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Qué puedes hacer para manejar tu sobreactivación en entornos sociales

Qué puedes hacer para manejar tu sobreactivación en entornos sociales

Me gustan las personas que te hacen pensar, con las que te sientes a gusto, con las que te sientes tú misma. Esas con las que charlar de la vida o de cómo «arreglar el mundo», con copa de vino en mano o con una buena taza de café, en persona o a través de una pantalla.

No importa. Lo que sé, es que disfruto enormemente.

Como PAS introvertida que soy, estos encuentros me producen calma. Será porque es lo que me pide mi lado más sensible, con este pensamiento profundo que no para de pedirme más y más.

Eso sí, prefiero estar en petit comité. Con poquita gente mejor. Una, dos, tres… cuatro y sin pasarnos, que ya me conozco y, por muy amigos que seamos, si el número de personas es elevado, acabo en la mayoría de las ocasiones, saturándome.

No es porque sea rara, ahora ya sé que no es así. Sino porque, ser PAS, supone recibir un extra de información al mismo tiempo. Ya sea, por el barullo constante que se forma si hablan varios a la vez –no es agobio por el ruido en sí, sino por la tendencia a percibir toda esa información al unísono, sin filtro– o por el tipo de conversaciones –en ocasiones superficiales– que hacen que mi cerebro desconecte.

Como te puedes imaginar, y si te sientes identificada me entenderás bien, el enfrentarme a ciertas situaciones sociales suele producirme incomodidad y agobio. Aunque, gracias al autoconocimiento, he aprendiendo a gestionarlo y ahora puedo reducir este nivel de saturación.

Hoy me gustaría compartir contigo, algunas pautas para que logres manejar esta sobreactivación en entornos sociales y puedas sobrellevar, de un modo más positivo e incluso –por qué no– de disfrutar, de estos encuentros o situaciones.

Aquí las tienes:

Entender por qué te sobreestimulas en entornos sociales

Al ser una persona altamente sensible, tu cerebro tiene la capacidad de absorber mucha más información que el resto de las no PAS, además de procesarla de un modo más profundo.

Hay que decir que, toda esta información, te llega a través de estímulos externos e internos.

Como estímulos externos te hablo de: sonidos, olores, lugares, interacción con otras personas, temperatura, experiencias, conexión emocional debido a la empatía…

Como estímulos internos tendríamos: emociones, pensamientos, sensaciones…

Así, pues, no es de extrañar, que todo este cúmulo de información que recibes de un modo continuado, tanto por tus sentidos como a través de tu pensamiento profundo (reflexionar y darle vueltas a las cosas) acaba por sobreactivarte generándote, estrés, agobio y saturación.

Por tanto, es normal que, siendo una persona altamente sensible, te produzca sobreactivación ciertos entornos sociales como: fiestas con personas desconocidas, aglomeración de gente en centros comerciales, eventos musicales, etc.

Ser consciente de cuándo te estás sobreactivando

En primer lugar, para ser consciente de tu sobreactivación, debes aprender a reconocer en ti las características de la alta sensibilidad. Este es un paso importante porque te ayudará a saber distinguir qué estímulos externos o internos te afectan más y cómo se manifiestan en tu cuerpo.

Puede ser que nunca te hayas planteado el por qué ir a una fiesta con gente desconocida es estresante para ti. Quizás lo identifiques como “algo normal por ser introvertida”. Así que te obligas a ir porque, primero, quieres pasártelo bien y, segundo, porque no deseas ser la “rarita” del grupo.

Lo que ocurre en realidad es que experimentas un rechazo a cómo te sientes en este tipo de encuentros debido a tu sobreactivación. Sabes que, algo pasa, a medida que permaneces más tiempo en la fiesta: te empiezas a agobiar, te sientes inquieta, no te apetece interactuar, el ruido se hace cada vez más presente en tu cabeza, sientes unas ganas tremendas de alejarte de allí para estar a solas…

Piensas “pero si yo solo quiero pasármelo bien ¿por qué no puedo como los demás?”. Así que, automáticamente identificas “fiestas=agobio”.

Por tanto, es importante saber que, solo empiezas a reaccionar de este modo, cuando comienzas a sobreactivarte ante los estímulos que tienes a tu alrededor.

Antes de ese momento, es posible que estuvieras disfrutando sin darte cuenta, interactuando con alguien o pasando un buen rato con amigos hasta que, de repente, tu estado cambia.

Como ves, no es la situación en sí lo que te agobia, sino toda la información que estás absorbiendo hasta llegar un punto en el que tu sistema neuro-sensorial se satura. Es ahí cuando tu cuerpo te avisa de que estás sobrepasando tus niveles de saturación: quieres alejarte, te molesta y agobia todos los inputs que te llegan (diálogos, ruido ambiental, etc), tu cabeza saturada…

Si eres consciente de cuándo tu cuerpo te está advirtiendo de que empiezas a sobreestimularte, podrás gestionar de un modo más rápido tu transición hacia la calma.

Rebajar el malestar inicial que te produce pensar en el encuentro, lugar o evento

No te centres en cómo te afectará. Si piensas constantemente en lo “mal que lo vas a pasar” tu actitud será de negatividad y rechazo, sobreactivándote mucho antes.

Si tienes que ir a ese encuentro social, sí o sí, debes estar preparada. Para ello, visualiza la situación: cómo será el lugar, qué personas encontrarás, cuánto durará, qué ambiente habrá. Puede que, pensar en todo esto, ya te esté agobiando, es normal, porque tu predisposición, dada tu experiencia, es a no sentirte cómoda.

Es recomendable que, en este punto, tengas preparada pautas para calmarte cuando llegue el momento de estar allí. Recuerda que “ya vas preparada mentalmente”. Aquí te dejo algunas:

  • Puedes realizar respiraciones y centrarte en ellas para desconectarte del estímulo que te está afectando
  • No fuerces la situación intentando interactuar («es lo que debo hacer»). Si te sientes cómoda en un rincón observando, hazlo sin culpa.
  • Procura buscar con la mirada personas que “detectes” que también son PAS. ¡Créeme que las descubrirás gracias a tu capacidad para captar sutilezas! Charla con ella. Recuerda que las PAS nos sentimos a gusto entre nosotras.
  • Retírate a un lugar donde puedas desconectar de todos esos estímulos y estar a solas unos instantes (lavabo, habitación, un rincón en el exterior, etc)

Practicar la asertividad y respetar tus deseos

Si no deseas ir a un lugar o, tener un encuentro con alguien porque sabes que vas a sobreactivarte, aprende a decir “no”.

Siendo PAS, debemos luchar con esa parte “salvadora” y en la que tendemos, sin esfuerzo, a ofrecer nuestra ayuda a costa de nuestro bienestar. Es decir, no contradecimos la voluntad de la otra persona porque sentimos que “vamos a ofenderla” y, como buena PAS, «nuestro deber es hacerla sentir bien».

Y aquí es donde entra en juego la empatía en las PAS. Es tanta la conexión con el otro que prevalece el sentir ajeno y la necesidad de reconfortarle: “se sentirá mal si le digo que no”, “qué pensará de mí si le digo que no”, “cómo va a ir solo/a a la fiesta, tengo que hacerle compañía” …

Practicar la asertividad es mostrar respeto hacia ti misma. No se trata de decir “no” de un modo irrespetuoso sino de hacer entender a la otra persona que no te apetece ir o hacer algo. Te estás priorizando, no por ser egoísta –que no lo eres– sino por mostrar tus necesidades.

Espero que este post te inspire a mirar con otros ojos todas aquellas nuevas experiencias que surjan en tu vida y en las que, hasta ahora, te has sentido incómoda. No es fácil gestionar la sobreactivación en entornos sociales pero con práctica y actitud positivas, disfrutar de estos momentos, no es un imposible ¡palabra de PAS!

Sola o con ayuda, tú eliges. Lo importante es que si lo deseas, des el paso. Ya sabes que puedes contar conmigo para acompañarte a descubrir y gestionar tu alta sensibilidad.

Y ahora, cuéntame amiga sensible, ¿cómo es tu experiencia en estas situaciones?

No he hecho nada y me siento agotada

No he hecho nada y me siento agotada

«No he hecho nada y me siento agotada». Durante muchos años esta frase casi se convirtió en mi mantra.

No comprendía por qué tenía días en los que no podía seguir el ritmo de las otras personas, aún sin haber realizado nada especial que me pudiera agotar. Y no te hablo solo de algo físico sino, también, de un nivel de energía mental.

Una sensación que me llenaba de frustración porque, en ocasiones, me hacía sentir menos que los demás. Para un día bueno que tenía había muchos en los que no llegaba a todo lo que pretendía, quedándome un montón de tareas por hacer sin ser capaz de seguir aunque quisiera.

Y eso mina la moral de cualquiera, claro. Empiezas a darle vueltas y a maldecir el por qué eres así, creyendo que tu dificultad de concentración, de ser productiva o de predisposición a actuar está causada por un bajo nivel de compromiso y esfuerzo.

Si a esta creencia le unimos una tendencia al perfeccionismo, te puedes imaginar el galimatías interior que podía tener. No me gusta hacer las cosas de cualquier manera y el recrearme en llegar al punto ideal de cómo quiero que esté lo que hago, me lleva al agotamiento.

Es el pez que se muerde la cola. Quiero seguir hasta que esté como yo quiero, pero este perfeccionismo acaba por hacer que me sienta agotada, con lo que por mucho que desee continuar, mi energía dice «stop».

Con los años fui aprendiendo a lidiar con estos cambios de ritmo y cansancio, tanto mentales como físicos. Y fue gracias a apoyarme en el autoconocimiento que logré gestionar el modo en como me veía, dejando de compararme y aceptando que no había nada malo en mí sino que esos eran mis ritmos.

Y todo sin saber todavía que era una persona altamente sensible. Cuando supe de mi rasgo PAS, empecé a conectar todas esas situaciones con las que había convivido toda mi vida y que me hacían sentir diferente dentro de un mundo de «normalidad».

Esta consciencia de saber que era una persona altamente sensible me permitió profundizar en el modo en cómo podía disfrutar de mi modo de experimentar el mundo, ahora sí, de un modo más amable y sin rechazo.

Qué hago para salir de este agotamiento

Uno de los enemigos de las personas altamente sensibles es llegar a este agotamiento y la dificultad para salir de él, ya que no siempre se es consciente de qué es lo que se ha hecho o experimentado para acabar cansada.

Esta bajada de energía viene dada por el efecto que nos produce la sobreestimulación y que experimentamos con ciertas situaciones, personas, lugares, emociones o pensamientos.

Al poseer un sistema neurosensorial más desarrollado que las personas no PAS, captamos un gran volumen de estímulos externos e internos lo que hace que nos sobreactivemos. Y esta sobreactivación, si no sabemos identificarla ni gestionarla, será la que nos reste energía y haga que sintamos estresadas y agotadas.

Es por ello que siempre insisto en la importancia del autoconocimiento y, en especial, para las personas altamente sensibles. El ser consciente de todo lo que supone tener este rasgo ayuda a que una pueda vivir, de un modo más armónico y amable, su alta sensibilidad.

Así que, conociendo lo que mejor se adapta a mi ritmo PAS, procuro no forzar la “máquina”, es decir, no hacer más de lo que sé que mi energía puede dar y asumir e integrar, de un modo amable, los efectos tras exponerme a un lugar o situación que me sature.

Pero también, hay momentos en los que no te das cuenta de que estás inmersa en un proceso de sobreactivación Por ejemplo, cuando estás pasándotelo bien con tus amigas en una cena y no aprecias el volumen del ruido a tu alrededor. Solo te das cuenta cuando tu cuerpo hace un clic y te “avisa” de que te estás sobrecargando: dolor de cabeza, querer estar a solas, pérdida de concentración, etc.

En mi caso, lo que hago para salir de ese agotamiento, es prestar atención a las señales que me da mi cuerpo. En mi caso, cuando empiezo a sentir dolor de cabeza o tengo dificultad en concentrarme y prestar atención, sé que mi energía va a comenzar a agotarse.

Así que me doy lo que necesito en ese momento. Puede ser un pequeño descanso, estar a solas unos minutos, meditar, hacer ejercicio o, simplemente, tomarme una bebida fresquita en verano o caliente en invierno.

Herramientas y pautas que me ayudaron a dejar de sentirme siempre tan cansada

Sin duda, el autoconocimiento fue lo que más me ha ayudado a reconocer lo que realmente me cansa y, así, poder proteger mi energía.

Es importante que seas consciente de tu día a día, es decir, de qué haces, cómo lo haces y cómo te sientes haciéndolo. Se trata de que escuches a tu cuerpo de un modo más profundo y sepas bajar el ritmo en un momento dado, dejar de hacer una actividad o alejarte de ciertos lugares o personas.

Algo que me resultó útil para reconocer cuando me sentía agotada, fue realizar una especie de diario semanal anotando los momentos en los que experimentaba este cansancio.

Con este ejercicio que te propongo, deberás reflexionar sobre aquello que hiciste o dónde estuviste o con quién te relacionaste y pensar, después, si te sentiste saturada o agobiada en alguno de esos momentos.

El descanso es fundamental para lograr rebajar tu cansancio. Date permiso para “parar”, sin remordimientos. Piensa en que no es un capricho sino una necesidad que tu cuerpo y tu sistema neurosensorial como persona altamente sensible, te reclama.

Decir «no» a compromisos que no me apetecen ha sido una gran liberación. La verdad es que era algo que ya practicaba antes de saber que era PAS. Aprender a ser asertiva es una parte importante para tu autoestima e, indudablemente, para convivir con tu alta sensibilidad desde el disfrute y la libertad.

Cuidarse es fundamental para logar gestionar tu energía así que, sabiendo lo que te agota, podrás decidir qué hacer para gestionarlo.

Se trata de darte lo que necesitas para convivir de un modo saludable con tu alta sensibilidad, desde el respeto hacia ti misma y hacia tu forma de experimentar el mundo.

Si este artículo ha resonado contigo, es posible que seas una persona altamente sensible. Así que te animo a indagar más sobre el tema y tomar consciencia de todo lo que significa convivir con este rasgo.

Y si necesitas ayuda para gestionar tu rasgo PAS de un modo más amable, te invito a descubrir y reconocer tu alta sensibilidad, desde el autoconocimiento, con mi Sesión de Coaching 1 a 1: «DESCUBR CON TU ALTA SENSIBILIDAD«.

Cuéntame ¿Cómo gestionas tus momentos de agotamiento? ¡Te leo!