Estos días, en los que por obligación y responsabilidad toca quedarse en casa, pasan muchas cosas por mi cabeza. Pensamientos que intento manejar de la mejor manera posible y que se empeñan en traducirse en unas emociones y sentimientos que, posiblemente, tú también los estés experimentando: miedo, frustración, rabia…

Creo compartir con muchas personas la incertidumbre que supone toda esta situación que estamos viviendo… todo por culpa de un nefasto bichito que nos ha hecho tambalear la vida tal y como la conocíamos hasta ahora.

Vivir “encerrados”, privados de nuestras rutinas diarias para ir a trabajar, para ir al colegio, para salir a hacer deporte, para pasear, para ir al parque con los hijos… ¿cómo podemos sentir normalidad entre tanta anormalidad?

No es fácil concentrarse en lo que una tiene que hacer porque tu mente, sin quererlo, va llevando tu atención al bombardeo de noticias entre las que buscas algún atisbo de esperanza. Pero hay que hacer un esfuerzo, tratar de mantenernos desconectados, en la medida que podamos, para no caer en pensamientos recurrentes de negatividad. Estar informados pero con control.   

Sé que se puede hacer pesado… que se va a hacer pesado… interminable en algunos momentos pero, viendo el vaso medio lleno, creo que es una ocasión perfecta para aprovechar este tiempo extra con nosotros mismos, lejos del estrés diario, de las antiguas idas y venidas con las que íbamos corriendo como pollo sin cabeza sin tener tiempo para nada.

Quién nos lo iba a decir, quejándonos siempre de la falta de tiempo y ahora, resoplando porque no sabemos qué hacer con él.

Quizás sea buen momento para reflexionar sobre tus objetivos futuros y un plan de acción para llevarlos a cabo. Piensa en aquello que puede ser verdaderamente importante para ti, qué inquietudes afloran y a las que no les prestabas atención. También puedes hacer listas con tareas a realizar en cuanto acabe esta cuarentena. Anota todo lo que se te ocurra, es posible que quieras ponerte en marcha ya con alguna de ellas.

A mí, por ejemplo, se me ha ocurrido preparar una agenda con todas aquellas personas de las que me estoy acordando estos días y a las que me gustaría dar un abrazo o brindar con una copa de vino cuando pase todo esto.

La verdad es que se echa de menos a las personas… a personas que quieres, que te importan… Es una sensación extraña porque me trae recuerdos de las experiencias que tuve viviendo fuera de mi país. Como en aquel momento, toca verlas a distancia gracias a las nuevas tecnologías. ¡Qué suerte tenemos de vivir en una época en la que acercar a las personas, por muy lejos que estén, es posible! ¿verdad? ¡cómo vamos a disfrutar cuando tengamos la oportunidad de volver abrazarlas!

En estas circunstancias, veo más claro que nunca que debemos celebrar el momento, de no lamentarnos por las cosas que no hicimos sino de poner la ilusión en lo que haremos, en los reencuentros, en las futuras comidas con amigos, con la familia y con aquellos que nos esperan para darles un beso.

Una experiencia que nos tiene que servir para conocernos y aprender de nuestras emociones. ¿Quién no tiene miedo o incertidumbre o rabia durante estos días? Algo normal y humano. Pero también deberíamos sentir esperanza, esperanza porque estas muestras de solidaridad no pueden caer en vacío, deben cambiar a la gente, deben hacer una sociedad más unida y menos individualizada.

Y esperanza por ver si, por fin, se toma consciencia de la importancia de vivir el presente, de sentir que los momentos hay que disfrutarlos y abandonar los «para otro día» para convertirlos en un «mañana mismo».

Quizás sea una utopía pero ¿quién dice que no podría hacerse realidad?

Ahora escribo pensando en lo que puede pasar, en cómo me siento y en cómo acabará todo esto y lo único cierto, lo que me viene a cada instante, es que está en nuestras acciones, en lo que hacemos, una parte importante de este futuro.

Sacrificar besos, abrazos, la compañía de amigos y familia, paseos, juegos en el parque, salidas nocturnas al bar de moda o al restaurante que tanto nos gusta… dejar al lado nuestra individualidad para pensar en el bien común, para ser conscientes que somos parte de una sociedad y que ésta la formamos todos, la creamos y damos sentido cada uno de nosotros.

Hagamos un esfuerzo entre todos y tomemos consciencia de que ahora lo que toca es quedarse en casa.


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