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Cómo aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor

Cómo aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor

¿Te has sentido alguna vez atrapada en un bucle dónde, una y otra vez, te repites que no te gustas tal y como eres, en el que te es difícil aceptarte a ti misma?.

Hace unos años pasé una de esas etapas en la vida en las que dudaba de mí y en la que no me creía capaz de nada . Me veía anclada a una realidad muy alejada a la de una mujer decidida, segura de sí misma y con ganas de comerse el mundo.

Durante aquella época –coincidió con mi periodo de expatriada– le daba vueltas a la idea de cómo pude llegar a esa situación, de en qué momento dejé de ser yo. Aunque creo que, lo que verdaderamente rondaba en mi cabeza, era saber quién era y lo más importante ¿quién quería ser?

Y es que, sin autoconocimiento, sin las bases que te ayuden a conocerte a través de esa mirada profunda en tu interior, resulta complicado llegar a saber quién eres y qué te mueve en la vida.

“Un sentido bien desarrollado del yo es una condición necesaria para nuestro bienestar, pero no es una condición suficiente. Su presencia no garantiza una realización, pero su ausencia garantiza la ansiedad, la frustración o la desesperación”

Nathaniel Branden

Es aquí donde entra en juego la importancia de la autoestima y la necesidad de aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor, para sentirte orgullosa de quién eres.

En ese punto me encontraba yo. Un momento en el que no tenía la confianza suficiente para creer en mí ni en mis capacidades, lo que me llevaba a no saber hacia dónde dirigir mi vida y, mucho menos, cómo hacerlo.

Y ese era el pez que se mordía la cola. Desconocía hacia dónde caminar porque me sentía incapaz de afrontar nada y no era capaz de afrontar nada porque no tenía claridad sobre cómo debía actuar para avanzar.

Cuando alcanzas esa situación en tu vida acabas comparándote con los demás. Con sus capacidades, con sus logros, teniendo la sensación de que tú te quedas atrás, volviéndote más y más pequeña… Te quedas ahí, anclada en una negatividad hacia ti, juzgándote y creyendo tus pensamientos de inferioridad como si fueran una verdad inamovible.

Y en toda esa maraña de confusión, juicios y desánimo no aciertas a ver que, en realidad, lo que está fallando es que no estás siendo consciente de qué es lo que estás haciendo para salir de ese pozo. ¿Qué acciones tomas para remontar, para dejar de lado esos juicios hacia ti, ese no querer aceptarte como eres?

Así puedes empezar a aceptarte a ti misma

La autoestima significa, etimológicamente, reconocer el valor que uno tiene. Por tanto, uno de los primeros pasos que tienes que dar, es ser consciente de cuánto vales.

Tal y como sugiere Jorge Bucay, en  su libro “De la autoestima al egoísmo”, ese valor, esa autovaloración, te la proporcionará –ni más ni menos– “el ser quién eres” . Ese es el valor principal que tienes que tener en cuenta.

“La autoestima consiste en saber que soy lo que verdaderamente soy”

Jorge Bucay

Aunque aquí viene la pregunta clave: ¿Cómo saber mi valor si no sé quién soy? Y mi respuesta es fácil: para valorarte tienes que, simplemente, aceptarte tal y como eres.

Porque la persona que está detrás de esa mujer desanimada y sin ilusiones o esa madre que no le gusta su cuerpo tras la maternidad, es perfecta como es, sin necesidad de compararse para ser otra.

Tienes que pensar en cuál es el significado que hay detrás de querer cambiar lo que eres, pregúntate: ¿para qué quiero este cambio?

Y ahondando más, te diría que seas consciente de “para quién quieres hacer este cambio”: ¿para ti misma? ¿para satisfacer los deseos de otras personas?

Tienes que aceptar quién eres sin negar ninguna parte de ti. Solo así podrás lograr sentir tu propio valor. No lo dudes, eres completa con tus defectos, debilidades, carencias, fortalezas, capacidades. ¡Todo ese universo eres tú! y no lo que “deberías” ser en función de lo que piensen los demás, de sus creencias o preferencias hacia ti.

Porque no se trata de mejorar tus carencias para elevar tu autoestima siendo lo que “deberías ser para parecerte a tu ideal”, sino que se trata de mejorar aquello que tú sientas que necesitas.

“Aceptarse significa: no pelearme conmigo mismo por ser como soy, no estar enojado por no ser como los otros quieren que yo sea, no castigarme por no ser como a los demás les gustaría”

Jorge Bucay

Aprender a aceptarte a ti misma también supone reconocer e integrar todas aquellas partes que no te gustan de ti: sentimientos, emociones, pensamientos, partes de tu cuerpo, acciones.

De nada sirve ponerse una venda en los ojos para ocultarlas, para evitar sensaciones desagradables y, en algunos casos, dolorosas.

Tienes que ser consciente de que son expresiones de ti y, por tanto, deberás experimentarlas, sentir que están ahí. Solo así podrás aceptarlas para luego dejarlas que fluyan contigo.

Es posible que estés pensando: “pero si no me gustan ¿cómo voy a poder aceptarlas sin condiciones?” Te respondo con otra pregunta ¿qué sientes cuando no las aceptas? ¿qué emociones, sensaciones, pensamientos te llegan?

Ahí está el poder del autoconocimiento: saber reconocer y tomar consciencia de lo que pasa en nuestro interior y cómo nos afecta.

Seguramente, sientas rechazo hacia lo que no te gusta, hacia esas partes de ti que desearías no existieran. Piensa que, lo que verdaderamente te está provocando, es no respetarte y cuánto más quieras ocultarlo menos dignamente te tratarás.

Así que, si quieres respetarte, te propongo trabajar la experimentación y la aceptación de todo aquello que no te gusta de ti a través de estos tres pasos básicos:

  • Ser consciente de tu sentimiento o emoción cuando te enfrentas a esta parte de ti que no te gusta. Párate a pensar y reflexiona.
  • Respira lentamente y cuando estés relajada, observa y experimenta este sentimiento que te está invadiendo ¿cómo es? ¿qué te dice?
  • Intégralo en ti, sé consciente –ahora sí– de que es tuyo

Para Nathaniel Branden, “la autoaceptación es la condición previa del cambio” Y no puedo estar más de acuerdo con él. Aceptar lo que sientes y lo que eres te permitirá ser consciente de qué quieres cambiar y para qué quieres hacerlo. Negarlo, en cambio, solo hará que te bloquees y permanezcas en un oscuro estado de insatisfacción y menosprecio hacia ti.

En definitiva, aceptarte a ti misma para sentir tu propio valor es un camino necesario para lograr mejorar tu nivel de autoestima. Un viaje esencial para que empieces, por fin, a eliminar el sufrimiento que te produce el rechazo de esas partes de ti que te disgustan y poder llegar a valorarte sin esos machacantes juicios negativos.

No sabes la tranquilidad y serenidad que siento ahora, sin esa mochila llena de piedras que eran las comparaciones con los demás y los propios juicios que me hacían retroceder en mi empeño de valorarme positivamente.

¿Te sientes así ahora? ¿Qué es lo que menos te gusta de ti?

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Lo que me ha enseñado este extraño año 2020

Ha sido un año difícil, incierto, de pocas alegrías… aunque de mucho aprendizaje. Y en eso estoy, en ir repasando cada uno de estos doce últimos meses y anotando todo lo que me ha enseñado este extraño año 2020.

Pero no quiero que este sea un post únicamente de lo que he sentido, sino que me gustaría que sirviese como reflexión para ti también. Que te inspire a darle valor a todo aquello que te ha sucedido, que has experimentado.

Yo le estoy dando vueltas a la idea de cuánto hemos tenido que adaptarnos en una sociedad acostumbrada a su rutina de siempre, a las prisas, a vivir en piloto automático, a planificar meses vista.

¡Y vaya si nos hemos adaptado! De nada sirve resistirse a algo que no está en nuestra mano cambiar. Aceptar la situación y seguir adelante ¿no te parece?

Sin duda ha sido un año para olvidar, sumergiéndonos en una llamada «nueva normalidad». Una normalidad a la que ya –sin darnos cuenta– le hemos eliminado la etiqueta de «nueva». Porque como siempre ha sucedido, las sociedades se amoldan y acaban por fluir con el cambio para seguir adelante y sobrevivir.

Creo que este año, más que nunca, he aplicado lo que un día me tatué en mi muñeca… “Carpe Diem” o lo que es lo mismo “Aprovecha el momento”.

Dicen que todo tatuaje tiene su significado, que cuando decides grabártelo en tu piel es porque deseas tener esa imagen de inspiración bien presente. Así lo hice yo hace unos años. Justo en un momento de mi vida en el que empezaba a sentir que algo estaba cambiando dentro de mi, que necesitaba vivir el presente con fuerza para empezar a ver mi futuro.

La verdad es que, este extraño año 2020, me ha enseñado que nuestra realidad puede cambiar en un suspiro, sin apenas darte cuenta.

Te quedas sin trabajo, pierdes a un ser querido, contraes una enfermedad que ni sabes como te va afectar… Tu mundo para… de golpe… sin previo aviso.

Y ahora miro ese tatuaje para no olvidarme de disfrutar cada uno de los días que me regala la vida.

He aprendido a no mantenerme en la tristeza, a pesar de que ha sido un año en el que la montaña rusa emocional ha hecho estragos. Quizás, por mi excesiva empatía, que en ocasiones me hace conectar y recoger el dolor de los demás como si tuviera un imán.

Siempre he disfrutado con el silencio, aunque este año hubo demasiado de un silencio que apenas tenía que ver con mis momentos de desconexión en mi rinconcito de soledad. Era una ausencia de rutina, de realidad a la que estábamos acostumbrados. Nada de coches en marcha, nada de jardineros cortando setos, nada de niños jugando en la calle…

Pero todo volvió a lo que era, o al menos a la vida en movimiento. Así que buscar un nuevo tipo de desconexión fue otra de las enseñanzas que me ofreció este año. Ya no encontraba inspiración en un silencio impuesto, sino que mi rincón de reflexión lo disfrutaba con todo lo contrario: los pequeños ruidos que llegaban del exterior. Curioso, ¿verdad?  

Con esto quiero decirte que debes encontrar la forma de adaptarte a cada situación de cambio, de amoldarte a las nuevas experiencias, si es necesario, con unos nuevos hábitos o con acciones que te proporcionen la tranquilidad que buscas.

Como madre, aprendí a ver las fortalezas de mi hijo ante la nueva situación que estaba viviendo. Su admirable adaptación al cambio –como siempre ha hecho– y con la mejor actitud posible ¡Cuánto debemos aprender los mayores de los más pequeños!

Estamos a pocas horas de despedir este 2020. Espero que te haya hecho ser más fuerte, que te haya hecho ver la vida de otra manera, que te hayas dado cuenta de lo importante que es disfrutar con lo que tienes y con quienes te rodean.

Y para el 2021 te deseo que sigas aprendiendo más, mucho más. De ti, de quién eres, de lo que sientes, de tus emociones. Que tengas inspiración para crear, para motivarte con lo que te gusta o con lo que te mueve. Que encuentres tu para qué, tu propósito y avances en tu camino hacia la persona que quieres ser.

Mil gracias por estar ahí, leyéndome y dejándome formar parte de un ratito de tu tiempo, despidiendo juntas este extraño año 2020.

Si te apetece compartir conmigo lo que te ha enseñado este año, ¡no dudes en escribir en los comentarios!

¡Feliz Año 2021! Un año que espero te regale todo lo mejor.

Convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida

Convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida

Estaba haciendo balance de todo lo que me ha supuesto este año y te confieso que, la primera idea que me ha venido a la cabeza, ha sido ¡menuda mierda de año!

No solo por todo lo que nos envuelve, con la pandemia y el odiado Covid-19, sino por sentir que –cada vez más– los días malos se estaban imponiendo a los buenos. Este 2020 se estaba convirtiendo en una cuesta algo difícil de remontar, impidiéndome ver las pequeñas cosas que sí había conseguido realizar y que, sin duda, se convertirían en grandes logros para mi vida.

La verdad es que me entraban ganas de tirar la toalla al sentirme desanimada por ver que mis objetivos –a nivel profesional– no estaban saliendo como me había marcado aunque, por suerte, he sabido resistir a la tentación de quedarme atascada en esos pensamientos.

Creo que se lo tengo que agradecer a mi orgullo y no darle el gusto a mi antiguo, aquel con el que desistía al mínimo contratiempo. Esto me ha hecho ver que, aquella versión de mí, pasó página y mi yo actual –la Helga perseverante– estaba ganando la batalla a fantasmas pasados.

Es mi primera experiencia como madre emprendedora y pensar en lo que he logrado desde que inicié mi formación como Coach Profesional –hace justo dos años– me produce muchísima satisfacción.

El camino del emprendimiento es complicado –no te voy a engañar– y con algún que otro obstáculo. Claro está que, hasta que no te encuentras en medio del viaje, no sabes muy bien cómo te afectará. Y en mi caso, hay ciertos momentos en los que siento que bajo la guardia y pierdo ese impulso motivante por no ver los frutos tan rápido como a mí me gustaría.

Pero como me recuerda una buena amiga: “esto es un trabajo de hormiguita”. Y con eso me quedo, con el esfuerzo y la recompensa final, disfrutando de ese recorrido, de las pequeñas cosas que me voy encontrando y que me aportan, de convertirlas en grandes logros para mi vida.

Y así deberíamos verla, como un camino de hormiguitas, en el que vamos recopilando –pacientemente– todo lo necesario para construir lo que deseamos.

Sé que mi yo del pasado se hubiera recreado en las limitaciones, en las piedrecitas del camino, dándole vueltas a la “mala suerte” o validando –injustificadamente– creencias sobre sus capacidades. “Si ya sabía yo que esto no era para mi” … me estaría advirtiendo mi vocecita interior.

Ahora no. Ahora tengo confianza. Sé que está ahí. Y cuando me viene ese pensamiento ¡qué año de mierda! me doy cuenta de que algo está pasando, de que esa frustración me está hablando… la reflexiono… hasta que tomo consciencia de su significado y la dejo que acabe desinflándose con mi visión de todos los pasos que he dado en el camino.

Pongo en la balanza lo que he hecho mal, lo que no he hecho o lo que podría haber cambiado. Pero también valoro lo que sí he realizado bien, todo mi aprendizaje, el atreverme a superar creencias que me estaban frenando. Y ahí sigo, intentando crecer…

Valora las pequeñas cosas para convertirlas en grandes logros para tu vida

Tantas cosas que no vemos por esa manía tan humana de dar vueltas en círculos sobre el mismo problema, con la misma mirada. Sin ver más allá, sin percibir lo que nos rodea, sin poner foco en lo que está en nuestra mano

Qué poquito valoramos esas pequeñas cosas que, al final, nos aportan grandeza a nuestra vida. Acciones que construyen nuestro día a día, sencillas, pero que, si te paras a pensar, verás como son un paso importante para ti porque se convertirán en un gran logro para tu vida.

Pensar en ellas motiva, créeme, motiva y mucho. Porque te van a demostrar que SÍ avanzas, aunque no te lo parezca, que SÍ tienes la fuerza y el coraje cuando te lo propones, que SÍ sabes disfrutar de tus momentos cotidianos.

Pero es posible que te digas que tú no haces nada de esas pequeñas cosas y, mucho menos, que se conviertan en grandes logros para tu vida. Pues te diré unas cuantas.

Conseguir leer un par de páginas de tu libro pendiente, aunque estés derrotada al final del día, es una gratificante recompensa para ti después de un duro día. Y, puede que, ese ratito de lectura, te inspire para resolver un problema o para darte cuenta de que esa temática te apasiona y quieras aprender más.

Darte ese capricho ¡por fin!, sin pensar en otra cosa más que en disfrutarlo, te permite poner la primera piedra para aprender a soltar la pesadez de la responsabilidad, de lo correcto, de lo que deberías hacer porque así te han enseñado.

Quedarte un ratito más en la cama el fin de semana y no preocuparte por tenerlo todo listo antes de que la familia se levante. Un gran paso para deshacerte de la culpabilidad por dedicarte un poquito a ti ¿no crees?

Subir las escaleras porque ese día no funcionaba el ascensor. En lugar de maldecirlo ¿porqué no lo ves desde otro punto de vista? Quizás sea el inicio de un nuevo hábito, más saludable y que te aportará ese bienestar físico que tanta pereza te daba introducir en tu vida.

Sé consciente de lo que tienes, de lo que haces, de quién eresVivir el presente y disfrutarlo, como una buena taza de café, sorbo a sorbo, percibiendo los detalles que te hacen vibrar, que te impulsan a crecer.

Así que convierte las pequeñas cosas en grandes logros para tu vida… te querrás más, te valorarás más, creerás más en ti.

Quizás ya lo hagas sin darte cuenta. Te propongo que pienses en algo pequeño que hayas hecho estos días y que sientas que es un gran logro para ti. ¡Te espero en los comentarios!

Por qué debes dejar de ser una mamá multitarea

Por qué debes dejar de ser una mamá multitarea

Si quieres llevar una vida sin estrés, sentirte más eficaz con tu tiempo y, además, tener la capacidad de disponer y disfrutar de momentos para ti, deberías empezar a pensar en dejar de ser una mamá multitarea.

¿Cuántas veces te has sentido como un robot tratando de hacer mil y unas cosas al mismo tiempo? Parece como si ser madre viniera acompañada de la obligación de cumplir todas y cada una de las tareas que nos van surgiendo –y nos ponemos nosotras– a lo largo del día.

Yo misma reconozco que la maternidad me da muchísimas cosas buenas, pero también supone cargar con un extra de responsabilidad que, en ciertos momentos, nos hace querer controlarlo todo para no fallar.

El término multitarea hacía referencia a la capacidad que tenían ciertos ordenadores IBM –en la década de los sesenta– para ejecutar múltiples tareas con un solo procesador, algo que se desvirtuó con el tiempo identificando el concepto con la capacidad, de una sola persona, de hacer múltiples actividades simultáneamente.

Ciertamente, las personas sí tenemos esa habilidad, pero no la de ser capaces de centrar nuestra atención en diferentes cosas al mismo tiempo. Lo que se traduce en olvidos y errores por dispersarnos en mil cosas.

Hablar de mamás multitarea no es hablar de una superwoman capaz de dividirse para llegar a todo –corriendo como pollo sin cabeza en la mayoría de las veces– sino de una persona que acabará el día más estresada de lo que lo empezó.

Cómo te afecta querer abarcarlo todo

Pues siendo una persona estresada, menos exigente, desmotivada en ciertos momentos y, lo peor de todo, sin tener tiempo para ti.

Ya lo dice Gary Keller en su libro “Lo Único”: «No es que nos falte tiempo para hacer todas las cosas que tenemos que hacer, es que sentimos la necesidad de hacer demasiadas cosas en el tiempo que tenemos»

Así que, si pensabas que hacer infinidad de cosas a la vez era la salvación para sobrellevar tu vida, siento decirte que estás equivocada. La multitarea no te va a ahorrar tiempo, lo único que vas a conseguir es malgastarlo.

Nuestro cerebro no está diseñado para centrar la atención plena en dos tareas simultáneamente. Lo que consigues, cuando te pones en modo multitask, es dividir tu atención y reducir tu eficacia en el resultado de todo lo que estés haciendo al mismo tiempo.

“La multitarea no es más que la oportunidad de fastidiar más de una cosa a la vez”

Steve Uzzell

Una madre multitatarea es, por lo general, aquella que se cree capaz de controlar y realizar todo lo que se ha propuesto. Vamos, lo que viene a ser una superwoman. Es madre, esposa, mujer trabajadora y está siempre dispuesta para todo y para todos… aunque para ella nunca hay tiempo.

Si te has sentido identificada, seguro que sabrás de lo que te estoy hablando.

Tienes en mente todos los detalles de tu día a día, intentando planificarte para encajarlos como un Tetris pero es que, además, cargas a tus espaldas la agenda de actividades de tu familia.

Con todo este coctel ¿cómo crees que puede afectarte en tu vida? Pues anteponiendo el bienestar de los demás al tuyo. En definitiva, que acabas siendo exigente contigo misma para lograr satisfacer a todos pero no lo eres para tus propias necesidades.

Es por eso que, esa capacidad para absorber todo lo que te echen encima, termina por volverse en tu contra y por afectarte emocionalmente. Ni te sientes plena con tu vida –vives más para los demás que para ti–, ni motivada, ni disfrutas del tiempo con los que te rodean porque tu mente va dando tumbos recordando “todo lo que tiene que hacer”.

Pero ni siquiera eres feliz con tu tiempo ¿sabes por qué? Porque apenas dispones de él y el poco que tienes lo necesitas para descansar.

Las consecuencias, por pretender llevar una vida con el cien por cien de tareas tachadas al finalizar el día, no son nada beneficiosas para tu salud física ni mental, ni siquiera para los que te rodean.

Porque, viviendo en esta sociedad frenética en la que palabras como “ahora” o “para ya” han pasado a ser parte de nuestro vocabulario diario, presagiar que podemos deshacernos de ellas en nuestro contexto familiar resulta prácticamente imposible.

Así que plantéate esta pregunta:

¿Cómo puedo dejar de ser mamá multitarea para pasar a ser más efectiva con mi tiempo?

Empieza por la organización. Es primordial para lograr llevar a cabo las tareas marcadas en tu día a día, hacerlas de una en una y con plena atención. Saber qué hacer y cómo, escogiendo la que mejor se adapte a tu energía mental y a tu contexto en ese momento, te permitirá ser más efectiva con tu tiempo.

Si mientras estás en la oficina, escribiendo el informe para tu jefe, te acuerdas de pedir cita al médico para tu hijo ¿qué crees que pasará si paras lo que estabas haciendo para llamar? Que la concentración en la tarea se perderá porque tu cerebro se centrará en otra acción, provocando olvido y errores cuando reanudes tu actividad inicial.

Como ves, no te hablo de gestionar el tiempo –algo imposible– sino de ser eficaz con el que tienes, de estar por lo que estás sin que nada más ronde tu mente, de tener atención plena y sin distracciones. De empezar y finalizar sin dejar nada a medias.

Para y reflexiona. Antes de ponerte a hacer cosas como si no hubiese un mañana piensa en lo que tienes por delante y qué significado tiene para ti. Pregúntate ¿Qué pasaría si no lo hiciera? ¿Es absolutamente necesario realizarlo hoy? Mira más allá y ponlo en perspectiva.

Pon límites. A ti y a los demás. Evitarás los momentos de angustia por querer satisfacer a todos sin que nada falle por el camino.  

Ten presente tu círculo de influencia o lo que es lo mismo, ocúpate de lo que está en tu mano y no te centres en preocupaciones. Lo único que hacen es emborronar tu mente sin darte soluciones.

Si algo no lo puedes controlar ¿para qué darle vueltas? Aparentar ser una madre con el total control de su vida lo único que te llevará es al desánimo y a la quemazón. No luches contra lo que no puedes y dedica, ese tiempo valioso que te pertenece, a encontrar opciones en lugar de obstáculos.

Sé menos protectora con tu familia. Eres madre y te desvives por tus hijos, eso es normal, pero debes comenzar a darles más libertad, a permitirles aprender de sus errores y de sus frustraciones.

No quieras estar en todo momento supervisando todo lo que hace. Deja que se equivoque con los deberes, que tropiece, que experimente, que exprese quién quiere ser. Pero no controles, no sobreprotejas porque lo que conseguirás será sentirte estresada por querer su bienestar a toda costa, sumergiéndote en un miedo constante por lo que le pueda pasar.

Un miedo que, sin quererlo, le acabarás transmitiendo y que se traducirá en un niño asustadizo, con una baja autoestima y con pocos recursos para sobrellevar cualquier contratiempo.

Dar espacio te liberará de ese tiempo extra que dedicabas a tus hijos por querer protegerlos en todo momento, además de ganar en salud emocional y vivir en un ambiente familiar más relajado.

En definitiva, dejar de ser una mamá multitarea te proporcionará una mayor concentración en lo que estás haciendo, serás más eficiente con tu tiempo y ganarás en bienestar emocional.

Y, sobre todo, obtendrás tiempo de calidad con tu familia, pero también para ti, para disfrutarlo como te mereces.

Haz realidad tu deseo de reinvención tras la maternidad

Haz realidad tu deseo de reinvención tras la maternidad

Hace unos días me di cuenta de que se habían cumplido tres años de mi primera publicación en el blog. ¡Cómo pasa el tiempo! “Recuerdos de una expat” era el nombre del blog y nació a raíz de mi necesidad de expresar lo que significó para mí la vida de una madre expatriada.

¿Y por qué te cuento esto? porque fue el pistoletazo de salida para dar forma a lo que, tiempo después, sería mi reinvención como mujer tras la maternidad. Creo que escribir me permitió darme cuenta de que podía atreverme a mucho más y de que estar escondida detrás de mis inseguridades no hacía más que sumergirme en una especie de ola de desmotivación.

Así que eché mano de todo lo bueno que tenía a mi alrededor y, con el empujoncito de una de mis personas favoritas, de uno de mis pilares, logré lanzarme al vacío con pirueta incluida. ¡Me atreví a escribir y encima a publicarlo en un blog!.

En más de una ocasión te he contado de la importancia de tener a personas a tu alrededor que te aporten, te hagan brillar y signifiquen un punto de apoyo en tu vida. Son esas personas que te empujan a dar lo mejor de ti.

La verdad es que, alguna que otra vez, hago el ejercicio de imaginar la ausencia de alguna de ellas en mi vida y de recrear esos momentos en los que me sentía perdida y no sabía encontrar mi rumbo. Y te tengo que confesar que me resulta tremendamente incierto pensar cómo sería mi vida ahora.

Aunque si algo he aprendido es a no recrearme en pensamientos hipotéticos de lo que sí o de lo que no hubiera pasado. Ni siquiera de si hubiese sido mejor o peor. Un buen consejo que te puedo dar en tu inicio de reinvención o emprendimiento: aceptar tu camino.

Tal y como lo has vivido y has experimentado es el mejor aprendizaje que puedes hacer. Te aportará una mayor amplitud de miras cuando te encuentres en situaciones parecidas. Sabrás adoptar la mejor solución en función de lo que sí hiciste bien durante el pasado y de lo que no deberías repetir o, al menos, hacer de forma diferente.

No te voy a engañar, esa reinvención personal tras la maternidad, vino precedida de dudas e incertidumbre, tras ser consciente de que mi rol como madre estaba cambiando. Mi hijo estaba creciendo y, toda esa dedicación durante años, iba cada vez haciéndose menos intensa, al mismo tiempo que iba aumentando –proporcionalmente– los momentos en los que no sabía qué hacer con mi tiempo.

Y el estar atenta a lo que me aportaban de un modo positivo –e inspiraban– esas personas que tenía cerca de mí, mis pilares, me hizo reflexionar y buscar nuevas opciones en mi vida que me llenaran y ocuparan los huecos que la maternidad me estaba dejando.

“Quiero hacer algo útil en el mundo”

Amelia Earhart

Quería cambiar, darle una vuelta a mi vida y no malgastarla con lamentaciones. Poco a poco fui tomando consciencia de qué era aquello que me gustaba, en lo que me atraía a la hora de leer o al informarme, en lo que veía y disfrutaba sin darme cuenta.

El desarrollo personal y, más concretamente el Coaching, fue una de esas pasiones que empezaron a crecer dentro de mí. Me permitió conocerme, gestionar mis emociones, aflorar mis miedos y aprender a manejarlos.  Y, también, me permitió descubrir cuál era mi propósito en la vida: ayudar a otras personas a ser felices con su vida.

Aunque te puedo asegurar que, si quieres empezar tu reinvención tras la maternidad, el primer paso que debes dar es tener la voluntad y el compromiso por cambiar.

De nada te sirve imaginarte cómo sería tu vida si no estás dispuesta a dar el paso, de ponerte en acción, de convertir tu sueño en realidad… tú realidad.

Es, en este momento, cuando surgen las dudas y los miedos, tus inseguridades. Años dedicados a la maternidad no ayudan a tener claro por dónde encaminar tu futuro. Y es que, entregarse en cuerpo y alma a la familia, sin tener en cuenta tu bienestar ni tus necesidades, acaba por alejarte de quién eres.

Toda esa experiencia de amor y de dedicación por la familia, por los hijos, es una etapa que siempre perdura – y perdurará– dentro de nosotras. Es inevitable. Nace en ti cuando te conviertes en madre y va creciendo hasta mimetizarse en quién eres ahora. Una madre comprometida y feliz con la crianza de sus hijos.

Pero esa madre comprometida –en ocasiones– va dejando paso a una mujer que no piensa en ella, ni en su bienestar, ni en su tiempo. Dedicación y compromiso por los demás ¿y para ti? Nada o, más bien, poco y, además, con pensamientos de culpabilidad.

Cambiar esa tendencia requiere modificar tu forma de pensar, de ver la realidad desde otra perspectiva que te haga sentir valiosa como mujer, además de una maravillosa mamá.

“Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos»

Marguerite Yourcenar

Se trata, en definitiva, de lograr encontrar el equilibrio entre ser madre y mujer, de sentir que tu vida se balancea de un modo equitativo entre todo lo bueno que te aporta tu maternidad y el tiempo que dispones para disfrutar de tus pasiones, inquietudes, ocio, relaciones y todo aquello que conforma tu universo como mujer.

Hacer realidad tu deseo reinvención tras la maternidad no es un modo de huir sino de volver a encontrar esa motivación que, poco a poco y sin darte cuenta, vas perdiendo a lo largo del tiempo. Por dar demasiado, por olvidarte de ti, o quizás, por la generosidad de restar de tu tiempo el que dedicas a los demás.

Es hora de comprometerte contigo misma, con tus ganas de cambiar hacia una vida que complete esos huecos que sientes, se están quedando vacíos.

Es hora de dar claridad a tus pasiones, a lo que despierta en ti momentos de satisfacción sin darte cuenta.

Es hora de despejar dudas y encontrar la verdadera motivación que te va a mover hacia el cambio, hacia tu reinvención.

Es hora de darte tiempo, de convertir ratitos en pequeños placeres y regalártelos porque te los mereces.

Es hora de dejar atrás miedos y limitaciones y aprender a superarlos.

Es hora de hacer realidad tu deseo de reinvención como mujer tras la maternidad.

Logré reinventarme, ser una madre con una vida plena y en equilibrio, encontrar mi pasión y mi propósito. Y eso es lo que deseo para ti. Que disfrutes de todo, de todos y de ti misma, sin temores, con confianza y con la seguridad de que puedes conseguirlo.

¿Cómo sientes tu maternidad en estos momentos? ¿Deseas reinventarte? Cuéntame, si te apetece, tu experiencia. ¡Me encantará leerte en los comentarios!