estar sola? ¿Por qué sufro cuando alguien sufre? ¿Por qué vivo con tanta emoción la vida?

Posiblemente te hayas sentido identificada con todos estos interrogante y te hayan hecho encender una lucecita de curiosidad en tu interior. Este es el punto en el que, dentro de ti, comienza a crecer la curiosidad y, claramente, la necesidad de comprender.

Y es que, en la vida de las PAS, hay un antes y un después.

Un “antes”. Cuando, a esas preguntas, no le encuentras ninguna respuesta y te sientes sola ante tantas dudas y ante una sociedad que no comprende el modo en como experimentas el mundo que te rodea y tu propio mundo interior.

Un “después”. Cuando la palabra “alivio” se hace inmensa en el mismo momento en que descubres la respuesta a todas tus interrogantes: la Alta Sensibilidad.

Descubrir que eres una persona altamente sensible te lleva a querer saber más, a alimentar esa parte tremendamente curiosa y enriquecedora que caracteriza a las PAS. Pero de nada te sirve aprender sobre el rasgo si no te planteas cómo lo estás viviendo realmente.

¿Lo vives sin control, arrastrada por todas las “sombras” de un rasgo desconocido hasta ahora y que dificultan tu día a día? O, por el contrario, ¿eres consciente de cuándo se activan tus momentos de saturación? ¿de cuándo tu empatía te está jugando una mala pasada y estás inmersa en las emociones de otro? ¿de cuándo tienes que tomarte una pausa y descansar para recargar tu baja energía?

El autoconocimiento me ayudó a reconocer mi alta sensibilidad

Yo desconocía por completo que significaba ser una persona altamente sensible. Me veía reflejada, pero sentía que me faltaba dar un paso más allá: cómo convivir de un modo sano con todas aquellas partes menos agradables de la alta sensibilidad.

Como profesional del autoconocimiento empecé a ser mi propia coach. Reflexioné sobre como actuaba y reaccionaba en ciertas situaciones, cuándo necesitaba sentirme en soledad, qué patrones se repetían cuando me quedaba sin energía o cómo gestionaba el exceso de empatía o emocionalidad.

Me di cuenta, por ejemplo, de que a lo largo de mi vida activaba, inconscientemente, un mecanismo de bloqueo para evitar el dolor que me provocaban los momentos en los que sentía las emociones de un modo tremendamente intensos. Un escudo que me permitía aislarme de esa gran emocionalidad en determinadas experiencias.

Y no lo supe descifrar hasta que no fui consciente de que era un recurso que no me hacía vivir de un modo sano mis emociones, sino que lo que quería era esconder el dolor, hacerlo desaparecer sin aceptar lo que había en el trasfondo.

La clave para que puedas convivir con tu alta sensibilidad

El autoconocimiento es la clave para que puedas convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute. Aprender a reconocerla y a gestionarla para ser tú en esencia, sin querer amoldarte al ritmo de los demás, a lo que es “normal”.

Saber por qué te sientes cansada sin motivo, por qué quieres huir cuando estás agobiada, por qué se agota tu energía cada dos por tres, el porqué de esos bloqueos mentales cuando te observan. De eso trata el aprender a conocerse. Para dar respuesta a todas tus preguntas y crear una guía con la que marcar un camino saludable en el que puedas convivir con tu alta sensibilidad desde la comprensión.

Reconocer cómo te afecta el modo en como procesas tu pensamiento profundo o aprender a detectar tus momentos de saturación y sobreactivación. En definitiva, integrar cada una de las características de tu rasgo PAS de la mejor manera posible para convivir con la tranquilidad y la libertad de ser quién eres.

No se trata de renunciar a tu forma de experimentar el mundo sino de comprenderte, de conocerte y de aceptarte tal y como eres.

Sentirte libre cuando aprendes a conocerte

A partir de ahí, vivirás con el poder suficiente para no dejarte arrastrar por los inconvenientes de tu rasgo, sino que sabrás acompasar cada momento con los recursos que, ahora sí, habrás obtenido gracias al autoconocimiento.

Conocerte a ti misma te hará comprender la alta sensibilidad, te permitirá sentirte libre en un mundo lleno de mil sensaciones, te ayudará a vivir una vida de disfrute abrazando tu sensibilidad.

¿Por qué hacerlo sola? Te invito a que inicies este camino acompañada de la mano de un profesional que entienda lo que representa ser PAS. Te aseguro que será mucho más sencillo, agradable y enriquecedor.

Siempre, es buen momento para empezar a reconocer y disfrutar de tu alta sensibilidad ¿no te parece? Y si te animas, estaré encantada de iniciar este camino juntas.

¿Quieres vivir tu vida o la de los demás?

¿Quieres vivir tu vida o la de los demás?

No sé por qué pero, últimamente, me he encontrado inmersa en charlas con amigas en las que me contaban cómo la vida se había transformado en un vivir para otras personas, olvidándose de lo que más importa, vivir la suya.

Insistían en la sensación de haber perdido la motivación por su día a día y en lo poco ilusionante que se había convertido. Y todo porque se habían resignado, sin apenas percibirlo, a cumplir los deseos de los que les rodeaban.

En estas conversaciones acababa por hacerles la misma pregunta «¿quieres vivir tu vida o la de los demás?» Debe ser una pregunta mágica o como solemos decir en el mundo del coaching, una pregunta poderosa porque nada más lanzarla al aire algo cambió en sus miradas.

Y en estas me encuentro yo ahora, reflexionando sobre qué hacemos mal para que una llegue a sentirse así. Te confieso que como coach las respuestas las tengo claras pero quizás, quién se encuentre en esta situación, el lograr vivir su vida y no la de los demás, le parezca una quimera.

En las conversaciones que he tenido siempre había una constante, la sensación de dejarse llevar y de alejarse de quién una era. Cuántas veces hacemos algo (o no hacemos) pensando en el que dirán… demasiadas creo yo… ¿y qué precio se paga por ello? El de tener la sensación que se vive una vida impostada, fingida y que no te pertenece.

¿Cómo lograr vivir tu vida? ¡Pon límites, sé asertiva!

Una de las claves para que sientas que vuelves a tomar las riendas de tu vida es la de mantener unos límites que marquen la diferencia entre lo que tú quieres y lo que desean los demás para ti.

Es hora de poner en práctica la asertividad y atreverse a decir un NO cuándo así lo sientas. Este NO es la primera piedra para construir esos límites que tanto se te resisten. ¿Hacemos una prueba?

Imagina que estás en una situación en tu vida en la que esté presente esa sensación de incomodidad por estar realizando algo que no está acorde con lo que quieres. Ahora visualízate siendo la persona que quieres ser... no tengas prisa… quédate ahí…recréate en esa imagen, en esa persona asertiva, poniendo límites, alineada con tus deseos, diciendo en voz alta y con seguridad un NO… conecta con sentimientos y emociones… siéntelos en ti… ¿cómo te sientes?… ¿qué sensaciones, emociones te llegan viéndote, oyéndote, sintiendo que pones límites?…

Es momento para que reflexiones y te hagas estas preguntas:

  • ¿Para qué quiero vivir la vida que quiero?
  • ¿Qué gano / pierdo viviendo la vida que quiero?
  • ¿Qué gano / pierdo viviendo la vida de los demás?

¿Qué te dicen tus respuestas?

Otro buen ejercicio es el de recordar un momento en tu vida en el que lograste mantenerte y no ceder ante otra persona. Una vez que lo tengas, pregúntate:

¿Qué hice entonces para lograrlo?

Con esa respuesta, vuelve a conectar con las sensaciones que te llegan al recordar el momento y aprovéchalas para traerlas al presente. Es un ejercicio que suelo invitar a mis clientes a realizar y te puedo asegurar que esas sensaciones con las que conectan son tan poderosas que logran tomar conciencia de que el cambio en ellos es posible.

Si ya lo hiciste una vez ¿qué te impide volver a hacerlo ahora o las veces que te lo propongas?

Nuestra mente es tan poderosa que en ocasiones nos parece luchar contra ella sin saber por qué, pero la realidad es que somos nosotros mismos quienes creamos esa resistencia a través de nuestros pensamientos, creencias o juicios.

«Para que tu vida tenga sentido tienes que vivir de acuerdo a tus pasiones, tus valores y tus habilidades»

Elsa PUnset

¿Te atreves a dar el paso?

En ocasiones los padres diseñan un proyecto vital para sus hijos a medida de sus expectativas personales no satisfechas. Todo les parece poco si no cumplen con los parámetros por ellos marcados. Y cuando los hijos crecen y pretenden elegir un camino diferente al soñado por sus mayores nos encontramos o bien, con una crisis familiar por la rebeldía o bien, con un hijo desencantado porque se ve “obligado” a encaminar sus pasos hacia un camino no deseado.

Pues ya está bien de vivir la vida que quieren los demás ¿no te parece? Sé rebelde, plántate y sé tú, sé la persona que quieres ser y vive la vida que tú deseas. Porque no lo olvides, en este mundo estamos para ser felices y si la mayoría del tiempo que vivimos lo hacemos mirando hacia otro lugar, alejado de nuestro interior, de nuestra esencia y deseos ¿qué nos queda?, amargura e infelicidad.

Vivir la vida que tú quieres implica atreverse a dar un paso más allá a miedos y resistencias que las propias creencias y juicios heredados nos provocan. En tu mano está el lograr abrir las puertas a esos temores y enfrentarte a ellos. No huyas de tu miedo, ¿por qué no aprovechar su presencia?, aprende de él. ¿Qué te dice? ¿A qué te resistes? ¿Por qué está ahí?

¿Cómo hubiese sido mi vida esperando el juicio de otras personas? Pues hubiese tenido otro hijo «para buscar la parejita», hubiese tenido que vivir en la misma casa y en la misma ciudad porque «para qué vas a cambiar», hubiese tenido que conformarme con soñar como sería eso de ser expatriada y conocer nuevas culturas porque «si ya estáis bien aquí, para qué vivir fuera», no tendría un tatuaje, no hubiese vuelto a los estudios después de los cuarenta y muchos, no sería mujer emprendedora… no sería coach… no estaría escribiendo…

Atrévete a dar el paso mirando al futuro, a tu futuro, a ese estado de paz y tranquilidad al que quieres llegar porque sabes que es dónde realmente te sentirás feliz y plena. 

«Tu tiempo es limitado así que no lo malgastes viviendo la vida de otro»

Steve Jobs

Y tú ¿Qué vida vives, la que quieres o la que desean los demás? Cuéntamelo en los comentarios. ¡Estaré encantada de leerte!. ¡Te espero!

El olvido de la memoria

El olvido de la memoria

“Mami, ¿a ti te pasará lo mismo que a la yaya?”… una pregunta que me revolvió por dentro, no sé si por inesperada o por quién me la hizo. Creo que por las dos cosas. Qué le podía decir… con diez añitos ya era capaz de asimilar lo que representaba el olvido de la memoria

Dejar de recordar… de conocer, de reconocer. Dejar de ser la persona que eras… convertirte en una sombra sin palabras, no poder expresar, no saber hacer, no saber reaccionar…

“No lo sé, cariño, ¡yo espero que no! ¿Me cuidarías si pasara?”

“¡Claro, mami!”

Fue la primera vez que me lo preguntó pero no la última. Esa pregunta me ha hecho pensar tanto… y reflexionar sobre cómo vivimos nuestras experiencias, lo que recordamos de ellas, cómo las recordamos. Y pienso en qué pasaría si perdiera todo lo que he ido acumulando en ella a lo largo de mi vida. ¿Quién sería yo?…

Veo a mi madre sentada en la residencia, con su mirada ausente, viviendo en su mundo sin saber qué hay o quién hay delante de sus ojos. “Hola yaya”, le dice mi hijo. Le damos un beso, como todas las ocasiones que vamos a verla. Pero no hay respuesta… observando más allá, atravesando su mirada nuestros cuerpos como si éstos no estuvieran allí.

De vez en cuando una risa aparece de la nada, por sorpresa, sin control, dirigida a alguien que vive en su mundo imaginario. Cuántas veces me he preguntado cuál sería ese mundo…

Quiero vivir el presente y ser consciente de lo que me está dando. Crear recuerdos de experiencias y no olvidarlas, aunque las sienta con el paso del tiempo de un modo diferente, amoldándose a las circunstancias de la vida.

«Al final, ¿Qué importa más: vivir o saber que se está viviendo?»

Clarice Lispector

Me da miedo el olvido de mi memoria, el olvido de la vida… los recuerdos, las personas, las palabras, las emociones, mi propio yo… ¿cuál sería mi mundo si pasara? Quizás uno dónde las imágenes fuesen la alegría de los momentos felices, con las personas que quiero.

Qué rápido vemos pasar la vida sin apenas darnos cuenta de cómo la estamos viviendo. ¡Bendita juventud!, qué decididos y valientes éramos para lanzarnos al vacío y qué lejos sentíamos las preocupaciones que nos pudieran llegar. ¿Pensar en el mañana? ¡Para qué! ¡Era un carpe diem continuo!

Aquello con lo que nos quedamos a través de nuestras experiencias en la vida está impregnado con las sensaciones y emociones del momento.

Guardo esas emociones, las archivo en mi memoria… y no las olvido… no quiero olvidarlas para siempre. Ahora siguen ahí, brotando al más mínimo olor, sonido, color, sabor, textura que me hicieran revivirlas.

«La vida es eso: vivir el instante, hacer un archivo urgente y así poder revivirlo, más tarde, convertido en producto imaginario»

Josep Piera

Y así es como me llegan momentos felices y otros no tantos. Experiencias del pasado que surgen al oler un incienso de perfume de sándalo, o al escuchar a alguien inesperadamente con ese acento chileno tan peculiar o al saborear algún alimento que me lleva a mi niñez.

¿Forzar el olvido? creo que en ocasiones es necesario para alejar sentimientos dolorosos que personas o circunstancias nos hicieron madurar pero, si te digo la verdad, es algo difícil en mí. Me cuesta en ocasiones desprenderme de esta conexión desagradable… aunque presiento que puede más mi necesidad de recordarme en qué fallé o en qué me fallaron.

A pesar de ello, ahora tengo mis propias herramientas para hacerlo posible. Lo bueno de aprender a conocerse es saber cuándo y cómo alejarse de esos sentimientos. Como si fuera una goma de borrar, vas haciendo desaparecer sensaciones que intentan alterar tu paz interior. Y con esa paz dentro de mí me quiero quedar porque ¿de qué sirve saber que se está viviendo si te pasas el día pensando en los demás y no en ti?

Me imagino a mí misma dentro de veinte años, una señora de setenta primaveras y sin el olvido de su memoria, espero, aunque no tan fresca como la actual. Recordando… agradeciendo todo lo vivido y lo que pudiera llegar ¡espíritu joven, siempre!.

«La ventaja de tener una mala memoria es que uno puede disfrutar varias veces de las mismas cosas como si fuera la primera vez»

Friedrich Nietzsche

Y sin duda, reuniéndome todavía con amigas para tomar café, vino o lo que se tercie ¡o lo que se pueda a esa edad!. Amistades que ojalá perduren en el tiempo. Las de hace años, las que llegaron hace poco, las que la distancia nos separa…

Si un día mi memoria se apaga, tendré la satisfacción de dejar en el recuerdo de otras personas mis propios recuerdos, sentimientos, emociones y sensaciones de lo que he vivido y cómo lo he vivido a través de mis escritos.

Porque plasmar en palabras el interior de una misma, escribir, eso… eso no hay quién lo borre ni quién lo olvide, permaneciendo en el tiempo… para todos… para mí, ahora y siempre.

Coaching: el arte de ayudar a encontrar tu mejor versión

Coaching: el arte de ayudar a encontrar tu mejor versión

Tenía muchas ganas de escribir este post porque hacerlo suponía, después de unos cuantos meses, el haber obtenido mi deseada certificación como Coach, el poder decir oficialmente «ya soy Coach profesional y certificada por ICF». Y para ser una persona que la perseverancia era su talón de aquiles, el llegar hasta aquí me ha confirmado que «mi mejor versión» llegó para quedarse.

Me siento feliz, muy feliz porque significa la guinda del pastel de lo que hace un tiempo fue una idea loca lanzada al aire, sugerida por mi querida amiga Sonia y que acabó convirtiéndose en una de mis deseadas metas. Una idea que nació en un momento de confusión en el que saber lo que quería en la vida me suponía un reto. Y gracias a que esta misma vida tiene el capricho de ponerte delante personas maravillosas que te ayudan a crecer, el comenzar mi reinvención personal hizo que convirtiera ese sueño en lo que es ahora, una realidad.

El hecho de disponer del título en papel, no quiere decir que sea ahora cuando empiece a sentirme capaz de realizar mi trabajo como Coach, ¡para nada!. Ese sentimiento de gratificación por ayudar a mis clientes y acompañarlos en su viaje de autoconocimiento lo he tenido desde mi primera práctica, con más nervios e inexperiencia en aquel momento, pero con los mismos deseos y entusiasmo que ahora.

La verdad es que, cuando ves a tu cliente superar sus limitaciones y lograr alcanzar ese cambio interior que le parecía imposible al principio, la alegría y emoción que te llega por su logro es increíble.

Durante el tiempo de formación he tenido la posibilidad de ir absorbiendo toda una filosofía de vida, algo así como una nueva forma de andar por ella y de la que tanto me habló mi buena amiga Laura.

Es como ver el mundo con otros ojos y caminar por él con la maleta llena de recursos con los que poder conocerme, gestionar mis emociones, reflexionar para qué hago lo que hago, encontrar cuál es el sentido de mis deseos, objetivos o metas, salir de mi mapa mental o cambiar de perspectiva antes de que una situación me supere.

Y lo mejor es que todo lo aprendido no solo me sirve a mi, sino que es la base para poder ayudar a los demás, a aquellas personas que quieren dar un giro a su vida y lograr, con compromiso y con ganas de cambiar, alcanzar ese objetivo que por desmotivación, miedos o falta de voluntad entre otros obstáculos se le estaba negando.

Pero entiendo que esto del Coaching suene a «cuento de hadas». No se puede estar más alejado de la realidad. No es magia, es simplemente el compromiso y la voluntad de uno mismo por cambiar, por atreverse a salir de esa zona de confort que no nos permite avanzar, reflexionar, tomar consciencia y darse cuenta de dónde estás y a dónde quieres llegar.

Tomando las palabras de Leonardo Wolk, el Coaching es «un proceso de aprendizaje». Un aprendizaje profundamente transformador que cambia tu modo de actuar en el mundo ya que aprendes a pensar y a observar desde otras perspectivas gracias a la adquisición de nuevas habilidades y a la potenciación de otras que desconocías.

«El Coaching es el arte de hacer Visible lo Invisible»

Ya no serás esa persona que se queda anclada en un pensamiento negativo sin ver la solución al problema, o la que se muere de ganas por iniciar un nuevo proyecto profesional pero que los miedos la frenan o esa otra que quiere volver a sentir la motivación pero sigue sin creer en sí misma.

Y este es mi «para que» cuando tuve claro que quería ir a por ello: para ayudar a otras personas. Porque el Coaching es el arte de ayudar a encontrar la mejor versión de ti, esa versión que todos llevamos dentro, con la que desconectamos alguna vez en la vida o con la que ni si quiera sabemos que existe. Es la versión mejorada que aprenderá de la experiencia, de los errores y de los aciertos, la que verá oportunidades en lugar de fracasos y sobretodo, la que sentirá ser la persona que quieres ser.

¿Cómo no puedo estar ilusionada por ser la guía en el camino de esa transformación que te ayudará a lograr el objetivo que te habías propuesto?. Un viaje que hacemos juntos, a través de un proceso en el que con mis preguntas y tus respuestas irás reflexionando y descubriendo qué es lo que verdaderamente te mueve, para qué quieres lograr la meta que te has marcado, qué miedos, creencias te obstaculizan y que fortalezas tienes para conseguirla.

Pero esto no acaba con un curso, ni mucho menos. Ahora toca ir aprendiendo con la experiencia, con nuevas formaciones que ya tengo en mente y otras recién acabadas como la de Coaching enfocado a niños y adolescentes.

Entro de lleno en el mundo emprendedor con sus cosas buenas y malas. Porque lo duro viene ahora, pero como la positividad forma parte definitivamente de mi adn, lo veo como un reto que, saldrá bien o mal, pero del que no diré nunca «no lo intentaste».

«Es precisamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace la vida interesante»

Paulo Coehlo – El Alquimista

Definir mi marca personal, desarrollar mi página web, darle vida a las redes sociales con mis publicaciones, lograr llegar a mis clientes objetivo… uff ¡Mil pasos que hay que seguir cuando una empieza un nuevo proyecto!

Porque lograr lo que deseas, ver que puedes conseguir hacerlo realidad, te proporciona más motivación si cabe, mayores ganas de continuar y, sobre todo, confianza para apostar por lo siguiente que te hayas propuesto.

Yo encontré mi mejor versión, esta que ves ahora y que hace un tiempo ni sabía que existía. Y no lo hice sola, sino que tomé la decisión de que alguien me guiara, acompañada por la mejor coach que pude tener y que me enseñó a mirar lo que no veía.

Ahora ya sabes que encontrar tu mejor versión es posible. ¡Me encantaría acompañarte en este viaje tan apasionante! ¿Te animas a hacerlo junt@s?


Bienvenido, Mr. Cambio

Bienvenido, Mr. Cambio

Algo iba a cambiar esa mañana. Tenía la sensación de que la llegada de un cambio en mi vida iba estaba a punto de suceder. Pero esta vez era diferente, esta vez le daba la bienvenida a Mr. Cambio, mi gran enemigo de tiempos pasados

Miraba la pizarra pensativa, observando en ella el inmenso número del aula escrito con tiza, puede que para indicar a todos aquellos “despistados” ese día que la clase dónde estaban era la correcta.

Eran las ocho cincuenta de la mañana. Impaciente, esperaba el reparto de la hoja del examen. Algo de nervios, pero pocos, muy pocos…extraño en mí considerando que era una de las situaciones que más me incomodaban en mi época de estudiante, mejor dicho, en mi época juvenil de estudiante.

Sin duda, todos estos meses de autoconocimiento, de saber reconocer mis emociones, de intentar gestionarlas gracias a todo lo que he aprendido con el coaching, me han servido para mantenerme como yo quería estar y ahora tocaba estar serena, en calma.

Continuaba observando aquella pizarra, reflexionando si iba a hacer lo correcto, si me iba a arrepentir de la decisión que había tomado. Pero una y otra vez me llegaba una sensación de plenitud, de ganas por lo que tenía que venir, por empezar algo motivante. Y esos pensamientos me llevaron a uno muy especial: “disfruta este momento, será tu último examen”.

Mi último examen… No ha sido una decisión fácil, todo lo contrario, ha sido pensada y valorada, con sus pros y sus contras. Pero lo que verdaderamente me ha dado la respuesta final fue el pensar mi “para qué”, para qué comencé a estudiar, para qué me marqué este objetivo. En aquel momento para aprender, para retarme a mi y a mi edad, demostrarme que podía afrontar unos estudios universitarios después de tanto tiempo y estar a la altura. Y lo hice, ¡vaya si lo hice!.

Fue el primer paso que realicé cuando quise darle un giro a mi vida, reinventarme después de mucho tiempo sin encontrar el camino. Tal y como escribí en mi post Reinventarse, » Reinventarse es volver a crecer, crear nuevos inicios, cambiar de vía cuando sientes que tu tren no se dirige hacia donde tú quieres» . Y esa vía, ese «para que», ahora siento que está empezando a cambiar de nuevo, un tren que avanza pero que me lleva a buscar un nuevo camino hacia otro apasionante inicio, la consolidación de mi proyecto profesional como coach.

 

¿Podría compaginar ambas cosas?, seguro que sí, y lo hacía, pero comencé a sentir que la inercia de mis motivaciones me iban arrastrando en un mismo sentido, al mundo del coaching. Contra más me metía en él, más salía de mis estudios universitarios… no sé, será porque soy así… una persona que cuando algo me apasiona pongo mis cinco sentidos en ello y me cuesta compartirlo con algo más porque sé que no lo disfrutaría al cien por cien…

Porque un cambio sabes como comienza pero no como va acabar… emocionante ¿verdad?. Pensar en la ilusión con la que inicias un nuevo proyecto personal, un nuevo cambio de hogar, una nueva vida en común, una nueva amistad con una conexión especial… Nuevos lugares, experiencias, personas, que llegan a tu vida para enriquecerla y enseñarte que caminar por otros caminos puede llevarte a grandes descubrimientos.

Siempre había tenido dudas, dudas por mis decisiones, por mis capacidades, por si la elección era la correcta… pero cuando la seguridad en una misma está presente y en pleno funcionamiento, esos temores acaban por esfumarse. Si puede salir bien ¿porqué pensar en que saldrá mal? y si sale mal ¿no es mejor haberlo intentado?.

Hasta no hace mucho, cuando un cambio llegaba a mi vida, mi primera reacción siempre era la de protegerme a través de una especie de tornado mental que me situaba lo más alejada posible de lo bueno que me podía aportar. He de decir que no siempre fui tan ceniza. Creo que al estar en un momento vital nada motivante acabé por activar el «modo cenizo on», escudándome tras él para hacerme sentir más segura frente a la incógnita de lo que podría pasar.

Y si además ese cambio lo debía realizar a partir de una decisión propia me costaba un mundo tomar la más adecuada, por lo que finalmente optaba o bien, por eternizar mi decisión o bien, por tirar por el camino más fácil, no hacer nada. Ya se sabe, “quién no hace nada, no se equivoca”.

Así que ante la posibilidad de equivocarme mi mente me enviaba, como si de señales de humo negro se tratasen, avisos subliminales “¿y si te equivocas?”, “¿y si no aciertas?”, “¿y si te arrepientes?”, ¿y si?, ¿y si?, ¿y si?… Y ahí entró en escena mi new version, mi nuevo yo o tomando prestadas las palabras de mi querida amiga Almudena; la «Capitana Marvel», ese yo vital y dueño de su futuro.

el cambio

Porque son a esos miedos a quienes tienes que desafiar, plantarles cara y decirles en voz alta «¿y porqué no?«. Aprender a desechar futuros llenos de nubarrones y a aceptar la incertidumbre como parte de tu apuesta por lograr lo que sueñas, por lograr ser feliz.

Pero creo que, como parte del proceso, en ocasiones hay un pedacito de pérdida en nosotros, en lo que dejamos atrás. El cambio te transforma, te moldea como esa plastilina que tiene entre sus manos un niño y a la que le da nuevas formas una y otra vez. Hay que ser esas manos y lograr manejar los sentimientos que nos producen las variaciones en nuestras vidas para que no nos detengan.

Son sentimientos de tristeza por lo que hubo, necesarios e inevitables, que te muestran el significado que representa aquello que dejas atrás, algo que fue importante y valioso para ti y tu vida.

Es entonces cuando toca aceptar el cambio, ser esas manos, y afrontarlo como lo que son, nuevas oportunidades que te van surgiendo a través de nuevos caminos. Ver lo que vas a ganar en lugar de recrearte en lo que vas a perder.

Y en mi caso, un cambio que elijo dar sin mirar atrás, acumulando una bonita experiencia con la que he ganado muchas cosas: confianza en mi, aprender de nuevo a estudiar, mejorar a la hora de escribir y lo principal, absorber nuevos conocimientos y todo a una edad cercana a los cincuenta ¡que más se puede pedir!.

Salí de la universidad mirando el cielo tan espectacular que hacía ese día, un sol que comenzaba a dar muestras de que el verano había llegado para quedarse. Creo que la palabra que mejor podía definir mi estado de ánimo en ese momento era satisfacción.

Satisfacción por haber sido capaz de elegir reconociendo lo que había logrado, satisfacción por darme la oportunidad de disfrutar lo que hasta ese momento estaba haciendo y satisfacción por haberme dado permiso para decidir dar un cambio de rumbo aceptando lo que dejo y esperando con pasión e ilusión lo que está por venir…