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5 consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid

5 consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid

Últimamente le estaba dando vueltas a cómo estaba resultando este año 2020. Y creo que no seré la única en pensar que está siendo verdaderamente extraño, caótico, incierto, hasta surrealista.

Un año en el que todas nuestras planificaciones y objetivos se han venido abajo, en el que todo lo que dábamos por hecho se ha vuelto del revés y en el que, emocionalmente, se ha subido a toda una sociedad –no importa de qué país sea– a una montaña rusa sin fin.

Lo resume, perfectamente, José Ramón Ubieto en su artículo “Tristeza Covid, la nueva pesadumbre”. En él nos habla de cómo hemos pasado, durante todos estos meses, por diferentes etapas emocionales: la extrañeza, el miedo y la angustia, la rabia, el amor, la solidaridad y los duelos.

Y por desgracia, esto no ha acabado aún, todo lo contrario. Iniciamos otra nueva etapa de confusión, de más incertidumbre, de más emociones descontroladas. La vuelta a una inevitable inquietud, en toda la sociedad, por este tiempo que no se quiere ir.

Volvemos a un estado emocional cargado de pesadumbre, de pesadez, de tristeza en tiempos de Covid. Una tristeza que no llega sola sino mezclada con el hartazgo, el agotamiento por la situación, por la sensación de estar viviendo sin poder fijar un rumbo fijo a nuestras vidas.

Porqué surge esta tristeza en tiempos de Covid

Es una tristeza que surge por la mirada nostálgica de un pasado que nos parece lejano y –en ocasiones– extraño al ver situaciones de nuestra “antigua” cotidianidad.

Recuerdos que aparecen cuando ves la foto de la cena que hace un año tuviste con tu mejor amiga, sin pensar en distancias de “seguridad”. Ni que decir del viaje a ese país remoto, lleno de turista, y que tanta ilusión te hizo en aquel momento. Y los ves en tus fotos sin las dichosas mascarillas ¡qué raro te parece ahora!

¿Acaso no es surrealista tener cierto remordimiento por haber “infringido las normas”? Situaciones que antes eran de lo más normal, rutinarias, integradas en nuestra vida social pero que ahora se han convertido en un acto “peligroso” para los demás.

¡Cómo no vas a sentir tristeza durante la pandemia! Este desánimo, por tener que reprimir impulsos inevitables, nos conecta con una realidad alejada de la que nos gustaría.

Es como ir en tren y ver cómo pasa tu vida, pero tú estás fuera. Palabras que reflejan el sentimiento de exilio. Exilio de su propia vida”

José Ramón Ubieto

Pero es también una tristeza por lo que va a llegar. Porque de un modo u otro, la experiencia de este pasado reciente que asoma de nuevo, nos ha hecho despertar del “sueño de verano”. Nada es lo que parecía, ni nada es –lamentablemente– como queríamos que fuera.

Y es que, este virus, nos ha vuelto a dar un nuevo y jodido baño de realidad, obligándonos a conectar con este presente que, aunque nos empecinemos, ha venido para quedarse un tiempo más.

¿Qué hacer, entonces, para afrontar la tristeza en tiempos de Covid? ¿Para sobrellevar todas estas emociones desagradables y molestas que están surgiendo?

1- Aceptar la situación y acoger el sentir

Emociones como el miedo o la rabia son provocadas por la resistencia a huir de lo que hay, por querer ocultar algo que ya forma parte de nuestras vidas, de nuestros actos y de nuestras relaciones.

Miedo a un futuro incierto o a perder lo que se tenía. Rabia por no poder cambiar lo que no nos gusta o por no hacer todo lo que deseamos. ¿Es la solución negar este presente? Sin duda, no.

La negación no es la solución para deshacerte de esta situación que no quieres en tu vida. Lo único que conseguirás es crear una falsa sensación de control lo que te permitirá ocultarla, pero no alejarte ni hacer desaparecer esa emoción que subyace en el fondo: el miedo, la rabia o la tristeza.  

Como ya comenté en este post “Cómo adaptarse al cambio en esta nueva normalidad”, la mejor estrategia es la aceptación.

No debes huir de la tristeza poniendo tu mejor sonrisa y haciendo ver que no está ahí. Porque tus pensamientos siguen en ti, dando vueltas en tu mente, mientras externamente intentas proyectar una imagen de felicidad que no corresponde con tu tristeza interior.

Procura moverte en el optimismo, pero siendo consciente de los sentimientos que te invaden, de cuándo lo hacen y de cómo te proteges ante ellos. Acógelos, acéptalos y date permiso para transitarlos de la mejor manera posible. Aunque no te lo creas, ¡están para ayudarte!

2- Aprender del pasado para lidiar con el presente

El valor de la tristeza es el de ayudarnos a gestionar las pérdidas. Y de pérdidas, durante esta pandemia sabemos bastante, por desgracia. Ya sea en el ámbito laboral, familiar, en el de la salud o en lo social.

Pérdidas, también, sufridas en nuestra libertad de movimientos durante el confinamiento, en no poder salir sin mascarilla, ni relacionarnos sin pensar en la proximidad con la otra persona. 

Y todo esto vuelve otra vez, repitiéndose un duelo que parecía acabado. Pero no lo veas con negatividad. Ahora puedes utilizar esta experiencia para lograr gestionar la nueva situación.

Un duelo consta de cinco etapas: negación, enfado, reflexión, tristeza y aceptación

Es importante que sepas ser consciente de cada una de estas etapas para lograr sobrellevar la situación de la mejor manera posible. Aprender de tu pasado reciente para lidiar con este presente que ya conoces.

De nada sirve recrearse en la pena y lamentarse. Sin duda, el dolor no desaparece por arte de magia, así que date tiempo para transitar esta tristeza y reconocer que es pasajera. Como ya he escrito, en más de una ocasión, la vida es cambio e incluso la tristeza acaba por pasar.

3- Conectar con la motivación en tiempos de Covid

Es fundamental que te marques objetivos y que diseñes un plan de acción para llevarlos a cabo. No se trata de pensar el plan perfecto ni de lograr alcanzarlos sea como sea. Hablo de empezar a dar un paso hacia la acción, de poner las bases para motivarte y salir de un estado de desánimo.

Afrontar la tristeza, además de aceptar que está en tu vida en estos momentos, supone avanzar hacia cosas que te ilusionen, por muy pequeñas que sean. Ver una puesta de sol, pasear por la playa, leer un libro… pequeños placeres de la vida que deben llenarte de positividad.

Comenzar a sentir la motivación te hará lidiar con ciertas situaciones sin quedarte paralizada. Marcarte objetivos te servirá para encontrar soluciones y ponerlas en práctica ante imprevistos, incluso si este presente te hace variar tus planes.

La incertidumbre está ahí, pero debes centrarte en lo que está en tu mano. Poner tu mente en movimiento, empezar a ser creativa te ayudará a sobrellevar esta tristeza en tiempos de Covid.

4- Exteriorizar los sentimientos para transitar la tristeza

No temas a exteriorizar tus sentimientos. Deja que surjan, sin reprimirlos ni negarlos. Reconocer que estas triste te ayudará a una mejor relación con tu entorno. Tu familia, amigos, hijos deben saber cómo te encuentras, qué sientes, qué te preocupa, qué te produce dolor.

Te convertirás, además, en un espejo para tus hijos. Verán que no hay nada malo por decir lo que uno siente. ¿Estás triste? Suéltalo, dilo, llora, desahógate. Seguro que te sorprenderá la gente, a tu alrededor, que siente lo mismo que tú.

No tengas miedo a mostrar tus vulnerabilidades, ni te sientas débil sino valiente por mostrarte, tal y como eres.

5- Escribir un diario emocional

Mi último consejo sería este. Escribir un diario emocional. Algo fácil, sencillo y efectivo. Ver tus pensamientos y sentimientos reflejado en papel te hará ser más consciente de cómo te sientes y porqué.

Al iniciar el día o al finalizarlo, tú eliges. Plasmar en papel lo que hay en tu interior es una buena terapia emocional que evitará que reprimas esa tristeza o cualquier emoción que te invada.

Puedes escribir sobré qué emoción has experimentado más intensamente ese día, cuándo ha surgido, qué la ha provocado y cuáles han sido tus pasos para solucionar el problema.

¡Es un ejercicio altamente recomendable para empezar a conocerte mejor!

Espero que te sirvan estos breves consejos para afrontar la tristeza en tiempos de Covid de la mejor manera posible.

¿Te animas a poner en práctica alguno ahora mismo? Quizás, el diario emocional sea una buena opción para empezar ¿Qué me dices? 😉

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Convivir con la incertidumbre en tiempos de pandemia

Me resulta extraño seguir hablando –a estas alturas– de pandemia, de cómo seguimos inmersos en ella y de cómo nos sigue afectando. Nos toca convivir con la incertidumbre en un mundo que se asemeja, cada vez más, a una nueva realidad que ha llegado para quedarse por más tiempo del esperado.

No me voy a recrear en la pesadez de todo esto, en las incomodidades, en las limitaciones. Ni siquiera en lo sufrimientos por no dar un abrazo o un beso despreocupadamente, sin pensar a quién, ni cómo, ni cuándo.

Aunque confieso, que existe el deseo de querer que todo fuera diferente, como era antes –antes de este virus de locos, claro–. Hace unos meses escribía el post Y todo cambió con esta maldita pandemia”. Como podría imaginarme entonces que, esas mismas sensaciones, volverían a estar presentes ahora –o al menos– de un modo algo más subterráneo.

Son estas circunstancias las que me llevaron, en ciertos momentos, a una especie de desaparecer de sí, tal y como diría mi admirado sociólogo David Le Breton.

“Situarse fuera de sí para recobrar el aliento, dejar de estar allí, pero reservándose la posibilidad de volver”

David Le Breton

Pero como sé que la aceptación es el recurso más efectivo para mantener un equilibrio entre la realidad y el deseo, fue necesario que –desde mi propia exploración interior– detectase cuales eran esos pensamientos recurrentes que me estaban llevando a una cierta negatividad.

Y en todo este proceso de autoconocimiento, acabó por asomarse algo que seguro te debe sonar e, incluso, te puedes haber encontrado durante todo este tiempo de pandemia: la incertidumbre.

Por qué surge la incertidumbre

La incertidumbre se caracteriza por un sentimiento de desasosiego, de preocupación y de temor por el desconocimiento sobre algo que va a pasar, por un futuro incierto, pero también, por la imposibilidad de tomar el control de la situación que nos lleve a un resultado final en el menor tiempo posible.

Acostumbrados a estos tiempos, dónde se nos ha hecho partícipes de la inmediatez de las cosas, no nos han dejado espacio para adaptarnos a una vida más pausada, una vida como la que actualmente estamos experimentando.

Vivíamos sin ser conscientes de que, nuestra realidad, giraba en un entorno imprevisible, cambiante y lleno de giros inesperados en nuestro día a día. Quizás fuera nuestra forma de ver el mundo desde una perspectiva cómoda y segura, filtrada por la rutina diaria.

Y ese cambio en nuestro ritmo, en lo que dábamos por hecho, agrandó la sensación de incertidumbre ante un futuro que –lamentablemente– no sabemos hasta dónde nos llevará.

Esta pandemia nos obliga a convivir con el miedo a un posible cambio, sin saber en qué ámbito de nuestra vida nos puede afectar. ¿Qué pasará con mi futuro laboral? ¿Mi hijo se educará en casa o en la escuela? ¿Cómo afectará a mi salud si me infecto con el virus? ¿Cuándo llegará el día en el que pueda pasear, dar un beso, acercarme o abrazar sin la dichosa mascarilla?…

Preguntas que se instalan en nuestra mente y que somos incapaces de dar una respuesta certera ni controlar el resultado final, provocando inseguridad, angustia, miedo…  

¿Cómo podemos manejar la frustración en tiempo de pandemia?

Sin duda, aceptar la situación, aceptar que el cambio es parte de la vida, es el primer paso que debemos dar.

Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, el peligro o la simple incertidumbre. La primera de las estrategias que podríamos emplear, sería la de no enfocarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar.”

Mario Alonso Puig

De nada sirve mantenerse en la queja, recrearse en un sentimiento de negatividad, por la falta de control ante una situación que no podemos manejar. Porque, cuando entramos en esta rueda de inseguridad e incerteza por lo que pueda venir en un futuro próximo, tendemos a tomar el control imaginando desenlaces múltiples.

Y, por supuesto, por orden de nuestro cerebro saboteador, estos hipotéticos finales que proyectamos en nuestra mente, suelen situarnos en realidades alternativas alejadas de nuestro ideal (pesimismo y negatividad) o, por el contrario, más cercanas con expectativas desmesuradas.

Creamos una falsa sensación de control, con desenlaces a nuestra medida y adaptados al modo de pensar y estado emocional de ese momento. Con ello pretendemos lograr lidiar con el sufrimiento que nos provoca esta incertidumbre. En definitiva, para hacernos sentir en un engañoso estado de seguridad.

“La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos, pero, precisamente por ello, son los breves e indoloros finales, los que suelen constituir sus momentos de mayor desafío y ocasionan nuestros más irritantes dolores de cabeza”

Zygmunt Bauman

La vida está en constante movimiento y es un fluir de nuevas experiencias creadas por diferentes comienzos. Si siempre permaneciéramos inalterables ¿Qué motivación tendríamos para construir nuevos caminos? No habría nada que esperar, nada con lo que ilusionarse.

Se trata de aceptar que este cambio constante es parte de nosotros y que, nuestro camino en la vida, se va construyendo a base de experiencias que nos llegan inesperadamente, pero fruto de aquello que sí podemos controlar.

Hay que ser consciente del momento que estás viviendo, de tu presente y no anclarse en un futuro pensando en mil y un resultados posibles. Hipótesis que son solo certezas en tu mente. ¿Alguien sabe, en realidad, qué sucederá?

No puedes controlar un futuro incierto, pero sí el modo en cómo lo vives.

“Una persona proactiva puede llevar dentro de sí su propio clima psíquico o social. Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.”

Stephen Covey

Ponte en acción, sé una persona proactiva y dedícate a poner énfasis en tu círculo de confianza, en lo que sí puedes controlar, tal y como sugiere Stephen Covey en su bestseller “Los 7 hábitos de la gente altamente efectivas

Crea objetivos en tu vida ajustados a tu nueva realidad, objetivos que puedas medir, específicos, relevantes y alineados con tu visión de la vida, que puedas alcanzar y con un tiempo definido.

¿Y por qué? Porque de esta manera podrás ir planificando, paso a paso, tu camino hacia un futuro que tú estás diseñando. Un futuro con incertidumbre, sin duda, pero en el que sabrás encontrar alternativas a los obstáculos que vengan con mayor confianza y sin esperar a “verlas venir”.

Esta pandemia nos ha removido a todos, nos ha trastocado un presente que avanzaba seguro y de un modo vertiginoso, convirtiéndonos en piezas frágiles a merced de un futuro incierto. Pero la vida se compone de cambios, de riesgos, de dudas, de éxitos y de fracasos, de caídas y nuevos comienzos.

Me quedo con las palabras de Genís Roca en su artículo «El siglo XX ya duraba demasiado«: «El futuro siempre es un reto, pero a diferencia del pasado es nuestro destino»

Y todo cambió con esta maldita pandemia

Y todo cambió con esta maldita pandemia

Me siento extraña en un mundo extraño. Me gusta el silencio, la tranquilidad, huir de aglomeraciones, pero este silencio… no es el de siempre. No se oyen la risas de los niños jugando en el parque, ni las voces estridentes en las terrazas de los bares, ya no hay pitadas de claxon por las carreteras con los atascos mañaneros, ni el barullo de jóvenes saliendo del instituto… solo queda una ciudad vacía…

Ya nada es igual y es que todo cambió con esta maldita pandemia. Nuestras vidas, nuestros hábitos y costumbres, nuestras sonidos de siempre, nuestros abrazos, nuestros besos… Querer hacer tantas cosas y no poder hacer nada…

Miro por la pequeña ventana de mi despacho y añoro al jardinero que cada lunes, puntualmente, se dedicaba a podar el seto del vecino. ¡Hasta ese infernal ruido lo echo de menos!

Cuántas cosas me faltan… ver a la familia, dar abrazos y besos, pasear por la orilla del mar, perderme por la montaña, cruzarme con cualquier desconocido… lo que daría por estar rodeada de gente. Yo, que odio las aglomeraciones, que me sobrepasan e irritan… quizás en otros tiempos o quizás hasta eso cambió.

Y extraño sentir a mi alrededor a esa gente que iba y venía apresuradamente, con su mirada engullida en el móvil, inmersa en su propia individualidad… desconocidos… pero caray, ¡cómo los extraño!

Quiero ver vida, sentirme libre con la tranquilidad de que todo pasa sin más. Quiero bajarme de este tren, de esta montaña rusa emocional a la que me he subido sin darme cuenta y deshacerme de esta sensación de tristeza, incertidumbre y pesadez que sobrevuela el aire, el ambiente de las ciudades, la mirada de las personas que pacientemente guardan cola para entrar a comprar.

«La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos»

Oscar Wilde

Volveremos a pasear, a ver el mar, a cruzarnos con el chico del running cada mañana, a jugar en los parques, a ir de tapeo a nuestro bar favorito, a achuchar sin compasión a amistades y seres queridos… Queda menos, ya queda menos ¿lo sientes también?

Desde que todo cambió estamos aprendiendo a valorar lo cotidiano, a sentir que vale la pena el esfuerzo de todos y, como no, el que está en nuestra mano. Pero también, debemos aprender a mirar en nuestro interior y a mostrar nuestra vulnerabilidad, nuestras emociones.

¿No crees que es buen momento para conocernos mejor? ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Qué no deseamos? ¿Qué necesitamos cambiar? Hace poco, le comentaba a una buena amiga que ahora necesitaba tomarme un café conmigo misma y reflexionar sobre mis objetivos, sobre algunos “para qué”, los cuales siento que van a ir tomando otro camino.

Y ahora, más que nunca, necesito estar en mi rincón de silencio para pensar y poner en orden ideas. Pero no puedo… así que toca ir en busca de ese lugar perfecto en mi espacio de “confinamiento”, dónde pueda sentir que me aíslo del mundo, de lo que me rodea.

Poner en orden ideas y pensamientos, algo sano por cierto y que te recomiendo para lograr una buena salud emocional. Nunca me he alegrado tanto de aprender a gestionar mis emociones gracias a los recursos que el coaching me ha aportado.

Porque soy (o intento ser) consciente del porqué aparecen ahora sentimientos de un modo más intenso, de cuáles son esos pensamientos que están siendo recurrentes dentro de mi cabeza y que dan vueltas por mi mente de un modo constante y martilleante.

«Nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos!»

Viktor E. Frankl

Difícil intentar desconectar de ciertas situaciones que te rompen por dentro… pensar en no poder despedirte de un ser querido si llega su final, en la soledad de quienes están aislados en una fría habitación de hospital, en aquellos que no saben si sus vidas volverán a ser las que eran antes de todo esto…

Todo cambió con esta maldita pandemia y pretender ser la misma persona, sin que un ápice de todo este sentimiento flotando en el ambiente haya tocado algo dentro de nosotros, es prácticamente imposible.

Este es un post escrito desde la honestidad y la sinceridad, algo caótico, sin pensar, tal cual surge en el momento. Pero me apetecía escribirlo porque quizás no vuelva a querer acercarme a este tema más… y es que siento la necesidad de un cambio de perspectiva para afrontar el futuro con la mejor actitud posible, sin recaer en lamentaciones.

Vendrán tiempo mejores, sin duda, y con ellos volveremos a sentir la brisa del mar y el calor del sol mientras permanecemos tumbados sobre la arena de la playa en nuestra toalla de siempre y a caminar por senderos y a estirarnos de los pelos porque nuestro hijo quiere quedarse cinco minutos más en el parque.

Vendrán… seguro que vendrán…

Me gustaría aprovechar, ahora que me estás leyendo, para enviarte un abrazo sincero, y ánimos, muchos ánimos. Me encantaría saber de ti, leerte en los comentarios o, si lo prefieres, a través de un mensaje de email y saber cómo te sientes ¿Te animas a compartir?

Toca quedarse en casa

Toca quedarse en casa

Estos días, en los que por obligación y responsabilidad toca quedarse en casa, pasan muchas cosas por mi cabeza. Pensamientos que intento manejar de la mejor manera posible y que se empeñan en traducirse en unas emociones y sentimientos que, posiblemente, tú también los estés experimentando: miedo, frustración, rabia…

Creo compartir con muchas personas la incertidumbre que supone toda esta situación que estamos viviendo… todo por culpa de un nefasto bichito que nos ha hecho tambalear la vida tal y como la conocíamos hasta ahora.

Vivir “encerrados”, privados de nuestras rutinas diarias para ir a trabajar, para ir al colegio, para salir a hacer deporte, para pasear, para ir al parque con los hijos… ¿cómo podemos sentir normalidad entre tanta anormalidad?

No es fácil concentrarse en lo que una tiene que hacer porque tu mente, sin quererlo, va llevando tu atención al bombardeo de noticias entre las que buscas algún atisbo de esperanza. Pero hay que hacer un esfuerzo, tratar de mantenernos desconectados, en la medida que podamos, para no caer en pensamientos recurrentes de negatividad. Estar informados pero con control.   

Sé que se puede hacer pesado… que se va a hacer pesado… interminable en algunos momentos pero, viendo el vaso medio lleno, creo que es una ocasión perfecta para aprovechar este tiempo extra con nosotros mismos, lejos del estrés diario, de las antiguas idas y venidas con las que íbamos corriendo como pollo sin cabeza sin tener tiempo para nada.

Quién nos lo iba a decir, quejándonos siempre de la falta de tiempo y ahora, resoplando porque no sabemos qué hacer con él.

Quizás sea buen momento para reflexionar sobre tus objetivos futuros y un plan de acción para llevarlos a cabo. Piensa en aquello que puede ser verdaderamente importante para ti, qué inquietudes afloran y a las que no les prestabas atención. También puedes hacer listas con tareas a realizar en cuanto acabe esta cuarentena. Anota todo lo que se te ocurra, es posible que quieras ponerte en marcha ya con alguna de ellas.

A mí, por ejemplo, se me ha ocurrido preparar una agenda con todas aquellas personas de las que me estoy acordando estos días y a las que me gustaría dar un abrazo o brindar con una copa de vino cuando pase todo esto.

La verdad es que se echa de menos a las personas… a personas que quieres, que te importan… Es una sensación extraña porque me trae recuerdos de las experiencias que tuve viviendo fuera de mi país. Como en aquel momento, toca verlas a distancia gracias a las nuevas tecnologías. ¡Qué suerte tenemos de vivir en una época en la que acercar a las personas, por muy lejos que estén, es posible! ¿verdad? ¡cómo vamos a disfrutar cuando tengamos la oportunidad de volver abrazarlas!

En estas circunstancias, veo más claro que nunca que debemos celebrar el momento, de no lamentarnos por las cosas que no hicimos sino de poner la ilusión en lo que haremos, en los reencuentros, en las futuras comidas con amigos, con la familia y con aquellos que nos esperan para darles un beso.

Una experiencia que nos tiene que servir para conocernos y aprender de nuestras emociones. ¿Quién no tiene miedo o incertidumbre o rabia durante estos días? Algo normal y humano. Pero también deberíamos sentir esperanza, esperanza porque estas muestras de solidaridad no pueden caer en vacío, deben cambiar a la gente, deben hacer una sociedad más unida y menos individualizada.

Y esperanza por ver si, por fin, se toma consciencia de la importancia de vivir el presente, de sentir que los momentos hay que disfrutarlos y abandonar los «para otro día» para convertirlos en un «mañana mismo».

Quizás sea una utopía pero ¿quién dice que no podría hacerse realidad?

Ahora escribo pensando en lo que puede pasar, en cómo me siento y en cómo acabará todo esto y lo único cierto, lo que me viene a cada instante, es que está en nuestras acciones, en lo que hacemos, una parte importante de este futuro.

Sacrificar besos, abrazos, la compañía de amigos y familia, paseos, juegos en el parque, salidas nocturnas al bar de moda o al restaurante que tanto nos gusta… dejar al lado nuestra individualidad para pensar en el bien común, para ser conscientes que somos parte de una sociedad y que ésta la formamos todos, la creamos y damos sentido cada uno de nosotros.

Hagamos un esfuerzo entre todos y tomemos consciencia de que ahora lo que toca es quedarse en casa.