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Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Me resulta extraño seguir hablando –a estas alturas– de pandemia, de cómo seguimos inmersos en ella y de cómo nos sigue afectando. Nos toca convivir con la incertidumbre en un mundo que se asemeja, cada vez más, a una nueva realidad que ha llegado para quedarse por más tiempo del esperado.

No me voy a recrear en la pesadez de todo esto, en las incomodidades, en las limitaciones. Ni siquiera en lo sufrimientos por no dar un abrazo o un beso despreocupadamente, sin pensar a quién, ni cómo, ni cuándo.

Aunque confieso, que existe el deseo de querer que todo fuera diferente, como era antes –antes de este virus de locos, claro–. Hace unos meses escribía el post Y todo cambió con esta maldita pandemia”. Como podría imaginarme entonces que, esas mismas sensaciones, volverían a estar presentes ahora –o al menos– de un modo algo más subterráneo.

Son estas circunstancias las que me llevaron, en ciertos momentos, a una especie de desaparecer de sí, tal y como diría mi admirado sociólogo David Le Breton.

“Situarse fuera de sí para recobrar el aliento, dejar de estar allí, pero reservándose la posibilidad de volver”

David Le Breton

Pero como sé que la aceptación es el recurso más efectivo para mantener un equilibrio entre la realidad y el deseo, fue necesario que –desde mi propia exploración interior– detectase cuales eran esos pensamientos recurrentes que me estaban llevando a una cierta negatividad.

Y en todo este proceso de autoconocimiento, acabó por asomarse algo que seguro te debe sonar e, incluso, te puedes haber encontrado durante todo este tiempo de pandemia: la incertidumbre.

Por qué surge la incertidumbre

La incertidumbre se caracteriza por un sentimiento de desasosiego, de preocupación y de temor por el desconocimiento sobre algo que va a pasar, por un futuro incierto, pero también, por la imposibilidad de tomar el control de la situación que nos lleve a un resultado final en el menor tiempo posible.

Acostumbrados a estos tiempos, dónde se nos ha hecho partícipes de la inmediatez de las cosas, no nos han dejado espacio para adaptarnos a una vida más pausada, una vida como la que actualmente estamos experimentando.

Vivíamos sin ser conscientes de que, nuestra realidad, giraba en un entorno imprevisible, cambiante y lleno de giros inesperados en nuestro día a día. Quizás fuera nuestra forma de ver el mundo desde una perspectiva cómoda y segura, filtrada por la rutina diaria.

Y ese cambio en nuestro ritmo, en lo que dábamos por hecho, agrandó la sensación de incertidumbre ante un futuro que –lamentablemente– no sabemos hasta dónde nos llevará.

Esta pandemia nos obliga a convivir con el miedo a un posible cambio, sin saber en qué ámbito de nuestra vida nos puede afectar. ¿Qué pasará con mi futuro laboral? ¿Mi hijo se educará en casa o en la escuela? ¿Cómo afectará a mi salud si me infecto con el virus? ¿Cuándo llegará el día en el que pueda pasear, dar un beso, acercarme o abrazar sin la dichosa mascarilla?…

Preguntas que se instalan en nuestra mente y que somos incapaces de dar una respuesta certera ni controlar el resultado final, provocando inseguridad, angustia, miedo…  

¿Cómo podemos manejar la frustración en tiempo de pandemia?

Sin duda, aceptar la situación, aceptar que el cambio es parte de la vida, es el primer paso que debemos dar.

Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, el peligro o la simple incertidumbre. La primera de las estrategias que podríamos emplear, sería la de no enfocarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar.”

Mario Alonso Puig

De nada sirve mantenerse en la queja, recrearse en un sentimiento de negatividad, por la falta de control ante una situación que no podemos manejar. Porque, cuando entramos en esta rueda de inseguridad e incerteza por lo que pueda venir en un futuro próximo, tendemos a tomar el control imaginando desenlaces múltiples.

Y, por supuesto, por orden de nuestro cerebro saboteador, estos hipotéticos finales que proyectamos en nuestra mente, suelen situarnos en realidades alternativas alejadas de nuestro ideal (pesimismo y negatividad) o, por el contrario, más cercanas con expectativas desmesuradas.

Creamos una falsa sensación de control, con desenlaces a nuestra medida y adaptados al modo de pensar y estado emocional de ese momento. Con ello pretendemos lograr lidiar con el sufrimiento que nos provoca esta incertidumbre. En definitiva, para hacernos sentir en un engañoso estado de seguridad.

“La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos, pero, precisamente por ello, son los breves e indoloros finales, los que suelen constituir sus momentos de mayor desafío y ocasionan nuestros más irritantes dolores de cabeza”

Zygmunt Bauman

La vida está en constante movimiento y es un fluir de nuevas experiencias creadas por diferentes comienzos. Si siempre permaneciéramos inalterables ¿Qué motivación tendríamos para construir nuevos caminos? No habría nada que esperar, nada con lo que ilusionarse.

Se trata de aceptar que este cambio constante es parte de nosotros y que, nuestro camino en la vida, se va construyendo a base de experiencias que nos llegan inesperadamente, pero fruto de aquello que sí podemos controlar.

Hay que ser consciente del momento que estás viviendo, de tu presente y no anclarse en un futuro pensando en mil y un resultados posibles. Hipótesis que son solo certezas en tu mente. ¿Alguien sabe, en realidad, qué sucederá?

No puedes controlar un futuro incierto, pero sí el modo en cómo lo vives.

“Una persona proactiva puede llevar dentro de sí su propio clima psíquico o social. Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.”

Stephen Covey

Ponte en acción, sé una persona proactiva y dedícate a poner énfasis en tu círculo de confianza, en lo que sí puedes controlar, tal y como sugiere Stephen Covey en su bestseller “Los 7 hábitos de la gente altamente efectivas

Crea objetivos en tu vida ajustados a tu nueva realidad, objetivos que puedas medir, específicos, relevantes y alineados con tu visión de la vida, que puedas alcanzar y con un tiempo definido.

¿Y por qué? Porque de esta manera podrás ir planificando, paso a paso, tu camino hacia un futuro que tú estás diseñando. Un futuro con incertidumbre, sin duda, pero en el que sabrás encontrar alternativas a los obstáculos que vengan con mayor confianza y sin esperar a “verlas venir”.

Esta pandemia nos ha removido a todos, nos ha trastocado un presente que avanzaba seguro y de un modo vertiginoso, convirtiéndonos en piezas frágiles a merced de un futuro incierto. Pero la vida se compone de cambios, de riesgos, de dudas, de éxitos y de fracasos, de caídas y nuevos comienzos.

Me quedo con las palabras de Genís Roca en su artículo «El siglo XX ya duraba demasiado«: «El futuro siempre es un reto, pero a diferencia del pasado es nuestro destino»

Cuando, además de ser madre, deseas emprender

Cuando, además de ser madre, deseas emprender

No te voy a engañar, esto de emprender no es llegar y besar el santo. Requiere sacrificio, constancia, trabajo, organización y, sobre todo, de mucha confianza y ganas por crear algo tuyo.

Así que cuando, además de ser madre deseas emprender, en tu interior empieza a removerse cierto gusanillo. Miedos, falta de confianza, creencias limitantes, dudas. Y, si fuera poco, la guinda del pastel te la ponen los juicios, por parte de los demás, a tu “locura”.

Si eres habitual lectora de mi blog ya sabrás –a estas alturas– que soy madre de un niño adolescente. Así que –por propia experiencia– puedo decirte que, uno de los momentos clave en la vida de una mamá, es aquel en el que sientes un abismo dentro de ti al percatarte de que tu pequeñín ya no lo es tanto.

Tu rol de madre protectora se va quedando atrás y ves cómo, poco a poco, todo ese tiempo de dedicación a tu hijo va volviendo a ti. Es, entonces, cuando te haces la pregunta ¿y ahora qué? Sientes que has dedicado parte de tu vida a una personita y ahora ha llegado el momento de comenzar algo para ti, de vivir tu vida.

Preguntando a mi buena amiga Flora, qué fue lo que la impulsó a querer emprender, no pude más que coincidir con ella en su respuesta: “querer seguir manteniendo mi cabeza amueblada. Necesito una razón para levantarme cada mañana”.  

Y la entiendo perfectamente, porque fue la misma sensación e inquietud que tuve hace unos pocos años. Fui consciente de que mi hijo se hacía mayor y de que había pasado de ser “mamá para todo” a una madre que no sabía muy bien qué hacer con más tiempo libre.

Así que comencé a darle vueltas a mi cabeza, a reflexionar para encontrar “mi elemento”, mi propósito en la vida. No fue nada fácil porque, esa introspección en busca de qué era aquello en lo que podía dar lo mejor de mí y que –además– me apasionara, me mostraba miedos y creencias a los que tenía que enfrentarme si quería avanzar hacia mi propósito.

“La búsqueda de tu Elemento es un viaje en dos direcciones: un viaje interior para explorar lo que hay dentro de ti, y un viaje exterior para descubrir las oportunidades que el mundo te ofrece”

Ken Robinson

¿Cómo lo logré? Pues te confieso que hubo tres elementos clave en mi vida para conseguir saber qué podía ofrecer al mundo y superar los obstáculos que me limitaban:

  • Saber rodearme de personas que me hicieron brillar, que realmente me apoyaron y me motivaron con su ejemplo. Si abres los ojos, seguro que lograrás encontrar a esa persona especial cerca de ti.
  • Decidirme a iniciar un proceso de coaching con el que conseguí mi objetivo de dejar atrás miedos para volver a confiar en mí misma y en todo lo que podía ofrecer.
  • Querer cambiar y ser consciente de que si quería algo debía ir a por ello, lo que me hizo volver a la senda de la motivación.

Empezar mi reinvención personal, como madre pasados los cuarenta y cinco, fue todo un reto que me permitió descubrir qué era lo que verdaderamente me hacía feliz: acompañar a otras personas a cumplir sus metas, creyendo en ellas, superando miedos y obstáculos.

Por lo que, emprender como Coach, me permitió trabajar en lo que hoy es mi pasión: ayudar a mamás que desean emprender con confianza y sin temores.

«La gente que hace lo que realmente le gusta no suele pensar que trabaja, sino que simplemente vive»

Ken Robinson

Pero este reto, también supuso enfrentarme a una segunda parte con la que alguien, con ganas de reinventarse, suele sufrir: los juicios de los demás. ¿Te ha pasado a ti también?

Si eres madre y con deseos de emprender, es posible que la primera reacción de tus amigos o familia ante tu gran noticia fuese la de incredulidad, la de mirarte con cara de “¿pero te has vuelto loca?”

La decepción es lo primero que suele aparecer tras esta muestra de incomprensión por parte de los demás. Decepción por no entender el sueño de una mujer que aspira a “vivir la vida que quiere”, que siente que puede ser algo más que una madre.

Y es aquí donde debes aprender a gestionar tu reacción.

Puedes hacerlo resignándote y aceptando que ellos tienen razón, autoconvenciéndote con pensamientos provenientes de creencias limitantes: “no seré capaz”, “esto no es lo mío”, “lo haré mal”, “y si hago el ridículo”, “y si fracaso”, “cómo voy a desatender a mis hijos”, “no tendré tiempo para mi familia”, etc.

O puedes llenarte de energía y motivación, agarrar tus miedos, aprender de ellos y superarlos. ¿Emprender es difícil? Naturalmente, pero tú eres la única que puede mantener el foco en lo que deseas. Saber a lo que te enfrentas, conocer tus limitaciones y mejorar. Aprender, aprender y aprender. Tienes que valorar si lo que está por venir compensa lo que dejas atrás.

“Un objetivo sin un plan es solo un deseo”

Antoine de Saint-Exupéry

Solo con el convencimiento de que tu plan de acción hacia el objetivo es posible, lograrás poner la primera piedra en tu nuevo futuro. Mira hacia delante y mantén viva tu visión de lo que te hace realmente feliz. ¿Ya sabes qué es?

Pero ¿y si lo que falla para dar el paso es que no sé lo que quiero? Te tranquilizará saber que no eres la única en esta situación. Es una de las grandes preocupaciones cuando la idea de reinvención está en el aire, no saber qué es lo que realmente te gustaría hacer, qué es aquello en lo que invertirías tiempo, esfuerzo e ilusión.

Tienes el deseo de avanzar en tu vida, de ser algo más que madre, pero te bloqueas a la hora de definir qué es lo que te apasiona. Si estás en este punto, te animo a que leas el libro de Ken Robinson, “Encuentra tu elemento”. En él, el autor nos propone tres procesos fundamentales para descubrirlo:

  • Eliminar el ruido → Tienes que conocerte mejor e invertir tiempo en ti sin que las opiniones de los demás te influyan.
  • Cambiar tus perspectivas → Desafía las opiniones de otros sobre lo que eres capaz de hacer. Mírate de otra manera.
  • Darte una oportunidad → Para saber que hay dentro de ti, también debes mirar hacia el exterior. Así crearás nuevas oportunidades ¡aprovéchalas!

Existen otros factores a los que te puedes enfrentar si deseas emprender, como la incertidumbre económica o el miedo a no ser capaz de conciliar tu tiempo de trabajo con el de la crianza.

Organización y un plan de negocio bien definido antes de emprender, te ayudarán a tener un claro mapa delante de ti de la inversión en tiempo y dinero que te ocupará, así como los recursos de qué dispones y las carencias que deberás superar con aprendizaje.

Como te dije al inicio de este post, emprender no es fácil, pero si construyes una buena base donde apoyarte y, además, lidiar con tus emociones, entonces, ¡no habrá quién te pare!

Vuelve a tomar el control de tus motivaciones

Vuelve a tomar el control de tus motivaciones

Si hay algo que llevaba arrastrando desde que era jovencita era mi predisposición a perder el hilo de mis motivaciones. Picoteaba en muchas cosas, las empezaba con ilusión pero, pasado un tiempo, mi interés acababa por desinflarse.

Reflexionando sobre esta particularidad de mi existencia he llegado a la conclusión de que, un posible culpable de esta flojera motivacional, pudiera ser mi ferviente deseo de la inmediatez, es decir, las ganas por lograr las cosas de un modo rápido, de que la solución o desenlace de las situaciones no acaparasen mucho espacio de tiempo.

¿Y qué sucede cuando esto me pasa? Que, sencillamente, pierdo el control de mis motivaciones arrastrando el deseo inicial hacia un camino de desmotivación por no lograr mi objetivo en un periodo breve de tiempo.

Aunque para serte sincera, en estos momentos, mi situación es bastante diferente en lo que respecta al modo en cómo manejo este desenfoque. ¿Cuál es la gran diferencia? Sin duda, el aprender a conocerme.

El autoconocimiento me llegó por un camino que se inició a modo de crecimiento personal, transformándose, tiempo después, en un proyecto de futuro y convirtiéndose, finalmente, en mi realidad presente: trabajar como Coach Profesional.

Mi profesión me ha proporcionado herramientas para saber gestionar mi estado emocional, lo que me facilita, enormemente, el ser consciente de esos momentos en los que empieza a asomar, en mí, un afán por la inmediatez.

He aprendido a profundizar y a no quedarme en la superficie. ¿Qué quiero decir con esto? Que soy capaz de interpretar los mensajes que mis emociones me van enviando. Cuando siento que mi atención disminuye sobre algo que me ilusionaba, observo que, tras el trasfondo a esas ganas por finalizar o alcanzar algo, lo que hay es un posible cambio en mi «para qué».

Y te confieso que eso es algo que parece me está comenzando a suceder. Quizás la situación actual que estamos viviendo hace replantearme algunos de los objetivos que me había marcado al inicio de este año.

Porque no nos engañemos, está muy bien la idea de emprender, de volver a creer en tu aportación al mundo, en que ser mujer rondando los cincuenta no es un impedimento para creer que tus sueños se pueden hacer realidad. Pero el mundo gira, sigue su curso de un modo cambiante, y lo que hoy es blanco mañana puede ser negro.

«Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar»

Frederick Dodson

¿Qué hago para cambiar mi enfoque? Cuando me encuentro en una situación en la que me entran ganas de tirar la toalla por no ver unos resultados que cuadren con mi plan de acción, opto por parar. Y parar en sentido literal. Freno, desconecto, reflexiono y analizo qué ha fallado, en qué he acertado, por qué me siento así y qué significado tiene para mí.

Es importante hacerse estas preguntas para valorar y reajustar tus metas. Es, entonces, cuando deberías plantearte: esto que quería lograr, ¿es realmente lo que quiero ahora?

No es tiempo de recrearse en la queja y echarlo todo por la borda. Todo lo contrario. Si te identificas con mis palabras y con esta experiencia, ahora más que nunca, te invito a que despiertes tus sueños dormidos, a que vuelvas a tomar el control de tus motivaciones, a que reajustes tus objetivos.

Sola o con la ayuda de un coach, cambiar la atención de tus pensamientos es fundamental. ¿Y para qué? Para que tu cerebro vaya, poco a poco, generando una respuesta más apropiada a un estado anímico positivo y a una actitud más proactiva.

Quizás algo haya cambiado en ti y lo que antes tenía un significado claro porque te aportaba ilusión por alcanzarlo, ahora ya no te crea expectación. Una buena manera de identificar, cómo de importante es para ti ese objetivo, sería reflexionar sobre tu “para qué” ¿Para qué quieres alcanzarlo? Con la respuesta que obtengas sabrás si tu motivación ha girado de rumbo.

¿Qué sucede cuando ya no está ese compromiso con aquello que hace nada te apasionaba? Que tu estado emocional cambia. Aparece la inseguridad porque sientes que has perdido el control de tus intereses, de un camino que iba por una línea recta y que ahora ves que se desvía.

Y no pasa nada, tranquila, yo también me he encontrado en tu misma situación y he vuelto a retomar el control de mis motivaciones. Piensa que es sano replantearse objetivos marcados, saber si vas por buen camino, analizar el plan de acción hacia tu meta de vez en cuando.

Pregúntate: ¿Qué es diferente ahora? ¿Qué crees que has hecho y/o no has hecho para lograr tu objetivo?

Son cambios normales provocados por las circunstancias de la vida, por nuevas experiencias, por nuevas personas que han entrado en tu vida. Algo desconocido se despertó en ti y ha hecho que surgieran nuevas inquietudes. ¿No es maravilloso observar lo imprevisible de la vida?

Nada permanece, ni la vida misma que se encuentra en continuo movimiento. Así que no te desanimes si tu plan no ha resultado, lo importante es tener muchos más planes por descubrir. Si te empeñas en continuar en línea recta por ser el único camino que te marca tu gps, ten por seguro que el resultado final será algo parecido a la frustración, la desgana y la infelicidad.

«Ni toda la motivación del mundo podrá ayudarte si sigues intentando salir por una ventana cerrada»

Anthony Robbins

¿Qué te parece si vuelves a tomar el control de tus motivaciones y empiezas a marcar un nuevo rumbo en tu vida? ¡Estoy convencida de que algo apasionante está ahí fuera esperando a que lo descubras!

Como Coach, estaré encantada de acompañarte en este apasionante viaje ¿Te animas?

Y todo cambió con esta maldita pandemia

Y todo cambió con esta maldita pandemia

Me siento extraña en un mundo extraño. Me gusta el silencio, la tranquilidad, huir de aglomeraciones, pero este silencio… no es el de siempre. No se oyen la risas de los niños jugando en el parque, ni las voces estridentes en las terrazas de los bares, ya no hay pitadas de claxon por las carreteras con los atascos mañaneros, ni el barullo de jóvenes saliendo del instituto… solo queda una ciudad vacía…

Ya nada es igual y es que todo cambió con esta maldita pandemia. Nuestras vidas, nuestros hábitos y costumbres, nuestras sonidos de siempre, nuestros abrazos, nuestros besos… Querer hacer tantas cosas y no poder hacer nada…

Miro por la pequeña ventana de mi despacho y añoro al jardinero que cada lunes, puntualmente, se dedicaba a podar el seto del vecino. ¡Hasta ese infernal ruido lo echo de menos!

Cuántas cosas me faltan… ver a la familia, dar abrazos y besos, pasear por la orilla del mar, perderme por la montaña, cruzarme con cualquier desconocido… lo que daría por estar rodeada de gente. Yo, que odio las aglomeraciones, que me sobrepasan e irritan… quizás en otros tiempos o quizás hasta eso cambió.

Y extraño sentir a mi alrededor a esa gente que iba y venía apresuradamente, con su mirada engullida en el móvil, inmersa en su propia individualidad… desconocidos… pero caray, ¡cómo los extraño!

Quiero ver vida, sentirme libre con la tranquilidad de que todo pasa sin más. Quiero bajarme de este tren, de esta montaña rusa emocional a la que me he subido sin darme cuenta y deshacerme de esta sensación de tristeza, incertidumbre y pesadez que sobrevuela el aire, el ambiente de las ciudades, la mirada de las personas que pacientemente guardan cola para entrar a comprar.

«La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos»

Oscar Wilde

Volveremos a pasear, a ver el mar, a cruzarnos con el chico del running cada mañana, a jugar en los parques, a ir de tapeo a nuestro bar favorito, a achuchar sin compasión a amistades y seres queridos… Queda menos, ya queda menos ¿lo sientes también?

Desde que todo cambió estamos aprendiendo a valorar lo cotidiano, a sentir que vale la pena el esfuerzo de todos y, como no, el que está en nuestra mano. Pero también, debemos aprender a mirar en nuestro interior y a mostrar nuestra vulnerabilidad, nuestras emociones.

¿No crees que es buen momento para conocernos mejor? ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Qué no deseamos? ¿Qué necesitamos cambiar? Hace poco, le comentaba a una buena amiga que ahora necesitaba tomarme un café conmigo misma y reflexionar sobre mis objetivos, sobre algunos “para qué”, los cuales siento que van a ir tomando otro camino.

Y ahora, más que nunca, necesito estar en mi rincón de silencio para pensar y poner en orden ideas. Pero no puedo… así que toca ir en busca de ese lugar perfecto en mi espacio de “confinamiento”, dónde pueda sentir que me aíslo del mundo, de lo que me rodea.

Poner en orden ideas y pensamientos, algo sano por cierto y que te recomiendo para lograr una buena salud emocional. Nunca me he alegrado tanto de aprender a gestionar mis emociones gracias a los recursos que el coaching me ha aportado.

Porque soy (o intento ser) consciente del porqué aparecen ahora sentimientos de un modo más intenso, de cuáles son esos pensamientos que están siendo recurrentes dentro de mi cabeza y que dan vueltas por mi mente de un modo constante y martilleante.

«Nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos!»

Viktor E. Frankl

Difícil intentar desconectar de ciertas situaciones que te rompen por dentro… pensar en no poder despedirte de un ser querido si llega su final, en la soledad de quienes están aislados en una fría habitación de hospital, en aquellos que no saben si sus vidas volverán a ser las que eran antes de todo esto…

Todo cambió con esta maldita pandemia y pretender ser la misma persona, sin que un ápice de todo este sentimiento flotando en el ambiente haya tocado algo dentro de nosotros, es prácticamente imposible.

Este es un post escrito desde la honestidad y la sinceridad, algo caótico, sin pensar, tal cual surge en el momento. Pero me apetecía escribirlo porque quizás no vuelva a querer acercarme a este tema más… y es que siento la necesidad de un cambio de perspectiva para afrontar el futuro con la mejor actitud posible, sin recaer en lamentaciones.

Vendrán tiempo mejores, sin duda, y con ellos volveremos a sentir la brisa del mar y el calor del sol mientras permanecemos tumbados sobre la arena de la playa en nuestra toalla de siempre y a caminar por senderos y a estirarnos de los pelos porque nuestro hijo quiere quedarse cinco minutos más en el parque.

Vendrán… seguro que vendrán…

Me gustaría aprovechar, ahora que me estás leyendo, para enviarte un abrazo sincero, y ánimos, muchos ánimos. Me encantaría saber de ti, leerte en los comentarios o, si lo prefieres, a través de un mensaje de email y saber cómo te sientes ¿Te animas a compartir?

Toca quedarse en casa

Toca quedarse en casa

Estos días, en los que por obligación y responsabilidad toca quedarse en casa, pasan muchas cosas por mi cabeza. Pensamientos que intento manejar de la mejor manera posible y que se empeñan en traducirse en unas emociones y sentimientos que, posiblemente, tú también los estés experimentando: miedo, frustración, rabia…

Creo compartir con muchas personas la incertidumbre que supone toda esta situación que estamos viviendo… todo por culpa de un nefasto bichito que nos ha hecho tambalear la vida tal y como la conocíamos hasta ahora.

Vivir “encerrados”, privados de nuestras rutinas diarias para ir a trabajar, para ir al colegio, para salir a hacer deporte, para pasear, para ir al parque con los hijos… ¿cómo podemos sentir normalidad entre tanta anormalidad?

No es fácil concentrarse en lo que una tiene que hacer porque tu mente, sin quererlo, va llevando tu atención al bombardeo de noticias entre las que buscas algún atisbo de esperanza. Pero hay que hacer un esfuerzo, tratar de mantenernos desconectados, en la medida que podamos, para no caer en pensamientos recurrentes de negatividad. Estar informados pero con control.   

Sé que se puede hacer pesado… que se va a hacer pesado… interminable en algunos momentos pero, viendo el vaso medio lleno, creo que es una ocasión perfecta para aprovechar este tiempo extra con nosotros mismos, lejos del estrés diario, de las antiguas idas y venidas con las que íbamos corriendo como pollo sin cabeza sin tener tiempo para nada.

Quién nos lo iba a decir, quejándonos siempre de la falta de tiempo y ahora, resoplando porque no sabemos qué hacer con él.

Quizás sea buen momento para reflexionar sobre tus objetivos futuros y un plan de acción para llevarlos a cabo. Piensa en aquello que puede ser verdaderamente importante para ti, qué inquietudes afloran y a las que no les prestabas atención. También puedes hacer listas con tareas a realizar en cuanto acabe esta cuarentena. Anota todo lo que se te ocurra, es posible que quieras ponerte en marcha ya con alguna de ellas.

A mí, por ejemplo, se me ha ocurrido preparar una agenda con todas aquellas personas de las que me estoy acordando estos días y a las que me gustaría dar un abrazo o brindar con una copa de vino cuando pase todo esto.

La verdad es que se echa de menos a las personas… a personas que quieres, que te importan… Es una sensación extraña porque me trae recuerdos de las experiencias que tuve viviendo fuera de mi país. Como en aquel momento, toca verlas a distancia gracias a las nuevas tecnologías. ¡Qué suerte tenemos de vivir en una época en la que acercar a las personas, por muy lejos que estén, es posible! ¿verdad? ¡cómo vamos a disfrutar cuando tengamos la oportunidad de volver abrazarlas!

En estas circunstancias, veo más claro que nunca que debemos celebrar el momento, de no lamentarnos por las cosas que no hicimos sino de poner la ilusión en lo que haremos, en los reencuentros, en las futuras comidas con amigos, con la familia y con aquellos que nos esperan para darles un beso.

Una experiencia que nos tiene que servir para conocernos y aprender de nuestras emociones. ¿Quién no tiene miedo o incertidumbre o rabia durante estos días? Algo normal y humano. Pero también deberíamos sentir esperanza, esperanza porque estas muestras de solidaridad no pueden caer en vacío, deben cambiar a la gente, deben hacer una sociedad más unida y menos individualizada.

Y esperanza por ver si, por fin, se toma consciencia de la importancia de vivir el presente, de sentir que los momentos hay que disfrutarlos y abandonar los «para otro día» para convertirlos en un «mañana mismo».

Quizás sea una utopía pero ¿quién dice que no podría hacerse realidad?

Ahora escribo pensando en lo que puede pasar, en cómo me siento y en cómo acabará todo esto y lo único cierto, lo que me viene a cada instante, es que está en nuestras acciones, en lo que hacemos, una parte importante de este futuro.

Sacrificar besos, abrazos, la compañía de amigos y familia, paseos, juegos en el parque, salidas nocturnas al bar de moda o al restaurante que tanto nos gusta… dejar al lado nuestra individualidad para pensar en el bien común, para ser conscientes que somos parte de una sociedad y que ésta la formamos todos, la creamos y damos sentido cada uno de nosotros.

Hagamos un esfuerzo entre todos y tomemos consciencia de que ahora lo que toca es quedarse en casa.